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Dirección: David
Trueba.
País: España.
Año: 2002.
Duración: 112 min.
Interpretación: Ariadna
Gil (Lola), Ramón Fontserè (Rafael Sánchez
Mazas), Joan Dalmau (Miralles), María Botto
(Conchi), Diego Luna (Gastón), Alberto Ferreiro
(Joven miliciano), Luis Cuenca (Padre de Lola),
Lluis Villanueva (Miguel Aguirre), Ana Labordeta
(Empleada residencia), Julio Manrique (Pere
Figueras), Eric Caravaca (Camarero).
Guión: David
Trueba; basado en la novela de Javier Cercas.
Producción: Andrés
Vicente Gómez y Cristina Huete.
Música: Varios
artistas.
Fotografía: Javier Aguirresarobe.
Dirección artística: Salvador
Parra.
Vestuario: Lala
Huete.
Estreno en España: 21 Marzo 2003. |
CRÍTICA
por
Diego Vázquez
Queriendo
trascender
Con una trayectoria ciertamente irre-gular a sus espaldas que
abarca tanto la escritura de guiones para otros, co-mo la novela
o la realización, terreno en el que se adentró en 1996 con su
debut (y a día de hoy su mejor pelícu-la) “La buena vida” (mejor
olvidar “Obra maestra”), a David Trueba
parece haberle llagado la hora de la verdad con este tercer
intento de hacerse un nombre propio en nuestra cinemato-grafía.
Poco importa que sintiera que éste era su momento de la verdad o
no, pues la elección de la no-vela más vendida en los últimos
tiempos en lengua castellana co-mo carne de adaptación para su
siguiente film iba a hacer que se posaran todos los ojos en él,
quisiera o no. “Soldados de Salamina” se aleja, en apariencia
por lo menos, de la novela de Javier
Cer-cas ya desde el mismo momento en que se decidió
cambiar a su protagonista masculino (en la novela el propio
escritor) por un ho-mólogo femenino en pantalla, que no
casualmente está interpretado por
Ariadna Gil (pareja del director que ya estaba
presente en su cinta anterior). De todas maneras, partiendo de
que el propio David admite que no ha buscado adaptar fielmente
la novela, sino intentar trasmitir sus mismas sensaciones, todo
cambio es válido, por lo que hemos de abordar el film como un
trabajo propio o más apro-piadamente como una nueva variación
sobre un mismo tema.
Como carne de celuloide en sí mis-ma, esta cinta no logra
traspasar la capa de excesos que la pueblan y la necesidad
imperiosa de firmar cada plano, de dejar entrever en cada gesto
esteticista al autor que se haya de-trás y de buscar una
trascendencia en la historia, afín al tamaño del en-cargo y de
lo que teóricamente el pú-blico espera de él, por lo que la
cinta, sin llegar a naufragar estrepitosa-mente, se queda
lejos de conven-cer y acaba mostrándose como un trabajo fácil e
incluso convencio-nal, que encontrará su público seguramente sin
dificultad, pero que no logra estar a la altura de los temas que
trata. Como si de una maldición se tratara, parece que David
hubiera re-cogido el testigo de su hermano Fernando (el más
agraciado en cuanto a taquilla y premios se refiere de la
familia) en ese gusto por la trascendencia, por tocar los temas
importantes de la historia de España y las grandes novelas
(recordemos el descalabro que su-puso la polémica adaptación de
“El
embrujo de Shanghai” el año pasado), envolviéndolo
todo en papel de celofán y en subrayados maniqueos (la cámara
nerviosa que sigue la acción en muchos mo-mentos del film, los
planos aberrantes para expresar sensaciones, la evidencia del
mensaje y la repetición de frases o su poetización fácil), más
propios de un artesano sin mucha idea (algo que en el terreno de
la dirección sería el papel que le tocaría jugar a David
Trueba), que de un autor capaz de sacar adelante esta historia
del bloqueo creativo y personal de una mujer, escritora para más
se-ñas, que encuentra en un episodio heroico y olvidado de la
Guerra Civil una excusa para volver a escribir y para
replantearse su vida al mismo tiempo.
Pese a contar con un reparto con grandes nombres, éstos
parecen funcionar por su cuenta, apare-ciendo todos esforzados
pero dis-persos; logrando posar sus carac-terizaciones con
grandes dificul-tades (tanto en el caso de Ariadna como en
el del debutante por estas li-des Ramón
Fontserè), en parte por culpa de unos personajes mal
trabaja-dos desde el papel (cuando no directamente innecesarios
como el que interpreta Diego Luna),
unos diálogos poco creíbles y una ma-la dirección que sólo
acierta a dar con el tono en el personaje más esperado, al que
un espléndido Joan Dalmau
llena de vida en los últimos minutos de esta cinta fallida y
demasiado larga, que no obstante se deja ver gracias al poder de
su historia de fondo, que sigue manteniendo (a pesar del propio
film) todo su atractivo.
Calificación:
5 / 10
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