CÓMO SE
HIZO "LA FLOR DEL MAL"
Notas de producción
© 2002
Manga Films
1. Del libro a
la película
Cuando el
productor John Wells recibió una primera edición de la novela de
Janet Fitch, La Flor del Mal (White Oleander), se la leyó en una
noche e inmediatamente compró una opción sobre los derechos para
hacer una película. “Los personajes estaban muy bien escritos”,
comenta Wells. “Es un libro extraordinario, con personajes que
dejan huella y un mensaje edificante. Al leerlo, me encontré
acompañando a Astrid en su travesía existencial.”
A Wells le
impresionó sobremanera cómo la historia visualiza un tema tan
universal como el de hacerse adulto, reuniendo todo el abanico
de experiencias que nos acaban definiendo como individuos y que
van perfilando nuestra personalidad, diferente a la de nuestros
padres. “Tanto si uno ha tenido que pasar o no por adversidades
tan complicadas como Astrid, de una manera o de otra, esos son
los pasajes por los que todos hemos navegado como adolescentes”,
asegura Wells. “Una parte importante del proceso de hacerse
adulto es el llegar a comprender que nuestros padres también
tienen puntos débiles e inseguridades, que son humanos, no
omnipotentes. Su amor, aunque verdadero, puede ser imperfecto
como ellos mismos, y debemos aceptarlo así si queremos seguir
adelante con nuestra propia vida.”
El
productor Hunt Lowry tuvo una reacción similar ante La Flor del
Mal (White Oleander). Después de leerse el guión en una tarde,
ya estaba al teléfono a la mañana siguiente para concertar una
cita con Wells, con el objeto de discutir el arranque del
proyecto. Un hombre como Lowry acostumbrado a recibir
innumerables guiones y propuestas, confía en su instinto a la
hora de seleccionar los proyectos que ha de producir, y a menudo
basa su decisión en cómo ese guión le ha “emocionado e
inspirado.” “Lo que diferencia una historia como La Flor del Mal
(White Oleander) de otras del montón”, afirma Lowry, “es el
hecho de que mientras la leo me olvido de que estoy estudiando
un guión o mirando una película. Eso ocurre porque estoy
realmente inmerso en la historia.”
Cuando
llevaba dos semanas en las librerías, La Flor del Mal (White
Oleander) fue escogida por la célebre presentadora de televisión
Oprah Winfrey como ‘Libro del mes de Mayo de 1999’. Así llegó a
hacerse un hueco en el Top 5 de las listas de ventas de
periódicos de toda la nación, incluyendo The New York Times, Los
Angeles Times, Washington Post y USA Today. La novela tocó la
fibra sensible de miles de lectores que se sintieron
identificados por su mensaje vitalista. En agosto de 2002 se
llevaban contabilizadas más de millón y medio de copias
impresas. La Flor del Mal (White Oleander) se ha convertido a su
vez en un éxito internacional, llegando a aparecer en las listas
de best-sellers en el Reino Unido y Holanda y habiéndose vendido
los derechos de publicación a más de 25 países.
Para
traducir una novela tan admirada y su conmovedora historia al
lenguaje cinematográfico, sin comprometer con ello la narrativa
y los personajes, Wells contrató a Mary Agnes Donoghue, entre
cuyos guiones se hallan Engañada, Paradise y la magnífica y
emocionante adaptación de la novela Beaches, de Iris Rainer
Dart.
La
intención era presentar en guión de cine el máximo posible de la
historia original. “No nos hicimos con los derechos del libro
para utilizar tan sólo una parte y extrapolarla a otro contexto
hasta convertirlo todo en otra cosa”, aclara Wells. “Nos gustaba
la historia completa y quisimos hacer una adaptación lo más fiel
posible, sabiendo que tendríamos que reducir obligatoriamente el
campo donde se desenvuelve la trama. Los lectores se darán
cuenta de que hemos tenido que condensar algunos episodios. Mary
Agnes hizo un trabajo brillante cogiendo lo esencial de la
novela; después Janet leyó el guión y aportó algunas sugerencias
que fueron de mucha ayuda.”
