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LAS HORAS DEL DÍA


Dirección: Jaime Rosales.
País:
España.
Año: 2003.
Duración: 110 min.
Interpretación: Álex Brendemühl (Abel), Vicente Romero (Marcos), Ágata Roca (Tere), María Antonia Martínez (Madre), Pape Monsoriu (Trini), Irene Belza (Carmen), Anna Sahun (María), Isabel Rocati (Taxista), Armando Aguirre (Señor mayor).
Guión: Jaime Rosales y Enric Rufas.
Producción: Jaime Rosales y Ricard Figueras.
Fotografía: Óscar Durán.
Montaje: Nino Martínez Sosa.
Dirección artística: Leo Casamitjana.
Estreno en España: 6 Junio 2003.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Canalcine.net, Barcelona

Abel: Retrato (cotidiano) de un asesino (anónimo)

  Jaime Rosales, cortometrajista catalán que cosechó un relativo éxito internacional por trabajos como "La pecera", "Virginia no dice mentiras", "Episodio" o "Yo tuve un cerdo llamado Rubiel" (la ma-yoría de ellos premiados en Cuba, país donde estudió dirección), se estrena en el largometraje con esta pieza de autor, de ambicio-nes comerciales tan modestas como los recursos económicos que la secundan, que, contra todo pronóstico, llamó poderosamente la atención de la crítica profesional que se congregaba en el todavía reciente Festival de Cine de Cannes 2003. No cuesta imaginar que el Premio FIPRESCI que allí se le concedió supuso una grata sor-presa para sus responsables, tanto por el implícito reconocimiento de su labor como por el empujoncito que siempre conllevan estos reputados galardones, más aún en el caso de una ópera prima sin nombres conocidos en el cartel que lo tenía difícil para abrirse paso entre las grandes producciones que concurren en la cartelera.

  El realizador barcelonés ha procura-do dejar bien claro que pese a que la suya es, en efecto, una película pro-tagonizada por un asesino en serie, no se trata ni mucho menos del típico thriller sobre psicópatas criminales, puesto que el enfoque que ha decidi-do darle escapa de aquello que usual-mente vemos en el cine que aborda dicha temática. "Las horas del día" no es ni una cinta de entretenimiento en clave de intriga/terror, ni un estudio psicológico de la personalidad del asesino, ni una truculenta recreación de su carrera delictiva, por tanto, que nadie espere encontrar una exposición violenta y sangui-naria de las muertes, la eventual intervención de la policía o una biografía que busque en los orígenes de su conducta. Por el con-trario, el film de Rosales es un retrato realista de la dinámica cotidiana de su personaje central, un joven normal y co-rriente, bien integrado en la sociedad, que ocasionalmente mata a desconocidos sin motivo aparente. En este seguimiento de su día a día, que transcurre en la población del Prat de Llobregat, vemos a Abel compartiendo desayunos y comidas con su madre, con la que todavía vive, entre triviales conversaciones sobre la evolución del barrio; regentando el poco próspero negocio familiar, una rancia tienda de ropa "unisex" donde también trabaja Trini, la sufrida dependienta; encontrándose con su emprendedora novia, Tere, en un bar, en casa de sus padres o visitando algunos pisos de alquiler, con la idea de irse a vivir juntos; o bien coinci-diendo con su mejor amigo, Marcos, y la novia de éste, en distintas circunstancias.

  La aproximación, llana y exenta de artificios narrativos o formales, a esta figura se encontraría más cercana al drama costumbrista, por su marcado realismo, que al suspense, y busca deliberadamente un tono neutro, frío, retirado, que evita en todo momento subrayar las emociones –incluso se ha desestimado el uso de la música– o juzgar a los protagonistas. Tampoco intenta dar posibles respuestas al comportamiento de es-te hombre, que continuará siendo una incógnita andante llegado el final de la cinta. Rosales simplemente describe, sin implicaciones de ningún orden, la rutina diaria de Abel y será el espectador quien deba acabar de rellenar los huecos que surjan o plantearse algún tipo de reflexión a posteriori.

  Pese a ello, Abel es un personaje bien definido por los diálogos y las si-tuaciones embarazosas que él mismo crea, y que son un buen reflejo de la relación tirante que establece con to-dos aquellos que le rodean, quienes desconocen su cara oculta. Se trata de un hombre reservado, contenido e inexpresivo, de apariencia afable y tranquila, pero con una hostilidad so-terrada que no encuentra razón de ser. Su crueldad no sólo tiene por objetivo a las víctimas fortuitas que asesina a sangre fría, sino también a sus allegados, a los que se podría decir que tortura psi-cológicamente, de una forma tan indolente como oportuna y efec-tiva. Abel deja caer sus venenosos comentarios como quien no quiere la cosa, con toda la naturalidad y la indiferencia del mundo, convirtiéndose así en una persona retorcida e impasible cuya per-versa actitud disgusta e incomoda. La pauta que Abel exhibe en sus intercambios sociales con la gente que tiene más cerca está excelentemente apuntalada sobre el guión, y traslada con coheren-cia y minuciosidad su manera de ser y de actuar, sin que se deje pasar por alto cualquier posible oportunidad de sacar a relucir nue-vos ejemplos de su conducta.

