CÓMO SE HIZO SE
HIZO "WILLARD"
Notas de producción
© 2003
TriPictures
1. La
producción
Aunque
está basada en la novela Ratman’s Notebooks de Stephen Gilbert y
en la película de terror La revolución de las ratas, el
guionista y director Glen Morgan adopta un planteamiento nuevo
en Willard. Gran admirador de Hitchcock, Morgan imaginaba un
drama de terror psicológico que combinara elementos de Psicosis
y Los pájaros. De hecho, antes de iniciar la producción, hizo
una proyección de estas dos películas para que el equipo supiera
lo que buscaba. En palabras del director, lo que querían rodar
era “una película inteligente y escalofriante. Es la historia de
un hombre solitario y lleno de ira. Las ratas son una
manifestación de la ira de Willard y si no se deshace de ella
literalmente se le comerá”.
Crispin
Glover, un actor enigmático cuyos créditos anteriores incluyen
Regreso al futuro, River’s Edge y Los ángeles de Charlie (además
de la segunda entrega – Los ángeles de Charlie: Full Throttle -
que se estrenará este verano) señala que el guión de Morgan hace
referencia a muchos temas clásicos: “Aunque parezca raro, esta
película, más que el libro y la película anterior, tiene muchas
similitudes estructurales y de personaje con Hamlet. Hamlet es
un personaje incapaz de tomar decisiones y no actúa hasta que es
demasiado tarde. Tenemos al padre muerto que sigue estando
presente como fantasma. Y la relación íntima con la madre.
Después tenemos la contemplación del suicidio, la escena del
‘ser o no ser’ de Willard”. Pero aunque Willard tome prestados
muchos elementos de esta tragedia sigue siendo una película de
terror que mezcla el suspense psicológico con lo que Glover
llama “el elemento de fantasía realzado” de las ratas asesinas.
Glen
Morgan dotó a las dos ratas más destacadas – Sócrates y Ben – de
características que reflejan el estado mental de Willard o de
personas claves en su vida. Por ejemplo, Sócrates pierde a su
madre, al igual que Willard, mientras que Ben posee rasgos de la
personalidad de su padre. Para Morgan “las dos ratas representan
nuestro lado bueno y malo. Willard llega a querer a la pequeña
rata (Sócrates) que sale del sótano pero finalmente opta por el
camino de Ben”.
Añadiendo
un toque de psicoanálisis freudiano a la mezcla, Glover explica
que “existen elementos del Ello y del Superego. En términos
estrictamente freudianos, es como si las ratas hicieran realidad
los deseos de Willard pero también le indican lo que puede o no
puede hacer”.
La
infestación de las ratas comienza en el sótano de la casa de los
Stiles que, en palabras del productor de diseño Mark Freeborn,
es “una compilación de mis recuerdos y de los de Glen del peor
sótano del mundo”. En la secuencia de apertura de la película se
funden los fusibles dejando el sótano en la más absoluta
oscuridad para el resto del filme. “Es una cueva”, explica
Freeborn. “El suelo está levantado, hay grietas en las paredes y
la poca luz que se filtra lo hace a través de agujeros que hay
en los cimientos. Las tuberías originales, ya reventadas, han
sido reemplazadas. Está lleno de cosas abandonadas por sus
habitantes a lo largo de ochenta años. Así que nunca sabes lo
que puede salir de allí. Incluso sin las ratas tiene su propia
personalidad”.
De hecho,
la casa se convierte en un auténtico personaje que, como las
ratas, refleja el estado psíquico de Willard. Construida con el
estilo propio de finales del siglo diecinueve, la casa
representa la grandeza e idealismo de esa época – o al menos
intenta crear esa ilusión – pero los muebles son de los años
setenta, lo cual indica cuándo la situación de la familia
empeoró. El salón, que no recibe visitas desde hace muchos años,
ha sido convertido en un santuario al padre de Willard. Su
retrato observa a la familia desde detrás de la urna de cenizas.
Es una casa centrada en la muerte y la amenaza de morir. Es una
casa y una familia en descomposición. Y aquí se encuentra
Willard: atrapado en los años setenta y en la adolescencia. En
opinión de Freeborn “la casa cobra verdadera vida en el filme.
Subraya la personalidad de Willard y se deteriora al igual que
él”.
El Sr.
