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LA PESADILLA DE SUSI
(An American rhapsody)


Dirección y guión: Eva Gardos.
Países:
USA y Hungría.
Año: 2001.
Duración: 106 min.
Interpretación: Nastassja Kinski (Margit Sandor), Scarlett Johansson (Susana Sandor), Tony Goldwyn (Peter), Agi Banfalvy (Helen), Mae Whitman (María), Lisa Jane Persky (Pattie), Colleen Camp (Dottie), Zoltan Seress (George), Zsuzsa Czinkoczi (Teri), Eva Soreny (Eva)
Producción: Colleen Camp y Bonnie Timmermann.
Música: Cliff Eidelman.
Fotografía:
Elemer Ragalyi.
Montaje: Margi Goodspeed.
Diseño de producción: Alex Tavoularis.
Vestuario: Beatrix Aruna Pásztor y Vanessa Vogel.
Estreno en USA: 24 Agosto 2001.
Estreno en España: 23 Mayo 2003.

CÓMO SE HIZO "LA PESADILLA DE SUSI"
Notas de producción
© 2001 New World Films

  La decisión de producir "An American Rhapsody" requirió un valor insólito por parte de la guionista y directora Eva Gardos. Al principio, lo único que la Gardos sabía sobre la desesperada huida de Hungría de sus padres era que había resultado tremendamente difícil y peligrosa, que habían estado a punto de ser capturados y que a ella, a la sazón muy pequeña, la habían dejado atrás por esa causa. Durante la mayor parte de su vida adulta, Eva Gardos no había querido explorar los turbulentos recuerdos de su infancia, como hacemos la mayoría de nosotros. Empero, cuando decidió llevarlos a la pantalla, todas las válvulas de seguridad estallaron.

  La Gardos confiesa que "todos procuramos olvidar los penosos momentos de nuestra infancia. Sin embargo, para poder hacer la película, he tenido que hacer memoria y también he tenido que recrear. En ciertos momentos, sentí que, simplemente, no podría hacerlo. Tuve que llegar al borde del abismo y demostrarme a mí misma lo valiente y correosa que puedo ser.

  Esta valerosa peripecia se inició cuando, en el curso de un retiro en casa de Eleanor Coppola, Eva Gardos comenzó a devanar toda la dramática saga de cómo había estado a punto de perder su familia real y el cúmulo de secreto y confusión generado por su insólita situación. La Gardos recuerda: "Todos tenían que presentarse en aquel retiro, pero yo me quedé sorprendida al ver cómo comenzaba a narrar toda la historia de mi propia vida. Seguía relatando más y más recuerdos y, al finalizar el fin de semana, me había puesto a escribir el guión. Algo recóndito en lo más profundo de mi ser me obligó a escribir una historia que poco menos que se escribió sola. Era algo así como mágico." Una buena amiga de la Gardos, la actriz y productora Colleen Camp, la impulso a escribir su relato, después de haber trabado una buena amistad con ella, veinticinco años antes, en Apocalypse Now. Parece cosa del destino. Entonces, la Camp pidió a Eva Gardos que dirigiese la película y le prometió producirla ella.

  La Gardos se decidió desde el principio a resaltar más el meollo emocional de los personajes que los acontecimiento reales. Se sentía intrigada, no sólo por la lucha de Susana en favor de la reconciliación, sino también por el esfuerzo de sus padres, no sólo por huir de Hungría, sino también por superar la terrible separación de la familia y por encontrar un perdón que les permitiese seguir adelante. "Mientras escribía el guión, solía acudir a la habitación de mi hijo para darle un beso y desearle buenas noches y me sentía desolada al pensar en el desgarro que debe haber sufrido mi madre al decir adiós a su hija", afirma la Gardos. "Cuando pensaba en su dolor, me sentía igualmente fascinada por la entereza de mi madre y la veía bajo otra óptica."

  La Gardos combinó recuerdos con imaginación para llenar las numerosas lagunas y construir unos personajes creíbles. Observa: "Aunque el relato se basa en unos hechos reales, la verdad es que mis padres no hablaban nunca mucho del pasado. Tuve que recurrir a mi imaginación y mi intuición sobre cómo se sentían los personajes y sobre lo que decían y lo que callaban.

  Cuando llegó al punto de contar la parte de la historia relativa a las vivencias de Susana, Eva Gardos se vio impelida a contar la verdad desnuda. Asegura, riendo: "Con frecuencia, la gente que participaba en la producción de la película me preguntaba si realmente era tan mala como Susana, y yo tenía que confesar que no, que era aún peor!