  Curiosamente, el principal problema que lastra el funciona-miento de esta película es también una de sus mejores apuestas: la excesiva distancia que se establece entre los hechos que narra y el observador (observador que, en primera instancia, está representado por el director, pero que en último tér-mino repercute en el espectador). En muchas ocasiones, la opción de no interferir en lo que se nos está contando logra muy buenos resultados, sobre todo cuando las escenas disponen de suficiente carga emocional por sí solas y no es preciso sobreexplotarla. De hecho, algunos han comparado este trabajo con la obra de Mi-chael Haneke ("Funny games", "La pianista"), uno de los máximos exponentes de esa mirada gélida y aséptica, pero lo cierto es que el cineasta alemán consigue un impacto y una crudeza escalo-friantes que Rosales apenas roza. Este distanciamiento sumado al ritmo calmado y a una serie de situaciones que, si bien ayudan a dibujar a los personajes, no aportan material nuevo para que avan-ce la trama (trama, por otro lado, inexistente como tal), arrojan un balance final algo blando, desabrido y correoso que puede condu-cir a más de uno al aburrimiento o a la indiferencia.

  Aunque, como ya había avanzado, no era la intención de Rosales limi-tarse a recoger los asesinatos que comete Abel, sino todo lo opuesto, los dos únicos momentos en que esto sucede se sitúan entre lo mejor de la película. Contrariamente al punto de vista dominante en el cine más co-mercial, el director es consciente de que matar no resulta nada fácil (no es que yo lo sepa por experiencia propia, pero se hace más creíble que la sobada estampa del asesino hábil, rápido e implacable). Aquí los crímenes –cometidos en el más ab-soluto silencio y registrados por una cámara fija sin que apenas medie el montaje– son torpes, lentos, agónicos, esforzados; pare-ce que asesino y víctima colaboren en un mismo y costoso proce-so para acabar con la vida del segundo, y su desenlace final se oculta convenientemente detrás de un obstáculo visual, escuchan-do, únicamente, los jadeos y los golpes que se intercambian.

  Junto a una composición de planos-secuencia bastante llamativa, que también surge en otros momentos de la cinta, argumental-mente menos relevantes, también merece la pena destacar el arranque del film. Tras unas tomas paisajísticas de esta ciudad pe-riférica, que se acaban concentrando en la fachada de un bloque de viviendas, vemos a Abel frente al espejo del baño, observándose con detenimiento mientras se afeita. El recurso de enfrentar al "so-ciópata" al espejo, al reflejo de su yo, buscando tal vez reafirmar su identidad o indagar en su misterio, es usado con frecuencia en la filmografía que ahonda en este tipo de personajes. Sin ir muy lejos, en la cercana "Ted Bundy" se daba una escena muy similar, y si no, basta con recordar al Travis Bickle de "Taxi Driver" o la utiliza-ción que hacía Hitchcock de estos mismos objetos.

  No me entretendré demasiado en el capítulo de las interpreta-ciones, en su mayoría decorosas pero no siempre tan espon-táneas y cristalinas como exigía el propio planteamiento del film. Los actores principales serán desconocidos para el gran pú-blico y eso añadirá verosimilitud a sus personajes, aunque para los que estén al corriente del circuito televisivo y teatral catalán, ciertas caras les resultarán bastante más familiares –Ágata Roca, miem-bro de las "T de Teatre", o Pape Monsoriu, presentadora del pro-grama musical "Sputnik" a finales de los 90, entre ellas–. En cuan-to a su protagonista, Álex Brendemühl repite aquí ese registro de chico retraído e irritante que se le ha atribuido con anterioridad, y que se ajusta bien a la imagen que da en su faceta como actor.

  Con todo lo dicho, se puede concluir que "Las horas del día" se muestra como un ceñido retrato, íntimo y personal, de la vida social y pú-blica de un individuo anónimo cualquiera. Es una película prota-gonizada por un tipo que "ejerce" esporádicamente como asesino en serie, pero no es una película so-bre un asesino en serie. Su acer-camiento realista y directo a lo más cotidiano la distancia de cualquier género posible, y resulta inno-vadora precisamente por esta falta de referentes claros, todavía más si la consideramos dentro del panorama nacional. Sin embar-go, el resultado final no acaba de funcionar por su marcado ale-jamiento emocional respecto al espectador, y este desapego inten-cionado, lejos de helarnos la sangre, acaba desmereciendo su ela-borada confección, que podría haber dado lugar a un producto más turbador y sugerente. En ningún caso la recomendaría a aquellos que se acerquen a un multisalas durante el fin de semana con el simple y sano propósito de pasar un par de horas de distracción, y sí a los que busquen alguna novedad dentro del llamado "cine de autor", a los completistas interesados en la psicología de los so-ciópatas asesinos que no esperen hallar una respuesta a sus pre-guntas, y a los degustadores de ese cine más desnudo, franco y rectilíneo colindante con los hermanos Dardenne o el movimiento cinematográfico Dogma.

Calificación: 6 / 10

CANAL #CINE - Revista de Cine colaboradora


Imágenes de "Las horas del día" - Copyright © 2003 Fresdeval Films e In Vitro Films. Distribuida en España por Wanda Films. Todos los derechos reservados.

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