Martin, el sádico jefe de Willard, también hace lo que puede
para deteriorar la casa de los Stiles. Glover ve la casa como
una representación de la herencia de Willard: “El objetivo final
del Sr. Martin será destrozar la casa. Hay muchas cosas que
corroen los cimientos, no sólo las ratas. Todo ello contribuye a
minar el pasado de Willard y eso le conducirá a un fuerte trauma
psicológico”.
El intento
del Sr. Martin de apropiarse de la casa representará el último
clavo del que Martin espera sea el ataúd de Willard. Involucrado
en el suicidio del padre de Willard, Martin no descansará hasta
que no se haya librado de la amenaza que golpea su conciencia,
si es que tiene.
R. Lee
Eremy, que interpreta al malvado Martin, describe su personaje
como “cruel y despiadado. No tiene ningún rasgo positivo. Hace
que Willard confíe demasiado y cuando menos lo espera le coge
por el cuello y le destroza”. El abuso toma muchas formas: acoso
verbal, castigo público, multas, todos ellos calculados para
hacer el máximo daño posible.
Sólo hay
una persona – Cathryn - que comprende el sufrimiento de Willard
y hace frente al Sr. Martin en su nombre. Laura Elena Harring,
que fascinó a los espectadores en Mulholland Drive, de David
Lynch, califica a Cathryn como “el pequeño rayo de sol en la
vida de Willard y en la oficina. También estuvo perdida una vez,
así que entiende la situación de Willard e intenta ayudarle”.
En opinión
de Glen Morgan, “Cathryn ofrece a Willard la posibilidad de
escapar de su jefe y de su vida en casa y parte de la tragedia
consiste en que él no lo comprende”.
Si el
Willard de Glover no nos produce suficientes escalofríos seguro
que las ratas sí lo harán. Mientras que Sócrates es una rata
albina de Noruega, con aspecto inocuo e incluso gracioso, Ben es
una rata africana de Gambia, la rata más grande del mundo y
cinco veces el tamaño de las ratas noruegas que todos conocemos.
“Glen
Morgan veía a Ben como la clase de rata que la gente ve
acechando en las sombras de Nueva York”, comenta el productor
ejecutivo Bill Carraro. “El tipo de rata de la que dices ’era
más grande que mi gato’. Creo que Ben es uno de los elementos
más escalofriantes de la película”.
Testaruda
y vengativa, la lucha de Ben por el control a menudo se torna
violenta. Cuando Ben exige compartir la habitación con Willard y
Sócrates, Willard la echa y después le dice a Sócrates – la
figura “materna” – de una forma claramente edípica: “Tiene que
aprender. Yo, soy el jefe”.
La
cualidad humana de las ratas se hace posible a través del uso de
nuevas tecnologías que permiten ajustar la expresión de las
caras durante la post-producción, dando a los animales un rango
más amplio de emociones. “Si no conseguimos lo que queremos de
los animales o bien mediante el uso de la animatrónica, tenemos
la posibilidad de modificar los movimientos o expresiones a
través del ordenador”, explica Bill Carraro.
Laura
Elena Harring se quedó impresionada por la forma en que las
emociones de los animales se trasladaron a la pantalla: “Queda
muy evidente la dinámica de poder y celos entre Ben y Sócrates.
Todos los conflictos que tenemos los humanos los sufren las
ratas también”.
El
coordinador de efectos con los animales, Boone Narr, señala que
las imágenes creadas por ordenador no sólo hacen que las ratas
parezcan más humanas sino que también inspiran más miedo.
“Willard se diferencia de la primera película en la tecnología,
que ha progresado enormemente. Ahora podemos hacer cosas con la
cámara para aumentar el miedo que dan las ratas”.
El
productor y director de la segunda unidad, James Wong, añaden
que tienen muchos más recursos para reflejar el ataque de las
ratas, su forma de agruparse y la cantidad de ellas. “Es mucho
más creíble y produce mucho más suspense que la película
original”.
Con un
listón más alto en términos de acción y efectos visuales, el
equipo se esforzó por intensificar todos los aspectos de las
ratas. “No sólo vemos a las ratas corriendo de un lado a otro
sino que las vemos destrozando ruedas y atacando los muebles”,
explica Bill Carraro. “Cuando ruedas una película de suspense o
de terror quieres explorar los miedos de las personas, las cosas
que hacen que los espectadores se sientan incómodos y la verdad
es que la mayoría de las personas tienen miedo de los roedores,
especialmente de las ratas. Sólo el ruido que hacen y la imagen
de cientos de ellas pululando por el suelo son suficientes para
asustarnos a la mayoría”.