  El ejercicio de rebuscar en los rincones más recónditos de su infancia resultó tormentoso para la Gardos, que, sin embargo, considera que fue absolutamente necesario para reconciliarse consigo misma. "Mi aventura en la producción de la película corre paralela a la aventura de Susana en un sentido íntimamente espiritual. Para poder sobrevivir, ella tuvo que regresar al pasado... y eso es lo que yo hice", afirma.

  Poco después de terminar el guión de An American Rhapsody, la creación de Eva Gardos suscitó el interés internacional al ganar la edición de 1998 del premio Hartley-Merrill al mejor guión, que se confiere en reconocimiento de la labor excepcional realizada por los guionistas de la Europa oriental y la desaparecida Unión Soviética. El premio ha sido creado por Ted Hartley, presidente de la RKO y su esposa Dina Merrill, quienes, además, son los sponsors de este galardón, junto con el sindicato estadounidense de guionistas (Writers Guild of America) y con Robert Redford, Nikita Mikhalkov y David Putnam, entre otros. El autor del guión ganador recibe, además de un premio en metálico, un viaje al simposio de guionistas del Sundance Institute.

  Colleen Camp, productora asociada, puso el guión de Eva Gardos en conocimiento de Peter Hoffman, de Seven Arts Pictures, quién compró el guión menos de una semana después de la concesión del premio. La Gardos ya gozaba de fama de ser una excelente editora cinematográfica y había colaborado en producciones con tanto éxito de crítica como Mask, Bastard Out of Carolina y Barfly, y los directores eran conscientes de que su profundo conocimiento de los materiales más dramáticos y vibrantes la convertirían en la perfecta directora.

  Los productores se mostraban impresionados con la combinación de suspense realista y emocionante vivencia familiar logrado por la Gardos, pero sobre todo, se mostraban impactados al presenciar una película que explora con tal profundidad uno de los aspectos más esenciales de la vida norteamericana de estos últimos decenios: el de los jóvenes que crecen con una identidad escindida. Las sagas de los modernos inmigrantes, descritas en novelas líderes de ventas del tipo de Native Speaker, de Chang Rae Lee, y China Boy, de Gus Lee, interesan a todos porque plantean la contradicción entre la tradición y el trauma de lo novedoso, entre adaptarse y abrirse un camino propio y entre guardar los secretos y contar la verdad sobre el pasado.

  Eva Gardos lo resume así: "Me siento fascinada por la experiencia de los inmigrantes, por la idea de los extranjeros viviendo en una tierra extraña, que muchas personas experimentan en todo el mundo, con independencia de que vengan de muy lejos o procedan de una pequeña comunidad rural de Norteamérica. El sentimiento de ser forastero se instala en la raíz misma de lo que nos convierte en seres humanos, intentando descubrir quiénes somos y que debemos hacer. Esta es la lucha que libra Susana.

  Con unos personajes tan cuidadosamente elaborados y extraídos directamente de ciertas situaciones de la vida real, la Gardos era consciente de que precisaba un reparto enormemente sensible, capaz de proyectar en su interpretación los matices correctos. Su primera preocupación consistió en encontrar a Margit y a Peter, los padres que tuvieron que abandonar Hungría dejando allí a su hija pequeña. Encontró la solución adecuada en el talento cosmopolita de la actriz de origen alemán Nastassja Kinski, ganadora de un Globo de Oro, y el carisma del actor estadounidense Tony Goldwyn.

  Asegura la Gardos: "Tanto Tony como Nastassja son padres, de modo que han sabido comprender realmente el terrible problema de Margit y Peter. Además, ambos son muy listos y talentosos. Por lo tanto, al volcar en el plató su propia experiencia vital, elevaron sus respectivos papeles a un nivel cinematográfico superior; esto ha resultado revelador, incluso para mí."

  Prosigue diciendo: "Nastassja es sorprendente. La conocí hace varios años, cuando Bonnie Timmermann le dio mi guión por vez primera. Cuando le mostré una foto de mi llegada, comprendió el drama que impregnaba la historia. Nastassja tiene mucho en común con su personaje, por su condición de europea y por haber experimentado tantos cambios a lo largo de su vida. Y, por cierto su belleza y su calidez natural hacen que el personaje resulte rico y sumamente complejo. Por lo que respecta a Tony, se trata de un actor sumamente creativo y dotado de una increíble capacidad de trabajo. Sabía que resultaría formidable.

  Para culminar el triángulo familiar, la Gardos seleccionó a Scarlett Johansson para el rol de Susana y realizó un trabajo intensivo con la joven actriz para imbuirla directamente de las emociones desbordantes y los conflictos caóticos de una adolescente norteamericana nacida al otro lado del mundo.

