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LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA
(The Magdalene sisters)


Dirección y guión: Peter Mullan.
Países:
Reino Unido e Irlanda.
Año: 2002.
Duración: 119 min.
Interpretación: Geraldine McEwan (Hermana Bridget), Anne-Marie Duff (Margaret), Nora-Jane Noone (Bernadette), Dorothy Duffy (Rose/Patricia), Eileen Walsh (Crispina), Mary Murray (Una), Britta Smith (Katy), Frances Healy (Hermana Jude), Chris Simpson (Brendan), Eithne McGuinness (Hermana Clementine), Phyllis McMahon (Hermana Augusta).
Producción: Frances Higson.
Música: Craig Armstrong.
Fotografía:
Nigel Willoughby.
Montaje: Colin Monie.
Dirección artística: Mark Leese.
Vestuario: Trisha Biggar.
Estreno en España: 7 Marzo 2003.

 

CÓMO SE HIZO SE HIZO "LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA"

Notas de producción
© 2002 Alta Films

Hechos sorprendentes

  LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA (THE MAGDALENE SISTERS), de Peter Mullan, se basa en la historia, desgraciadamente verdadera, de miles de mujeres rechazadas por sus propias familias y abandonadas a la misericordia de la Iglesia católica. Estas mujeres, a las que se internaba porque se consideraba que habían “perdido la gracia de Dios”, eran encerradas sin que hubieran cometido ningún crimen, únicamente por ser pobres, huérfanas, víctimas de violación, por haber tenido hijos sin estar casadas o por ser consideradas en “peligro moral”.

  La fundación de las casas de la Magdalena en Irlanda se remonta al siglo XIX como refugio para prostitutas y mujeres que habían “perdido la gracia de Dios”. Su nombre se debía a la figura bíblica de María Magdalena, ex prostituta que se arrepintió ante Jesucristo y tuvo el honor de lavarle los pies. A comienzos del siglo XX las casas pasaron a manos de la Iglesia católica, que impuso un régimen mucho más severo. La gestión de las casas fue confiada a las hermanas de la Misericordia, que obligaban a las mujeres a lavar la ropa blanca de los hoteles locales, universidades, instituciones, entre ocho y diez horas al día, siete días por semana, sin recibir retribución alguna. La sociedad, que juzgaba a estas jóvenes inadecuadas o “en peligro” en la vida normal, consideraba que ésta era la mejor forma de hacerles expiar sus pecados.

  A comienzos del siglo XX, Irlanda era un país devastado por la pobreza, y los servicios de asistencia social estaban sobrecargados. Las familias sufrían fuertes presiones para que recluyeran en instituciones a los hijos que hubieran manchado su buen nombre y a menudo los confiaban al cura del lugar. La Iglesia, por su parte, les animaba a que las sometieran a un encarcelamiento ilegal en las lavanderías de la Magdalena. El severo dogma de la Iglesia católica reinaba con mano de hierro sobre la sociedad irlandesa y permitió la existencia de tales instituciones hasta los años setenta. En el interior de estas casas, la vida sin esperanzas, los severos castigos y los abusos morales y físicos estaban a la orden del día.

  A las chicas, al llegar, se las despojaba de sus ropas y objetos personales, se les cortaba el cabello y les cambiaban sus nombres de bautismo por nombres de santas católicas. Se les imponía un severo régimen de trabajo, de oración y de descanso, y se las privaba de todo contacto con el mundo exterior: ni libros ni periódicos, ninguna relación con sus propias familias. Muchas de las antiguas internas han descrito su existencia de reclusas como peor que si hubieran estado realmente en prisión porque las lavanderías de la Magdalena negaban incluso los mínimos derechos que se mantienen en las cárceles. Retenidas en contra de su voluntad, algunas mujeres pasaron toda su vida encerradas tras los muros de los conventos de la Magdalena, vivieron y murieron completamente aisladas del mundo exterior. Además, las monjas nunca preparaban a las jóvenes para la vida fuera de sus muros, de forma que tras dejar las lavanderías de la Magdalena casi todas ellas tuvieron que afrontar su nueva vida con grandes problemas. El hecho de haber estado en estas instituciones era una vergüenza tan grande que casi todas ellas lo ocultaron e incluso muchas huyeron para esconderse.

  A las jóvenes que daban a luz sin estar casadas se las separaba de sus hijos, que eran entregados en adopción, y se las obligaba a firmar documentos que les impedían intentar buscarlos más adelante. Las monjas que gestionaban las casas estaban en connivencia con el sistema imperante, una sociedad que veía las muchachas como un peligro para los severos códigos morales de la Iglesia y de la familia. Justificaban este encarcelamiento como necesario para la seguridad de las muchachas, que estaban en peligro moral fuera de los muros de las casas. Además, la conspiración de silencio y vergüenza que rodeaba a las familias de las jóvenes era una clara señal de que éstas ya no tenían una familia o una comunidad a la que regresar. El embarazo fuera del matrimonio se juzgaba una pérdida de la gracia de Cristo y a los hijos de tales pecadoras se les consideraba en peligro, en el peligro de perderse durante las siete generaciones siguientes. A las hijas de madres desconocidas se las encerraba en orfanatos y, cuando cumplían diecisiete años, se las enviaba a las casas de la Magdalena para expiar los pecados de sus madres.