Aunque en
muchos sentidos las ratas son las protagonistas de la película,
Laura Elena Harring señala que el guión de Glen Morgan es
efectivo precisamente porque va más allá del miedo y crea una
película sobre “el dolor, la humillación y la falta de compasión
que a veces tenemos”. La falta de compasión a menudo mata.
Glen
Morgan y James Wong son colaboradores desde 1983, aunque de
forma más notable en la serie Expediente X. Después de rodar la
película Destino Final (coescrita por los dos pero con Wong como
director y Morgan como productor) descubrieron que había una
productora que buscaba hacer nuevas versiones de películas de
terror de finales de los años sesenta y setenta. Sin embargo,
nunca mencionaron Willard (La revolución de las ratas). Un día
Glen Morgan pasaba en coche con su mujer por delante del
edificio de New Line y esta película se le vino a la cabeza.
Después de
adquirir los derechos, Morgan se puso a desarrollar un proyecto
que sería una versión contemporánea y llena de suspense de la
película original. Para el productor ejecutivo Bill Carraro uno
de los mayores retos que presentaba el proyecto de Morgan era
mantenerse fiel al guión: “Lo que había visualizado acerca de
las acciones de las ratas y los sentimientos de los personajes
cuando interactuaban con ellas se salía de la página escrita.
Pero muchos elementos del guión tenían que ver con el diseño del
sonido y la interacción con las ratas y no son cosas fáciles de
trasladar a la pantalla”.
Después de
probar con distintas combinaciones de ratas vivas, ratas
generadas por ordenador y animatrónica, los cineastas finalmente
decidieron mezclar las tres técnicas. “Ninguna de las tres
formas por separado se podía aplicar a la totalidad de la
película, así que optamos por entrelazar las tres técnicas para
conseguir una presentación perfecta de las secuencias de las
ratas”, afirma Morgan.
Con este
fin los productores empezaron a reunir el equipo, con Boone Narr
como coordinador de efectos con los animales y Rick Lazzarini
como responsable de animatrónica. Narr, que trabajó con ratas en
Un ratoncito duro de roer y La milla verde, había jurado no
volver a hacer más películas con ratas, pero la posibilidad de
rodar Willard le hizo cambiar de parecer. “Es la película
definitiva sobre ratas”, explica.
Lazzarini,
que había visto la película original, estuvo desde un principio
interesado en incorporarse al proyecto aunque pronto descubrió
que iba a ser más complicado de lo que había imaginado: “Nos han
pedido crear animales realistas para muchas y muy diferentes
películas y éste parecía un proyecto más pequeño de lo normal.
Pero Glen Morgan me dijo, ‘No, te equivocas. Es una rata muy
grande. Es una rata africana de Gambia’”.
Mientras
Narr y Lazzarini comenzaban a desarrollar sus trabajos
respectivos, Morgan y los productores empezaron a trabajar en el
reparto. Por supuesto, el primer papel que tenían que cubrir era
el de Willard. Contactaron a Crispin Glover y mientras esperaban
una decisión se pusieron a buscar actores para los otros
papeles. Durante este tiempo un agente le dijo a un ejecutivo de
New Line: “Si Crispin Glover interpreta a Willard querré ver la
película 75 veces y aún así no estaré satisfecho”. Con este
comentario se cimentó el acuerdo con Glover y el director
reconoce que ahora entiende por qué el agente quería verle en
ese papel: “Es un actor muy profesional y lo hizo suyo”.
Calificado
por muchas personas como “el Willard perfecto”, Glover está de
acuerdo con esta valoración: “Creo que encajaba muy bien en el
papel. Se nota que Willard no se relaciona con la cultura que le
rodea y que posee una cualidad extraña. Creo que eso es algo que
puedo retratar bien”.
Los
coprotagonistas de Glover también lo reconocen. “Creo que sin
Crispin Glover no hubiéramos encontrado al verdadero Willard,
aunque hubiéramos buscado en todo el mundo”, afirma R. Lee
Ermey. “Crispin encaja en el personaje de Willard como si
calzara un par de viejos y cómodos zapatos. Es fantástico. Todos
comprenderán la intensidad que es capaz de proyectar”. Por su
parte, Laura Elena Harring declara que “Crispin interpreta a
Willard como si realmente fuera él. Cuando sonríe es tan
inocente y tan hermoso porque detrás está todo el dolor”.
