CÓMO SE
HIZO "LA PESADILLA DE SUSI"
Notas de producción
© 2001 New World
Films
La
decisión de producir "An American Rhapsody" requirió un valor
insólito por parte de la guionista y directora Eva Gardos. Al
principio, lo único que la Gardos sabía sobre la desesperada
huida de Hungría de sus padres era que había resultado
tremendamente difícil y peligrosa, que habían estado a punto de
ser capturados y que a ella, a la sazón muy pequeña, la habían
dejado atrás por esa causa. Durante la mayor parte de su vida
adulta, Eva Gardos no había querido explorar los turbulentos
recuerdos de su infancia, como hacemos la mayoría de nosotros.
Empero, cuando decidió llevarlos a la pantalla, todas las
válvulas de seguridad estallaron.
La Gardos
confiesa que "todos procuramos olvidar los penosos momentos de
nuestra infancia. Sin embargo, para poder hacer la película, he
tenido que hacer memoria y también he tenido que recrear. En
ciertos momentos, sentí que, simplemente, no podría hacerlo.
Tuve que llegar al borde del abismo y demostrarme a mí misma lo
valiente y correosa que puedo ser.
Esta
valerosa peripecia se inició cuando, en el curso de un retiro en
casa de Eleanor Coppola, Eva Gardos comenzó a devanar toda la
dramática saga de cómo había estado a punto de perder su familia
real y el cúmulo de secreto y confusión generado por su insólita
situación. La Gardos recuerda: "Todos tenían que presentarse en
aquel retiro, pero yo me quedé sorprendida al ver cómo comenzaba
a narrar toda la historia de mi propia vida. Seguía relatando
más y más recuerdos y, al finalizar el fin de semana, me había
puesto a escribir el guión. Algo recóndito en lo más profundo de
mi ser me obligó a escribir una historia que poco menos que se
escribió sola. Era algo así como mágico." Una buena amiga de la
Gardos, la actriz y productora Colleen Camp, la impulso a
escribir su relato, después de haber trabado una buena amistad
con ella, veinticinco años antes, en Apocalypse Now. Parece cosa
del destino. Entonces, la Camp pidió a Eva Gardos que dirigiese
la película y le prometió producirla ella.
La Gardos
se decidió desde el principio a resaltar más el meollo emocional
de los personajes que los acontecimiento reales. Se sentía
intrigada, no sólo por la lucha de Susana en favor de la
reconciliación, sino también por el esfuerzo de sus padres, no
sólo por huir de Hungría, sino también por superar la terrible
separación de la familia y por encontrar un perdón que les
permitiese seguir adelante. "Mientras escribía el guión, solía
acudir a la habitación de mi hijo para darle un beso y desearle
buenas noches y me sentía desolada al pensar en el desgarro que
debe haber sufrido mi madre al decir adiós a su hija", afirma la
Gardos. "Cuando pensaba en su dolor, me sentía igualmente
fascinada por la entereza de mi madre y la veía bajo otra
óptica."
La Gardos
combinó recuerdos con imaginación para llenar las numerosas
lagunas y construir unos personajes creíbles. Observa: "Aunque
el relato se basa en unos hechos reales, la verdad es que mis
padres no hablaban nunca mucho del pasado. Tuve que recurrir a
mi imaginación y mi intuición sobre cómo se sentían los
personajes y sobre lo que decían y lo que callaban.
Cuando
llegó al punto de contar la parte de la historia relativa a las
vivencias de Susana, Eva Gardos se vio impelida a contar la
verdad desnuda. Asegura, riendo: "Con frecuencia, la gente que
participaba en la producción de la película me preguntaba si
realmente era tan mala como Susana, y yo tenía que confesar que
no, que era aún peor!
El
ejercicio de rebuscar en los rincones más recónditos de su
infancia resultó tormentoso para la Gardos, que, sin embargo,
considera que fue absolutamente necesario para reconciliarse
consigo misma. "Mi aventura en la producción de la película
corre paralela a la aventura de Susana en un sentido íntimamente
espiritual. Para poder sobrevivir, ella tuvo que regresar al
pasado... y eso es lo que yo hice", afirma.
Poco
después de terminar el guión de An American Rhapsody, la
creación de Eva Gardos suscitó el interés internacional al ganar
la edición de 1998 del premio Hartley-Merrill al mejor guión,
que se confiere en reconocimiento de la labor excepcional
realizada por los guionistas de la Europa oriental y la
desaparecida Unión Soviética. El premio ha sido creado por Ted
Hartley, presidente de la RKO y su esposa Dina Merrill, quienes,
además, son los sponsors de este galardón, junto con el
sindicato estadounidense de guionistas (Writers Guild of
America) y con Robert Redford, Nikita Mikhalkov y David Putnam,
entre otros. El autor del guión ganador recibe, además de un
premio en metálico, un viaje al simposio de guionistas del
Sundance Institute.
