CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Agenda oculta
Desde hace ya algún tiempo, coinci-diendo con su última etapa
profesio-nal,
Al Pacino
ha dejado de ser un actor que se pone al servicio de las
películas que se le han ido ofreciendo para constituirse en un
género cinematográfico en sí mis-mo, a base de repetir –por otro
lado, satisfactoriamente– un mis-mo personaje prototipo:
el de hom-bre maduro en decadencia existen-cial, cansado de todo
y de todos, y sacudido por dilemas de orden moral, que se
encuentra atolondra-do por determinados acontecimientos que lo
mantienen arrinconado y sin salida posible aparente. Agotado
–física y anímicamente–, desesperado y, sobre todo, desencantado
de la vida, el rostro de-macrado, las profundas ojeras y el pelo
revuelto, junto a la falta de sueño y el estrés laboral,
empiezan a ser una constante seña de identidad en su más
reciente filmografía. Basta con recordar algu-nos de sus
trabajos cercanos ("Insomnio",
"Simone"
o "La
prue-ba"), en los que esta tendencia se ve reforzada.
Poco importa que a través de sus personajes ejerza de policía,
de delincuente/ma-fioso, de periodista, de manager, de director
de cine o, como en el caso que nos ocupa, de relaciones públicas
neoyorquino; da igual qué compañeros de reparto le secunden,
quién le dirija o si el relato ha sido concebido en clave de
comedia o de drama... De forma más acentuada o más sutil,
siempre lo hallamos en una tesitura similar. Un papel que encaja
bien con él –pese a que en ocasiones lo sobreactúe– y que a
punto está de convertirse, más que en un rol iterativo, en su
imagen pública como intérprete.
Dan Algrant,
autor del largometraje "Desnudo en Nueva York" y de algunos
episodios de la serie televisiva "Sexo en Nueva York" –y de
Nueva York trata, una vez más, la cosa–, vuelve a aprovechar,
con sabiduría, esa composición tan bien asumida por Pacino, en
este drama con amplios ribetes de suspense que discurre entre
las altas esferas –políticas, sociales, económicas,
intelectuales y ar-tísticas– de la gran urbe de los rascacielos,
retratada como una jungla de corrupción, intereses ocultos y
oscuras influencias que devora las ilusiones de sus ciudadanos
honrados... o la honradez de sus ciudadanos ilusionados.
Eli Wurman
(Pacino en su salsa) es un agente de publicidad en horas bajas
que lleva una rutina malsana y se codea con la crème de la crème
de un mundo sofisticado de falsas a-pariencias que se sostiene
gracias a sus propias reglas, y en el que cada uno vale el
precio de su agenda de contactos, es decir, un universo de
ri-cos y famosos donde no importa tan-to quién eres como a quién
conoces –de ahí el título original de la película: "People I
Know"–. Por hacerle un fa-vor a uno de sus pocos clientes
importantes, el maduro galán cine-matográfico Cary Launer (un
recuperado, y en estupendísima for-ma,
Ryan O'Neal),
a quien saca las castañas del fuego con un servilismo casi
esclavo desde hace varias décadas, Eli Wurman deberá desplazarse
una madrugada hasta la comisaría para pagar la fianza de Jilli
Hopper (magnífica Téa
Leoni), joven y
temeraria actriz de la televisión, "amiga" de Launer –otra
víctima de las cir-cunstancias–, que se ha metido en apuros. El
encuentro con la muchacha, y su posterior itinerario nocturno,
parecen querernos sumergir en una especie de "Jo, ¡qué noche!"
fugaz, amargo y de trasnochado pero impecable glamour, no
obstante, lejos de estas tribulaciones scorsesianas, "Relaciones
confidenciales" toma rum-bo, con la aparición del primer
cadáver, hacia una urdimbre de com-plots y manipulaciones
operados desde la sombra por la élite, bas-tante limítrofe con
el "Eyes Wide Shut" de Kubrick –sexo y drogas incluidos–, que
arrastrará a Wurman hasta lo inevitable.
Mientras Wurman, que todavía
mantiene con vida ciertos res-coldos de su idealismo juvenil,
quema los últimos cartuchos de su maltrecha fe en el género
humano organizando un acto "pro dere-chos civiles", tratando de
reunir a unos cuantos pesos pesados para que apoyen la causa de
unos afroamericanos inculpados, en-trará en escena la viuda de
su hermano, Victoria Gray (una can-dorosa
Kim Basinger),
quien intentará convencerle para que aban-done aquella
existencia agitada, vacua y absurda, y se traslade junto a ella
a Virginia para disfrutar de un prometido relax, dejando abierta
la puerta de un romance tardío.
Con estos ingredientes,
Algrant y su guionista
Jon Robin Baitz
construyen, con escasas fisuras, un sobrio y
elegante thriller en el que predomina, por encima de la simple
intriga, un encomiable acercamiento dramático a la psicología de
sus personajes, meta
que no siempre se cumple con escrúpulo y hol-gura, pero que deja
entrever una inteligencia y una sensibilidad aceptables, no
siempre presentes en sus primas hermanas. La correcta
facturación visual permite que las atmósferas, mayormente
interiores, se vean contagiadas por el desengaño, la tristeza y
el cansancio de su protagonista, a un paso de lo irreal, febril
y nar-cótico.
"Relaciones confidenciales" soporta sus
momentos de interés sin ape-nas irregularidades, con unos
diá-logos pulcros que sortean los tó-picos y exudan cierta
acidez, aunque del mismo modo tampoco se puede afirmar que
alcance grandes cotas de significación.
Si algo ejerce en su contra, principal-mente, es el hecho de que
quiera en-trar en varios juegos a la vez (el dra-ma de
personajes hundidos, el thriller de agendas ocultas, el ro-mance
como postrera vía de escape y salvación, y ese cine de
conspiraciones del Hollywood de los 70 del que, según reconoce
su propio autor, se alimenta –concretamente de algunas cintas de
Alan J. Pakula, como "El último testigo", al que homenajea–).
Pisa por todos estos terrenos sin decantarse claramente, y,
todavía más importante, sin ser el mejor ejemplo de ninguno de
ellos, y al final puede quedar cierta sensación de indefinición
o mediocridad, más aún en el caso del espectador que guste de
líneas más marcadas y apuestas más firmes. Por otro lado, es
posible que un vago re-gusto a déjà vu acabe por estropear esta
digna tentativa de descen-der a los infiernos del show
business a través de la ajustada ra-diografía de un infeliz
pelele.
Haciendo gala de una
coherencia que no permite más conce-siones a la comercialidad de
las indispensables, los últimos mi-nutos son diametralmente
opuestos al esperado happy end. Es-tampa fatídica de una
conclusión anunciada desde el principio para este film
respetable pero mediano en su trazado.
Calificación:
7 / 10

Imágenes
de "Relaciones confidenciales" - Copyright © 2002
Greenestreet Productions, Myriad Pictures, Chal Productions,
In-Motion AG Movie & TV Productions, South Fork Pictures, Galena
y World Media Fonds V. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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