Lowry,
quien tiene entre sus créditos más recientes como productor la
adaptación cinematográfica de dos novelas muy populares, A Walk
to Remember y Divine Secrets of The Ya-Ya Sisterhood, insiste en
la importancia que tiene la sensibilidad de los cineastas a la
hora de afrontar una adaptación: “Cuando trabajas sobre un libro
que mucha gente ya conoce y admira, tienes la obligación
perentoria de hacerle justicia. Eso te echa encima más presión,
desde luego, pero es una presión que tiene un valor incalculable
ya que hace que saques lo mejor de ti mismo, produciendo los
mejores resultados.”
Finalmente, se consiguió un guión que contaba con la
autorización expresa y el sello de aprobación del autor, algo
poco usual ya que los novelistas son habitualmente excluidos de
los procesos de desarrollo y producción. “Yo estaba totalmente
dispuesta a dejar el libro en sus manos y que fuera lo que Dios
quisiera”, recuerda Fitch, “porque eso es lo que otros autores
me han aconsejado hacer. Por eso quedé gratamente sorprendida
cuando los productores me invitaron a leer una copia del guión
y, después, a asistir a algunas de las audiciones de lectura por
parte de miembros del reparto.”
“Fue un
verdadero placer”, afirma Fitch sobre dicha experiencia,
“escuchar las palabras que yo escribí, recitadas ahora por
personas que darían vida a personajes con los que yo conviví
durante cuatro años y que antes sólo habían vivido en mi
imaginación. Fue como irrumpir en un sueño.”
Mientras
el guión iba avanzando y Wells todavía estaba decidiendo la
aproximación visual al material, un amigo le envió una copia en
vídeo de Warriors, la galardonada mini-serie producida en 1999
sobre las tropas de paz desplegadas en Bosnia, dirigida por
Peter Kosminsky. Impresionado por la honestidad y sensibilidad
con la que el realizador afronta una temática tan problemática y
difícil y su habilidad a la hora de conjuntar líneas narrativas
procedentes de diferentes puntos de vista, Wells creyó que
Kosminsky poseía exactamente el tipo de sensibilidad que La Flor
del Mal (White Oleander) requería. “Es precisamente lo que
queríamos,” recuerda haber pensado Wells. , “alguien que supiera
trabajar los personajes de manera auténtica y contenida, sin
sacrificar un ápice de la honesta emotividad que el material
exuda, pero sin caer en el melodrama.”
Kosminsky,
que vive y trabaja en Inglaterra, se mostró algo reticente en un
principio cuando Wells se puso en contacto con él, y su agenda
estaba repleta. También sabía que un rodaje en Los Angeles le
alejaría de su familia durante un tiempo. Él estaba, recuerda
Wells, “en medio de varios proyectos y rodando una película en
Inglaterra cuando leyó el guión.” Después de leer el guión, se
hizo con la novela y encontró que “era simplemente irresistible.
La historia de esta chica y su odisea me conmovió
profundamente.”
Aunque las
vivencias de Astrid en varias casas de acogida van forjando su
personalidad, nunca fue la intención de Janet Fitch ni de los
productores de La Flor del Mal (White Oleander) convertir la
película en un alegato en contra del sistema de acogida y
adopción. Kosminsky comprendió perfectamente la idea sobre este
punto en concreto, lo que convenció definitivamente a Wells de
que él era el hombre adecuado para dirigir este proyecto.
“Algunas personas automáticamente creen que esto es una denuncia
contra el sistema de casas de acogida, pero el libro no trata de
eso”, asegura Wells. “Trata sobre cómo una persona joven,
independientemente de sus circunstancias, acaba encontrando su
propia identidad y se zafa de la sombra de una madre que ejerce
una poderosa influencia sobre ella. Las casas de acogida con los
padres adoptivos son tan sólo el marco para esa metamorfosis. De
hecho, es la mala fortuna la que hace que Astrid acabe
aterrizando en una serie de lugares no precisamente agradables.”
