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Dirección: Jesús
Bonilla.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 108 min.
Interpretación: Jesús
Bonilla (Papeles), Santiago Segura (Íñigo),
Alfredo Landa (Faustino), Concha Velasco (Pastora
Bernal), José Luis López Vázquez (Beltrán),
Antonio Resines (Jacinto), Gabino Diego
(Macintosh), María Barranco (Alejandra), Juan
Luis Galiardo (Alberto Tajuña), Sancho Gracia (Guardia
Civil), Jorge Sanz (Guardia de seguridad), Neus Asensi
(Gloria), Alexis Valdés (Vladimir), Carlos Latre (Ricky Tajuña),
El Gran Wyoming (Showman), Carmen Vicente-Arche (Carmen),
Florentino Fernández (Peluquero), Chiquito de la Calzada
(Abuelo), Andrés Pajares (Doctor), Arévalo (Taxista), Juan Rosa
(Camuñas).
Guión: Jesús
Bonilla y Joaquín Andújar.
Producción: Enrique
Cerezo.
Música: Manuel
Villalta.
Fotografía: Javier Salmones.
Montaje: Pablo
Blanco.
Dirección artística: Koldo
Vallés.
Vestuario: Mar
Bardavío.
Estreno en España: 28 Marzo 2003. |
CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 5.5
/ 10
Banda Sonora Original:
*****
Decía Marisa Paredes a comienzos de este año que el cine
es-pañol se hallaba sumido en una indeseada crisis. No parecía
refe-rirse la actriz y presidenta de la Academia de las Artes y
las Cien-cias Cinematográficas de España a los contenidos de
nuestra ci-nematografía, sino más bien a su devenir comercial en
las salas de todo el país. Por supuesto, tampoco existía en sus
palabras algún atisbo de autocrítica, pues la culpa de semejante
fiasco sólo cabía otorgársela al poderío de las películas
estadounidenses. Hete aquí, sin embargo, que aparecen en los
últimos meses dos produccio-nes españolas que concitan las
simpatías del público: "La
Gran Aventura de Mortadelo y Filemón" y "El Oro de
Moscú", filmes in-trascendentes y relativamente entretenidos que
han cosechado un abrumador éxito en las taquillas.
Jesús Bonilla,
máximo impulsor de "El Oro de Moscú", ha sido inteligente al
observar desde su cómoda posición de actor cómo se han ido
gestando durante los últimos años los mayores triunfos del cine
español. Sumando un poco de aquí y de allá,
Bonilla construye una cinta que, aunque intenta recuperar lo
mejor de la filmografía de Berlanga (su pro-porcionado reparto
coral, por ejemplo), lo hace sin olvidar los gustos del público
actual,
mayoritariamente joven. Desgracia-damente, Bonilla no logra
compensar lo inteligente, esto es, la apa-rición de apuntes de
comedia clásica donde priman los diálogos vertiginosos y los
personajes hilarantes, con lo liviano, introdu-ciendo elementos
escatológicos que perjudican el resultado final del filme (por
ejemplo, el padre de Íñigo –Chiquito
de la Calzada–
orina desde la terraza de su casa, mientras que el personaje
inter-pretado por Andrés
Pajares busca
el pecho de una enfermera para sanar la crisis nerviosa que
padece, haciéndonos creer así que he-mos retrocedido en el
tiempo y contemplamos una de aquellas ho-rribles películas que
el actor protagonizaba décadas atrás al lado de Fernando
Esteso). Por desgracia, no faltan tampoco los consa-bidos
chistes políticos, raciales y sociales de nuestro último cine,
tan repetitivos que hasta llegan a hastiar al espectador más
predis-puesto.
La película basa todo su atracti-vo en el
excelente plantel de in-térpretes del que ha sabido rode-arse
Bonilla, descuidando, sin em-bargo, la agilidad en el guión y
añadiendo un buen número de es-cenas superfluas que rompen el
ritmo del filme. Es
por eso que el público se queda con la sensación de que ha
visionado una cinta de fugaz disfrute, quedándosele en la
memoria únicamente las brillantes ac-tuaciones de
Juan Luis Galiardo,
Alfredo Landa
(exagerando su vena más histérica, eso sí),
José Luis López Vázquez
o incluso Santiago Sgura,
cuyo personaje incluso se hace querer. Al resto del reparto
también se le ve más agudo de lo habitual (Concha
Velasco,
Antonio Resines,
Gabino Diego,
María Barranco,
Neus Asensi),
en una evidente demostración de que se lo han pasado en grande
durante el rodaje. Quedan a un lado los anecdó-ticos cameos de
algunas estrellas de la televisión (Florentino
Fer-nández,
Carlos Latre,
El Gran Wyoming,
Arévalo)
o del mundo del cine (Jorge
Sanz,
Sancho Gracia),
divertidos en un primer vi-sionado pero para nada decisivos a la
hora de hacer que la película exhiba una mayor calidad.
Por su parte, la música de
Manuel Villalta
se adecúa a las
imá-genes sin excesiva pasión, siendo simplemente un eficaz
acompa-ñamiento que para nada aspira a redondear un producto
menor que ni siquiera resulta estimable desde un punto de vista
estrictamente técnico (olvídense, por supuesto, de la brillante
factura de "La
Gran Aventura de Mortadelo y Filemón", pues Bonilla a
veces tan sólo se limita a dejar la cámara quietecita,
permitiendo así que sea su re-parto el que se ocupe de todo).
Imágenes
de "El oro de Moscú" - Copyright © 2002
Enrique Cerezo P.C. Distribuidora en España: Columbia TriStar. Todos los derechos
reservados.
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