CÓMO SE
HIZO "LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA"
Notas de producción
© 2002
Alta Films
Hechos
sorprendentes
LAS
HERMANAS DE LA MAGDALENA (THE MAGDALENE SISTERS), de Peter
Mullan, se basa en la historia, desgraciadamente verdadera, de
miles de mujeres rechazadas por sus propias familias y
abandonadas a la misericordia de la Iglesia católica. Estas
mujeres, a las que se internaba porque se consideraba que habían
“perdido la gracia de Dios”, eran encerradas sin que hubieran
cometido ningún crimen, únicamente por ser pobres, huérfanas,
víctimas de violación, por haber tenido hijos sin estar casadas
o por ser consideradas en “peligro moral”.
La
fundación de las casas de la Magdalena en Irlanda se remonta al
siglo XIX como refugio para prostitutas y mujeres que habían
“perdido la gracia de Dios”. Su nombre se debía a la figura
bíblica de María Magdalena, ex prostituta que se arrepintió ante
Jesucristo y tuvo el honor de lavarle los pies. A comienzos del
siglo XX las casas pasaron a manos de la Iglesia católica, que
impuso un régimen mucho más severo. La gestión de las casas fue
confiada a las hermanas de la Misericordia, que obligaban a las
mujeres a lavar la ropa blanca de los hoteles locales,
universidades, instituciones, entre ocho y diez horas al día,
siete días por semana, sin recibir retribución alguna. La
sociedad, que juzgaba a estas jóvenes inadecuadas o “en peligro”
en la vida normal, consideraba que ésta era la mejor forma de
hacerles expiar sus pecados.
A
comienzos del siglo XX, Irlanda era un país devastado por la
pobreza, y los servicios de asistencia social estaban
sobrecargados. Las familias sufrían fuertes presiones para que
recluyeran en instituciones a los hijos que hubieran manchado su
buen nombre y a menudo los confiaban al cura del lugar. La
Iglesia, por su parte, les animaba a que las sometieran a un
encarcelamiento ilegal en las lavanderías de la Magdalena. El
severo dogma de la Iglesia católica reinaba con mano de hierro
sobre la sociedad irlandesa y permitió la existencia de tales
instituciones hasta los años setenta. En el interior de estas
casas, la vida sin esperanzas, los severos castigos y los abusos
morales y físicos estaban a la orden del día.
A las
chicas, al llegar, se las despojaba de sus ropas y objetos
personales, se les cortaba el cabello y les cambiaban sus
nombres de bautismo por nombres de santas católicas. Se les
imponía un severo régimen de trabajo, de oración y de descanso,
y se las privaba de todo contacto con el mundo exterior: ni
libros ni periódicos, ninguna relación con sus propias familias.
Muchas de las antiguas internas han descrito su existencia de
reclusas como peor que si hubieran estado realmente en prisión
porque las lavanderías de la Magdalena negaban incluso los
mínimos derechos que se mantienen en las cárceles. Retenidas en
contra de su voluntad, algunas mujeres pasaron toda su vida
encerradas tras los muros de los conventos de la Magdalena,
vivieron y murieron completamente aisladas del mundo exterior.
Además, las monjas nunca preparaban a las jóvenes para la vida
fuera de sus muros, de forma que tras dejar las lavanderías de
la Magdalena casi todas ellas tuvieron que afrontar su nueva
vida con grandes problemas. El hecho de haber estado en estas
instituciones era una vergüenza tan grande que casi todas ellas
lo ocultaron e incluso muchas huyeron para esconderse.
A las
jóvenes que daban a luz sin estar casadas se las separaba de sus
hijos, que eran entregados en adopción, y se las obligaba a
firmar documentos que les impedían intentar buscarlos más
adelante. Las monjas que gestionaban las casas estaban en
connivencia con el sistema imperante, una sociedad que veía las
muchachas como un peligro para los severos códigos morales de la
Iglesia y de la familia. Justificaban este encarcelamiento como
necesario para la seguridad de las muchachas, que estaban en
peligro moral fuera de los muros de las casas. Además, la
conspiración de silencio y vergüenza que rodeaba a las familias
de las jóvenes era una clara señal de que éstas ya no tenían una
familia o una comunidad a la que regresar. El embarazo fuera del
matrimonio se juzgaba una pérdida de la gracia de Cristo y a los
hijos de tales pecadoras se les consideraba en peligro, en el
peligro de perderse durante las siete generaciones siguientes. A
las hijas de madres desconocidas se las encerraba en orfanatos
y, cuando cumplían diecisiete años, se las enviaba a las casas
de la Magdalena para expiar los pecados de sus madres.
