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UN FINAL MADE IN HOLLYWOOD
(Hollywood ending)


Dirección y guión: Woody Allen.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 114 min.
Interpretación: Woody Allen (Val), Téa Leoni (Ellie), George Hamilton (Ed), Debra Messing (Lori), Treat Williams (Hal), Tiffani Thiessen (Sharon Bates), Mark Rydell (Al), Bob Dorian, Ivan Martin, Gregg Edelman, Isaac Mizrahi (Elio Sebastian), Marian Seldes (Alexandra), Jodie Markell (Andrea Ford), Mark Webber (Tony Waxman).
Producción: Letty Aronson.
Fotografía: Wedigo von Schultzendorff.
Montaje: Alisa Lepselter.
Diseño de producción: Santo Loquasto.
Dirección artística: Tom Warren.
Vestuario: Melissa Toth.
Estreno en España: 18 Octubre 2002.

CRÍTICA por José Luis Santos

  Seguramente hayan oído más de una vez ese dicho popular que contradice a quien está criticando un supuesto error de alguien, ar-gumentando: “ya quisiera yo encontrarme donde se pierde él”. Pue-den creerme si les aseguro que cuando salí del cine de ver “Un final made in Hollywwod” no podía quitármelo de la cabeza. El último trabajo de Woody Allen llega precedido por el rutinario rechazo de crítica y público norteamericanos (lo contrario extrañaría), pero tam-bién ha experimentado un cierto desencanto a este lado del charco desde su proyección abriendo el festival de Cannes (donde rompió sus más estrictas reglas personales para presentar la película él mismo) que hacía rumorear antes del estreno en España un paso en falso del más ingenioso neoyorquino.

  Tras dirigir sus dardos contra múlti-ples ámbitos a lo largo de su extensa filmografía, Allen se fija en este caso en el propio mundo del cine (ya abor-dó el del teatro en “Balas sobre Broadway”) mezclando los elementos de psicoanálisis y relaciones persona-les propios de su obra con múltiples entretelas del celuloide. Lo hace a tra-vés de la historia de un oscarizado di-rector de cine, excéntrico y venido a menos, que es contratado por su ex-mujer productora y el novio de ésta (el director de Galaxy Pictures, por el cual le abandonó) para rodar una película de gran presupuesto que puede sacarle del bache, pero al iniciar el rodaje se queda ciego, lo cual intentará disimular para no perder esta gran oportunidad. Así, el director de “Manhattan” da una vuelta de tuerca más a su inacabable e inmedible sentido del humor creando un per-sonaje en el que se intuye a partes iguales por un lado un alter ego a través del cual torpedear la Meca del cine de forma tan cínica-mente inconfesa (ha negado que su película sea una crítica a Holly-wood) como innegable y propia de él, y por otro una mera carica-tura de sí mismo (sirva como anécdota que durante el rodaje no utilizó vestuario, sino su propia ropa), que como toda caricatura no está exenta de aspectos reales (la recurrencia a un operador de cámara extranjero, el secretismo respecto a su trabajo, la relación con el público europeo…) y que ofrece altas dosis de un autopsi-coanálisis ácido y cruel en algunos momentos y venganza autobio-gráfica en otros.

  Un ejercicio de cine dentro del cine en el que cualquier cinéfilo disfrutará del desfile de envenenadas alusiones a las manías, costumbres y relaciones variaopintas entre actores, directores, productores e incluso críticos, en el que Galaxy Pictures es algo mucho más tangible que un chiste, y en el que se dispara con bala directamente al concepto del cine de mercadotec-nia actual, todo ello sin disimular una vez más su amor a Nueva York, por algunos de cuyos escenarios más representativos se desliza la trama en varias escenas.

  En cuanto al reparto, esta vez el autor de “Annie Hall” recurre a rostros no tan de primerísima fila como en las últimas ocasiones, muchos de ellos más conocidos en la pequeña panta-lla que en las salas de proyección, pero como siempre sabe sacar lo que necesita de todos ellos. Téa Leoni (“Deep Impact”, “Family man”) no es obviamente Helen Hunt, pero si hay un terreno en el que se desen-vuelva es la comedia, y está correcta. Hombres como George Ha-milton o Mark Rydell tienen la experiencia suficiente como para servir a los propósitos del maestro, y resulta divertido el narcisismo de Allen situando a bellas mujeres a sus pies para después recha-zarlas contra natura (en “La maldición del escorpión de Jade” echa-ba a Charlize Teron de su cama preso de la hipnosis, y aquí ignora a causa de su ceguera a la voluptuosa “salvada por la campana” Tiffani Thiessen).

  Es cierto que en “Un final made in Hollywood” los aspectos for-males no son tan redondos como por ejemplo en su predecesora, “La maldición del escorpión de Jade”, que se alargan en exceso al-gunas escenas y planos que no molestan pero tampoco aportan gran cosa, que por eso el ritmo es algo irregular, que la vis cómica se aboca más a la creación de situaciones que al brillante retor-cimiento de diálogos de otras ocasiones, y que el desenlace es atropellado y poco cuidado. Pero también es verdad que en medio de esos defectos, Allen alcanza destellos de altísima comedia, de ésos que sólo están al alcance de los grandes maestros del géne-ro, con Billy Wilder a la cabeza. Comedia pura, rica y disparatada-mente divertida, comedia porque sí (de hecho en algunos pasajes el mundo del cine no deja de ser una excusa como otra cualquie-ra), al margen de los estúpidos prejuicios que la consideran un gé-nero menor, con la consecución de algunos momentos absoluta-mente hilarantes y la garantía que ofrece la vitriólica mirada de su autor.

  En fin, lo dicho, que ya quisiera yo encontrarme donde se pierde Woody Allen. Y que otros muchos se encon-traran allí también, y hablo de la in-mensa mayoría de quienes hacen ci-ne en nuestros mediocres tiempos. Y es que, la verdad, qué quieren que les diga, si el cocinero de uno de mis res-taurantes favoritos un día me ofrece un buen bistec, aunque no sea el solomillo al que me tiene acos-tumbrado, lo seguiré prefiriendo a las hamburguesas del McDo-nalds. Ojalá todas las cegueras que se dieran en el cine y fuera de él fueran como la de Allen, de risa y psicosomáticas. Algunas parecen mucho más graves, y tampoco son físicas. Salvo que aceptemos que la estupidez se debe a causas físicas... Quizás los detractores de Allen intenten utilizar este pretendido altibajo para desacreditarlo. Yo, personalmente, esperaré con ansiedad doce meses a que llegue mi ración anual del genio de Manhattan (“Anything else”). Cuestión de adicciones...


Imágenes de "Un final made in Hollywood" - Copyright © 2002 DreamWorks SKG. Distribuidora en España: Lauren Films. Fotos por John Clifford. Todos los derechos reservados.

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