CÓMO SE
HIZO "ATRÁPAME SI PUEDES"
Notas de producción
© 2002
UIP
2. Momentos de locura
El título
ATRÁPAME SI PUEDES puede valer tanto para el guión como para el
plan de rodaje de la película. Se rodó en 56 días de locura, con
más de 140 decorados en exteriores en Los Angeles, Nueva York,
Montreal y Quebec. Spielberg dice: “Nos movíamos mucho, a veces
hacíamos tres decorados en un solo día. Nunca había trabajado
tan deprisa, pero creo que en este caso, el ir deprisa ayudó a
mantener el impulso para actores y técnicos”.
Leonardo
DiCaprio confirma esa impresión: “Fue la película más rápida en
la que he trabajado, no parábamos de movernos, pero eso era lo
bueno. Éramos como una tropa de actores de teatro, siempre
creando cosas nuevas y yendo a otro decorado. Creo que el ritmo
frenético dio vida y energía a la producción”.
La
velocidad con la que se rodó también refleja el periodo de los
sesenta en el que transcurre la película. “Fue la era de la jet
set”, recuerda Tom Hanks. “Era posible subirse a un avión y
llegar al otro lado del mundo en cuestión de horas. Para mi
generación era el colmo del glamour, los colores eran más
brillantes, todo era más atrevido, más elegante”.
Para
capturar el estilo atrevido y lleno de colores de la época,
Spielberg reunió a un equipo creativo que incluía a
colaboradores de siempre: Janusz Kaminski, director de
fotografía; Michael Kahn, montador; y John Williams, compositor.
Jeannine Oppewall, diseñadora de producción, y Mary Zophres,
vestuario, trabajaban con Spielberg por primera vez.
Dado el
ritmo del rodaje, Parkes comenta que la comunicación que
desarrollaron Spielberg y Kaminski fue crucial. “Janusz es muy
rápido, muy intuitivo; Spielberg y él no necesitan hablar, nunca
he visto nada igual”.
“Janusz y
yo tenemos una genial relación de trabajo”, afirma Spielberg.
“Coloco la cámara, encuadro las escenas, pero Janusz pinta cada
toma. Es un maestro de la luz. ATRÁPAME SI PUEDES es una
película muy optimista, no queríamos penumbras ni luces tenues.
Es muy brillante, está llena de colores y eso representa un
enorme cambio en nuestro estilo cuando trabajamos juntos”.
Kaminski
añade: “La aproximación visual fue realmente muy simple: Vamos a
pasarlo bien, vamos a crear un mundo con un toque de idealismo,
pero tampoco muy serio. La luz refleja esas intenciones. Es como
una copa de champán”.
A pesar de
esta idea, la cantidad de decorados, tanto exteriores como
interiores, y la velocidad a la que el equipo pasaba de uno a
otro no ayudó para que la iluminación fuera una tarea fácil.
Kaminski nos dice: “No teníamos decorados creados especialmente.
Rodábamos en calles, en edificios, y eso nos imponía ciertas
limitaciones. No teníamos la posibilidad de quitar o añadir
paredes ni ventanas, ni colocar las luces y la cámara donde
hubiera querido. A veces, teníamos que transigir, pero tampoco
está tan mal, nos obligaba a ser más innovadores. Algunos lo
verían como una desventaja, otros, como un reto. Personalmente,
me gustan los retos”.
Los
múltiples decorados, todos en el estilo de la época, se
convirtieron en un verdadero reto para Jeannine Oppewall,
directora de producción, y su equipo. Oppewall dice: “L.A.
Confidential me había parecido difícil porque conté 93 decorados
en unos 40 ó 50 lugares diferentes. La primera vez que analicé
el guión de ATRÁPAME SI PUEDES, cuando alcancé los cien
decorados, dejé de contar porque me entró un ataque de pánico”.
De todos
los decorados, lo mejor fue conseguir rodar en la histórica
terminal de la TWA en el aeropuerto Kennedy de Nueva York. La
terminal se inauguró en 1962 y muchos no tardaron en bautizarla
“El edificio pájaros”. El famoso edificio, ahora está vacío, fue
diseñado por Eero Saarinen, lo que le confería un significado
muy especial para Oppewall. “Trabajé con Charles Eames; Eero
Saarinen y Eames eran grandes amigos”, nos dice.