  En las décadas de 1950 y 1960, en las casas de la Magdalena escocesas, el tipo de vida más propio de las novelas de Dickens, una existencia de hambre, golpes y abusos, se tradujo en un aumento de las fugas y en revueltas. En los años setenta, algunas de las diez casas existentes en Irlanda fueron cerradas debido al bum del consumismo, que alentaba el uso de lavadoras, y por el debilitamiento del poder de la Iglesia católica sobre la sociedad irlandesa. En 1996 fue cerrada la última casa de la Magdalena dejando entre 40 y 50 mujeres, que todavía vivían allí, incapaces de afrontar la vida afuera. Hasta la fecha, la Iglesia católica todavía no ha pedido perdón formalmente a las mujeres de las casas de la Magdalena ni les ha pagado ninguna indemnización. La mayor parte de estas jóvenes se fueron de Irlanda para tratar de rehacer su vida en Inglaterra o incluso más lejos. Se calcula que 30.000 mujeres y muchachas vivieron hasta su muerte en las lavanderías de la Magdalena.

Acabar con el estigma

  La primera vez que se planteó públicamente la situación en que se encontraban las mujeres de las casas de la Magdalena fue en 1992, en Eclipsed, obra teatral de Patricia Burke Logan. Esta autora había trabajado en una de esas casas durante los años sesenta e intentaba acabar con el estigma que pesaba sobre tales casas: “Las mujeres, víctimas inocentes de una sociedad irlandesa puritana, eran encerradas de por vida, condenadas al olvido, anónimas incluso en la muerte”. Pocos años después, en 1997, la cantautora Joni Mitchell escribió “The Magdalene Laundries”, que se ha convertido en la canción de protesta no oficial de las supervivientes de las lavanderías.

La película

  Por su parte, el actor y director Peter Mullan escribió LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA (THE MAGDALENE SISTERS) tras haber visto el documental de Channel 4 Sex in a Cold Climate, que mostraba las condiciones de vida de las mujeres de las casas de la Magdalena.

  Mullan se apasionó por este proyecto por varios motivos. Horrorizado por el sufrimiento oculto de las mujeres de las casas de la Magdalena, Mullan se sintió profundamente conmovido, al ver el documental, por la tremenda injusticia sufrida por estas mujeres, y se propuso que su historia fuera conocida por un público más amplio. Decidió hacer una película basada en cuatro historias distintas y empleó material de vídeo como fuente principal de su investigación. Tras haber visto varios documentales sobre las mujeres de las casas de la Magdalena, Mullan dejó que fueran ellas mismas las que hablaran y extrajo lo esencial de estos testimonios para hacer la película. “Es ficción, pero inspirada en sus historias”, dice el director, que confiesa haberse sentido impresionado por el poder absoluto que la Iglesia católica ejercía sobre la sociedad irlandesa: “Una vez, una mujer respondió a mi pregunta acerca de cómo era su vida cuando era joven en la Irlanda de los años sesenta diciéndome: Imagínate el KGB. Tenía razón. Era idéntico al KGB. Si un cura decía que quería tu hijo, tenías que dárselo, sin hacer preguntas. Se llegó a crear una extraña situación en la que la gente no cuestionaba a la Iglesia y la Iglesia no se cuestionaba nada”.

  Otra cosa que impresionó a Peter Mullan fue la longevidad de las casas de la Magdalena: “Creo que el Estado, la Iglesia y la familia conspiraron contra estas chicas a las que consideraban moralmente irresponsables. La teocracia, sobre todo la Iglesia católica, se consideraba guardián moral de las jóvenes”.

  Mullan ha ambientado la película en 1964, en los alrededores de Dublín. En una época en la que muchas mujeres estaban experimentando una nueva libertad cultural, cuatro jóvenes, desde el interior de las lavanderías de la Magdalena, combaten para sobrevivir al encarcelamiento. La historia se concentra en sus vidas durante su prisión y la difícil relación con las monjas que se han convertido en sus carceleras.

  Con más de 25 premios internacionales por su trabajo y un BAFTA (premio de la Academia de Cine británica) de 1996 como Mejor Productora Novel, Frances Higson ya ha trabajado en otros proyectos de Peter Mullan: tres cortometrajes y la película Orphans. Quería volver a trabajar de nuevo con Mullan, al que considera “un guionista y director de enorme talento con una extraordinaria habilidad para contar historias”. Era consciente de que tenía gran importancia política y además le pareció muy potente: todo ello la atrajo de inmediato.

