CRÍTICA
por
David Garrido
Mismas virtudes, mismos defectos
Dejando a un lado las inevitables li-cencias que
Bryan Singer y sus guionistas
se han tomado con respec-to al cómic original en esta segunda
adaptación en la pantalla grande de las aventuras de los
mutantes (algo por otra parte difícil de obviar para los buenos
conocedores del mismo), lo primero que hay que decir de "X-Men
2" es que es una secuela que cum-ple sobradamente con todo lo
que puede exigírsele a una franquicia de éxito para que la
fórmula pueda seguir repi-tiéndose a lo largo de los próximos
años: la permanencia del mismo equipo delante y detrás de
las cámaras, una cuidada pro-ducción que dispone de más medios
para seguir con la historia justo en el punto donde se dejó y
multiplicar la espectacularidad de la primera entrega, sin
descuidar la introducción de nuevos perso-najes mientras se
profundiza en algunos de los existentes en la primera son
elementos que garantizan que estamos ante una obra que
probablemente provocará exactamente las mismas sensacio-nes en
su público, dejando tan satisfechos a quienes disfrutaron de la
primera como insatisfechos a los más críticos con aquélla.
Y es que "X-Men 2" arranca con espectacularidad en la
secuencia prólogo en la que se introduce de manera brillante al
personaje de Rondador Nocturno (una exhibi-ción de
efectos visuales al servicio de una secuencia trepidante)
antes de mostrarnos a todos los personajes de la primera
película inmersos en sus particulares problemas cuando la
paranoia antimutante provoca que un megalómano con un ejercito
particular desate una guerra que tiene como consecuencia la toma
por asalto de la escuela de Xavier. Resulta curioso destacar la
im-prevista lectura en clave política que puede hacerse de una
socie-dad como la estadounidense, ampliamente formada sobre la
base del miedo al diferente, enfrentada a una amenaza tan real y
palpa-ble como la de estos humanos evolucionados a una raza
superior, lo que ahonda en la idea (ya expresada en la primera
parte) de la contraposición de las dos posturas sobre las
relaciones entre humanos y mutantes que representan Xavier y
Magneto (conviven-cia pacifica y dominación por la fuerza,
respectivamente) llevadas aquí al punto álgido cuando la amenaza
común les obliga a adoptar una imprevista alianza. Esta parábola
política resulta especialmen-te interesante en los tiempos en
los que vivimos, con las tenden-cias belicistas del gobierno USA
enfrentadas a un movimiento pa-cífico mundial, lo que puede
legitimar una interpretación de la obra que a buen seguro no
estaba en el ánimo de sus responsables cuando se llevó a cabo, y
menos tratándose de la Fox, por des-contado.
¿Cómo se
articula la película? Desde el punto de vista estric-tamente
cinematográfico, con una sucesión de set pieces
per-fectamente diseñadas en función de los mutantes que
inter-vienen en ellas, destinadas a sacar el máximo rendimiento
de los poderes y la personalidad de los mismos, lo que
resulta especialmente brillante en algunas de ellas: véase la ya
menciona-da primera secuencia, el despliegue del salvajismo
animal de Lo-bezno en la invasión de la mansión (hay que
destacar la sorpren-dente fidelidad políticamente incorrecta con
la que éste es retrata-do con respecto al comic) o la
espectacular fuga de Magneto de su prisión, todo un prodigio de
inteligencia y buen uso de los recursos que ofrece el personaje,
con una construcción visual de la escena tan apabullante como
inteligente.
Pero, ay, asimismo vuelven los errores que ya lastraban los
éxitos de la primera parte y flaquea y mucho el guión de la
película en dos aspectos fundamentales; el pri-mero tiene
que ver con “el plan” que el megavillano de turno tiene para
solu-cionar el problema mutante, carente de la más mínima lógica
elemental, incluso para un producto de estas ca-racterísticas;
el segundo está en los pequeños pero importantes detalles
aparentemente menores, pero que de los que en el fondo depende
la credibilidad del conjunto: una vez más vuelve a confundirse
el hecho de que el espectador esté dispuesto a aceptar que los
mutantes, con sus espectaculares po-deres, existan y sean
capaces de realizar los prodigios que reali-zan, con la total
falta de coherencia y lógica en algunas de las si-tuaciones y
comportamientos que suceden en la pantalla, que van desde lo
directamente ridículo hasta lo simplemente inaceptable para
cualquier espectador con una mínima capacidad de análisis. Con
el agravante añadido de que muchas de esas situaciones,
inexplicablemente frecuentes, serían fácilmente evitables con la
simple inclusión de alguna que otra frase de los personajes, por
poner un ejemplo, que evitara al espectador la molesta sensación
de ser tomado por un idiota dispuesto a aceptar sin más cuanto
absurdo se le muestra en pantalla.
Esto
resulta particularmente visible en la interminable media hora
final, donde la película se alarga tediosamente en el afán tanto
de cerrar los múltiples cabos sueltos como en abrir otros nuevos
que permitan la inevitable continuación de la franquicia,
con lo que algunas de las virtudes de la primera película –su
escasa duración y su agilidad narrativa– desaparecen a favor de
un rompecabezas de personajes y situaciones que no supondrá un
especial esfuerzo para los familiarizados con los mu-tantes a
través de los coómics (a los que se hacen, de nuevo, abundantes
guiños incomprensibles para la mayoría del público) pero que
puede resultar algo confuso para los no iniciados, por así
decirlo.
En cualquier caso no hay que res-tarle méritos al trabajo de
Bryan Singer, que vuelve una vez más a demostrar que posee un
talento vi-sual más que notable a la hora de narrar una historia
cuyas flaque-zas vienen más determinadas en función de los
errores de guión que en su traducción visual a la pan-talla,
generalmente impecable: no se le puede imputar al director, por
e-jemplo, el hecho de que el personaje de Lady Deathstrike, la
ayudante per-sonal de Stryker, corra el mismo destino que el
brutal Dientes de Sable de la primera película y se limite a ser
poco más que un pe-ligroso florero, mientras que la multiforme
Mística adquiere mucha más relevancia que en la primera parte
(con alguna inquietante de-mostración de sus poderes, como
demuestra en cierta secuencia con Lobezno). El reparto cumple
más que acertadamente con sus papeles, siendo de nuevo
Hugh Jackman el que adquiere
una ma-yor entidad conforme a la riqueza de su personaje, e
Ian McKellen vuelve a encarnar
con esa mezcla de dignidad y perverso sentido del humor al muy
carismático Magneto.
Estamos,
en suma, ante una película de notable factura visual,
entretenida a ratos aunque de ritmo desigual que asegura la
conti-nuidad de una franquicia aprovechando la capacidad de
seducción de un buen puñado de personajes y situaciones, pero a
la que le queda pendiente la asignatura de un guión que esté a
la altura del atractivo inicial de la propuesta y,
principalmente, que no insulte a la inteligencia del espectador.
Podría decirse que está muy por en-cima de la floja "Daredevil",
pero un peldaño por debajo de la más compacta "Spider-Man",
por citar sus dos obvios antecedentes en la adaptación de
superhéroes de la Marvel.
Calificación:
    
Imágenes de "X-Men 2" - Copyright © 2003
Twentieth Centy Fox, Marvel Enterprises y The Donners' Company /
Bad Hat Harry. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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