Es curioso
que la conexión de Oppewall con Charles Eames fue lo que le
permitió entrar en contacto con Spielberg. “Jeannine es una
diseñadora maravillosa, ha hecho trabajos extraordinarios, pero
me enteré de que había trabajado para Charles Eames. Cuando era
niño, tenía una silla de Eames. Hacía todos mis deberes sentado
en esa silla. Me parece uno de los mejores diseñadores del
mundo, por eso me quedé boquiabierto ante Jeannine”, nos
confiesa Spielberg.
En la otra
costa, el viejo aeropuerto Notario, en California, hizo las
veces del de Miami en el que Frank escapa del FBI rodeándose de
una multitud de preciosas azafatas. En Canadá, una cárcel
abandonada en Montreal se convirtió en la prisión francesa a la
que Carl Hanratty acude para extraditar a Frank a EE UU. Una
plaza en la ciudad de Quebec pasa por ser el pueblo francés de
Montrichard donde Frank es acorralado en una escena en la que
aparece el auténtico Frank Abagnale. Otros decorados, todos muy
diversos, incluyen una casa victoriana en Altadena, California,
que es la casa de los Strong en Nueva Orleans; una vieja fábrica
Boeing en Downey, California, que sirve para las oficinas del
FBI; y el hotel Ambassador y la estación Union, ambos en Los
Angeles.
Logísticamente, el decorado más complicado era la fachada del
famoso Hotel Waldorf Astoria en la ajetreada Park Avenue, en el
centro de Nueva York. Hubo que cortar el constante tráfico,
sustituirlo por coches y taxis típicos de los años sesenta. Todo
y todos debían ser exactamente como hace 40 años.
“Fue una
verdadera operación tipo guerrilla”, recuerda Spielberg
riéndose. “Jeannine tenía un equipo, un comando más bien, que se
lanzaba a la calle para hacerse con todo lo necesario para que
pareciese realmente sacado de los sesenta”.
“Los
sesenta tenían un sabor muy particular”, comenta Oppewall: “Fue
una época en la que la gente se sentía más frívola, más
inclinada a usar colores llamativos”.
La
diseñadora de producción nos dice que tanto Mary Zophres,
vestuario, y ella, no se sirvieron de los colores sólo para
delimitar la época. También los usaron para subrayar las
emociones dentro del relato. Cuando se ve a Frank por primera
vez, tiene una vida normal, bastante monótona y su entorno
también es monótono y monocromático. Sin embargo, añade
Oppewall: “Según va mejorando, los colores son cada vez más
locos. Cuando alcanza la cima del fraude, pudimos jugar con
colores vibrantes como el naranja y el amarillo, el rojo y el
rosa. Luego, hacia el final, cuando se interna en la burocracia,
todo vuelve a ser relativamente monocromático. Es fascinante
seguir la evolución del personaje”.
“Fue muy
interesante diseñar todos los trajes para Leo”, dice Zophres.
“Al principio, pensé que se pasaba gran parte del tiempo con su
uniforme de piloto de la Pan Am. Luego, volví a leer el guión y
me di cuenta de que había unos cien cambios de vestuario”.
Según
Parkes: “Si uno lo piensa, Frank es capaz de hacerse pasar por
otros y entrar en mundos que no son los suyos gracias a la ropa
que se pone. En este caso, el vestuario era una parte esencial
de la historia. Mary Zophres, además de enfrentarse a los retos
logísticos que surgen a diario en una producción, también tuvo
que diseñar un vestuario que correspondiese a la exteriorización
del personaje a un nivel mucho mayor que en otras películas”.
Contrastando con el siempre cambiante vestuario de DiCaprio, Tom
Hanks se pone el mismo traje cada día. Zophres dice: “Aunque Tom
cambie veinte veces de traje en esta película, el público nunca
se dará cuenta porque es siempre el mismo estilo de traje. Nos
esforzamos en diseñar trajes con detalles idénticos, el mismo
corte, las mismas hombreras, los mismos botones. Sólo la tela
cambia, uno es azul marino, otro, marino un poco más claro, otro
es marrón, pero básicamente, son idénticos. Siempre lleva el
mismo estilo de camisa con una corbata a rayas diagonales. Puede
decirse que era el “uniforme” del FBI en aquella época. El
estilo se liberó algo en los setenta, pero en los sesenta eran
muy estrictos”.
