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LA FLOR DEL MAL
(White oleander)


Dirección: Peter Kosminsky.
Países:
USA y Alemania.
Año: 2002.
Duración: 109 min.
Interpretación: Alison Lohman (Astrid Magnussen), Robin Wright Penn (Starr Thomas), Michelle Pfeiffer (Ingrid Magnussen), Renée Zellweger (Claire Richards), Billy Connolly (Barry), Svetlana Efremova (Rena), Patrick Fugit (Paul Trout), Cole Hauser (Ray), Noah Wyle (Mark Richards), Taryn Manning (Nikki), Charles Constant (Jerry), Marc Donato (Davey).
Guión: Mary Agnes Donoghue; basado en la novela de Janet Fitch.
Producción: John Wells y Hunt Lowry.
Música: Thomas Newman.
Fotografía:
Elliot Davis.
Montaje: Chris Ridsdale.
Diseño de producción: Donald Graham Burt.
Dirección artística: Anthony R. Stabley.
Vestuario: Susie DeSanto.
Estreno en España: 17 Enero 2003.

CÓMO SE HIZO "LA FLOR DEL MAL"
Notas de producción
© 2002 Manga Films

2. El reparto

  En la novela, Astrid no ha cumplido los catorce años cuando su madre es arrestada y encarcelada, y al final de la historia tiene 19, lo cual, según afirma el propio Wells, “era una distancia que no podíamos recorrer con una misma actriz.” Los productores y el equipo rechazaron también la posibilidad de usar dos actrices, ya que ello supondría un salto en el tiempo que rompería el flujo narrativo, por ello, decidieron abreviar el período de tiempo que transcurre en la historia, ilustrando un período que va desde los 15 a los 18 años de Astrid. Tras tomar esta decisión, quedaba entonces la ardua tarea de encontrar a una joven actriz que pudiera interpretar esa progresión vital.

  Después de innumerables audiciones por todo el país, en compañía de la directora de casting, Ellen Lewis, donde se llegaron a ver a nada menos que 400 jóvenes, las diferentes cribas acabaron dando el papel a Alison Lohman, de 21 años. Lohman, que había debutado en los escenarios en un musical para una compañía local cuando tenía 10 años, vio como su carrera despegaba tras su trabajo en el drama de 1999 El piso 13. De ahí pasaría a aparecer en un buen número de proyectos para el cine y la televisión, entre los que destacaba un papel fijo en la serie dramática de la, Pasadena.

  “Como actriz, tiene los registros y la madurez suficientes para interpretar ese lapso de tiempo que va desde los 15 a los 18 años, y mostrar todos los cambios emocionales por los que Astrid debe pasar”, afirma Kosminsky.

  Tal y como Lowry señala, fue la habilidad de Lohman equilibrando la vulnerabilidad de Astrid con su fuerza interior emergente lo que hicieron el personaje tan creíble. “Si se hubiera mostrado demasiado fuerte, el público no hubiera dudado nunca de sus posibilidades de sobreponerse a la adversidad”, asegura, “y si la hubiera retratado demasiado débil la gente pensaría ‘ nunca lo conseguirá’ lo que supondría una experiencia demasiado depresiva de observar en la pantalla. Lo que Alison ha conseguido es conjuntar la fuerza interior del personaje con las dudas naturales y la inseguridad de una chica de esa edad que encima tiene que padecer tantas adversidades.”

  “Es un duro trabajo”, denota el director, comentando las exigencias del papel. “Aparece en casi todas las escenas de la película, y nos cautiva. Tiene el tipo de cara que te arrastra a componer planos cada vez más cortos sobre su rostro mientras tratas de explorar qué hay detrás de esa mirada.” “Era de gran importancia que la actriz que interpretara este papel supiera cómo estarse quieta porque Astrid es una gran observadora, siempre atenta; escuchando. Alison tiene esa maravillosa cualidad. Parece que entiende el papel de manera inherente.” Wells añade, “tiene una luminosidad natural.”

  Antes de que incluso hubiera un guión o siquiera una película de la que hablar, Lohman ya había leído la novela y se había imaginado a sí misma en el papel de Astrid. “Era alguien a quien yo podía admirar”, comenta Lohman. “Lo mejor de Astrid es que no se trata de una víctima, sea lo que sea por lo que tiene que pasar. Tiene una fuerza interior y una capacidad de aguante que la hace seguir adelante. Se resiste a compadecerse de sí misma.”

  “Astrid es una artista y capta las cosas desde esa perspectiva”, prosigue Lohman. “Ella es vulnerable y abierta a las cosas que le rodean, y tiende a aclimatarse a cada nuevo ambiente. Se transforma en lo que ella cree que cada madre adoptiva espera de ella, como hizo con su madre verdadera, adaptándose a sus estándares mientras intenta no disolver su personalidad completamente. Tardará un tiempo en conseguir la suficiente seguridad en sí misma para ser lo que de verdad quiere ser.”