“De mis
primeras conversaciones con Peter, extraje la impresión de que
pillaba la idea a la primera”, prosigue Wells. “Entendía que
estábamos esencialmente ante una historia que trataba la
relación entre una madre y una hija y el proceso de convertirse
en adulto.”
Lowry
asiente, añadiendo que su primera reunión con Kosminsky no le
dejó ninguna duda sobre que el director “entendía el proceso de
esta joven mujer, y todo lo que ese viaje comprendía, cada
conflicto, cada experiencia.”
Tal y como
Kosminsky lo describe, “aquí tenemos una chica que se ha pasado
toda su infancia entre algodones, conviviendo protegida por una
madre maravillosa, carismática pero también completamente
caprichosa, egoísta y destructiva. Ingrid es una persona difícil
e impredecible. Por un lado es una mujer inteligente, una
artista con talento, comprensiva y cariñosa con su hija, una
presencia agradable y protectora. Pero no siempre está de
buenas. De niña, me imagino a Astrid siempre acongojada, nunca
completamente segura de cuál sería el humor de su madre ese día
o de cómo reaccionaría ante las cosas.”
“Sin
amigos de su edad”, prosigue Kosminsky, “Astrid está siempre
sentada al borde del mundo de los adultos, observando y
dibujando lo que ve en un cuaderno. Idolatra a su madre, que la
ha criado ella sola. A Ingrid le encanta explicar que ellas son
descendientes de vikingos y le gusta imaginarse a las dos como
guerreras vikingas; una fuerza de la naturaleza unida contra el
mundo. Entonces, la realidad irrumpe súbita y brutalmente de la
forma más dramática. Su madre es apartada de ella en un instante
y se queda sola en medio de un mundo hostil.”
A medida
que Astrid es hospedada en los sucesivos hogares de acogida
durante los años que sigue al encarcelamiento de Ingrid,
Kosminsky observa que al principio ella continúa comportándose
igual que como lo hacía con su madre, intentando pensar en qué
es lo que a ella le gustaría que hiciera y haciéndolo. “Después,
como un camaleón”, afirma el director, “trata de absorber los
colores de cada nuevo mundo en el que se ve inmersa.”
Sus
esfuerzos, sin embargo, son minados por la propia Ingrid, quien
desde la cárcel, sigue teniendo ascendencia sobre su hija,
censurando cualquier otro tipo de influencia que pueda recibir
ésta y que considere que no se ajuste a sus propios esquemas
idealistas. Este hecho lleva a Astrid a cuestionarse cada
pequeño paso que da en alguna dirección. “Tan sólo intento
protegerte de ‘esa gente,’” clama Ingrid, pero, tal y como Wells
señala, “lo que a ella en realidad le preocupa es protegerse a
sí misma; en este caso, intenta no perder el control sobre su
hija. Ahí se encuentra el significado de la elección que Janet
hizo de la adelfa como símbolo de la historia y título del
libro. Es una flor hermosa que se protege fabricando su propio
veneno.”
Con el
paso del tiempo y una serie de experiencias, algunas
traumáticas, la verdadera fuerza de Astrid y su carácter
empiezan a emerger. Cada vez más distante de la poderosa
influencia de su carismática y posesiva madre, y reforzada por
las duras lecciones que le han proporcionado sus experiencias en
los diferentes hogares de adopción, Astrid empieza a confiar en
sí misma y a tomar sus propias decisiones. Finalmente, verá con
más claridad no sólo a su madre sino a todas las personas que la
rodean. Ahora puede ver a esas personas y todo lo que le rodea
tal y como son, no como a ella le gustaría que fuesen. Sólo
entonces Astrid puede encarar el camino que le llevará a
convertirse en una mujer adulta e independiente.
1. Del
libro a la película
2. El
reparto
3. La
visión del director
4.
Primavera en el sur de California
Imágenes y notas
de cómo se hizo "La flor del mal" - Copyright © 2002 Warner
Bros., Pandora Filmproduktion y John Wells Productions.
Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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