  Sabía que el papel de Susana resultaría sumamente difícil, no sólo por ser tan cercano a mí y a mis vivencias, sino también porque los tiempos han cambiado tanto para las chicas desde los años sesenta. Me costó bastante explicarle a Scarlett cómo tenían que luchar los chicos para crecer en medio de tales restricciones! Sin embargo, necesitaba alguien muy joven, que efectivamente proyectase la imagen de no ser todavía un adulto, alguien que tuviese un sentimiento realmente profundo de la autenticidad, y Scarlett era perfecta. Más perfecta todavía era la circunstancia de que los realizadores habían logrado encontrar una niña húngara. Según la Gardos: "La sorprendente semejanza entre Kelly y Scarlett ha sido, simplemente, uno de esos milagros que se dan en el cine."

  De hecho, en el reparto de An American Rhapsody figuran muchos actores húngaros de gran prestigio, como Agi Banfalvy, Zsuzsa Czinkoczi y Balasz Galko, la mayoría de los cuales son desconocidos en los Estados Unidos. "Me esforcé por no utilizar actores británicos que hablasen con acento y por usar, en cambio, actores húngaros hablando húngaro, que dan verdadera altura y esencia al filme."

  Finalizado el casting, la Gardos adoptó otra decisión arriesgada: reconstruir su propia andadura de regreso a una Hungría nueva y más libre, y rodar una parte de la película allí. Cuando llegó a la cosmopolita Budapest y a su impactante entorno rural, se sintió poseída de un impulso vital por captar la verdadera Hungría, un lugar que pocas veces se refleja en una producción norteamericana de forma visceral. En esta tarea contó con la colaboración del prestigioso realizador húngaro Elemer Ragalyi, cuyo conocimiento profundo de Budapest le permitió arrojar una viva imagen de la ciudad y su campiña.

  Comenta la Gardos: "Rodar en Hungría fue como un sueño hecho realidad, porque sólo allí hemos podido realmente crear la atmósfera de la época y del lugar en que comenzaron a suceder los hechos. El paisaje de Hungría, la sensación de un pasado que todavía se palpa, la música zíngara, los actores y asistentes húngaros que aún tenían fresca la memoria de la vida bajo el comunismo, todo ello contribuyó a crear un entorno sumamente rico y emotivo.

  Mientras estuvo allí, la Gardos siguió descubriendo las huellas de su pasado. En compañía de la productora, Colleen Camp, llegó, incluso, a visitar la casa natal de Eva, cuyo actual y desconocido propietario salió con dos grandes perros guardianes y las amenazó con azuzárselos. "Demasiado para ser mi casa", bromea Eva.

  En realidad, sin embargo, Eva Gardos volvió a contemplar Hungría desde un prisma enteramente nuevo y trascendente: "Mi húngaro volvió a ser bueno, verdaderamente bueno, y aprendí mucho de historia, pero, lo mejor de todo es que aprendí muchas cosas sobre la tierra de que procedo." Confiesa: "Ahora me parece que tengo dos patrias: América y Hungría."

  De vuelta en California, tanto el reparto como el equipo de producción se trasladaron a la urbanización de Reseda, en el Valle, donde el diseñador de producción Alex Tavoularis - salido también de la escuela de Apocalypse Now, y las diseñadoras de vestuario, Beatrix Pasztor y Vaness Vogel, crearon un paisaje pletórico de sol, de colorido y de plástico. "Resultaba difícil rodar en Los Angeles, porque allí, a diferencia de Hungría, queda muy poco del pasado", observa Eva Gardos. "Sin embargo, gracias a Alex y a Breatrix, y a Elemer Ragalyi, logramos recrear algo de la vida suburbana de los sesenta."

  La producción en sí misma constituyó más un reto emocional que un problema técnico para la Gardos, quien, en su condición de editora, sabía qué secuencia quería producir para su filme. A veces, empero, el mero hecho de hacer revivir el pasado la devolvió a aquellos instantes de sentimiento tan perdidos en el pasado y que tanto añoraba recuperar. "Cuando vi por vez primera a Tony y a Nasstasja vestidos con sus ropas de época y hablando en húngaro, resultaba increíble", recuerda. "Algo que durante tanto tiempo había parecido mi propia quimera privada había adquirido una vida propia, profundamente emotiva."

  Añade: "En ocasiones, durante el rodaje, los recuerdos me sobrevenían en cascada. Una escena me hacía llorar y fui consciente de que se me ofrecía la oportunidad de dolerme por cosas por las que nunca antes me había podido doler. Cuando esos terribles secretos de tu pasado dejan de ser secretos... qué sensación tan increíble te producen!


Imágene y notas de cómo se hizo "La pesadilla de Susi" - Copyright © 2001 Fireworks Pictures, Peter Hoffman y Seven Arts Pictures. Distribuida en España por New World Films Internacional. Todos los derechos reservados.

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