Puntuación: 6.5
/ 10
Banda Sonora Original:
*****
Si bien "Spy
Kids" era una estima-ble cinta para niños que apenas
su-puso un avance en la rutinaria carrera cinematográfica de
Robert Rodri-guez (siempre
demasiado apegado a la filmografía de Quentin Tarantino), al
menos encontrábamos en ella ciertos elementos de disfrute que
rompían con la ruidosa y vacía trayectoria del cineasta
mejicano. Imperfecta aunque simpática, la secuela de "Spy Kids"
prescinde de los aburridos prolegómenos que casi siempre se
atisban en los comienzos de una saga, librándose tam-bién de los
personajes que infantilizaban en exceso la obra original (de
hecho, las presencias de Fegan Floop y Alexander Minion se
limitan ahora a simples cameos).
Su introducción, la
inclusión de los padres de Ingrid Cortez o la ironía que
destilan algunos de sus pasajes, aparte de los desca-rados
homenajes a Ray Harryhausen, la transforman en un pro-ducto algo
más interesante que su precedente, algo a lo que contribuye,
sin lugar a dudas, la fabulosa agilidad con la que se desarrolla
el filme. Cierto que algunos de sus efectos espe-ciales son
muy sencillos y más cercanos a la televisión que al ci-ne, pero
no dejan de tener su encanto y, desde luego, son bastante
eficaces si tenemos en cuenta que el presupuesto de "Spy Kids 2.
La Isla de los Sueños Perdidos" apenas rondó los cuarenta
millo-nes de dólares. A pesar de ello, ante nuestros ojos
desfilan todo ti-po de artefactos y monstruos, un cúmulo de
sorprendentes inge-nios visuales que nos divierten a la par que
su sencillo argumento (ver las criaturas en miniatura del doctor
Romero, por ejemplo).
No hay duda de que los más peque-ños de la casa se lo pasarán en
gran-de observando cómo unos niños de su misma edad son capaces
de re-solver ellos solitos complicados pro-blemas que mantienen
en vilo a los adultos de la película, pero sin duda sus padres
también aceptarán de buen grado esos guiños en los cuales sus
propios hijos adoptan roles que ellos mismos deberían ocupar.
Por lo demás, el humor y la ironía del guión también
contri-buyen a que todo tipo de público disfrute de esta
simpática experiencia cinematográfica (atención al momento
en el que la hija del Presidente de los Estados Unidos baila
sola a causa de que está rodeada por un buen número de sus
voluminosos guar-daespaldas).
Del elenco,
destacar a Alexa Vega, que
resuelve estupendamen-te muchos de los chistes que sazonan el
guión (ver los instantes en los que Carmen queda prendada de
Gary o aquel otro en el que está con Gerti en un nido de un
cerdo volador e intenta salir de él, poniendo cara de
circunstancias al percatarse de que está en un árbol de elevada
altura). Por supuesto, merece ser reseñada la piz-pireta
aparición de Ricardo Montalbán
y Holland Taylor y,
ob-viamente, el descaro con el que
Antonio Banderas se ríe de sí mismo, sin importarle
que su papel sea de simple comparsa con respecto al de Alexa
Vega, Daryl Sabara,
Matthew O'Leary o
Emily Osment.
La música, muy resultona, tam-bién supera a la de su
predeceso-ra, pues presenta una mayor uni-dad al deberse
principalmente a un solo compositor, John
Debney, cosa que no sucedía en la anterior en-trega.
Además, sus notas discurren tan vivas como las propias imágenes
de la película, gozando algunas de ellas de una estupenda
calidad (por ejemplo cuando los protagonis-tas salen nadando de
su accidentado avión con forma de libélula o cuando vuelan a
través de los cañones de la isla).