Para R.
Lee Ermey el personaje del Sr. Martin era completamente distinto
de cualquier otro que haya interpretado. Ya había colaborado con
Glen Morgan en la serie televisiva Space: Above and Beyond y se
sintió muy halagado por el hecho de que Morgan quisiera volver a
trabajar con él.
Con Glover
y Ermey a bordo, Morgan emprendió la búsqueda de la protagonista
femenina. El director de casting, John Papsidera, estaba
decidido a conseguir a Laura Elena Harring, aunque a Morgan le
parecía imposible que quisiera incorporarse a un proyecto de
este tipo: “De verdad pensaba que no le interesaría. Además, es
difícil juzgar a un actor en una película de David Lynch porque
las interpretaciones y los personajes son únicos. Vi Mulholland
Drive y el personaje de Laura es completamente distinto del de
Willard. Pero hablé con ella por teléfono y comprendió
perfectamente la película. Es una actriz maravillosa”.
Harring
recuerda bien aquella llamada. “Me gustó mucho mi primera
conversación con Glen. Cuando leí el guión de Willard pensé, ‘es
una mezcla de Los pájaros y Psicosis’, así que cuando Glen me
comentó que quería rodarlo como Los pájaros y Psicosis supe que
tenía que hacerlo”.
Crispin
Glover no tiene más que elogios para su coprotagonista, cuya
interpretación le pareció muy real. “Lo más importante de
Cathryn es la empatía que tiene con Willard,” comenta el actor.
“Y Laura lo expresa muy fácilmente. Es una actriz estupenda y
proyecta muy bien esa cualidad”.
Jackie
Burroughs completa el reparto en el papel de la Sra. Stiles, la
madre de Willard. Glover señala que Burroughs tuvo que
transformarse para el papel: “Interpreta a un personaje muy
distinto de ella misma. Esa es una de las cosas que más me gusta
de la interpretación. Hay momentos que funcionan muy bien y los
puedes incorporar a la psicología de tu personaje y guardarlos
en la memoria. Todos – Jackie, Lee y Laura – crearon unos
retratos muy intensos”.
Jackie
Burroughs incluso quería interpretar a su personaje como cadáver
en la escena del funeral pero Morgan rechazó su oferta. “Sabe
muy bien lo que quiere”, explica la actriz. “No quería ver
ningún error humano ni arriesgarse a que se le moviera un solo
dedo”.
R. Lee
Ermey cree que es precisamente este perfeccionismo el que hará
que Willard destaque de otras películas: “Una de las razones por
las que va a ser una película estupenda es el propio Glen
Morgan. He visto lo que hemos rodado y no deja piedra sin mover.
Repetimos hasta que salió perfecto”.
Morgan
también hace referencias humorísticas a la película original y a
su trabajo en Expediente X. Seguidores de la serie se divertirán
viendo al gato Scully que encuentra la muerte durante una
macabra interpretación de la canción de Michael Jackson titulada
“Ben”. El retrato del padre de Willard es de Bruce Davidson, el
actor que encarnó al primer Willard. Y después el director ha
jugado dando a los animales nombres humanos y a los humanos
nombres de animales como Martin (una especie de golondrina), Cat
(gato), Leach (una adaptación de la palabra leech, sanguijuela),
Foxx (zorro), Salmón, etc. Asimismo, Rick Lazzarini avisa a los
espectadores que presten atención a lo que ha hecho el
departamento de arte con las señales en las paredes.
Esta era
la parte divertida pero la otra cara del rodaje era tratar con
las ratas. El productor ejecutivo Bill Carraro recuerda que
había muchos admiradores de la película original y de películas
de terror en general que eran incapaces de hacerse a la idea de
pasar muchas semanas rodeados de ratas. Morgan también apunta
que muchos posibles miembros del equipo ni siquiera querían
hacer una entrevista a causa de las ratas.
Una vez
iniciado el rodaje la tensión se redujo. El coordinador de
efectos con animales, Boone Narr recuerda que “durante los
primeros días nadie quería acercarse ni a los adiestradores ni a
las ratas. Después todos empezaron a acercarse, todos querían
coger a las ratas y al final del rodaje todo el mundo quería
llevarse una a casa”.
