CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
¿La C.I.A.
o la T.I.A.?
"La
Prueba" quiere ser una vuelta de tuerca a los thrillers de
es-pías puesto que su acción se desarrolla en el propio seno de
la mí-tica C.I.A., la agencia de espionaje por excelencia. Para
ser más exactos, la historia parte de un campo de entrenamiento
y forma-ción de aspirantes a agentes, que recibe el nombre de La
Granja. De esta manera, la película nos introduce en los
entresijos de esta organización desde el punto de vista de los
novatos, y teje una tra-ma de suspense criminal dentro de este
ambiente.
Al inicio del film, James Clayton, un joven barman que muestra
un notable talento con la informática aplicada a las
comunicaciones pero nulo en el manejo de la máquina de afeitar (Co-lin
Farrell exhibiendo una estudiada pero inexplicable
barba de cuatro días durante todo el metraje), es asediado de
forma bastante peculiar por Walter Burke (Al
Pacino), un veterano miem-bro de la agencia que
intenta reclutar-le porque dice haber observado en él cualidades
óptimas para con-vertirse en un buen oficial de operaciones.
Burke mueve convenien-temente sus hilos –sacando a colación el
pasado del padre del chi-co, muerto en trágicas circunstancias,
un tanto oscuras– y gana la partida: Clayton pica el anzuelo y
decide pasar las pruebas nece-sarias para aspirar a un puesto en
la C.I.A. Una vez que llega a La Granja –a nadie parece
importarle que su escuela tenga unas con-notaciones tan
animales–, conoce a algunos de sus nuevos com-pañeros, entre
ellos la atractiva Layla (Bridget
Moynahan), en quien repara de inmediato. Durante la
primera mitad de la película, asistimos a su periodo de
formación: vemos cómo se les entrena a todos los niveles, ya sea
aprendiendo a colocar explosivos, instalar micrófonos, saltar
con cuerdas desde un helicóptero, superar un detector de
mentiras... o ligarse a alguien en un bar... En este sen-tido,
su rol es un híbrido entre el glamouroso James Bond y los
todoterrenos GEOS –sólo faltaban aquí los espabilados de CSI–.
Los diálogos están salpicados, en todo momento, de bromas
acer-ca del papel de la institución, del reconocimiento público
de su la-bor y de la dura vida de sus miembros, advertencias que
lanza Burke a sus alumnos para que se vayan haciendo una idea
más realista de lo que les espera. Pasado su ecuador, el
largometraje comienza a urdir un entramado de intriga que reposa
en el triángulo conformado por Clayton, Burke y Layla, y que,
dada la construc-ción del mismo, conviene no desentrañar. Al
final, resulta que la C.I.A. tiene más agujeros en su seguridad
interna que un campo de golf –por si no lo sospechaban todavía–,
y viendo el cachondeo que reina, tal vez fuera más efectiva la
T.I.A. de Mortadelo y Filemón.
Partiendo de las premisas "nada es lo que parece" y "no te fíes
de nadie" –frases que se repiten constantemen-te, convirtiéndose
en el leit motif del film–, "La Prueba" nos transporta a un
mundo en el que dominan el secretis-mo, la mascarada, el teatro,
y donde cualquier cosa parece lícita con tal de poner a prueba
–de ahí el título en Es-paña– la resistencia física y mental de
los aspirantes y su lealtad hacia la organización de la que, en
un futuro, podrían formar parte. El guión de la película,
escrito codo con codo por Roger Towne,
Kurt Wimmer y
Mitch Glazer, está lleno de
trampas y trucos, algunos más evidentes que otros, en-gaños
destinados tanto a su protagonista masculino, James Clay-ton,
como al espectador, de un modo similar al que operan las far-sas
de David Mamet ("Casa de juegos", "La trama"...) o Joseph L.
Mankiewicz ("La huella", "Mujeres en Venecia"...), y logra en
buena medida sumergirnos en una espiral paranoide donde,
efectivamen-te, las cosas no son lo que aparentan y cualquiera
te la puede ju-gar. Pero el director
Roger Donaldson y su equipo de guionistas no son ni
Mamet ni Mankievicz. En el mismo momento en que nos alertan
sobre la falsa apariencia de todo cuanto estamos viendo, están
condenando el posible efecto que tendría, o podría haber
teni-do, su historia. "La Prueba" tiene a su favor una
urdimbre de sospechas y misterios que aspira a ser algo más
inteligente que la media de relatos del mismo corte, y consigue
atrapar el interés sin demasiado esfuerzo. En su contra, la
reitera-ción de determinadas situaciones, su previsibilidad, la
falta de verosimilitud y unos personajes con escaso enganche.
Por lo menos su final trata de ser sorpresivo e ingenioso, otra
cosa es que lo consiga. Pero, en realidad, es mejor no detenerse
a pensar demasiado en ella tras haberla visto, porque nos
daremos cuenta de que algunos cabos quedan sueltos y su
coherencia interna no es tal.
A nivel
narrativo, el realizador de títulos como "13
días", "Dante's Peak", "Species" o "Cocktail" –por
sus obras les conoceréis–, in-sufla dinamismo y denota
corrección. Formalmente, se trata de una cinta oscura, metálica,
algo desabrida, pero sobre todo ruido-sa: los puñetazos suenan
aquí como si un tipo cabreado estuviera golpeando un martillo de
30 kilos contra un yunque, y dada la pro-fusión de disparos,
explosiones, peleas, trompadas y persecucio-nes que, como manda
la tradición, pueblan una película de acción, puede acabar
pareciendo acústicamente contaminante.
Uno de los posibles atractivos de "La Prueba" podría ser el de
asistir a este mano a mano entre Colin Farrell y Al Pacino, dos
populares actores de distintas generaciones que constitu-yen la
arquetípica pareja de alumno aventajado y curtido instructor
desen-cantado, respectivamente. El primero, desde su destacada
intervención en "Tigerland",
ha sufrido un ascenso meteórico y rara es la ocasión en que no
se encuentre presente en la cartelera en importantes
producciones: "La
guerra de Hart", "Mi-nority
Report", "Daredevil"...
y lo que le queda todavía por estrenar. Farrell resulta un actor
suficiente, satisfactorio como protagonista, pero limitado
interpretativamente. Pacino, que ha visto revivir su ca-rrera
con sus últimos trabajos en "Simone"
o "Insomnio",
interpreta aquí un papel que le sienta bien, que parece en buena
medida pen-sado para él, y aunque en muchos momentos vemos al
gran Paci-no de siempre, da la sensación de que no se ha
esforzado en me-ter toda la carne sobre el asador, es decir, no
se entrega en dema-sía. Bridget Moynahan encarna a la misteriosa
Layla, un personaje que tiene poco que ver con la mujer-florero
que interpretó en "El Bar Coyote", pero que tampoco ofrece mucha
oportunidad de lucimien-to dramático por las propias
restricciones del guión.
"La
Prueba" es una película entretenida que se puede ver sin que
uno se sienta demasiado estúpido, pero no deja de ser un
thriller de espías y acción norteamericano de los
pertene-cientes a la nueva hornada, así que acusa los mismos
vacíos, aciertos y excesos que la mayoría de ellos... para
qué citarlos, si nos los sabemos de memoria...
Calificación:
6 / 10

Imágenes de "La
prueba" - Copyright © 2003 Touchstone Pictures y Spyglass
Entertainment. Distribuidora en España: Buena Vista
International. Fotos por Kerry Hayes. Todos los derechos
reservados.
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