  Los productores y cineastas estuvieron de acuerdo en que la clave para dar vida a la madre de Astrid, Ingrid Magnusson, era el mostrar los diferentes aspectos de su fuerte personalidad y evitar presentarla como una “mala de la película” unidimensional”. “El comportamiento de Ingrid puede parecer a veces pura arrogancia. El personaje resulta fácil de odiar. La verdad es que Ingrid es extremadamente narcisista pero eso no significa que no quiera a su hija. Mantener el equilibrio entre esas dos personalidades fue muy difícil.”

  Casualmente, la primera elección de los productores y el director fue la misma actriz que le rondaba por la cabeza a Janet Fitch mientras desarrollaba el personaje: Michelle Pfeiffer. “Michelle tiene rasgos de Ingrid”, asegura Kosminsky. “Interpreta el papel con una honestidad y una autoridad que convierte el verla en una experiencia conmovedora. Ingrid es un personaje muy difícil.”

  “No estoy segura de si es posible entender a Ingrid completamente”, se pregunta Pfeiffer. “Creo que es un enigma incluso para sí misma. Es la última purista, en cierto modo, exigente y despiadada en todo aquello que se refiere a las esperanzas que tiene depositadas en su hija, aunque ésta sea todavía una niña. Hasta cierto punto, admiro esa cualidad, su poca disposición al compromiso, sabiendo por el contrario que inexorablemente tendrá que pagar un precio muy alto por ello en el futuro.”

  “Lo que opina sobre las personas suele ser duro, pero tampoco se aleja mucho de la verdad”, reconoce Pfeiffer. “Dice cosas que la mayoría de las personas no dirían porque no son agradables, pero a Ingrid no le importa en absoluto la buena educación. Ella es inmune a las debilidades humanas. Fue un reto interpretar a alguien que podía ser tan cruel; tuve que dominar un impulso innato que me conminaba a suavizar el personaje.”

  Para el papel de Starr Thomas, la primera madre adoptiva de Astrid, una volátil y naïf ex-bailarina de strip-tease reconvertida en fanática cristiana, Kosminsky propuso a Robin Wright Penn, cuya presencia escénica describe como “natural y realista. Es tan auténtica que cuando empieza a hablar yo pienso para mí: ‘¿me está hablando?’ antes de que caiga en la cuenta que está recitando sus diálogos. No hay teatralidad en su interpretación.

  “Robin adoptó un papel que, en otras manos, podría haber caído en el tópico, y lo convirtió en una persona genuina, incluso agradable en un principio”, comenta Kosminsky. “Starr es una mujer dura, curtida, una persona que resulta finalmente peligrosa y vengativa, pero también dramática.”

  La interpretación requirió que Wright Penn configurara un personaje totalmente opuesto a ella misma, una gran oportunidad que el director no duda en alabar “al tener la fe de hacer un personaje que no se ajusta a su propia personalidad y que no sería del agrado de cualquiera.” Ella bromea diciendo que el dar vida a Starr le permitió llevar deportivas de plataforma por primera vez “así como mallas durante el día, fuera de la clase de aeróbic. Era un vestuario encantadoramente hortera.”

  Sobre las motivaciones de Starr para convertirse en madre adoptiva de Astrid, Wright Penn argumenta en primer lugar las ventajas económicas (“es su único ingreso”), pero también enumera otras motivaciones más profundas que definen la personalidad de Starr. “Todavía más importante es la redención”, asegura la actriz. “De un modo egoísta, hace de la chica su tabla de salvación por haber pecado, por haber sido una alcohólica y bailarina de strip-tease. Astrid es su tercera hija adoptiva. Desde su perspectiva religiosa, cree que su estilo de vida filantrópico compensará su pasado.”

  Renée Zellweger, que ya era una fan de la novela, fue escogida para el papel de la frágil y cariñosa Claire Richards, otra de las madres adoptivas de Astrid. “Renée posee un estilo muy realista que era justamente lo que necesitaba el personaje de Claire”, aclara Kosminsky. “Eso hace que la última revelación sobre el porqué de su fragilidad sea menos predecible. Renée encarnó a Claire –una mujer profundamente vulnerable- de un modo que evitaba mostrar los puntos más obvios de la vulnerabilidad.”

  “Claire representa una interesante dicotomía entre debilidad y fortaleza”, confirma Zellweger, analizando con detenimiento la psicología del personaje. “Es muy generosa y canaliza su fuerza y su autoestima entregándose a los demás.”