En las
décadas de 1950 y 1960, en las casas de la Magdalena escocesas,
el tipo de vida más propio de las novelas de Dickens, una
existencia de hambre, golpes y abusos, se tradujo en un aumento
de las fugas y en revueltas. En los años setenta, algunas de las
diez casas existentes en Irlanda fueron cerradas debido al bum
del consumismo, que alentaba el uso de lavadoras, y por el
debilitamiento del poder de la Iglesia católica sobre la
sociedad irlandesa. En 1996 fue cerrada la última casa de la
Magdalena dejando entre 40 y 50 mujeres, que todavía vivían
allí, incapaces de afrontar la vida afuera. Hasta la fecha, la
Iglesia católica todavía no ha pedido perdón formalmente a las
mujeres de las casas de la Magdalena ni les ha pagado ninguna
indemnización. La mayor parte de estas jóvenes se fueron de
Irlanda para tratar de rehacer su vida en Inglaterra o incluso
más lejos. Se calcula que 30.000 mujeres y muchachas vivieron
hasta su muerte en las lavanderías de la Magdalena.
Acabar con el
estigma
La primera
vez que se planteó públicamente la situación en que se
encontraban las mujeres de las casas de la Magdalena fue en
1992, en Eclipsed, obra teatral de Patricia Burke Logan. Esta
autora había trabajado en una de esas casas durante los años
sesenta e intentaba acabar con el estigma que pesaba sobre tales
casas: “Las mujeres, víctimas inocentes de una sociedad
irlandesa puritana, eran encerradas de por vida, condenadas al
olvido, anónimas incluso en la muerte”. Pocos años después, en
1997, la cantautora Joni Mitchell escribió “The Magdalene
Laundries”, que se ha convertido en la canción de protesta no
oficial de las supervivientes de las lavanderías.
La película
Por su
parte, el actor y director Peter Mullan escribió LAS HERMANAS DE
LA MAGDALENA (THE MAGDALENE SISTERS) tras haber visto el
documental de Channel 4 Sex in a Cold Climate, que mostraba las
condiciones de vida de las mujeres de las casas de la Magdalena.
Mullan se
apasionó por este proyecto por varios motivos. Horrorizado por
el sufrimiento oculto de las mujeres de las casas de la
Magdalena, Mullan se sintió profundamente conmovido, al ver el
documental, por la tremenda injusticia sufrida por estas
mujeres, y se propuso que su historia fuera conocida por un
público más amplio. Decidió hacer una película basada en cuatro
historias distintas y empleó material de vídeo como fuente
principal de su investigación. Tras haber visto varios
documentales sobre las mujeres de las casas de la Magdalena,
Mullan dejó que fueran ellas mismas las que hablaran y extrajo
lo esencial de estos testimonios para hacer la película. “Es
ficción, pero inspirada en sus historias”, dice el director, que
confiesa haberse sentido impresionado por el poder absoluto que
la Iglesia católica ejercía sobre la sociedad irlandesa: “Una
vez, una mujer respondió a mi pregunta acerca de cómo era su
vida cuando era joven en la Irlanda de los años sesenta
diciéndome: Imagínate el KGB. Tenía razón. Era idéntico al KGB.
Si un cura decía que quería tu hijo, tenías que dárselo, sin
hacer preguntas. Se llegó a crear una extraña situación en la
que la gente no cuestionaba a la Iglesia y la Iglesia no se
cuestionaba nada”.
Otra cosa
que impresionó a Peter Mullan fue la longevidad de las casas de
la Magdalena: “Creo que el Estado, la Iglesia y la familia
conspiraron contra estas chicas a las que consideraban
moralmente irresponsables. La teocracia, sobre todo la Iglesia
católica, se consideraba guardián moral de las jóvenes”.
Mullan ha
ambientado la película en 1964, en los alrededores de Dublín. En
una época en la que muchas mujeres estaban experimentando una
nueva libertad cultural, cuatro jóvenes, desde el interior de
las lavanderías de la Magdalena, combaten para sobrevivir al
encarcelamiento. La historia se concentra en sus vidas durante
su prisión y la difícil relación con las monjas que se han
convertido en sus carceleras.
Con más de
25 premios internacionales por su trabajo y un BAFTA (premio de
la Academia de Cine británica) de 1996 como Mejor Productora
Novel, Frances Higson ya ha trabajado en otros proyectos de
Peter Mullan: tres cortometrajes y la película Orphans. Quería
volver a trabajar de nuevo con Mullan, al que considera “un
guionista y director de enorme talento con una extraordinaria
habilidad para contar historias”. Era consciente de que tenía
gran importancia política y además le pareció muy potente: todo
ello la atrajo de inmediato.
Las actrices
Geraldine
McEwan, con una larga carrera cinematográfica, televisiva y
teatral, fue elegida para el papel de la inquietante hermana
Bridget. Mullan comenta: “Estaba convencido de que la persona
que interpretara a la hermana Bridget tendría que poner en ello
toda su alma... Geraldine me ha dado la oportunidad de mostrar
una contradicción viviente. No tiene un aire especialmente
malvado, cuando habla no parece mala, en pocas palabras, no es
una persona malvada. La actriz ha logrado dar alma a un papel
que podía caer en la clásica caricatura de monja malvada”.
