CRÍTICA
por
José Luis Santos
Recientemente, hablando de “Solda-dos
de Salamina”, observaba desde estas mismas páginas
uno de los po-sibles enfoques a la hora de abordar la adaptación
de un libro al cine: bus-car la propia personalidad
cinemato-gráfica de la historia, al margen de la literaria. Hay
curiosamente en “El ca-zador de sueños” una característica
fundamental que nos ofrece un ejem-plo claro del enfoque
contrario y que se convierte en la principal virtud y defecto
simultáneamente del nuevo trabajo de
Lawrence Kasdan:
al menos de inicio es escrupulosamente fiel al espíritu del
autor de la novela en que se basa,
Stephen King.
Recopila una importante cantidad de elementos que la
calenturienta mente del vendedor de best-sellers de Maine ya
presentó en anteriores es-critos suyos como “It” (combinando
flashbacks continuos a la in-fancia –casi con aire de historia
iniciática– que van descubriendo un secreto del pasado de los
protagonistas, con el horror actual en el que se ven inmersos) o
“Tommyknockers” (con una amenaza alienígena hostil que alcanza
dimensiones casi militares y que im-plica un sacrificio para
salvar el mundo), hasta lograr casi un mero híbrido entre ambas.
Así, Lawrence Kasdan se
muestra una vez más capaz de de-senvolverse con soltura en todo
tipo de género, sea el cine negro (“Fuego en el cuerpo”), el
western (“Silverado”, “Wyatt Earp”
–en
este último caso achacando los excesos propios de las
intromisio-nes de Kevin Costner–
), el drama (“El turista
accidental”), la come-dia romántica (“French Kiss”) o ahora el
terror. A partir de una muy buena introducción en la cual
presenta de forma eficaz a los perso-najes y sus nexos,
haciéndolos interesantes y enigmáticos para el espectador,
construye una excelente ambientación (con la ayuda de
John Seale,
Oscar a la mejor fotografía por “El paciente in-glés”), doma con
presteza el ritmo narrativo y, a través de un hábil manejo de la
cámara, administra el suspense para completar una primera hora
de metraje notable que emana al espectador la sen-sación de
amenaza latente invisible (con la colaboración de la mú-sica del
siempre competente James
Newton Howard,
que tan bien transmitiera ese sentimiento en “El sexto sentido”
de Shya-malan), y que recuerda en bastantes aspectos de forma y
de fondo a un referente del género como “La cosa” de John
Carpenter.
Pero si bien el trabajo de Kasdan como director consigue recrear
a la perfección el universo de King y do-tarlo de formato
cinematográfico, su labor como guionista no logra enmen-dar la
plana, de forma que transcurri-da la primera
hora el film evolu-ciona del inquietante miedo a lo que no se ve
a partir de unos per-sonajes cercanos y el horror del
incontrolable cambio del propio cuerpo, a los giros tópicos y
típicos de la serie B, conformando un guión al final
difícil de dige-rir, en forma
de batiburrillo que parece mezclar iconos propios de dicha serie
como “La invasión de los ladrones de cuerpos” o los “Temblores”
de Ron Underwood (a cuyos monstruos recuerdan qui-zás demasiado
los gusanos de “El cazador de sueños”), con cin-tas tan
variopintas como “Alien”, la aludida “La cosa”, el “Estallido”
de Barry Levinson (con la misma disyuntiva de si eliminar
riesgos merece ejecutar a los posibles afectados) o la lucha
antialienígena de “Independence day”. Se apoderan de la pantalla
los efectos es-peciales, el toque gore y violento, llega la
previsibilidad, y supone un lastre para la película toda la
parte de los militares, que no aporta nada a la historia, o
mejor dicho, nada bueno, ya que ade-más de entorpecer la trama
le insufla un mensaje reaccionario de actitud vigilante ante
cualquier posible amenaza (les suena el argu-mento últimamente,
¿verdad?) que se va enquistando hasta flore-cer en el final
disfrazado bajo una máscara de falsa sensiblería bo-balicona.
Aun así,
Kasdan mantiene suficiente solvencia visual y
na-rrativa como para aguantar hasta el final un digno nivel de
entretenimiento que sobrevive relativamente a la pérdida de
consistencia del guión,
recurriendo como válvula de escape constantemente a los toques
de humor que hacen que en algunos momentos ni siquiera él se
tome muy en serio (“puede que la se-cuencia del cuarto de baño
sea la más divertida que he hecho ja-más, y también la más
sangrienta, la más vulgar y la más escalo-friante”, reconoce), y
a algunos chispeantes recursos visuales co-mo la recreación del
curioso “almacen de la memoria” de uno de los personajes.
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Un producto
que puede entretener si se afronta con la suficiente
permisividad |
En resumen, un producto que
si se afronta con la suficiente permi-sividad hacia los desmanes
de se-rie B y cierta higiene ideológica, puede resultar
entretenido gracias a la habilidad de su director, al mar-gen de
algunos momentos espe-cialmente chirriantes, del engaño
publicitario de presentar a
Morgan Freeman
como cabeza de cartel cuando apenas aparece 10 minutos en
pantalla, y de los ex-cesos puntuales de casquería. Un producto
en el que, como ocu-rría hace unos meses con la “Señales”
de Shyamalan, lo más in-teresante es lo que no se ve, y cuando
se ve... pierde interés y gracia.
Imágenes de "El cazador de sueños" - Copyright ©
2003 Castle Rock Entertainment, Village Roadshow Pictures, NPV
Entertainment y Kasdan Pictures. Distribuidora en España: Warner
Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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