  “El marido de Claire no aprecia su amor por el prójimo, él considera eso una debilidad”, aclara Zellweger. “Astrid, por el contrario, le devuelve a Claire todo el cariño recibido porque ella también está necesitada de amor y atención. Ambas disfrutan sintiendo que son lo más importante para otra persona por primera vez en sus vidas. Eso le aporta a Claire una razón para vivir, pero también provoca fricciones con su marido.”

  Para el breve pero fundamental papel del desencantado amante de Ingrid, Barry, Kosminsky seleccionó al actor escocés Billy Connolly, cuyo trabajo ya le era conocido gracias a los numerosos trabajos que este actor ha realizado en Gran Bretaña para el cine y la televisión. Como el propio Connolly explica, bromeando sobre su estilo de vida: “Buscaban a alguien que pudiera encarnar a un vividor, vago y sexista, y claro, Peter me llamó a mí.”

  Su compañera de reparto, Michelle Pfeiffer, confirma la reputación de Connolly como uno de los actores cómicos más populares del Reino Unido, diciendo, “Era realmente gracioso tras la cámara, lo cual fue muy relajante después de las dramáticas escenas que nos tocaba hacer juntos. Me lo pasé bomba trabajando con él.”

  El equipo de cineastas seleccionó a la versátil actriz y profesora de arte dramático Svetlana Efremova (K 19, El Príncipe de Central Park) como la emigrante rusa Rena Grushenka, última de las madres adoptivas de Astrid. A pesar de llevar un estilo de vida bohemio, es una mujer muy conservadora en los temas financieros del hogar. Rena ya alberga en su casa a otras dos adolescentes, a las que trata como empleadas. Juntas, buscan entre la basura de vecindarios ricos para hacerse con ropa y artilugios que después venden en mercadillos. Llegada a este punto, Astrid ya es casi una adulta y ha dejado atrás su yo más soñador, el cual ha dado paso a una joven mujer más realista y segura de sí misma. Es por ello que Astrid se adapta bien a la poco convencional rutina de Rena, donde encuentra exactamente lo que más necesita: la libertad para ser ella misma.

  “Rena es un espíritu libre”, afirma Efremova de su papel. “Es independiente, segura de sí misma y hambrienta de vida. Me enamoré de esta mujer simple y valiente que fuma y bebe y se lo pasa bien, que no se pregunta sobre el significado de la vida sino que prefiere tomársela como viene y disfrutar. Es honesta y tiene sentido del humor. Fue bueno para Astrid el tenerla cerca.”

  Rena, como Astrid, es una superviviente. Siendo ella misma una emigrante rusa, Efremova basó su interpretación “en parte en mi imaginación y en parte en mi experiencia y conocimiento de los rusos en América”, comenta la actriz, sobretodo su capacidad para el trabajo duro y su empeño por comenzar una nueva vida. “No quería encarnar a Rena como un personaje avaro, huraño y materialista.” “La veía más como una mujer que llegó a este país sin nada y logró abrirse camino, que se integró al máximo en el modo de vida americano, aprendió los modismos callejeros y la música Rock y cómo ganar dinero para subsistir.”

  Este último punto se puede apreciar en una escena en la que Rena, Astrid y las otras chicas están montando su paradita en el mercadillo. En cierto momento, Astrid reconoce unos bonitos vestidos que Claire le había dado, y ahora Rena los está sacando de una bolsa de basura para exponerlos y venderlos; entonces Astrid se pone sentimental. Pero la práctica respuesta de Rena la devuelve al mundo real: “lo sentimental es estúpido”, “lo bueno es hacer dinero.” Es entonces cuando Astrid otea un posible comprador y hace la venta.

  Entre los distintos periodos en casas de acogida, aparece en la vida de Astrid otro adolescente desplazado, Paul, con el que tendrá una tentativa de relación sentimental. Paul está interpretado por Patrick Fugit, quien recientemente se ha ganado el aplauso del público y la crítica merced a su papel protagonista en Casi Famosos de Cameron Crowe. Al contrario que Astrid, que fue separada de una madre que la quería, Paul nunca conoció el afecto de sus padres y ha tenido que apañárselas en casas de acogida durante tanto tiempo que se lo toma con filosofía.

  “Paul es la única persona en la vida de Astrid que no juzga a los demás”, comenta Kosminsky. “Al revés que otras personas a las que ella conoce, no intenta influir en ella o censurarla de algún modo. Le habla de manera natural y directa sobre su propia experiencia. Creo que él aporta luz a Astrid en unos momentos en que todo está bastante oscuro.”

