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Dirección: Diego
Arsuaga.
Países: Argentina, España y
Uruguay.
Año: 2002.
Duración: 93 min.
Interpretación: Héctor
Alterio (Profesor), Federico Luppi (Pepe), Pepe
Soriano (Secretario), Gastón Pauls (Jimmy),
Balaram Dinard (Guito), Saturnino García (De
León), Eduardo Migliónico (Ponce), Elisa
Contreras (Micaela), Jenny Goldstein
(Periodista), Alfonso Tort (Daniel), Fred Deakin
(Mac Ferry), Guillermo Chaibún (Médico).
Guión: Diego
Arsuaga, Beda Docampo Feijoo y Fernando León.
Producción: Carlos
Mentasti, Pablo Bossi, Óscar Kramer y Gerardo
Herrero.
Música: Hugo
Jasa.
Fotografía: Hans Burmann.
Montaje: Fernando
Pardo y Daniel Márquez.
Dirección artística: Inés
Olmedo.
Vestuario: Mónica
Toschi.
Estreno en España: 22 Noviembre 2002. |
CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Para
renovar la lucha
En la última edición de la SEMINCI (la Semana Internacional de
Cine de Valladolid), finalizada hace unas se-manas, hubo un film
claramente gana-dor entre todos los presentados, que podía
esgrimir una serie de motivos intocables para defender esta
condi-ción. En primer lugar su presencia en el palmarés fue más
que generosa (premio al mejor director novel y un premio al
mejor actor compartido por sus tres intérpretes centrales
masculinos: Héctor Alterio,
Federico Luppi y
José Soriano, además de un
clarificador Premio del Público), también era el único título
entre los triunfadores de la Sección Oficial que era un estreno
exclusivo y absoluto de este festival (tanto "Sweet Sixteen"
como "Happy
Times", también presentes en el palmarés, ya habían
sido presentados antes en festivales de categoría A), un
auténtico des-cubrimiento, y además consiguió algo que ninguna
otra cinta de las vistas en ese festival recibió con tanto
entusiasmo y entrega: los aplausos y ovaciones del público,
incluso durante su proyección, que son el mejor resumen de la
sensación que provoca este canto hermoso y emotivo sobre los
temas de siempre: los gestos de la gente pequeña que se enfrenta
a temibles y supuesta-mente invencibles gigantes.
Hay muchos argumentos para expli-car por qué funciona tan bien
este tra-bajo, al que por otro lado alguien rea-cio a dejarse
arrastrar por su capaci-dad fabuladora podría poner varios
pe-ros. Lo primero que hay que decir es que
Arsuaga no ofrece aquí una obra
maestra pero sí una gran obra que, en muchos aspectos, resulta
preferible a títulos muy cercanos en temática y tiempo como "Los
lunes al sol", principalmente porque
queriendo llegar a los mismos lugares, las armas que utilizan
ambos trabajos son radicalmente distintas. Mientras en el film
de Aranoa (reciente ganador de la Concha de Oro en San
Sebastián) el tono pretendidamente realista y a ratos solemne y
el subrayado reivindicativo se hacían a veces excesiva-mente
obvios y teledirigidos (por tanto falsos y molestos), en el
ca-so de este debut (denominado así según palabras del propio
direc-tor, aunque ya realizara antes un largometraje en vídeo
estrenado cinematográficamente) del director uruguayo Diego
Arsuaga, el to-no y la postura elegidos están más próximos al
cuento y al relato clásico, con sus convenciones y su punto de
fantasía, aunque el hecho que trate sea muy real. En este
sentido se acerca más a clásicos como "Capitanes intrépidos" u
obras más recientes como "Caballos salvajes" de su amigo y
compañero Mar-celo Piñeyro (al que dedica un agradecimiento en
los créditos), con la creación de personajes muy
cinematográficos (con sus clichés y convenciones), que por otro
lado consiguen retratar con extrema sencillez a sus
correspondientes de carne y hueso.
Además, el
hecho de introducir a un niño en las correrías de estos viejos
que un día, como un gesto libertario y de protesta, de-ciden
"secuestrar" una vieja locomotora, símbolo de un país que ya no
existe, a la que capitales extranjeros van a enviar a Hollywood
para utilizarla en una película, resulta clarividente para
llevar el rela-to por un territorio sensible y también
nostálgico, que sin embargo no carga nunca las tintas y sabe
moverse por la fina línea del juego con la sensibilidad del
espectador sin llegar a caer en lo banal o meramente sensiblero.
El film se puede considerar como un western crepuscular y así
también lo quiere hacer ver su director en las no-tas de prensa
y a la emoción y sen-sación de triunfo que provoca entre la
gente normal que todavía creemos en actos heroicos no es ajeno
el esplen-doroso reparto que este director ha convocado, con ni
más ni menos que Héctor Alterio, Federico Luppi y José Soriano a
la cabeza, en una interpretación tricéfala portentosa e
indisoluble (de ahí el premio conjunto), dándoles la réplica
como el malo de la película Gastón
Pauls (muy en su papel de malo), y como acompañante
de corre-rías el niño Balaram Dinard,
que afortunadamente (y pese a ser evidentemente el elemento más
blandito del film) sabe mantener el tipo ante este trío de
gigantes que conducen la vieja locomotora, no sólo hacia un
destino incierto, sino hacia el mismo corazón y con-ciencia del
espectador. Una pequeña delicia que sigue engrosando la lista de
delicadezas estrenadas en nuestros cines en las últimas semanas.
Calificación:
8 / 10
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