CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Un
trabajo indefendible
"¡A lo grande!" (Large) pertenece a ese sobreexplotado
subgénero de la comedia idiota protagonizada por jóve-nes memos
que durante su breve y obtuso periplo vital, no exento de
tro-piezos, enredos y metas que satisfa-cer, van generando una
serie de gags estúpidos, buscando esa risa más pri-mitiva y
animal que todos llevamos dentro (no es muy académico, pero es
una de las definiciones posibles). En cualquier caso, este humor
bruto y bobalicón, comúnmente asociado a la cinematografía
esta-dounidense, y que tan buenos frutos ha dado tanto en la
pequeña como en la gran pantalla, no debiera ser nunca sinónimo
de la es-tulticia de sus creadores, puesto que para lograr que
surta efecto en el espectador –tarea harto difícil pese a que,
por norma general, la crítica tienda a ningunear todo producto
dirigido al público post-adolescente y, como consecuencia, a sus
destinatarios– ha de ser concebido, planificado y efectuado con
ingenio y habilidad.
Sin embargo, lejos queda este
fracasado intento de trasladar una fórmula tradicionalmente
norteamericana a la actual coyuntura bri-tánica –mucho rave
y clubbing planean por aquí– de ser el ejemplo más óptimo
para valorar qué puede dar de sí esta clase de acerca-miento
humorístico, que encontraría en cintas como "Algo pasa con Mary"
de los hermanos Farrelly –a la que le roba una secuen-cia
canina– o la precursora del género universitario "Desmadre a la
americana" (Animal House) de John Landis –ambas citadas
por sus autores como fuentes de “inspiración”– mejores y más
loables referentes. Y es que, a decir verdad,
una vez que se ha soporta-do esta interminable y tediosa
nulidad, cualquier otra pelí-cula que se encuentre en las mismas
coordenadas, por más lamentable que sea, cobra, bajo esta nueva
luz comparati-va, una hilaridad y un calibre artístico
insospechados hasta ahora.
El director y coguionista
Justin Ed-gar
y el coguionista
Mike Dent
–re-cuerden estos dos nombres
para po-der evitarlos convenientemente– to-man como punto de
partida un esque-ma de lo más clásico: Jason Mouse-ley, un joven
despreocupado e inma-duro, hijo de una fallecida estrella del
rock de los 70, que ahora vive con su venenosa madrastra y el
perro de és-ta, debe cumplir una serie de requisi-tos para poder
heredar, a sus 18 años recién cumplidos, la fortuna de su padre:
tener un trabajo estable, salir con una buena chica que le
respete y le quiera por lo que es, no celebrar fiestas locas en
el domicilio familiar y garantizar la seguridad de los bienes de
su madrastra, entre los que se incluye el citado can. Como era
de es-perar, el muchacho no podrá responder a dichas cláusulas
legales, circunstancia que deberá enmendar en las próximas horas
mien-tras otros allegados se encargan de complicarle todavía más
la la-bor.
Con estas premisas, los
debutantes en el largometraje Edgar y Dent dan pie a una serie
de situaciones copiadas –y lo que es peor, mal
copiadas– de mil precedentes
(la boda de la amiga, la inevitable fiesta desenfrenada en la
casa paterna, la incursión de un gángster, etc., etc., etc.),
ejecutadas con morro y desgana a partes iguales, pero, sobre
todo, sin ningún rastro de gracia, suti-leza, encanto,
atrevimiento o agudeza mental, salpicadas por algu-na que otra
pincelada paródica (como la del perro Hannibal Lecter) y,
principalmente, con la intervención de nuevos
personajes/carica-tura mal desarrollados (el amigo lerdo, la
enamorada ex novia, la “fea cachonda” y la “tía buena” con la
que todos sueñan, que no falten) que se suman a la función para
acabar de aburrir y castigar al personal.
Así, "¡A lo grande!" se ajusta a los parámetros básicos de la
comedia es-tadounidense juvenil, tan en auge du-rante la década
de los 80 y actual-mente revisitada en incontables ejem-plos,
pero el problema –que no es po-co– es que está confeccionada de
la peor manera posible, con una mala pata insobornable y
recalcitrante. Me recuerda –por si alguien llegó a verla antes
de que la liquidaran de la cartelera– a aquella "Peor
imposi-ble, ¿qué puede fallar?", de David Blanco y
José Semprun, en la que se nos prometía revivir el espíritu de
las screwball comedies y cuyo resultado no podía ser más
deprimente. "¡A lo grande!" anda pareja –también en lo
desafortunado de su título comercial–, y, además, teniendo en
cuenta que antes de convertirse en largome-traje fue un corto,
todavía se entiende menos que se llegara a pro-ducir.
Como se habrá desprendido,
nada hay que se pueda rescatar –y mira que ya es difícil– en
este nefasto trabajo, ya que ni siquiera nos encontramos en uno
de esos casos en los que por lo menos la cámara y la fotografía
aportan algo de frescura o el reparto defiende sus papeles con
dignidad. Los intérpretes, al completo, se exhiben torpes,
forzados y sin gracia, y sólo cabe mencionar a dos de ellos,
únicamente porque han intervenido en sendos estrenos re-cientes,
éstos sí recomendables: el protagonista Luke De Woolfson (visto
en "Café
de noche") y su novia en la ficción Emma Cather-wood
(en "My
Kingdom").
"¡A lo grande!" es una
película totalmente indefendible –mal con-ducida, mal
desenvuelta, mal interpretada, y negada como come-dia–, pero no
inútil del todo: sirve para que, en adelante, valoremos más
positivamente otros productos, tal vez modestos, pero mucho más
funcionales. Si alguien les cae mal, pueden
aconsejár-sela: es nociva. Lamentablemente, también daña la
imagen de un género tan respetable como cualquier otro.
Calificación:
1 / 10

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lo grande!" - Copyright © 2000 Picture Palace North. Distribuida
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