CRÍTICA
por
Leandro Marques
Desde
un pequeño rincón de Buenos Aires
Lo fascinante de un viaje
tiene mu-cho que ver con una predisposición natural del cuerpo a
dejarse vivir las historias con las que se entrecruza. Animarse
a intensificar sensaciones, a maximizar las energías que
transmi-te cada momento. Por eso el dolor de una despedida o la
alegría de un en-cuentro se transforman con el tiempo en
recuerdos inolvidables e igualmen-te disfrutables. "Herencia", la
opera prima de
Paula Hernández,
es
una película que captura a través de sus personajes ese espíritu
viajero y que consigue desde la simpleza narrativa contagiar un
variado y atractivo conjunto de sensaciones.
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Una película
simple y cálida, que cuida el guión, el trabajo de los
actores y la dirección |
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"Herencia" es simple y cálida,
toma un retazo de la vida de personas co-munes, dentro de un
pequeño micro-mundo centrado en un restaurante ubicado en algún
característico barrio porteño, y crea un marco en el que se
fusionan historias de amor, de amistad, de búsqueda, tanto de
los adultos como de los jóvenes que for-man parte de la trama. No
puede de-jar de mencionarse, de antemano, que quien busca en esta
pelícu-la algún indicio de la crudeza actual de la situación
argentina, sólo se encontrará con una historia casi atemporal,
ajena completa-mente a la dura realidad que golpea al país.
Frente a este panora-ma, son tres las grandes virtudes de la
cinta de Hernández: guión, actores y dirección. Ninguno de estos
elementos está tratado de manera innovadora o revolucionaria,
vale aclarar. No obstante, re-sulta gratificante percibir lo bien
trabajados y cuidados que están esos rasgos, esenciales del cine,
que en los últimos tiempos lu-cen bastante desplazados por efectos especiales o por ser toma-dos a la
ligera.
Todos los días, temprano por
la ma-ñana, Olinda (interpretada por
Rita Cortese), italiana de
nacimiento, ar-gentina por adopción, sube las persia-nas del
restorancito al que dedicó un pedazo grande de su vida. Ya hace
un par de décadas que Olinda, así se llama también el local,
abre sus puer-tas para regalarle a los vecinos del barrio
almuerzos sabrosos y baratos. La mujer cocina, lava, atiende e
impone su fuerte carácter sobre su único empleado y sobre
aquellos clientes que, por ejemplo, solici-tan ketchup para
ponerle a unas berenjenas, algo inadmisible para la experta
dueña del negocio. Sin embargo, los años la están can-sando, las
fuerzas para seguir luchando no son las mismas, y al-gunos
chispazos internos llevan a la protagonista, sin saber muy bien
por qué, a poner a la venta el restaurante. Paralelamente,
mientras las imágenes describen el mundo de Olinda, un joven
ale-mán llega a la Argentina en busca de un viejo amor. Allí la
directora juega con la idea de Buenos Aires vista por ojos de
turista, sus calles, sus transeúntes, sus plazas, sus
estaciones, sus puentes. Pronto, Olinda y Peter (encarnado por
Adrian Witzke), el aventu-rero europeo, coincidirán en espacio y
tiempo. El muchacho sacará a luz algunas respuestas que la mujer
venía buscando y reflotará también algunas preguntas.
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La historia es
siempre cautivante y pese a su simpleza no deja de ser
profunda |
El guión, escrito por la
directora, no tiene puntos flojos. La historia es siempre
atrapante y cautivan-te. Pese a su simpleza no deja de ser
profunda. Intenta explorar di-lemas que se alojan en lo más
íntimo de sus protagonistas, que se buscan a sí mismos, que se
cuestionan quiénes son, qué quieren, hacia dónde van, hacia
dón-de quieren ir. Lo mejor es el modo con que se encara esta
intro-misión por los rincones más guardados de sus personajes,
siem-pre sutil. No busca imponer un mensaje a la fuerza sino
dejar li-brado al espectador la tarea de otorgar, si así lo
desea, un signifi-cado que trascienda las imágenes que ve.
"Herencia" no se pasea por lugares comunes y estereotipos
típicos en el cine argentino. Y cuenta con un gran elenco,
encabezado por la brillante actriz prin-cipal Rita Cortese, muy
bien acompañada por
Martín Adjemian,
Héctor Anglada
y
Julieta Díaz
entre otros.
En cuanto a la labor de la realiza-dora, es necesario recalcar
su habili-dad para manejar los momentos y los espacios que
permitieron a sus acto-res lucir cómodos y desenvueltos con sus
respectivos papeles. Además, la película está
muy bien narrada, invita siempre a quedarse, a que-rerla. Hay un
excelente uso del humor, gran dedicación por crear todo un mundo
desde un pequeño rincón de la ciudad y para componer personajes
creíbles
(y fundamentalmente queribles), mediante indicios que surgen
naturales, posibles, y no resultado de una imposición del guión.
Quizás la mayor virtud de Hernández sea su sensibilidad para
crear climas en el tratamiento de las rela-ciones humanas. A
través de la siempre buena ubicación de la cá-mara para capturar
miradas, gestos, detalles, más la calidez de la puesta en escena
y la riqueza cotidiana de las situaciones y diá-logos que se
presentan, logra generar intensos lazos visuales y sensoriales
con el espectador.
Así como sucede en un viaje,
el tiempo fluye y se intensifica también en el filme de
Hernández. Su obra regala pequeños mo-mentos que, sumados
uno sobre otro, terminan convirtiéndose en un gran pequeño
momento. Sin revoluciones estéticas ni una a-puesta narrativa
rebalzante de audacia, pero con el respaldo de contar con una
buena historia, bien dirigida y bien interpretada. Ojalá las
próximas películas argentinas reciban algo de esta linda "Herencia".
Imágenes
de "Herencia" - Copyright © 2001 Rojo Films y Azpeitía Cine.
Distribuida en España por Sherlock Films. Todos los derechos
reservados.
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