Colleen
Camp, productora asociada, puso el guión de Eva Gardos en
conocimiento de Peter Hoffman, de Seven Arts Pictures, quién
compró el guión menos de una semana después de la concesión del
premio. La Gardos ya gozaba de fama de ser una excelente editora
cinematográfica y había colaborado en producciones con tanto
éxito de crítica como Mask, Bastard Out of Carolina y Barfly, y
los directores eran conscientes de que su profundo conocimiento
de los materiales más dramáticos y vibrantes la convertirían en
la perfecta directora.
Los
productores se mostraban impresionados con la combinación de
suspense realista y emocionante vivencia familiar logrado por la
Gardos, pero sobre todo, se mostraban impactados al presenciar
una película que explora con tal profundidad uno de los aspectos
más esenciales de la vida norteamericana de estos últimos
decenios: el de los jóvenes que crecen con una identidad
escindida. Las sagas de los modernos inmigrantes, descritas en
novelas líderes de ventas del tipo de Native Speaker, de Chang
Rae Lee, y China Boy, de Gus Lee, interesan a todos porque
plantean la contradicción entre la tradición y el trauma de lo
novedoso, entre adaptarse y abrirse un camino propio y entre
guardar los secretos y contar la verdad sobre el pasado.
Eva Gardos
lo resume así: "Me siento fascinada por la experiencia de los
inmigrantes, por la idea de los extranjeros viviendo en una
tierra extraña, que muchas personas experimentan en todo el
mundo, con independencia de que vengan de muy lejos o procedan
de una pequeña comunidad rural de Norteamérica. El sentimiento
de ser forastero se instala en la raíz misma de lo que nos
convierte en seres humanos, intentando descubrir quiénes somos y
que debemos hacer. Esta es la lucha que libra Susana.
Con unos
personajes tan cuidadosamente elaborados y extraídos
directamente de ciertas situaciones de la vida real, la Gardos
era consciente de que precisaba un reparto enormemente sensible,
capaz de proyectar en su interpretación los matices correctos.
Su primera preocupación consistió en encontrar a Margit y a
Peter, los padres que tuvieron que abandonar Hungría dejando
allí a su hija pequeña. Encontró la solución adecuada en el
talento cosmopolita de la actriz de origen alemán Nastassja
Kinski, ganadora de un Globo de Oro, y el carisma del actor
estadounidense Tony Goldwyn.
Asegura la
Gardos: "Tanto Tony como Nastassja son padres, de modo que han
sabido comprender realmente el terrible problema de Margit y
Peter. Además, ambos son muy listos y talentosos. Por lo tanto,
al volcar en el plató su propia experiencia vital, elevaron sus
respectivos papeles a un nivel cinematográfico superior; esto ha
resultado revelador, incluso para mí."
Prosigue
diciendo: "Nastassja es sorprendente. La conocí hace varios
años, cuando Bonnie Timmermann le dio mi guión por vez primera.
Cuando le mostré una foto de mi llegada, comprendió el drama que
impregnaba la historia. Nastassja tiene mucho en común con su
personaje, por su condición de europea y por haber experimentado
tantos cambios a lo largo de su vida. Y, por cierto su belleza y
su calidez natural hacen que el personaje resulte rico y
sumamente complejo. Por lo que respecta a Tony, se trata de un
actor sumamente creativo y dotado de una increíble capacidad de
trabajo. Sabía que resultaría formidable.
Para
culminar el triángulo familiar, la Gardos seleccionó a Scarlett
Johansson para el rol de Susana y realizó un trabajo intensivo
con la joven actriz para imbuirla directamente de las emociones
desbordantes y los conflictos caóticos de una adolescente
norteamericana nacida al otro lado del mundo.
Sabía que
el papel de Susana resultaría sumamente difícil, no sólo por ser
tan cercano a mí y a mis vivencias, sino también porque los
tiempos han cambiado tanto para las chicas desde los años
sesenta. Me costó bastante explicarle a Scarlett cómo tenían
que luchar los chicos para crecer en medio de tales
restricciones! Sin embargo, necesitaba alguien muy joven, que
efectivamente proyectase la imagen de no ser todavía un adulto,
alguien que tuviese un sentimiento realmente profundo de la
autenticidad, y Scarlett era perfecta. Más perfecta todavía era
la circunstancia de que los realizadores habían logrado
encontrar una niña húngara. Según la Gardos: "La sorprendente
semejanza entre Kelly y Scarlett ha sido, simplemente, uno de
esos milagros que se dan en el cine."
