CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
El sueño
A través de la mirada (y la voz en off) de un niño bonaerense de
nueve años, y haciendo uso de un tono in-timista y nostálgico,
"El sueño de Va-lentín" nos introduce en lo que fue la infancia
de este crío en la ciudad ar-gentina durante la década de los
60; una infancia marcada por la ausencia de los padres –ella,
desaparecida, su-puestamente tras abandonarles, y él, un hombre
irresponsable que tan sólo le visita de vez en cuando para
presentarle a la nueva novia de turno–. Bajo el cuidado de su
abuela viuda, Valentín lleva una existencia ordinaria, precaria
en el plano económico, y se aferra a cualquier nuevo conocido
–el vecino pianista o Leticia, una de las compañeras pasajeras
de su padre– para rellenar sus carencias afectivas y sus
necesidades sociales. La ilusión de llegar a ser as-tronauta
cuando sea mayor es otra de las burbujas en que se en-cierra
para mantener la esperanza. Pese a lo que pudiera parecer, no es
Valentín un niño triste y amargado por su situación; conserva un
buen ánimo para enfrentarse a las contrariedades de la vida y
tratar que aquellos que le rodean también sean felices.
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Una película
desangelada e insípida que transcurre de forma calmosa y
monótona |
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El
argentino Alejandro Agresti
se había abierto un hueco años atrás con algunos títulos que,
sin ser nada del otro mundo, sí guardaban ciertos apun-tes de
interés, como "El viento se llevó lo qué" (Concha de Oro en el
Festival de San Sebastián) y "Una
noche con Sabrina Love". No obstante, tras cono-cer
su nuevo proyecto, "El sueño de Valentín", en el que participa
como di-rector, guionista e intérprete (se ha reservado un papel
pequeño pe-ro clave como el padre del joven protagonista), queda
justo la im-presión contraria, es decir, la experiencia le deja
a uno totalmente frío, cuando no aplatanado en su butaca, y no
porque sea de lo peor que hemos visto últimamente en la
cartelera, sino que es pre-cisamente su mediocridad la que
"despierta" tamaña indiferencia: ni siquiera levanta la
animosidad del espectador que se ha sentido burlado tras
asistir, como ocurre en otras ocasiones, a un cúmulo de
despropósitos y desaciertos. Se trata, pues, de una película
desangelada e insípida, que transcurre de forma calmosa y
monótona, con una estética –¿pretendidamente?– descuida-da, que
no logra poner en marcha nuestras emociones –ni para bien ni
para mal– y cuyos personajes tampoco disponen de excesivo
enganche.
Es algo que ya hemos podido ver con anterioridad, y mucho mejor
con-tado, ya que Agresti no nos lo ha sa-bido relatar ni con
gracia ni con el su-ficiente esmero. Por expresarlo en otras
palabras, se la podría calificar, como al agua, de inodora,
incolora e insabora. Y es esta falta de comuni-cación con el
público algo que no deja de llamarme la atención, teniendo en
cuenta que, por norma general, las últimas producciones
argen-tinas –ésta es en realidad una coproducción– que habían
desem-barcado en las salas españolas –"Lugares
comunes", "Historias
mínimas", "El
mismo amor, la misma lluvia"...– sabían suplir sus
li-mitaciones técnicas y económicas con gran soltura mediante
histo-rias bien escritas, sencillas y conmovedoras, pobladas por
seres atractivos, que se ganaban el corazón del espectador. "El
sueño de Valentín" sería, en todo caso, esa excepción que
confirmaría la re-gla.
Buena
culpa de ello lo tiene su guión, superficial y rutinario, que
dista mucho de estar bien perfilado. Flecos que quedan sueltos,
personajes que entran y salen dejándonos más bien tibios,
situaciones no tanto prescindibles como insubstan-ciales,
diálogos deslucidos y algunas incógnitas mal resuel-tas. No
parece encontrarse aquí ese proceso de maduración, esa carga de
humanidad, que denotan los relatos de, por ejemplo, ese otro
argentino que es Campanella, y la carga social ha sido
arrin-conada en favor de una historia individual. Tampoco la
narración im-prime un sello personal ni sabe dotar al film de
nervio y alma; sin ser lenta, se toma su tiempo y ahuyenta la
atención.
El pequeño Rodrigo Noya, con
su frágil pero vivaracha presencia, logra que su Valentín se
convierta en un no-table asidero donde agarrarse a falta de
mayores bondades argumentales. También la veterana actriz
española Carmen Maura se las
apaña bien como abuela sufrida y afectuosa –un papel que, con
más o menos años a sus espaldas, siempre le ha sentado bien–,
aunque su acento ar-gentino desentone un poco y, como su
personaje resulta más dis-tante de lo deseable, no se le permite
facturar una interpretación con la contundencia de algunos de
sus anteriores trabajos.
Existen
tantos retratos de infancias carentes y poco afortunadas que "El
sueño de Valentín" podrá pasar desapercibida: no tiene
personalidad propia ni cualquier otro tipo de peculiaridad que
marque la diferencia, y su calidad, en todos los niveles, roza
el aprobado justito. Agresti se ha dormido y, junto a
Va-lentín, todos podemos acabar abrazando el sueño del título,
pero ese otro sueño, el que tiene más que ver con la poderosa
llamada de Morfeo.
Calificación:
5 / 10

Imágenes
de "El sueño de Valentín" - Copyright © 2002 Castelao
Productions, Duque Films, First Floor Features, Productie
Rossini Wisznia Agresti, DMVB Films y Surf Film. Distribuidora
en España: Filmax. Todos los derechos
reservados.
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