Geraldine se sintió atraída por el papel, por la complejidad del
personaje y por la fuerza del guión. “En calidad de actriz, de
alguien que tiene que interpretar lo que otro ha escrito,
nuestra tarea es hacer humano al personaje. Esto es lo más
interesante. La hermana Bridget probablemente deseaba una vida
distinta si no hubiese tenido el peso de su credo y de su
misión”.
Las
muchachas de la casa de la Magdalena han sido interpretadas por
actrices profesionales y por jóvenes actrices noveles
pertenecientes a las comunidades católicas irlandesas.
Anne-Marie Duff fue elegida para el papel de Margaret, joven de
un pueblecito violada por un primo suyo y enviada a la casa de
la Magdalena para esconder la vergüenza de la familia. La
londinense Anne-Marie, que antes de hacer esta película había
sido candidata al Premio Olivier a la Mejor Actriz y que está
desarrollando una sólida carrera teatral, televisiva y
cinematográfica, se inspiró para su papel en sus raíces
irlandesas católicas y descubrió historias de mujeres de las
casas de la Magdalena a través de las experiencias de su
familia. Mullan comenta que Anne-Marie Duff “aporta una
maravillosa fragilidad al personaje aunque sabemos que pese a
todo luchará para sobrevivir”.
Dorothy
Duffy fue elegida para el papel de Patricia / Rose, una joven
madre soltera abandonada por su familia en la casa de la
Magdalena y obligada a cambiar de nombre para atenerse a las
reglas de la institución. Antes de debutar en esta película,
Dorothy Duffy se había curtido como intérprete en
representaciones de aficionados, con papeles en irlandés. Acerca
de LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA, comenta: “El guión es genial.
Creo que es importante que la gente en Irlanda vea lo que pasó,
porque me parece que muchas personas lo saben pero no quieren
decirlo. Creo que, en nombre de las mujeres que pasaron por
todas esas casas, es necesario mostrar lo que pasó”. Gracias a
sus raíces irlandesas profundamente católicas, Dorothy aporta
una silenciosa credibilidad a su personaje, básica para la idea
que Mullan tenía del mismo. “Cuando la miras te crees totalmente
que es el personaje, no te parece estar viendo a una actriz, y
no es necesario mucho diálogo para lograr tal credibilidad.
Dorothy tiene un sentido de la conversación silenciosa, casi
interior”.
Nora-Jane
Noone, que interpreta a Bernadette, una huérfana en “peligro
moral” por su atractivo físico, fue elegida durante unas pruebas
públicas en Galway y éste es su primer papel importante. Mullan
se quedó impresionado por su talento natural y afirma: “La
mayoría de los talentos naturales no necesitan ni la cámara ni
el escenario; interpretan desde siempre pero no se han atrevido
a decirlo”. Al describir las características del personaje, el
director dice: “Tenía que ser capaz de mostrar un cambio: pasar
de chica alegre y traviesa a muchacha muy desconfiada y
maliciosa, y viceversa. Tenía que tener el talento natural
suficiente para poder dar ese salto”. Además, se ha dado la
coincidencia de que el padre de Nora-Jane trabajó de joven como
conductor de la furgoneta de la lavandería para el St. Michael
Magdalene Home de Galway y fue de gran ayuda para la joven
actriz.
Eileen
Walsh fue elegida para el papel de Crispina, joven madre
soltera. Candidata al premio del cine británico independiente al
mejor intérprete novel en 1999, Eileen tiene ya un extenso
historial profesional teatral y cinematográfico, entre los que
destaca su actuación junto a Peter Mullan en Miss Julie, de Mike
Figgis. A Mullan le atrajo de inmediato que Eileen era “muy
sociable, inteligente y experimentada. Considero que es
fundamental que los actores agreguen su propia personalidad y
sus propias opiniones al personaje, le guste o no al público, y
ella tiene la valentía de hacerlo. En su lugar, muchas actrices
habrían interpretado a Crispina como una persona a la que tener
compasión, y eso habría sido un auténtico error”.
El mismo
Peter Mullan se reservó un papel en la película, como O’Connor,
el padre de Una, la muchacha que intenta escaparse de la
lavandería. Mullan dice de su personaje: “La Iglesia católica,
la fe, la familia y la reputación tienen para él más importancia
que su propia hija, y éste es el auténtico problema”. En una
época en que la reputación y la dignidad de una familia eran
puntos centrales para consolidar su posición en el interior de
una comunidad, muchos hombres se encontraron en una situación
similar, luchando para mantener intacta su propia posición.
Imágenes y notas de cómo se hizo "Las hermanas de la Magdalena" - Copyright ©
2002 PFP Films y Temple Films. Distribuidora en España: Alta
Films. Todos los derechos
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