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WILLARD


Dirección: Glen Morgan.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 100 min.
Interpretación: Crispin Glover (Willard), R. Lee Ermey (Frank Martin), Laura Elena Harring (Cathryn), Jackie Burroughs (Sra. Stiles), Kim McKamy (Srta. Leach), William S. Taylor (Sr. Garter), Gus Lynch (George Foxx); Laara Sadiq (Janice), David Parker (Detective Boxer), Kristen Cole (Dr. Bludworth).
Guión: Glen Morgan; basado en el libro 'Ratman's Notebook' de Stephen Gilbert.
Producción: Glen Morgan y James Wong.
Música: Shirley Walker.
Fotografía:
Robert McLachlan.
Montaje: James Coblentz.
Diseño de producción: Mark S. Freeborn.
Dirección artística: Catherine Ircha.
Vestuario: Gregory B. Mah.
Estreno en USA: 14 Marzo 2003.
Estreno en España: 20 Junio 2003.

 

CÓMO SE HIZO SE HIZO "WILLARD"
Notas de producción
© 2003 TriPictures

1. La producción

  Aunque está basada en la novela Ratman’s Notebooks de Stephen Gilbert y en la película de terror La revolución de las ratas, el guionista y director Glen Morgan adopta un planteamiento nuevo en Willard. Gran admirador de Hitchcock, Morgan imaginaba un drama de terror psicológico que combinara elementos de Psicosis y Los pájaros. De hecho, antes de iniciar la producción, hizo una proyección de estas dos películas para que el equipo supiera lo que buscaba. En palabras del director, lo que querían rodar era “una película inteligente y escalofriante. Es la historia de un hombre solitario y lleno de ira. Las ratas son una manifestación de la ira de Willard y si no se deshace de ella literalmente se le comerá”.

  Crispin Glover, un actor enigmático cuyos créditos anteriores incluyen Regreso al futuro, River’s Edge y Los ángeles de Charlie (además de la segunda entrega – Los ángeles de Charlie: Full Throttle - que se estrenará este verano) señala que el guión de Morgan hace referencia a muchos temas clásicos: “Aunque parezca raro, esta película, más que el libro y la película anterior, tiene muchas similitudes estructurales y de personaje con Hamlet. Hamlet es un personaje incapaz de tomar decisiones y no actúa hasta que es demasiado tarde. Tenemos al padre muerto que sigue estando presente como fantasma. Y la relación íntima con la madre. Después tenemos la contemplación del suicidio, la escena del ‘ser o no ser’ de Willard”. Pero aunque Willard tome prestados muchos elementos de esta tragedia sigue siendo una película de terror que mezcla el suspense psicológico con lo que Glover llama “el elemento de fantasía realzado” de las ratas asesinas.

  Glen Morgan dotó a las dos ratas más destacadas – Sócrates y Ben – de características que reflejan el estado mental de Willard o de personas claves en su vida. Por ejemplo, Sócrates pierde a su madre, al igual que Willard, mientras que Ben posee rasgos de la personalidad de su padre. Para Morgan “las dos ratas representan nuestro lado bueno y malo. Willard llega a querer a la pequeña rata (Sócrates) que sale del sótano pero finalmente opta por el camino de Ben”.

  Añadiendo un toque de psicoanálisis freudiano a la mezcla, Glover explica que “existen elementos del Ello y del Superego. En términos estrictamente freudianos, es como si las ratas hicieran realidad los deseos de Willard pero también le indican lo que puede o no puede hacer”.

  La infestación de las ratas comienza en el sótano de la casa de los Stiles que, en palabras del productor de diseño Mark Freeborn, es “una compilación de mis recuerdos y de los de Glen del peor sótano del mundo”. En la secuencia de apertura de la película se funden los fusibles dejando el sótano en la más absoluta oscuridad para el resto del filme. “Es una cueva”, explica Freeborn. “El suelo está levantado, hay grietas en las paredes y la poca luz que se filtra lo hace a través de agujeros que hay en los cimientos. Las tuberías originales, ya reventadas, han sido reemplazadas. Está lleno de cosas abandonadas por sus habitantes a lo largo de ochenta años. Así que nunca sabes lo que puede salir de allí. Incluso sin las ratas tiene su propia personalidad”.

