CRÍTICA
por
Diego Vázquez
El albergue
español
Varios miedos pueden atenazar a priori a un espectador
escarmentado al enfrentarse a una cinta como ésta. En primer
lugar, las películas con pro-tagonismo de grupos de jóvenes
(es-tudiantes, amigos, familiares; no im-porta) parecen tener
tendencia a las gracias ya bastante explotadas del conflicto de
personalidades, que origi-nan situaciones graciosas y en donde
"Friends" ha sido el referente en los últimos años. Puede echar
para atrás el pensar que esta obra sea otra más en este paquete,
que puede funcionar en episodios cortos vistos desde el sofá de
la casa de uno, pero que no invita a acudir a un cine para
degustar una versión alargada y normalmente fallida del mismo
te-ma. También, si este mismo año se ha visto una película como
"Tardes
de Gaudí" y su explotación del fenómeno "Barcelona"
para turistas y cortos de miras (tras los juegos olímpicos del
92 y la pro-moción del año Gaudí o la gala de los premios MTV de
esta tem-porada, ya debe de ser conocida en todo el planeta),
pueden surgir nuevos reparos a un nuevo baño de tópicos sobre
esta, por otro la-do, incomparable ciudad, y más si, como es el
caso de un servidor, se reside en ella. Pues bien, pese a que en
su arranque repleto de truquitos digitales, aceleraciones de la
imagen e idas y venidas de guión, uno teme encontrarse con un
nuevo film "moderno" como "Las
reglas del juego" (sin apenas margen para el respiro
entre los dos trabajos, además), lo cierto es que la película
que Cédric Kla-pisch
construye en pantalla, afortunadamente, no va por ninguno de
estos caminos.
Su interés por Barcelona, por Espa-ña y por los modos de vida
extranje-ros en general, tiene modos más filan-trópicos que de
mirada turística y su-perficial, y busca en el fondo hablar de
algo mucho más profundo y since-ro, al mismo tiempo que más
sencillo, como puede ser la confusión en la que muchos nos
movemos para en-contrar la claridad, la atracción de los
opuestos o el caos y la mezcla como motores creadores de la
auténtica Eu-ropa contemporánea. Una Europa re-sumida en un
piso de estudiantes Erasmus provenientes de distintos puntos del
continente que han ido a parar a la ciudad más cosmopolita y
llena de con-trastes de España (y sin duda una de las
mayores de Europa), condenados a entenderse, a compartir su
tiempo y su espacio, sin que con ello se caiga en los tópicos de
qué bonito es la convivencia y qué buenos somos todos pese a
nuestros defectos, ya que el film consigue huir en (casi) todo
momento de éstos y ofrecer una visión bastante sincera y
finalmente optimista sobre una experien-cia con la que se
sentirán perfectamente identificados los que la hayan vivido, ya
sea en primera persona o muy de cerca (he aquí la principal
explicación para entender el tremendo éxito obtenido por la
cinta en Francia). Están todos los detalles de lo que
significa viajar a un país extranjero, acomodarse a una cultura,
una lengua, una gente y unas costumbres diferentes a las
nuestras (para eso Barcelona, con su dualidad cultural y su
nacionalismo de ida y vuelta, es el lugar perfecto) y también
está la ciudad; se iden-tifica, se huele, se saborea y se sufre
también, como ciudad de contradicciones que es, y con ello se
puede otorgar el primer gran punto al film, en el realismo que
convoca y en ser el mejor retrato de una parte de esta ciudad
(pues sólo se centra en ese ambiente juvenil y desenfadado del
casco viejo) en los últimos tiempos.
El joven francés protagonista (inter-pretado de manera magnífica
por Ro-main Duris) tendrá
que empezar a atar los cabos de su vida, tanto en el terreno
sentimental (deja una novia en Francia –la pizpireta
Audrey Tautou en un papel muy
breve que decepcio-nará a sus fans– y en Barcelona se acaba
apasionando por una mujer ca-sada a la que conoció por
casualidad, junto a su marido, al bajar del avión), como en el
profesional (pues en Francia le espera un tra-bajo seguro, al
que va a acceder por "enchufe", dejando atrás los sueños de
escritor de su infancia). A sus alrededor, el resto de
per-sonajes (todos salidos de un proceso laborioso de casting,
de re-sultados muy convincentes), también con sus confusiones,
partici-parán en la vida del protagonista durante el año de
Erasmus sin que pasen a poseer unas historias independientes con
principio y final, sino sólo pequeños fragmentos de vida que
siguen su tra-yecto, en muchos casos sin cambios, tras ese
periodo de convi-vencia.
Todas estas decisiones, sumadas a las soluciones adoptadas para
resol-ver algunas situaciones de guión que invitaban a fáciles
clichés, pero que acaban resolviéndose de maneras mucho más
realistas (y probablemen-te sorprendentes para la audiencia más
acostumbrada a los tópicos), otorgan un respeto y dignidad a
este trabajo, por otro lado modesto y no especialmente original.
A pesar de ello, en algunas secuencias se sale de estas
coordenadas (co-mo en la divertida, pero rutinaria, aparición de
un novio no esperado en un momento bastante comprometido) y en
su tramo final se acerca a narraciones más clásicas y entregadas
a la audiencia, pe-ro el conjunto invita a pasar un buen rato
y a rememorar las decisiones que uno ha ido tomando en su vida o
a seguir planteándose éstas si se está envuelto aún en ellas.
Calificación:
7 / 10
Imágenes
de "Una casa de locos" - Copyright © 2002 Ce Qui Me Meut Motion
Pictures, Mate Production y Castelao Production. Distribuidora
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