CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Amor con
cinismo o idealismo
Estamos en
Saigón en 1952, en pleno enfrentamiento bélico entre las tropas
colonialistas francesas y el ejército comunista que lucha por la
independencia. Entre los corresponsales extranjeros, Tho-mas (Michael
Caine), un periodista inglés, se ha enamorado de
Phuong (Do Thi Hai Yen), una
bella y fascinante vietnamita, pero está casado y sólo puede
vivir a su lado como amante. Pyle (Bren-dan
Fraser), un joven americano, completa el triángulo
amoroso y viene a aportar el elemento dinamizador de una guerra
que podía haber concluido con la derrota francesa, pero que se
prolongó por los intereses comerciales o por el afán
estadounidense de extender el espíritu democrático más allá de
sus fronteras.
Se trata
de una película ideológi-ca y oportuna en el clima
bélico que el mundo está respirando, donde reiteradamente se
viene a criticar esos "peligros de la demo-cracia" y ese espíritu
americano de querer salvar al mundo de cualquier dominador que
no sean ellos mismos. Interesantes reflexio-nes sobre cómo
pueden entender unos y otros la libertad, y sobre la legitimidad
de una guerra que pueda servir para evitar mayores catástrofes
humanas: son varias las alusiones a la dificultad de "mantenerse
al margen de todo" en algunos momentos y de "la necesidad de
tomar partido” tanto en la guerra como en el amor. Junto a ese
panorama histórico y actual, Phillip
Noyce también se sirve de la trama romántica,
necesaria cara a la taquilla, para trascender el acontecimiento
y hablarnos de ese otro sufrimiento interior de quien vive sin
amor; de hecho, el único móvil capaz de mover a Thomas para
quedarse en Saigón y arriesgar su vida yendo a la vanguardia del
combate es el amor de la seductora vietnamita, pues "perderla
sería peor que el comienzo de la muerte".
|
Lo mejor de la
película es la interpretación de Michael Caine |
|
Se nos
presentan dos modelos de actuación, que tienen en común el
engaño y la mentira, todo por un ob-jetivo, aunque de distinto
orden. Por un lado, Thomas se mueve por su interés personal de
conservar el amor de Phuong a costa de familia, trabajo y honor;
por otro, Pyle lo hace por el ideal americano ex-portable al
mundo. Ambos aman sinceramente a la joven, pero en-tre la falta
de ideales de uno y la excesiva implicación política del otro,
el director australiano –y el propio
Graham Greene– se de-canta por el cínico y en el fondo
egoísta británico frente a un ame-ricano que es presentado como
más antipático, a la vez que lanza una crítica histórica y
actual al intervencionismo americano.
Adaptación
de la novela de Greene –como en su momento ya hi-ciera
Mankiewicz–, Noyce recrea con credibilidad tanto el am-biente
bélico y de confusión local entre las facciones, con el
surgimiento de la llamada tercera vía alentada por Estados
Unidos, como la asfixiante situación en que vive la población
civil, o el clima amoral aportado por los extranjeros allí
asentados: una situación que sólo se sobrelleva con una pipa de
opio o una amante a la que engañar con falsas promesas de
matrimonio. Para ello la cuidada fotografía de
Christopher Doyle capta la
nostalgia de una atmósfera sin luz eléctrica, y con ella la
seducción de una ciudad que atrapa como si fuera un fantasma y
que muestra las contradicciones entre las mentalidades
occidental y oriental.
La
historia se desarrolla como un largo flash-back en el que Thomas
recuerda cómo conoció al "ameri-cano impasible". Narrativamente,
Noyce se ha visto obligado a re-currir a una voz en off, que sin
embargo no distrae ni carga al es-pectador; más dudoso es el
empleo de la cámara subjetiva en algunos momentos, o el uso del
ralentí y del realismo sangriento empleado en el atentado de la
plaza vietna-mita, pues en ambos casos rompe con la dinámica
intimista en el que se movía. Pero lo que sí resulta innecesario
es el subrayado que hace al recordar, al hilo del discurso de
Thomas, los momen-tos de dicha explosión descubriendo la clave de
la trama: dema-siado explítico, e insultante para la inteligencia
del espectador. De la misma manera, sobran los rótulos
periodísticos finales en que, vertiginosamente, nos relatan la
fallida y nefasta intervención ame-ricana, propio de un manual de
historia pero no de una película que sólo debería aspirar a
mostrarnos un ambiente y unas actitudes, sin perder el
instrumento narrativo del cine, que es la imagen.
Sin
duda, lo mejor de la película –y por lo que merece la pena
verla– es la excelente interpretación de Michel Caine: sólo su
presencia y su mirada trasmiten todo el cinismo y de-sencanto que
la misma guerra lleva consigo, y sostienen la película
cuando ésta podía venirse abajo. En definitiva, estamos ante una
buena combinación de melodrama romántico y trama po-lítica, con
una perfecta ambientación –rodada en el mismo Viet-nam– y unos
temas de candente actualidad que dan para hablar de amor y
amistad, de lealtad y traición, de ideales y mezquindades, o del
crimen y de la disyuntiva moral que encarnan de manera me-morable
el dúo protagonista.
Calificación:
    
Imágenes de "El americano impasible" - Copyright © 2002 Miramax Films,
Intermedia Films, Mirage Enterprises, Saga Pictures e IMF
Production. Distribuidora en
España: Filmax. Fotos por Phil
Bray. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El americano impasible"
Añade "El americano impasible" a tus películas favoritas
Opina sobre
esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
esta película a un amigo
|