Durante la
preproducción Narr y su equipo emplearon su tiempo con los
actores a fin de aclimatarlos a las ratas. A nadie le apetecía
hacerlo y menos a los actores pero Narr comenta que era esencial
que superasen sus miedos, especialmente Crispin Glover, cuyo
personaje es amigo de las ratas: “Reconozco que es muy duro
decirle a alguien, ‘mira, te voy a cubrir de ratas y vas a estar
bien, no va a haber problemas’”.
“Es una
película sobre ratas así que tienes que enfrentarte a tus
miedos”, afirma Laura Elena Harring. “Tienes que enfrentarte a
las ideas preconcebidas que tienes acerca de ellas. A mí me
gustan los retos y hacer cosas que me obliguen a enfrentarme a
mis miedos. Así que eso es lo que hice”.
A pesar de
todos los preparativos, Bill Carraro recuerda riéndose que “hubo
algunos momentos en el rodaje en que miembros clave del reparto
no se mostraron tan valientes como lo habían sido durante las
pruebas o en el periodo de ensayos”. Pero también hubo momentos
de cariño. R. Lee Ermey recuerda especialmente a una rata hembra
que tenía que correr hacia la comida junto con cientos de otras
ratas: “Avanzaría unos tres metros y después se tumbaría
buscando a alguien que le rasgara la barriga. Era mi favorita”.
Trabajar
con animales cambia completamente el planteamiento del rodaje.
Para Bill Carraro es un reto porque hay que tomar medidas de
seguridad, coordinarse con la Asociación Defensora de los
Animales de Estados Unidos, vigilar la salud de los animales y
hacer saber al equipo y al reparto las limitaciones que existen.
Esto es muy importante por ejemplo al rodar escenas violentas.
“Cuando ruedas una escena en la que se supone que el actor lucha
con un animal tienes que tomar medidas para proteger al animal
durante la toma”.
Todos los
decorados fueron diseñados para que tuvieran cabida para los
amaestradores, los controladores de los muñecos de las ratas y
los supervisores de los efectos digitales. “Y después teníamos
que decidir cómo íbamos a rodarlo”, recuerda Carraro.
Los
instintos animales se convirtieron en una preocupación constante
(particularmente con los gatos trabajando en la película) pero
lo más inquietante fueron las ratas de Gambia que interpretan a
Ben. El productor James Wong explica que son esencialmente
animales salvajes: “No son la especie de rata que se vende en
tiendas de mascotas y estábamos preocupados por si resultarían
demasiado agresivas. De hecho, cuando llegaron eran
extremadamente agresivas. Si acercabas la mano a la jaula te
mordían. Pero después de un tiempo los amaestradores se dieron
cuenta de que si las dejaban salir de la jaula se
tranquilizaban. Simplemente estaban estableciendo su territorio.
Así que si trabajas con una rata de Gambia lo que hay que hacer
es dejarle salir del saco y no meter la mano”.
La
habilidad de los amaestradores y los detallados storyboards de
Glen Morgan contribuyeron en gran medida a un rodaje fluido y
sin problemas. Crispin Glover, el actor que pasó más tiempo con
las ratas, agradeció el gran esfuerzo de sus compañeros: “Como
todo aparecía dibujado en los storyboards, los amaestradores
sabían exactamente lo que las ratas tenían que hacer en cada
toma y las entrenaban para hacer esa acción específica. Todo
salió muy bien y resultó muy fácil trabajar con ellas”.
Glover va
más allá diciendo que las ratas en realidad eran compañeras de
reparto: “En una de las primeras escenas que rodé estaba con mi
madre en la funeraria presentándola a Sócrates por primera vez
desde que la había escondido. Era una escena bastante cargada de
emoción y la rata me facilitó mucho las cosas haciendo
exactamente lo que tenía que hacer en el momento apropiado”.
Trabajar
con las ratas también planteó varios problemas para los equipos
de diseño y fotografía. Para Mark Freeborn - diseñador de
producción – las ratas eran “la fuerza motriz en la construcción
de los decorados”. Aunque inicialmente no tenían muy claro cómo
acomodar a las ratas, Freeborn y su equipo decidieron
simplemente adaptar el proceso de producción según las
necesidades de los amaestradores. Y como Boone Narr entrena a
los animales de acuerdo con el espacio disponible, esto resultó
más fácil de lo que esperaban. “Sin embargo, tuvimos que
asegurarnos de que no había huecos en la parte inferior de los
decorados porque a los bichos les encantaba escaparse”, añade
Freeborn. “Gran parte de la acción de la película tiene lugar en
el suelo, así que tuvimos que asegurarnos de que todo pareciera
real a ese nivel, con suelos de madera, rodapiés, molduras,
etc.”.
