CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Un día de furia
Para serles sincera, ésta es una pe-lícula en la que no había
depositado expectativas demasiado optimistas, algo que se podría
hacer extensible a cualquier producción de semejantes
características. En primer lugar, el tí-tulo tan poco agraciado
que se le ha adjudicado para su distribución en Es-paña parecía
arrastrar tras de sí, si no un telefilm de sobremesa –cuya
cate-goría supera con amplitud–, sí un producto rutinario y
discreto con el único reclamo de sus dos figuras protagonistas.
Por otro lado, el condicionante de su paternidad;
Roger Michell venía avalado por
una comedia romántica tan poco ingeniosa como "Notting Hill",
que sin embargo gozó de un gran éxito comercial, debido en gran
me-dida a la elección de Hugh Grant y Julia Roberts como pareja
es-telar. Así pues, reconozco que ha sido una grata sorpresa
compro-bar que mis peores augurios no se veían cumplidos, y es
posible que parte de mi satisfacción –moderada pero justamente
atribuida– derive de este simple motivo.
Pero al margen de mis apreciacio-nes personales, hay algo más
que permite que "Al límite de la verdad" marque una severa
distancia respecto a los otros films que acostumbran a llegarnos
desde Hollywood. Por más que sea mejorable en muchos
as-pectos, se trata de una historia bien confeccionada, que no
discu-rre por azar y en la que sus personajes principales
progresan conforme se va desarrollando la trama. No nos
hallamos en un terreno del todo baldío. El hecho de que aquello
que nos cuenta pueda encontrar tanto resonancia como
consonancia, hace que percibamos en su acercamiento ciertos
atisbos de inteligencia y sensibilidad que, aunque precarios, no
nos dejan indiferentes. La película no se aventura en sus
planteamientos y se ve seriamente contaminada por los valores
tradicionales y la carga moral habitual en el cine
norteamericano, pero aun así, el balance final arroja un saldo
prudencialmente positivo.
No es la
primera vez que se hace uso de la colisión entre dos automóviles
como metáfora del cruce de destinos que se propiciará a partir
del incidente entre sus respectivos ocupantes. Sin alejarse
demasiado en el tiempo, González Iñárritu, en su estupenda
"Amo-res perros", utilizaba un recurso similar en su forma. Aquí
los im-plicados en el fortuito accidente –que aun siendo
aparatoso, no ocasiona heridos– son dos hombres de distinta edad
y procedencia social, que aparentemente mantienen una actitud
dispar ante la vida.
Gavin Banek (Affleck) es un
niño bien que trabaja como abogado en el prestigioso y lucrativo
bufete de su suegro (el director Sydney
Pollack siempre bien dispuesto a ejercer co-mo actor
ocasional), y ostenta esa seguridad, entre condescendiente y
agresiva, que le otorga su acomodado estatus. Desde el inicio,
la calidad éti-ca y cívica de este joven se nos ase-meja
bastante frágil. Gavin está casado con una atractiva mujer (Amanda
Peet, en una breve pero intensa intervención) que
tiene, al igual que su madre, muy bien asumido su papel en el
clan fami-liar –discreción, saber estar y defender los intereses
de la compa-ñía paterna por encima de todo–, y mantiene todavía
una estrecha relación con su ex amante (una sostenida
Toni Collette), persona íntegra
y compasiva a quien acude egoístamente siempre que se encuentra
metido en apuros.
En el otro
extremo, Doyle Gibson (Jackson),
un buen hombre de economía apretada que tiene un empleo como
asesor telefónico en una compañía de seguros. Gibson tuvo
problemas con el alcohol en un pasado, situación que acabó con
su matrimonio. Ahora trata de sobreponerse del largo bache
–asistiendo religiosamente a las reu-niones de Alcohólicos
Anónimos, bajo la supervisión de un logrado
William Hurt–, a la vez que
intenta recuperar la custodia de sus dos hijos, a quienes su
madre pretende trasladar a una ciudad dis-tante.
En el
momento en que sus coches chocan, Doyle se dirigía preci-samente
a los tribunales para solventar asuntos legales relaciona-dos
con la residencia de su familia, y Gavin lo hacía para
compa-recer en un juicio, en el que debía aportar una importante
docu-mentación, decisiva para la firma a la que representa. Como
se desprende fácilmente por los actores que los interpretan,
Gavin es blanco y Doyle es negro, y aunque el film no presenta
un marcado tono reivindicativo sobre esta cuestión, sí sirve
para acabar de per-filar la noción sobre cada uno de ellos.
"Changing Lanes" es un drama con ribetes de thriller
psicológico a través del cual asistimos al recí-proco juego del
gato y el ratón en que acabarán enzarzados estos dos hombres,
una escalada de fu-ria que transcurrirá a lo largo de un
frenético día que parece no te-ner fin. A partir de una
anécdota coti-diana sobre las ironías del destino –encuentros
casuales que transformarán para siempre el curso de los
acontecimientos futuros, sin posibilidad de dar marcha atrás–,
la historia acaba abrazando un discurso acerca de los límites
hasta los que es capaz de llegar el ser humano para salvar el
pellejo y to-marse una mal entendida justicia por su cuenta. El
personaje de Jackson, y muchas de las ideas que fondean en la
película, me ha-cen recordar a "Un día de furia" (Falling
Down), título protagonizado por Michael Douglas en 1993.
"Changing Lanes" no llega a crear ese clima opresivo y paranoico
que caracterizaba la cinta de Joel Schumacher, ni las acciones
de Doyle Gibson igualan en desme-sura y violencia a las
exhibidas por aquél. En su particular descen-so a los infiernos,
se podría decir que este desesperado padre de familia se apea en
las primeras paradas del trayecto. Pero ambas coinciden en ese
concepto de un hombre rebasado por las circuns-tancias y
convertido en un lobo en la jungla de una gran ciudad, en este
caso Nueva York. Y, como era de prever, esta fábula urbana
termina apostando por los buenos sentimientos.
En el terreno de las interpretacio-nes, es Samuel L. Jackson
quien se lleva la palma. Jackson es un actor que siempre
imprime con su prestancia los papeles que desempe-ña, pero que
últimamente se ha visto recluido en personajes secundarios de
escaso peso dramático. Aquí se le ha ofrecido una suculenta
oportunidad que ejecuta con admirable rigor y con-vicción,
cargando incluso unos cuantos años de más sobre sus es-paldas.
Sobre Ben Affleck no puedo decirles que gracias a este personaje
lleno de contrastes se haya convertido en el gran actor que no
es. No obstante su desempeño goza de una notable correc-ción que
sobresale de sus anteriores intervenciones en la gran pan-talla.
Rescatar, además de los ya citados, a
Dylan Baker (me-morable en "Happiness"), en una corta
aparición muy lucida.
"Changing
Lanes" no es una película que les vaya a recomendar como
imprescindible, porque posiblemente en sus respectivas
car-teleras encuentren una mejor oferta como alternativa. Pero
es una película estretenida, y dentro de las coordenadas de los
productos cinematográficos que ofrecen una mera evasión del
espectador, destaca por su contenido.
Calificación: 7
/ 10

Imágenes de "Al límite de la verdad" - Copyright © 2002 Paramount
Pictures y Scott Rudin Productions. Distribuidora en España:
TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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