  Mientras se halla alojada en casa de la abrasiva Starr Thomas, Astrid llega a conocer al novio de ésta, que vive en la casa; “Tío Ray”, interpretado por Cole Hauser (Tigerland, La Guerra de Hart, El Indomable Will Hunting) cuya personalidad serena y reservada le atrae. Ray parece a primera vista decente, tranquilo, trabajador y buen chico, pero al acercarse a Astrid, empieza a surgir una naturaleza más inquieta y amargada, así como un cierto complejo de culpabilidad por sentirse físicamente atraído hacia ese nuevo miembro de la familia.

  En el papel de Ray, Hauser debe mostrar todos esos matices del personaje sirviéndose de muy poco diálogo, y en muy poco tiempo, ya que la relación entre él y Astrid despierta inmediatamente los celos de Starr, que finiquita abruptamente su relación con Astrid echándola de casa.

  Para el papel del marido de Claire Richards, Mark, Wells pensó en su amigo y colega Noah Wyle, protagonista de Urgencias, una serie que Wells ayudó a hacer despegar en sus tiempos de productor ejecutivo. Pero, por el bien de su relación, no quiso presionar al director para que se viera obligado a coger a Wyle, por lo que tan sólo puso el nombre en la lista de candidatos y esperó a ver qué pasaba. Resultó que Kosminsky ya tenía a Wyle en mente para el papel y estaba, según Wells, “esperando para saber quién sería finalmente Claire para estar absolutamente seguro de que los dos intérpretes pegaran juntos; lo que, por supuesto, ocurrió.”

  Wyle, quien bromea diciendo que pegó un salto cuando supo que iba a dar vida a Mark porque, “ha sido un sueño desde hace mucho tiempo el poder hacer de marido coñazo. Tenía ganas de hacer algo totalmente opuesto a mi popular personaje de televisión. “Interpreto a un tío tan honesto y responsable en Urgencias”, dice, “que es bueno poder hacer algo diferente.”

  No sólo comprendió Wyle a la perfección la personalidad de Mark Richards, la cual describe como “controlador y superficial”, sino que vio perfectamente cuál era la razón por la que la pareja alberga adolescentes. “Mark y Claire son un matrimonio problemático y creen que tener un niño solucionará sus miserias”, afirma. “Pero no están preparados para un compromiso tan importante como una adopción en toda regla, por ello acogen a niños más mayores a ver si les gusta; algo similar a cuando compras un perrito.

  Sobre el modo en que se las arregló para ensamblar este remarcable reparto, Kosminsky afirma que, “siempre he sido un director de actores. Mis roles gemelos son hacerme con el guión y conseguir el reparto adecuado, y me tomo una eternidad en ambos procesos, para desesperación de mis colegas productores. A continuación, me gusta ensayar con tranquilidad, lejos del caos de las oficinas de la productora, durante una semana. Si lo alargas más, puedes acabar quemando el material, arriesgándote a no poder capturar de nuevo para el rodaje los sentimientos expresados en algunas escenas durante los ensayos. En una semana se puede flirtear con el material y, posteriormente, entrar a saco durante el rodaje.

  Una vez en el set de rodaje, el director prefiere no ensayar en absoluto. “Siempre que es posible, ruedo a pelo para que los actores den el máximo de sí mismos delante de la cámara”, explica. “Algunos actores dan lo máximo en la primera y segunda toma, cuando realmente escuchan lo que el otro actor está diciendo y a mí me gusta capturar ese instante en la película, en lugar de mirarlo por el monitor durante los ensayos. Los actores de La Flor del Mal (White Oleander) hicieron una impresionante interpretación de sus personajes pero lo que realmente me impactó fue lo abiertos que se mostraron a trabajar de este modo tan inusual. Ya fuera tras la puerta cerrada de la sala de ensayos o después en el set de rodaje, su atención estaba enteramente enfocada en cómo explorar esos personajes y darles vida. Estuvieron fabulosos, reales, complementándose los unos con los otros de una manera hermosa. Todo lo que tuve que hacer llegado ese punto fue sentarme y observar.”

  La técnica de Kosminsky fue alabada por el reparto, que achacan su éxito al hecho de evitar múltiples tomas alternativas. “Tiene una idea muy clara de lo que quiere”, sentencia Zellweger, “no se apoya en el monitor. No hay play back. Observa una escena y, si cree que está bien, dice ‘ OK, hecho’. No necesita verla una y otra vez o rodar 20 tomas alternativas.”

1. Del libro a la película
2. El reparto
3. La visión del director
4. Primavera en el sur de California


Imágenes y notas de cómo se hizo "La flor del mal" - Copyright © 2002 Warner Bros., Pandora Filmproduktion y John Wells Productions. Distribuidora en España: Manga Films. Todos los derechos reservados.

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