Mientras
Freeborn se encargaba de los detalles físicos, el director de
fotografía Rob McLachlan – que, al igual que Freeborn, había
trabajado con Glen Morgan y James Wong en Millenium – tuvo que
buscar la manera de filmar a las ratas y conseguir el ambiente
que quería Morgan. Se sorprendió cuando descubrió que las ratas
también pueden ser divas: “Sócrates era un poco difícil al
principio. Insistió en que filmáramos sólo su perfil derecho. Y
las ratas que encarnan a Ben se pusieron muy nerviosas la
primera vez que rodamos. Los amaestradores hicieron un trabajo
estupendo para tranquilizarlas pero aún así tuvimos problemas
para que se quedaran quietas y así dar una imagen realmente
amenazadora. Tuvimos que filmar a Ben a una velocidad de 96
fotogramas por segundo para ralentizar la acción y hacer sus
movimientos más pesados, dando de ese modo la sensación de que
era un personaje maligno”.
El segundo
problema era cómo iluminar a las ratas que, según McLachlan, con
mucha luz “parecían demasiado simpáticas. Tenían los ojitos muy
brillantes, una bonitas orejitas y cuando se limpian son
simpatiquísimas. Cuando redujimos la luz se convirtieron en unas
formas en el suelo con largas colas y de repente eran bichos que
daban miedo. Era un equilibrio difícil de encontrar porque
queríamos mostrar los detalles – que eran ratas de verdad – pero
por otra parte no queríamos que parecieran mascotas”.
McLachlan
descubrió que disminuir la intensidad de la luz beneficiaba no
sólo el efecto de las ratas sino también el conjunto de la
película: “Cuando te encuentras con ratas en un ambiente urbano
sueles verlas de reojo. Son sombras o formas y eso da mucho más
miedo que verlas con mucha luz. Es la clásica situación en que
te da más miedo lo que no ves en la pantalla que lo que ves
claramente y permite dar rienda suelta a la imaginación”.
“El
problema con las ratas es que nunca sabes donde están”, comenta
Laura Elena Harring. “Pueden estar en las paredes, justo al lado
tuyo, y no tienes ni idea. En cuanto apagas las luces las ratas
aparecen. Cuando las enciendes vuelven a desaparecer. Son
supervivientes, guerreros. Tienen que ser muy listas”.
La actriz
tiene motivos para decirlo tras haber sobrevivido a un encuentro
con una rata gigante. Cuando estuvo rodando en la India fue al
cine un día. “Oí un crujido y luego otro y otro, como si alguien
masticara plástico”, recuerda. “Me asusté un poco, así que puse
los pies en el asiento de delante. Era un cine enorme y vacío.
En el descanso salieron corriendo todas las ratas, una ratas
gigantescas que pasaron delante de la pantalla. Fue espantoso y
decidí marcharme. Sólo pensar que en cuanto bajasen las
luces...”.
McLachlan
se esforzó por cumplir los deseos de Morgan y Wong de apartarse
de las tradicionales películas de terror. “Querían que pareciera
un drama doméstico donde todos los lugares, la iluminación y los
demás elementos resultaran muy familiares”, comenta McLachlan.
“Así que no tenemos rayos de luz de luna que entran por la
ventana y que indican inmediatamente ‘película de terror’. Es un
reto mayor asustar a la gente a plena luz del día y en
situaciones familiares”.
La
película se desarrolla en un entorno urbano donde la principal
fuente de luz por la noche son las farolas. McLachlan explica
que las farolas tienen una luz de sodio, “de un desagradable
color entre amarillo y naranja que no favorece nada. Es una luz
muy macabra, siempre un poco subexpuesta, un poco lúgubre. Es el
color de la noche en el mundo de Willard”.
Además del
cuidadoso uso de la luz, McLachlan intentó usar la cámara lo
máximo posible para definir los personajes y las relaciones
entre ellos en la historia. En este punto, el director de
fotografía y Morgan tenían la misma visión. “Glen tenía algunas
ideas muy específicas acerca del uso de la cámara”, cuenta
McLachlan, “y la altura del objetivo con respecto a Willard en
ciertos momentos en la historia. De una perspectiva imponente e
intimidante pasamos a una posición de cámara más bajo cuando
Willard empieza a sentirse más poderoso y seguro de sí mismo con
las ratas asesinas apoyándole”.
