CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Todos somos
Warren Schmidt
Los
anteriores trabajos de Alexander Payne
–"Citizen Ruth", con Laura Dern, y "Election", con Matthew
Broderick y Reese Wi-therspoon–, dos comedias también
co-escritas por Jim Taylor,
no tuvieron una excesiva repercusión entre el gran público,
aunque un sector importante de la crítica destacó las
capacidades de su autor para incidir con humor en las miserias
de la sociedad nortea-mericana. Ambas partían de una idea que
podía prometer buenos frutos, no obstante su desarrollo distaba
de ser brillante: en el pri-mer caso, la cosa acababa
convirtiéndose en una completa charlo-tada; en el segundo, aun
manteniéndose dentro de un cauce inteli-gente, el resultado no
conseguía entusiasmar del todo.
Su nuevo largometraje, "A propósito de Schmidt", supone un paso
adelan-te para sus responsables. No sólo el hecho de estar
protagonizada por una estrella como
Jack Nicholson –op-tando a otra estatuilla por este
papel– va a reportarles una mayor notoriedad, sino que además se
trata, en líneas generales, de una cinta mucho más lograda que
sus predecesoras. Sin embargo, y a pesar de sus dos nominaciones
–la otra es para Ka-thy Bates–,
no es ésta una película de Oscar. Payne y Taylor no son
complacientes con el sistema, ni sus guiones lo son para la
mayoría de los espectadores: no buscan el halago fácil, ya sea
desde la lágrima o desde la risa, y sus relatos discurren sin
pausa pero sin prisa, sin hacer demasiado ruido ni mostrarse
evidentes. En la misma línea, la dirección de Payne quiere ser
intrascendente, nos habla de tú a tú sin apenas interferir en lo
que se nos cuenta, pero es la suma de todas las partes, de
todos los pequeños y grandes detalles, la que permite componer
con riqueza, con lucidez, pero sin aspavientos, unos personajes
tan tristes co-mo reales. Una vez más, en "A propósito de
Schmidt", Payne y Taylor retratan seres patéticos que se mueven
de manera patética conforme las patéticas reglas del juego de
una sociedad patética como la de Estados Unidos, aunque son sus
caracteres y situa-ciones extensibles a la mayor parte del mundo
civilizado occiden-tal.
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Una comedia
que no busca lo fácil ni lo complaciente con el sistema o
con el espectador |
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Warren
Schmidt es uno de estos personajes sumidos en una anodi-na
mezquindad. Lleva toda su vida trabajando en una compañía de
se-guros llamada Woodmen y otros tantos años de matrimonio con
una mujer a la que, ya hace tiem-po, le resulta más fácil
descubrir defectos que virtudes. Schmidt, como tantos otros
hombres de su edad y en sus circunstancias, ha vivido atrapado
en una rutina exis-tencial que no percibe como nociva o
asfixiante. Inmerso en ella por inercia, por comodidad, no
vislumbra que el tiempo se le haya es-currido de las manos sin
que lo haya exprimido nunca. La heca-tombe deviene cuando llega
el momento de su jubilación y poste-riormente asiste a la
repentina muerte de su esposa. La pérdida sú-bita de estos dos
únicos puntos de referencia, de anclaje vital, le ocasionan el
mayor de los desconciertos posibles. Pero lejos de ofrecerle una
oportunidad para cambiar, para rebelarse contra sí mismo, para
redescubrirse, Schmidt continuará por la senda mar-cada, porque
a estas alturas es incapaz de lanzarse al abismo. En el camino,
emprenderá un viaje hacia sus orígenes y se reencontra-rá con su
hija –y con la familia política de ésta–, que está a punto de
casarse con un tipo cretino que no es del agrado del padre. Su
única válvula de escape será un confesor en la distancia, un
niño negro del Tercer Mundo al que apadrina, y al que escribirá
unas cartas llenas de rabia y dolor como si en realidad hablara
consigo mismo a través de un diario personal.
