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Dirección
y guión: Alejandro Agresti.
Países: Argentina, España y
Holanda, Francia, Italia.
Año: 2002.
Duración: 86 min.
Interpretación: Carmen
Maura (Abuela), Julieta Cardinali (Leticia), Jean
Pierre Noher (Tío Chiche), Rodrigo Noya
(Valentín niño), Alejandro Agresti (Padre), Mex
Urtizberea (Rufo), Juan Cruz Burdeu, Carlos
Roffé (Doctor Galaburri).
Producción: Julio
Fernández, Massimo Vigliar, Thierry Forte y
Laurens Geels.
Música: Paul M.
van Bruggen.
Fotografía: José Luis Cajaraville.
Montaje:
Alejandro Brodersohn.
Diseño de producción: Floris
Vos.
Vestuario: Marisa
Urruti.
Estreno en España: 4 Abril 2003. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Mi viaje a
la luna
Una
historia simpática y humana, una mirada valiente y me-lancólica
es la que nos ofrece el cine argentino con esta pe-lícula
autobiográfica de Alejandro Agresti.
Enmarcada en lo que se ha venido a llamar cine de iniciación,
estamos ante un viaje emocional realizado en forma de cuento,
pero que aborda la vida con toda la verdad de quien ha sido
protagonista. Habla de senti-mientos y de deseos, unos cumplidos
y otros no, pero ésa es la vida que su protagonista empieza a
descubrir, y en la que no faltan puntos de incomprensión o de
sabor amargo. Pero el director de "El viento se llevó lo qué"
sabe hacerlo aportando unas gotas de verosimilitud y
autenticidad que hacen que no caiga en la cursilería, sino que
lleve al espectador a sentir y ver con la mente y los ojos de un
niño de ocho años.
Valentín vive con su abuela, enviu-dada recientemente, y tiene
dos de-seos en su joven vida: ser astronauta y recuperar a una
madre que echa en falta. Su carácter despierto, su viva
in-teligencia y sobre todo su gran cora-zón encandilan a los
mayores, que ven en su inocencia y sinceridad algo que querrían
para sí en su problemá-tica vital. Este niño vive la realidad
sin la amargura del desencanto, sin rechazar a nadie por su
condición de judío o por su carácter bohemio; sólo busca
encontrar a quien ocupe en su corazón el lugar de su madre y en
quien volcar toda su afectividad. Es una vida sencilla, como lo
es la película, realizada sin mayores pretensiones que la de
mirar honesta y amorosamente al pasado vivido, y enseñar a
aprovechar el presente "para hacer muchas cosas": quizá Valentín
no pueda subir a la luna y otros se le adelanten, quizá no logre
una novia para su padre, pero lo que sí es seguro es que ha
aprendido –y enseñado– a vivir con ilusión y esperanza. Desde
sus intentos por cuidar de su abuela –conmo-vedora y divertida
es la escena en busca del médico– o en medio de unas
confidencias llenas de ternura y transparencia con Leticia, se
ofrece como un foco de luz y oxígeno frente a quienes se sirven
del cine mostrar la cara más depravada o violenta de la
existencia. De hecho, si el público conecta tan bien con esos
buenos senti-mientos es porque se identifica con eso que cada
uno vivimos en algún momento y que permanece aletargado en el
interior.
La transparencia y sencillez de la historia narrada tiene su
corre-lación en la manera de hacerlo: no hay planos complicados
ni tra-vellings sugerentes, no pretende innovar en el lenguaje
cinemato-gráfico ni sorprender al especta-dor. Sólo busca contar
una buena historia y servirse para ello de unos actores que
hagan creíbles sus personajes. Ambos propósitos los consigue
con creces, algo que el cine argentino está sabiendo hacer con
garantías. La fres-cura y naturalidad de
Rodrigo Noya –un joven talento
descubierto por el director– para dar vida a Valentín está a la
altura de la misma Carmen Maura
o de Julieta Cardinali, y
nos hacen próxima una infancia difícil pero cargada de buenas
intenciones. Toda la historia está guiada por la voz en off del
niño, que actúa de hilo conductor de la trama, y en este sentido
quizá resulte un poco repetitiva y pueda parecer un recurso
fácil y seguro –como los abundantes fun-didos en negro–, pero
cumple eficazmente su cometido, lo mismo que una música y una
fotografía que pasan desapercibidas, siem-pre al servicio de la
historia, y eso es de agradecer.
Estamos
ante una película sincera, llena de ternura y emo-tividad, de
ésas que ayudan a ver la vida positivamente y a salir del cine
dispuestos a ser mejores, a soñar y tener ilu-siones, aunque
sepamos que no vamos a ir nunca a la luna.
Calificación:
    
Imágenes
de "El sueño de Valentín" - Copyright © 2002 Castelao
Productions, Duque Films, First Floor Features, Productie
Rossini Wisznia Agresti, DMVB Films y Surf Film. Distribuidora
en España: Filmax. Todos los derechos
reservados.
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