McLachlan
y Morgan hicieron pruebas con Crispín Glover y descubrieron que
los objetivos de gran angular funcionaban incluso mejor de lo
que esperaban porque acentúan los rasgos del actor e incluyen
más elementos del entorno. Así el entorno gana más importancia
en el desarrollo del personaje. Al principio de la película
filmaron a Willard utilizando objetivos normales, especialmente
en escenas con Cathryn y su madre. McLachlan señala que con este
tipo de objetivo Willard parece “muy normal, un buen tipo. Le
tienes lástima”. Pero cuando Willard empieza a cambiar, la
relación de la cámara con él también cambia. Cuando comienza a
perder el control los ángulos se hacen cada vez más grandes y al
final McLachlan utilizó el gran angular para filmar primeros
planos, lo cual “empuja” a Willard hacia los espectadores.
De acuerdo
con la intención de Morgan de invocar el espíritu de Hitchcock,
en la película se advierte la influencia del maestro del
suspense. Se ve en el movimiento de la cámara que se traslada
despacio, en tomas con grúas que se acercan lentamente a puertas
cerradas y en movimientos de cámara que no siempre son fluidos
sino que se detienen y vuelven a arrancar abruptamente durante
una misma toma.
El trabajo
con la cámara de McLachlan fue apoyado por los diseños de los
decorados de Mark Freeborn. El más importante era el de la casa
de los Stiles, una casa que según Freeborn “se derrumba al mismo
ritmo que se derrumba Willard, acercándose a la locura”.
Decidieron utilizar el mínimo de luz artificial, creando el
ambiente a través de la luz natural que entraba desde el
exterior para así sugerir un ambiente de cueva o nido.
El sótano
era un elemento clave dada su importancia en el mensaje visual
de la película. Allí la principal fuente de luz era una vieja
cocina “octopus”, un objeto difícil de conseguir y que se
convirtió en un elemento más importante de lo que en un
principio habían pensado. “No queríamos tener nada de luz
artificial en el sótano”, comenta Freeborn. “Queríamos crear un
espacio que reflejara mis recuerdos y los de Glen del peor
sótano del mundo”.
En cuanto
al resto de la casa, Morgan fue fiel a la película original
porque quería que la esencia de aquélla fuese parte de la casa
en esta nueva película. Pero crear una casa de Nueva York en
Vancouver, donde se rodó el filme, es toda una aventura
principalmente porque los métodos de construcción son
completamente distintos. Según Freeborn, “Nueva York es una
ciudad de ladrillo y piedra mientras que Vancouver es de
madera”.
Por
suerte, el jefe de localizaciones - Danny Williams - no es un
hombre que se limite a seguir el camino trillado y le interesa
encontrar cosas nuevas en cada viaje. El equipo examinó todos
los lugares habituales pero ninguno encajaba con la película.
Por casualidad descubrieron una casa de ladrillo apartada de los
demás edificios. Estaba en un alto y dominaba el barrio. El
interior se parecía mucho a la imagen que tenían de la casa de
los Stiles y, según Freeborn, “si hubiera sido un poco más
grande y no hubiéramos tenido que contar con las ratas,
podríamos haber rodado toda la película allí”.
Le casa
tenía su propia historia, que reflejaba la de la película. “Los
propietarios la abandonaron a mediados de los años 70 dejando
allí todos los muebles, y eso encajaba perfectamente con el
filme porque el declive de la familia Stiles empieza en esa
época”, explica McLachlan. “Para la habitación de la madre
usamos muchos elementos de la casa porque creaban el ambiente
que buscábamos. También aportó el olor a descomposición. Cuando
Jackie Burroughs vio la habitación por primera vez se quedó
alucinada”.
Además de
los temas de la muerte y la desintegración, la película está
dominada por imágenes que sugieren el aislamiento de Willard.
Freeborn señala que la película es muy lineal: “Hay muchas
líneas verticales. Todos – Willard, Martin, las ratas – están
atrapados. Todos las ventanas tienen barrotes. Toda la madera
tiene la veta muy marcada. El ascensor en la oficina de Willard
es del tipo abierto con una malla metálica, una culminación de
la idea de estar atrapado en una jaula”.
1. La
producción
2.
Las ratas
3. El
reparto
4. El
equipo técnico
Imágenes y notas
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