CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Celos,
baile y Saura
"Salomé" supone una nueva in-cursión de
Carlos Saura en su te-ma fetiche de los bailes filmados
con un derroche incontenible de esteticismo, que va
alternando en los últimos años con sus embestidas al cine de
ficción, aunque el trasvase de ideas y conceptos entre ambos
mun-dos es tan frecuente en sus últimas cintas, que la línea que
los separa se va haciendo cada vez más fina. Aquí Saura se fija
en "Salomé", un ballet planteado por
Aída Gómez (coreógrafa, bailarina y ex direc-tora del
Ballet Clásico Nacional) e interpretado por ella misma, que
cuando estaba en fases preparatorias llegó a oídos del director
a través de la propia Gómez, para que éste se encargara de la
esce-nografía de la obra. Saura terminó optando por plantearse
el encar-go también como una película en la que se filmaría al
mismo tiem-po los ensayos previos y la representación de la obra
en distintos soportes (vídeo digital para los ensayos y 35 mm.
para la repre-sentación), aplicando a esto todos sus tics
estéticos y narrativos, tanto en la escenografía del ballet (que
repite una vez más la esté-tica minimalista y de planchas
gigantes vacías bañadas por distin-tas luces, que hacen la
función de paredes que acotan el espacio de la representación,
muy vistas en todas sus anteriores produccio-nes musicales),
como en la filmación de los ensayos y del propio ballet, con la
cámara moviéndose con suaves travellings entre los artistas, en
el primer caso, o por enfrente de ellos, en el segundo.
También
se introduce, una vez más, una pequeña trama ar-gumental de
ficción para la parte de los ensayos (a pesar de los pésimos
resultados que le ha dado en todas las ocasiones an-teriores en
que la ha utilizado), en la que el actor
Pere Arquillué hace el papel de
director de escena de la obra (una especie de alter-ego de
Saura), lo que sirve por un lado para introducir al es-pectador
en el proceso lento y laborioso de la creación de un
es-pectáculo de estas características en todas sus vertientes
(el es-cenario, la música, las luces, los vestidos, los ensayos
con los ac-tores, etc.) y también para producir una disgregación
de tonos irre-conciliables, donde este intérprete "natural"
salta como un resorte dentro del pretendido realismo de esta
primera mitad, avocándola casi inevitablemente al fracaso.
A pesar de las múltiples coinciden-cias con sus últimos trabajos
en este género ("Sevillanas", "Flamenco" y "Tango"), esta vuelta
de Carlos Saura a los musicales (una vez más, y es que la
originalidad no es precisamen-te la baza del film) está más
próxima a sus primeras cintas en este terreno, filmadas en la
primera mitad de los 80 con Antonio Gades de protagonista
("Bodas de sangre", "Carmen" y "El amor brujo"), que de
aquéllos, sobre todo al ofrecer los ensayos en su faceta de
superación, per-feccionismo y disciplina, donde parece que Aída
Gómez hubiera re-cogido el testigo de Gades, sin el temperamento
de aquél. De esta manera, muchos de los defectos de estas
últimas películas (por ejemplo, la sucesión de delirios
estéticos de interés cinematográ-fico bastante relativo, que
encubrían en bastantes casos una falta de dirección clara) están
más atenuados y Saura consigue intro-ducirnos mucho mejor en
el ambiente interno de la prepara-ción de un baile, pese a no
llegar en ningún caso a la altura de lo que sucedía con las
cintas de Gades, haciendo así al film más interesante y
emocionante que un simple vídeo musical con colores bonitos y
diseños modernos.
La
historia que narra no tiene una especial importancia dramática,
pues sólo sirve para entender los acontecimientos que irán
suce-diéndose en el ballet, convenientemente explicados durante
los en-sayos. En ella se cuenta cómo Salomé se enamora de Juan
el Bautista y trata de seducirlo, pero tras la negativa de éste
se en-cargará de buscar su perdición, lo que logrará tras bailar
la danza de los siete velos frente al Rey Herodes, que,
obnubilado por ésta, le concederá lo que pida. Salomé pedirá la
cabeza de Juan, arre-pintiéndose más tarde por la perdida de su
amor y dándose cuenta que ha sido consumida por unos celos
imposibles (pues el único amor de Juan, en este caso, era Dios).
Al menos ésta es la versión que nos cuenta Saura, pues este mito
religio-so ha tenido más de una explicación teórica, incluyendo
una que apuntaba a una trama de conspiración por parte de la
madre de Salomé, a la que adju-dicaba el ajusticiamiento al rey,
sin mediar en ningún momento Salomé; pero aquí se ha optado
por una ver-sión más romántica y desatada, más pasional, muy
propia de la sensibilidad de su director y que encaja bastante
bien con el ballet. Éste contiene momen-tos muy bellos, que
además puede llegar más allá del aficionado a este género
musical, aunque su relevancia, cinematográficamente hablando,
sería mucho más discutible y más si tenemos en cuanta que Saura
no para de contarnos lo mismo desde hace años. Me-rece la pena
darle una oportunidad siempre que se sea un poco indulgente y
que se tenga afinidad por este tipo de películas de baile.
Calificación:
6 / 10
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