Zophres
pudo dar rienda suelta a su creatividad con el vestuario de
algunos de los secundarios e incluso de los extras, sobre todo
con los uniformes de las azafatas, que van de ser recatados y
correctos a coloridos y kitsch. Por muy extravagantes que
parezcan, todos se basan en modelos de auténticos uniformes que
Zophres encontró en sus investigaciones.
Cuando se
trata de moda, ya se sabe lo que se dice: “Todo lo viejo vuelve
a ser novedad”. Sin embargo, una de las cosas que quizá más
defina a una época es la música. Cosa poco habitual en una
película de Steven Spielberg, ATRÁPAME SI PUEDES presenta unas
cuantas canciones comerciales típicas de esos años, como la
versión del clásico de Frank Sinatra “Come Fly With Me”, una de
las favoritas de Spielberg.
Las
canciones aparecen entre la partitura compuesta por John
Williams. ATRÁPAME SI PUEDES es la vigésima película en la que
el compositor colabora con Spielberg, pero en esta ocasión, se
apartó de los criterios habituales. “John hizo algo que nunca
había hecho antes”, nos explica Spielberg. “Compuso en el idioma
del jazz progresivo, algo muy popular en los cincuenta y en los
sesenta”.
“Siempre
que he trabajado con Spielberg hemos tenido grandes orquestas y
temas muy amplios”, nos dice Williams, “pero en esta película,
no queríamos eso. Es más complicado. Es una historia ligera,
divertida y, a la vez, muy seria, la música debía estar muy
matizada. Se pasa de lo cómico a la tensión, por ejemplo, cuando
el FBI arrincona a Frank”.
Para
componer la partitura de ATRÁPAME SI PUEDES, Williams se basó en
una de sus primeras inspiraciones. “Creo que la persona que más
dominó musicalmente las películas de los sesenta fue Henry
Mancini”, afirma. “Representa lo mejor de esa música con toques
de jazz, un estilo estupendo que asociamos con la nostalgia de
ese periodo. Fui pianista en la orquesta de Henry Mancini cuando
los dos empezábamos. Toqué en las sesiones de grabación de Peter
Gunn y Desayuno con diamantes; estábamos muy unidos musical y
personalmente. ATRÁPAME SI PUEDES ha sido una oportunidad
maravillosa para sacar a la luz esa parte de mí que llevaba
décadas durmiendo. Fue una especie de regresión, y disfruté
mucho”.
Cerrar el
círculo es un tema recurrente para muchos de los que han
participado en la realización de ATRÁPAME SI PUEDES, sobre todo
para el auténtico Frank W. Abagnale. “No se trata de un chico
joven que se salió con la suya. Me pillaron y acabé en la
cárcel. Pero he pagado mi deuda con la sociedad y llevo 25 años
trabajando para el gobierno. También tengo una asesoría que
funciona muy bien. Siempre me preguntan qué fue lo más increíble
que conseguí colar. Para mí, lo más sensacional que he hecho es
haber usado esas experiencias para montar el negocio que tengo
hoy en día”.
“En cierto
modo, la vida de Frank fue su universidad”, dice Walter Parkes.
“Lo más irónico es que, después de tantos intentos de
reinventarse a sí mismo, por fin consiguió ser él. Hay un toque
redentor al final de la película que sugiere que uno siempre
puede empezar de nuevo”.
Spielberg
añade: “Parte de lo que me inspiró en ATRÁPAME SI PUEDES es que
demuestra que uno puede cambiar de vida e ir a mejor; además, es
una historia con la que uno se lo pasa bien. Contiene una
tremenda dosis de alegría de vivir y eso, en mi opinión,
demuestra quién es el auténtico Frank Abagnale”.
El
director añade: “También teníamos un punto en común. Cuando aún
intentaba ser director de cine, me convertí en un ejecutivo de
16 años. Me vestí con traje y corbata, y pasé por delante de
Scotty en la puerta principal de la Universal durante todo el
verano. Cinco días a la semana durante tres meses entré y salí
como quise; en esos momentos, era Frank Abagnale”.
1.
Unos personajes pintorescos
2. Momentos de locura
Imágenes y notas de cómo se hizo "Atrápame si puedes" - Copyright ©
2002 Dreamworks Pictures, Kemp Company y Splendio Pictures. Distribuidora en España: UIP.
Fotos por Andrew Cooper. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Atrápame si puedes"
Añade "Atrápame si puedes" a tus películas favoritas
Opina sobre
"Atrápame si puedes" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Atrápame si puedes" a un amigo
|