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MR. DEEDS


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Dirección: Steven Brill.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 96 min.
Interpretación: Adam Sandler (Mr. Deeds), Winona Ryder (Babe Bennett / Pam Dawson), John Turturro (Emilio López), Steve Buscemi (Crazy Eyes), Jared Harris (Mac MacGrath), Peter Gallagher (Chuck Cedar), Allen Covert (Marty), Conchata Ferrell (Jan), Roark Critchlow (William), Peter Dante (Murph), J. B. Smoove (Reuben), Erick Avari (Cecil Anderson).
Guión: Tim Herlihy; basado en un cuento de Clarence Budington Kelland.
Producción: Sid Ganis y Jack Giarraputo.
Producción ejecutiva: Adam Sandler y Joseph M. Caracciolo.
Música: Teddy Castellucci.
Fotografía:
Peter Lyons Collister.
Montaje: Jeff Gourson.
Diseño de producción: Perry Andelin Blake.
Dirección artística: Stephen McCabe.
Vestuario: Ellen Lutter.
Estreno en España: 31 Octubre 2002.

 

CRÍTICA
por Rubén Corral
Valoración:

Por probabilidad

  En primer lugar, es conveniente ha-cer el aviso: hay algunas relaciones entre la película de Frank Capra “El secreto de vivir” (Mr. Deeds goes to town, 1936) y un eslabón más en la carrera como comediante de cara de palo en la que Adam Sandler parece embarcado, su “Mr. Deeds” (id., Ste-ven Brill, 2002). Argumentalmente, casi todos los giros dramáticos están copiados y también está cal-cado lo más esencial de la historia. Visto así, “Mr. Deeds” aporta más bien poco a la industria del entretenimiento con la que se confunde deliberadamente el cine. Más aun si tenemos en cuenta que la valía de Steven Brill (al que ya habíamos visto al servicio de Sandler en “Little Nicky”) dista en mucho de merecer siquiera el apelativo de “artesano” si hubiera desplegado sus habilidades esté-ticas y narrativas en la época de 1936.

  Sin embargo, prácticamente por me-ra probabilidad, la nueva versión de “Mr. Deeds” logra cumplir con algunos de sus objetivos como comedia. No gracias, desde luego, a la nula capa-cidad interpretativa de actores caídos en desgracia como Peter Gallagher o, tampoco, como parece querer acla-rar en todo momento, por la insípida actuación de Brill. Probablemente se deba a lo bien construido que está el guión de Robert Riskin que servía de base a la película de los años treinta, pero también es de recibo reconocer que algunos de los gags que factura la nueva versión tienen gracia y tienen garra (agradecidos chistes particularmente el dedicado al logo del Mono-poly y al pueblo de la periodista encarnada por Winona Ryder). Probablemente tenga también mucho que ver que el reparto esté trufado de esos secundarios de lujo de los que goza el cine main-stream estadounidense que siempre interpretan a freaks en los productos más lamentables (“Mr. Deeds” sigue estando más cerca de eso que de una obra maestra) que nos envía. Así, resulta muy convincente e hilarante el trabajo de John Turturro, menos el de Steve Buscemi, esencialmente porque su papel –en realidad– no existe, agraciado en el reparto de papeles resulta Erick Avari, y es muy agradecido el de Allen Covert (éste no pertenece al mismo grupo, sino al de los habituales de Sandler, pero sí que está gra-cioso).

  Humor burro para una estructura re-finada que termina por traer inevitable-mente a la memoria una comparación que, más que nunca, resulta odiosa. Sobre todo porque la película de Ste-ven Brill se sirve de estereotipos muy poco necesarios a la hora de recono-cerse como film deudor del de Capra. Y el tono, a la hora de emplear el guión de Riskin, adopta un dejo despectivo que incomoda a los que somos admiradores de la puesta en escena del director de “Juan Nadie” (Meet John Doe, 1940). Para aclararlo más: tanto en la cru-cial secuencia de la soflama de Deeds ante un ejército de accionis-tas voraces como en la imagen idílico-campestre del pueblo del protagonista, Mandrake Falls, la película recurre al injusto tópico de la “mamá Capra” que acuñó Juan Antonio Bardem.

  En el platillo de las victorias para la película de Brill hay que anotar la ac-tuación de Winona Ryder, convenien-temente teñida de rubio para parecer-se a la insoportable (siempre lo fue en pantalla) Jean Arthur en el papel de la periodista Babe Bennett. Y ello pese a que, una vez más, la simplificación a la que somete su papel el guión es absoluta. No es ninguna nota exótica en un guión más preocupa-do por la acumulación de anécdotas que en la hilazón de las mismas, que logra levantar algunas risas e incluso alguna carcajada por mera probabilidad: incluso a George W. Bush se le ocurriría un chiste gracioso de cada cien. Si este Tim Herlihy es profesional, el porcentaje quizá llegue al 25 por ciento. Y el 75 por ciento de los chistes nos provocarán hastío, vergüenza ajena o indiferencia. Cifras, porcentajes... En realidad, el motor para el na-cimiento de este film, no lo duden. Bueno: los dólares.


Imágenes de "Mr. Deeds" - Copyright © 2002 Columbia Pictures, New Line Cinema, Happy Madison y Out of the Blue Entertainment. Distribuidora en España: Columbia TriStar Films. Todos los derechos reservados.

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