CRÍTICA
por
Rubén Corral
Yo, minoritario
Tan fácil es criticar la probada falta de pudor de un director
como Larry Clark –y de un
guionista como Har-mony Korine–
como apuntarse al ca-rro de la “modernez” más lamentable y decir
que este ilustre fotógrafo co-mienza a labrarse una carrera
igual-mente fulgurante en la dirección de ci-ne. Tan fácil es
tacharle de ¿impúdi-co, desvergonzado, falto de gusto? como
señalarle como gurú de la modernidad, apuntarlo al carro de los
cineastas que –con mayor o menor fortuna– intentan meter el dedo
en el ojo de la anestesiada nación estadounidense.
Personal-mente, creo que Larry Clark no consigue ni
escandalizar ni apuntar los indicios de una crítica
enriquecedora. Al menos desde el punto de vista de un joven
urbanita no particularmente enganchado a ninguna droga ni a una
“corriente estético/existen-cial” determinada.
Las pruebas que acusan o
salvan a Larry Clark están compen-diadas en la trilogía
compuesta por “Kids” (1995), “Bully”
(2001) y “Ken Park” (2001) (si quieren, existe un apéndice, la
película dirigi-da en 1997 por Korine, “Gummo”): son
adolescentes de tortuoso y torturado pasado y presente que vagan
por los márgenes de la acomodada sociedad burguesa
estadounidense acunados por los estupefacientes tradicionales
–las “drogas”– y por los que propor-ciona, built in, el
American way of life: televisión, coches, consu-mismo,
incomunicación, irreflexividad... En resumidas cuentas,
au-sencia de criterios personales en todos los campos de la
vida. Al fin y al cabo, los personajes de las películas de Clark
están en una edad en la que la gente simplemente intenta pasar
desapercibido, llevado por la corriente, con la aspiración
lúgubre de elevarse, co-mo mucho, a la categoría de jefecillo de
opinión.
Sin embargo creo que debería ser un axioma, ante una pantalla
de cine, el considerar que no se pue-de intentar reflejar el
aburrimiento transmitiendo aburrimiento al es-pectador. No es
ésa la función del cine. Ni como medio de comunica-ción ni
como arte. Mucho menos, por supuesto, como negocio. Sin duda,
Larry Clark, a la hora de plantear sus películas, se agarra a
este último pos-tulado, se agarra a esa imagen de artista
minoritario que parece ser artista sólo por ser minoritario. Las
películas de Larry Clark –con la excepción de “Bully”, que tenía
un argumento bien construido– descabalgan por su afán de
resultar eternamente “excepcionales”: ser siempre, y a toda
costa, un rara avis. Sus personajes suelen serlo (lo son
en “Ken Park”) y con ello el director parece ganarse la patente
de corso, parece creer que ya es un cineasta underground
por salirse de los caminos trillados. No se plantea, en ningún
mo-mento, que aquello que está representando lo tendrá que
ver/sopor-tar un sufrido espectador con predisposición a dejarse
llevar por la arisca, estirada mano de Clark.
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Clark gusta de
dar lecciones, pero sólo consigue mostrar aisladas
acciones de la realidad |
Porque, si de retratar esos
márgenes de la sociedad se tra-ta, si mostrar su realidad (me
temo que Clark es de los que creen que saben cómo es la
re-alidad y, encima, creen saber cómo representarla) es lo que
pretende el autor, lo que sobra, particularmente si vas de
“moderno”, es impartir lecciones. Y Clark gusta de dar lecciones
de realidad. De esa realidad que dicen “cru-da”. El director de
“Ken Park”, con su deslabazado relato, lo único que consigue es
mostrar aisladas acciones de la realidad, verosí-miles y
creíbles: un chico masturbándose en su habitación, otro que
tiene un piercing en la ceja derecha y hace un cunnilingus a la
madre de su novia, otro que se pega un tiro. Sabe el lector,
sabe el espectador, sabe el director y sabe el redactor que son
cosas que pasan en la realidad. El arte del cineasta
“comprometido con la realidad” consistiría en disponer esos
elementos de una manera que despertara el interés (ya sea
entusiasta o repelente) del es-pectador. Y Larry Clark no lo
consigue en ningún momento. Los minutos transcurren sin
ningún interés más allá de contem-plar cómo el director (junto a
él, Ed Lachmann, también di-rector
de fotografía) acumula propuestas estéticas contrarias a las
mayoritarias. Ése parece ser su único afán: demostrar por
confrontación –algunos dirán que por escandaloso impacto– que es
minoritario. No parece darse cuenta de que, por ejemplo,
inclu-so los telespectadores de “Ana y los siete” son minoría si
los com-paramos con la población de España.
Y lo que es peor. ¿Cómo intenta La-rry Clark escandalizar a ese
público mojigato que él desea se tope con su film? Acumulando
explicaciones de una simplicidad pasmosa: un padre viudo
integrista religioso (caricato gro-tesco el que le toca
representar al actor Julio Óscar
Mechoso) que re-acciona violentamente cuando
descu-bre a su hija haciéndole una felación a un novio suyo; un
padre borracho que se intenta convencer de que su hijo es
homosexual porque a él le atrae (y, en plena borrachera, trata
de chuparle el pene mientras el hijo duerme); un joven que vive
con sus abuelos y los mata porque ha-cían trampas en el Scrabble
y entraban a su habitación sin tocar a la puerta... Se trata
de una acumulación de tópicos acerca de la marginalidad en el
cine, dispuestos con el ánimo exclusi-vo de escandalizar a su
“mojigato implícito” en el relato, en-carnados por unos
personajes que protagonizan su película, y a los que Clark
condena sin paliativos. Si de lo que se trataba era de
criticarlos de manera tan despiadada, ¿por qué hacer esta
película más allá de para ratificar que los marginales merecen
ser marginales y acabarán mal? ¿Se puede imaginar una
predisposi-ción más reaccionaria e intentar vender al espectador
el mensaje exactamente opuesto? Sólo en la anestesiada sociedad
estadouni-dense, ésa en la que surgen cineastas minoritarios e
interesantes como Jim Jarmusch, Hal Hartley, Terry Zwigoff o
Paul Thomas An-derson, y que, en la mente indiscriminada de
algunas peronas, se ven obligados a compartir cajón de sastre
con tristísimos aspiran-tes a provocadores como Todd Solondz o
Larry Clark.
Calificación:
    
Imágenes
de "Ken Park" - Copyright © 2002 Cinea y The Kasander
Film Company. Distribuidoras en España: UIP y Araba Films. Todos los derechos
reservados.
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