CRÍTICA
por
Mariano Malanga
Buenos Aires, Argentina
Confesar no es
siempre decir
Si alguien
pretende que cualquier film estructurado a partir de un viaje
sin rumbo fijo, detonado por la imposi-bilidad abrupta de
soportar el hastío y el vacío en una vida “socialmente
co-rrecta”, alcance la intensidad artística de “Alice, she doesn't live here”, de Scorsese o de
“The rain people” de Coppola, estaría pidiendo
demasiado. “Las confesiones del Sr. Schmidt” de
A. Payne, aunque presenta algunas diferencias circunstanciales
respecto de los casos anteriores, corrobora lo exagerado de
dicha pretensión. Con ciertos ribetes de elemental
existencialismo, y una solución “solidaria” que roza el
conformismo y la ba-nalidad, la película apenas ofrece un momento
de sencilla y “emotiva” reflexión. Por lo demás, muy poco
incisiva.
Condimentada por situaciones que, más que una carcajada, se
proponen arrancar la sonrisa cómplice del espectador y
rudimen-tarios recursos fílmicos que presuntamente potencian el
sentido de epistolares confesiones de vida, esta historia sobre
el recorrido póstumo de nuestro personaje principal evidencia
una válida jerar-quización de la cotideaneidad actual que, sin
embargo y lamenta-blemente, no logra profundizar demasiado en un
conflicto que ex-cede tiempos y espacios.
Warren
(Jack Nicholson) acaba de jubilarse. Esposo hace cuarenta y dos años de Helen,
padre de Jeannie (que vive en otra localidad y a su vez está a
punto de casarse) y con una importante carrera en la agencia de
seguros donde trabaja, descubre, después del honroso agasajo de
des-pida, que su vida ya no será tan mara-villosa... peor aún, que
tal vez nunca lo fue. En ese momento, mientras empieza a
internalizar lo efectivo de su desplazamiento, decide contribuir
mensualmente con una organización que ayuda a niños desamparados
en lugares recónditos. Dicha organización le otorga un niño
africano de seis años como hijo adoptivo y le pide que, además
del dinero, le escriba cartas. Es ahí donde empiezan,
para acompañarlo hasta el final, las “confesiones” originadas
por el inevitable sabor amargo de su existencia, desde lo
familiar, lo ma-trimonial, lo laboral y lo humano. Ese mismo día,
Helen repentina-mente muere y esto, después de unas semanas,
provocará el giro definitivo. Con la excusa de evitar el
casamiento de su hija, Warren emprenderá en su caravana un
viaje que tendrá por objeto encon-trarse a sí mismo, a un posible
balance de lo vivido y al sentido de su ser.
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Lo mejor es la
magistral interpretación de Nicholson |
El
conflicto, en sí mismo, es mucho más que atractivo y tiene
innumerables antecedentes, no sólo en la historia del cine, sino
en la del arte en general. Es decir: plantearse a partir de una
situa-ción más o menos anunciada, o simple-mente posible, pero
en cualquier caso
arrobadora y abrupta (llámese perdida del lugar social por
jubila-ción o por otra causa, viudez o pérdida de un hijo, etc.),
el sentido y la validez del devenir pasado y futuro. Sin
embargo, en este ca-so, el trabajo que se hace con semejante
tópico termina quedando en deuda con él. Varios son los sutiles
factores que contribuyen a este proceso. Básicamente, el nivel
de explicitud y pseudra-matismo con el que se ha tratado de
cargar el relato le qui-tan complejidad y expresividad fílmica.
Por
supuesto, nada tiene con ver con las citadas carencias del film
el hecho de que todo transcurra en la más absoluta sencillez de
la vida de un ciudadano americano. Al contrario, es quizá esta
sencillez, encarnada magistralmente por Jack Nicholson, su valor
más destacado. Eso es lo que, por momentos, logra conmover,
divertir y entretener al espectador. Sin embargo, si se avanza
sobre la espesura y las implicancias de la situación que
atraviesa este personaje, se encuentran verbalizacio-nes directas
de no mucha riqueza y episodios que, aunque en ge-neral se
muestran angustiantes, en última instancia se regodean en esa
angustia y no aportan demasiado. Ahora, todo esto sería
aceptable de no ser por un final que, como resolución y
síntesis, es categóricamente cuestionable desde lo social y
desde lo humano.
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Ofrece un
existencialismo muy elemental cuya conclusión roza lo
banal |
En pocas
palabras, un film bien estructurado desde el guión,
ex-celentemente interpretado por el protagonista (el resto
simplemen-te acompaña), con una fotografía austera y con un
lenguaje fílmico que oscila entre la ortodoxia in-trascendente y
la “corrección” carente de simbología (o con momentos de
simbología más que trillada). ¿Puede entretener? Sí. ¿Puede
conmover, emocionar y generar sentido? Depende... Si nos
quedamos con el goce de “co-nocer” la tristeza que puede llegar a
sufrir un jubilado en caso de tener un arranque “filosófico” y
asumir el sinsentido de su vida aho-ra que está por terminarse,
la respuesta es sí. Pero, si pretende-mos “entrar” artísticamente
en esa tristeza para que ya no sea tan clara, tan obvia, tan
lacrimógena y con una solución tan fácil... la respuesta
indudablemente será otra.
Imágenes de "A propósito de Schmidt" - Copyright © 2002
New Line Cinema. Distribuidora
en España: TriPictures. Fotos por Claudette Barius. Todos los derechos
reservados.
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