De hecho,
en el reparto de An American Rhapsody figuran muchos actores
húngaros de gran prestigio, como Agi Banfalvy, Zsuzsa Czinkoczi
y Balasz Galko, la mayoría de los cuales son desconocidos en los
Estados Unidos. "Me esforcé por no utilizar actores británicos
que hablasen con acento y por usar, en cambio, actores húngaros
hablando húngaro, que dan verdadera altura y esencia al filme."
Finalizado
el casting, la Gardos adoptó otra decisión arriesgada:
reconstruir su propia andadura de regreso a una Hungría nueva y
más libre, y rodar una parte de la película allí. Cuando llegó a
la cosmopolita Budapest y a su impactante entorno rural, se
sintió poseída de un impulso vital por captar la verdadera
Hungría, un lugar que pocas veces se refleja en una producción
norteamericana de forma visceral. En esta tarea contó con la
colaboración del prestigioso realizador húngaro Elemer Ragalyi,
cuyo conocimiento profundo de Budapest le permitió arrojar una
viva imagen de la ciudad y su campiña.
Comenta la
Gardos: "Rodar en Hungría fue como un sueño hecho realidad,
porque sólo allí hemos podido realmente crear la atmósfera de la
época y del lugar en que comenzaron a suceder los hechos. El
paisaje de Hungría, la sensación de un pasado que todavía se
palpa, la música zíngara, los actores y asistentes húngaros que
aún tenían fresca la memoria de la vida bajo el comunismo, todo
ello contribuyó a crear un entorno sumamente rico y emotivo.
Mientras
estuvo allí, la Gardos siguió descubriendo las huellas de su
pasado. En compañía de la productora, Colleen Camp, llegó,
incluso, a visitar la casa natal de Eva, cuyo actual y
desconocido propietario salió con dos grandes perros guardianes
y las amenazó con azuzárselos. "Demasiado para ser mi casa",
bromea Eva.
En
realidad, sin embargo, Eva Gardos volvió a contemplar Hungría
desde un prisma enteramente nuevo y trascendente: "Mi húngaro
volvió a ser bueno, verdaderamente bueno, y aprendí mucho de
historia, pero, lo mejor de todo es que aprendí muchas cosas
sobre la tierra de que procedo." Confiesa: "Ahora me parece que
tengo dos patrias: América y Hungría."
De vuelta
en California, tanto el reparto como el equipo de producción se
trasladaron a la urbanización de Reseda, en el Valle, donde el
diseñador de producción Alex Tavoularis - salido también de la
escuela de Apocalypse Now, y las diseñadoras de vestuario,
Beatrix Pasztor y Vaness Vogel, crearon un paisaje pletórico de
sol, de colorido y de plástico. "Resultaba difícil rodar en Los
Angeles, porque allí, a diferencia de Hungría, queda muy poco
del pasado", observa Eva Gardos. "Sin embargo, gracias a Alex y
a Breatrix, y a Elemer Ragalyi, logramos recrear algo de la vida
suburbana de los sesenta."
La
producción en sí misma constituyó más un reto emocional que un
problema técnico para la Gardos, quien, en su condición de
editora, sabía qué secuencia quería producir para su filme. A
veces, empero, el mero hecho de hacer revivir el pasado la
devolvió a aquellos instantes de sentimiento tan perdidos en el
pasado y que tanto añoraba recuperar. "Cuando vi por vez primera
a Tony y a Nasstasja vestidos con sus ropas de época y hablando
en húngaro, resultaba increíble", recuerda. "Algo que durante
tanto tiempo había parecido mi propia quimera privada había
adquirido una vida propia, profundamente emotiva."
Añade: "En
ocasiones, durante el rodaje, los recuerdos me sobrevenían en
cascada. Una escena me hacía llorar y fui consciente de que se
me ofrecía la oportunidad de dolerme por cosas por las que nunca
antes me había podido doler. Cuando esos terribles secretos de
tu pasado dejan de ser secretos... qué sensación tan increíble
te producen!
Imágene y notas
de cómo se hizo "La pesadilla de Susi" - Copyright © 2001
Fireworks Pictures, Peter Hoffman y Seven Arts Pictures.
Distribuida en España por New World Films Internacional. Todos los derechos
reservados.
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