Se ha dicho que "A propósito de Schmidt" no sería nada sin Jack
Ni-cholson al frente, y esto no es del todo cierto. El
protagonista de "Al-guien voló sobre el nido del cuco" o
"Mejor... Imposible" nos regala otra espléndida interpretación
alejada del histrionismo repetitivo –aunque por mi parte siempre
celebrado– de anterio-res papeles. Por primera vez ve-mos a
Nicholson como un anciano gris, frágil, perdido, emocional-mente
torpe y socialmente falto de recursos, y su actuación es tan
co-medida como convincente. Pero su lucimiento está siempre
acorde con las incontables posibilidades que le ofrece un guión
bien escrito, certero, ingenioso, plagado de situaciones que
meten el dedo en la llaga a partir de un humor tan negro, tan
oscuro, que parece diluirse en la nada. Todo apunta y está en
consonancia con ese retrato del patetismo que encierra el ser
humano. Y el poso que deja al final esta comedia es suma-mente
amargo porque el mundo está poblado por gente como Wa-rren
Schmidt, todos somos Warren Schmidt. Y no podemos hacer otra
cosa que sentir afecto por él, por más necio que nos parezca.
Secunda a
Nicholson un reparto acertado. Además de la ya cita-da Kathy
Bates, agraciada incluso en esta faceta de alegre divor-ciada,
nos encontramos con una solvente Hope
Davies ("Mum-ford", "Próxima parada Wonderland") y un
Dermot Mulroney
irre-conocible, gracias a esta caracterización, como el guaperas
por el que peleaban Julia Roberts y Cameron Diaz en "La boda de
mi mejor amigo".
El cine
independiente –o pseudoindependiente– norteame-ricano sigue
tirando dardos envenenados contra su socie-dad, contra su
sistema de vida. Distintos directores, desde dis-tintas
perspectivas, y sirviéndose de distintos personajes, han
que-rido reflejar en los últimos años algunas formas de reacción
delante de esa monotonía vital que se fundamenta principalmente
en el bi-nomio familia-trabajo. "The
good girl", "Ghost
world" o "American beauty" son sólo algunos ejemplos.
Payne y su Schmidt se suman a esta tendencia.
"A propósito de Schmidt" no quie-re ser una gran
película. Y ésa es su mayor virtud. Es una historia
in-teligente, cercana, contenida, que entra de puntillas para
acabar de-jando una sombra de amargura dando vueltas por nuestra
con-ciencia. Por eso llama la atención que en algunos
momentos –por otro lado muy divertidos– Payne y Taylor dejen de
ser fieles a sus intenciones y se desmarquen hacia lo más
convencional, allanen el terreno para ese espectador que va a
ver una comedia-con-Nicholson para reír, no para pensar y salir
de la sala consternado porque ha sido testigo de su penosa
realidad. La escena de la cama de agua, o aquélla en la que el
actor, dentro de un jacuzzi, se ve sorprendido por una
desmelenada Kathy Bates –sorpresita incluida–, por citar
algunas, parecen estar reñidas con sus planteamientos iniciales.
Tenemos
entre manos una comedia triste, una comedia adul-ta, una
comedia que no nos conduce a ninguna parte, que no nos da
soluciones, en la que todos son cretinos y ninguno es un héroe.
La vida misma de cualquier ciudadano de a pie en su día a día.
Y el público, que suele acudir al cine a buscar justo lo
contrario, puede que no acabe de ver colmadas todas sus
expectativas. En el fondo, ¿alguien le agradece a una película
que sea un reflejo de sus propias miserias cotidianas? Nos
disgusta re-conocernos en el espejo.
Calificación:
8
/ 10

Imágenes de "A propósito de Schmidt" - Copyright © 2002
New Line Cinema. Distribuidora
en España: TriPictures. Fotos por Claudette Barius. Todos los derechos
reservados.
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