CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Secuestro, mentiras y cintas de vídeo
"Palabras encadenadas" es un thri-ller psicológico –altamente
psicológi-co– que, partiendo de una situación inicial concreta
–el secuestro de una psiquiatra por parte de un individuo que se
confiesa un asesino en serie–, juega con los dobles engaños, con
las falsas apariencias, con los "mon-tajes" sentimentales,
introduciendo más que distintas versiones de una misma historia
–explicadas a través de diversos flashbacks–, apun-tes o indicios
sobre la "posible" verdad, sobre la verdad (cambiante) que se
quiere vender en cada uno de los momentos. Podría llamar-se
también "Mentiras encadenadas". Busca, así,
mantener en vi-lo al espectador y hacerle dudar de todo aquello
que está viendo y escuchando, recurriendo además a ciertos
cambios de perspectiva y a algunos giros sorpresivos, sobre todo
ha-cia su parte final.
Es por ello que se hace difícil explicar su con-tenido, también
llamado sinopsis argumental, tanto por la escasa presencia de
escenas de acción –entendiendo esto en un sentido clásico y sin
ánimo peyorativo–, puesto que entramos en el terreno puro y duro
de los juegos psicológicos verbalizados, como por la
conveniencia de no destapar la forma en que va avanzando la
tra-ma.
La polifacética
Laura Mañá
–actriz vista en "La pasión turca", "Libertarias" o "Nadie
hablará de nosotras cuando hayamos muer-to"–, que ya incurrió en
la dirección cinematográfica con su "Sexo por compasión",
traslada a la gran pantalla una conocida obra tea-tral de
Jordi Galcerán
que pivota, principalmente, alrededor de la relación que se
establece entre sus dos personajes centrales –in-terpretados por
Darío Grandinetti
(el raptor) y
Goya Toledo
(la psiquiatra raptada)– en el oscuro y aséptico sótano de una
casa, y que, como ya apuntaba, está llena de trampas y trucos.
El cómo evoluciona esa situación de cautiverio será algo que se
vaya cono-ciendo cuando aparezcan en escena dos policías (Fernando
Gui-llén
y
Eric Bonicatto)
que investigarán la desaparición de la mujer e interrogarán al
hombre que la mantenía encerrada.
A "Palabras encadenadas" le pesa –tanto para lo
bueno como para lo malo– su procedencia teatral. Es una película
de texto dialogado que –me reitero– pone en juego la psicología
de sus protagonistas, su astucia para engañar, que transcu-rre en
interiores desapacibles, claustrofóbicos, y que ofrece muy pocos
cambios de escenario.
Aun-que los recursos que emplea suelen ser de mi interés, y tanto
Grandinetti ("Hable
con ella") como Toledo ("Amores perros") ac-túan con
sobrada eficiencia, amén de la gélida atmósfera que se consigue,
su suspense no acaba de conectar totalmente con el pú-blico, de
cuya paciencia a menudo se abusa, ya sea por el ritmo relajado o
por lo inverosímil que se acaba antojando la situación a medida
que se va descubriendo todo el tinglado, dando vueltas so-bre sí
misma, conduciéndonos a callejones sin salida que poco aportan,
para después romper nuestros esquemas iniciales y obli-garnos a
recomponer las piezas. Si se hace bien, queda la sen-sación de
encontrarnos ante un puzzle inteligente. Si se dan pasos en
falso, se pierde consistencia.
La puesta en escena fría, muy esteticista, unos diálogos po-co
pulidos y las continuas re-adecuaciones, pueden acabar
distanciándonos de ella. Sin embargo, posee algunos efectos bien
conseguidos y no aburre. Se podría decir que es efecti-va hasta
cierto punto.
Tampoco se puede afirmar que se genere una química especial
entre la psicóloga y el hombre que la retiene, o entre éste y
sus in-terrogadores. Falta bastante para que el clima de amenaza,
de in-quietud, de intriga, se apodere del ambiente y cree tal
tensión que se pueda cortar con un cuchillo.
"Palabras encadenadas" recordará en muchas ocasiones a otras
tantas películas que profundizan en los lazos
secuestrado/secues-trador, también a las cintas centradas en
interrogatorios de sospe-chosos –"El impostor
(Deceiver)", por
ejemplo, y salvando las dis-tancias–, o a los films sobre falsos
culpables/falsos inocentes, pe-ro probablemente también hará
pensar en "Sospechosos habitua-les" de Bryan Singer.
El resultado se puede considerar digno, resultón, pero algo
justito y a veces un tanto cansino.
Carece todavía de ese re-gusto a pieza redonda, impactante, que
se apodera del espectador y deja una huella rotunda e indeleble.
Pero siempre es de agrade-cer que la dieta a que nos tiene
acostumbrados el thriller español cambie de ingredientes: menos
sangre, menos sustos-buuuuh, me-nos tiroteos... y más psique. Es
encomiable.
Por último, recordarles que los muertos no deberían ni respirar
ni moverse...
Calificación:
7 / 10

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