Las actrices

  Geraldine McEwan, con una larga carrera cinematográfica, televisiva y teatral, fue elegida para el papel de la inquietante hermana Bridget. Mullan comenta: “Estaba convencido de que la persona que interpretara a la hermana Bridget tendría que poner en ello toda su alma... Geraldine me ha dado la oportunidad de mostrar una contradicción viviente. No tiene un aire especialmente malvado, cuando habla no parece mala, en pocas palabras, no es una persona malvada. La actriz ha logrado dar alma a un papel que podía caer en la clásica caricatura de monja malvada”. Geraldine se sintió atraída por el papel, por la complejidad del personaje y por la fuerza del guión. “En calidad de actriz, de alguien que tiene que interpretar lo que otro ha escrito, nuestra tarea es hacer humano al personaje. Esto es lo más interesante. La hermana Bridget probablemente deseaba una vida distinta si no hubiese tenido el peso de su credo y de su misión”.

  Las muchachas de la casa de la Magdalena han sido interpretadas por actrices profesionales y por jóvenes actrices noveles pertenecientes a las comunidades católicas irlandesas.
Anne-Marie Duff fue elegida para el papel de Margaret, joven de un pueblecito violada por un primo suyo y enviada a la casa de la Magdalena para esconder la vergüenza de la familia. La londinense Anne-Marie, que antes de hacer esta película había sido candidata al Premio Olivier a la Mejor Actriz y que está desarrollando una sólida carrera teatral, televisiva y cinematográfica, se inspiró para su papel en sus raíces irlandesas católicas y descubrió historias de mujeres de las casas de la Magdalena a través de las experiencias de su familia. Mullan comenta que Anne-Marie Duff “aporta una maravillosa fragilidad al personaje aunque sabemos que pese a todo luchará para sobrevivir”.

  Dorothy Duffy fue elegida para el papel de Patricia / Rose, una joven madre soltera abandonada por su familia en la casa de la Magdalena y obligada a cambiar de nombre para atenerse a las reglas de la institución. Antes de debutar en esta película, Dorothy Duffy se había curtido como intérprete en representaciones de aficionados, con papeles en irlandés. Acerca de LAS HERMANAS DE LA MAGDALENA, comenta: “El guión es genial. Creo que es importante que la gente en Irlanda vea lo que pasó, porque me parece que muchas personas lo saben pero no quieren decirlo. Creo que, en nombre de las mujeres que pasaron por todas esas casas, es necesario mostrar lo que pasó”. Gracias a sus raíces irlandesas profundamente católicas, Dorothy aporta una silenciosa credibilidad a su personaje, básica para la idea que Mullan tenía del mismo. “Cuando la miras te crees totalmente que es el personaje, no te parece estar viendo a una actriz, y no es necesario mucho diálogo para lograr tal credibilidad. Dorothy tiene un sentido de la conversación silenciosa, casi interior”.

  Nora-Jane Noone, que interpreta a Bernadette, una huérfana en “peligro moral” por su atractivo físico, fue elegida durante unas pruebas públicas en Galway y éste es su primer papel importante. Mullan se quedó impresionado por su talento natural y afirma: “La mayoría de los talentos naturales no necesitan ni la cámara ni el escenario; interpretan desde siempre pero no se han atrevido a decirlo”. Al describir las características del personaje, el director dice: “Tenía que ser capaz de mostrar un cambio: pasar de chica alegre y traviesa a muchacha muy desconfiada y maliciosa, y viceversa. Tenía que tener el talento natural suficiente para poder dar ese salto”. Además, se ha dado la coincidencia de que el padre de Nora-Jane trabajó de joven como conductor de la furgoneta de la lavandería para el St. Michael Magdalene Home de Galway y fue de gran ayuda para la joven actriz.

  Eileen Walsh fue elegida para el papel de Crispina, joven madre soltera. Candidata al premio del cine británico independiente al mejor intérprete novel en 1999, Eileen tiene ya un extenso historial profesional teatral y cinematográfico, entre los que destaca su actuación junto a Peter Mullan en Miss Julie, de Mike Figgis. A Mullan le atrajo de inmediato que Eileen era “muy sociable, inteligente y experimentada. Considero que es fundamental que los actores agreguen su propia personalidad y sus propias opiniones al personaje, le guste o no al público, y ella tiene la valentía de hacerlo. En su lugar, muchas actrices habrían interpretado a Crispina como una persona a la que tener compasión, y eso habría sido un auténtico error”.

  El mismo Peter Mullan se reservó un papel en la película, como O’Connor, el padre de Una, la muchacha que intenta escaparse de la lavandería. Mullan dice de su personaje: “La Iglesia católica, la fe, la familia y la reputación tienen para él más importancia que su propia hija, y éste es el auténtico problema”. En una época en que la reputación y la dignidad de una familia eran puntos centrales para consolidar su posición en el interior de una comunidad, muchos hombres se encontraron en una situación similar, luchando para mantener intacta su propia posición.


Imágenes y notas de cómo se hizo "Las hermanas de la Magdalena" - Copyright © 2002 PFP Films y Temple Films. Distribuidora en España: Alta Films. Todos los derechos reservados.

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