  De hecho, la casa se convierte en un auténtico personaje que, como las ratas, refleja el estado psíquico de Willard. Construida con el estilo propio de finales del siglo diecinueve, la casa representa la grandeza e idealismo de esa época – o al menos intenta crear esa ilusión – pero los muebles son de los años setenta, lo cual indica cuándo la situación de la familia empeoró. El salón, que no recibe visitas desde hace muchos años, ha sido convertido en un santuario al padre de Willard. Su retrato observa a la familia desde detrás de la urna de cenizas. Es una casa centrada en la muerte y la amenaza de morir. Es una casa y una familia en descomposición. Y aquí se encuentra Willard: atrapado en los años setenta y en la adolescencia. En opinión de Freeborn “la casa cobra verdadera vida en el filme. Subraya la personalidad de Willard y se deteriora al igual que él”.

  El Sr. Martin, el sádico jefe de Willard, también hace lo que puede para deteriorar la casa de los Stiles. Glover ve la casa como una representación de la herencia de Willard: “El objetivo final del Sr. Martin será destrozar la casa. Hay muchas cosas que corroen los cimientos, no sólo las ratas. Todo ello contribuye a minar el pasado de Willard y eso le conducirá a un fuerte trauma psicológico”.

  El intento del Sr. Martin de apropiarse de la casa representará el último clavo del que Martin espera sea el ataúd de Willard. Involucrado en el suicidio del padre de Willard, Martin no descansará hasta que no se haya librado de la amenaza que golpea su conciencia, si es que tiene.

  R. Lee Eremy, que interpreta al malvado Martin, describe su personaje como “cruel y despiadado. No tiene ningún rasgo positivo. Hace que Willard confíe demasiado y cuando menos lo espera le coge por el cuello y le destroza”. El abuso toma muchas formas: acoso verbal, castigo público, multas, todos ellos calculados para hacer el máximo daño posible.

  Sólo hay una persona – Cathryn - que comprende el sufrimiento de Willard y hace frente al Sr. Martin en su nombre. Laura Elena Harring, que fascinó a los espectadores en Mulholland Drive, de David Lynch, califica a Cathryn como “el pequeño rayo de sol en la vida de Willard y en la oficina. También estuvo perdida una vez, así que entiende la situación de Willard e intenta ayudarle”.

  En opinión de Glen Morgan, “Cathryn ofrece a Willard la posibilidad de escapar de su jefe y de su vida en casa y parte de la tragedia consiste en que él no lo comprende”.

  Si el Willard de Glover no nos produce suficientes escalofríos seguro que las ratas sí lo harán. Mientras que Sócrates es una rata albina de Noruega, con aspecto inocuo e incluso gracioso, Ben es una rata africana de Gambia, la rata más grande del mundo y cinco veces el tamaño de las ratas noruegas que todos conocemos.

  “Glen Morgan veía a Ben como la clase de rata que la gente ve acechando en las sombras de Nueva York”, comenta el productor ejecutivo Bill Carraro. “El tipo de rata de la que dices ’era más grande que mi gato’. Creo que Ben es uno de los elementos más escalofriantes de la película”.

  Testaruda y vengativa, la lucha de Ben por el control a menudo se torna violenta. Cuando Ben exige compartir la habitación con Willard y Sócrates, Willard la echa y después le dice a Sócrates – la figura “materna” – de una forma claramente edípica: “Tiene que aprender. Yo, soy el jefe”.

  La cualidad humana de las ratas se hace posible a través del uso de nuevas tecnologías que permiten ajustar la expresión de las caras durante la post-producción, dando a los animales un rango más amplio de emociones. “Si no conseguimos lo que queremos de los animales o bien mediante el uso de la animatrónica, tenemos la posibilidad de modificar los movimientos o expresiones a través del ordenador”, explica Bill Carraro.

  Laura Elena Harring se quedó impresionada por la forma en que las emociones de los animales se trasladaron a la pantalla: “Queda muy evidente la dinámica de poder y celos entre Ben y Sócrates. Todos los conflictos que tenemos los humanos los sufren las ratas también”.

  El coordinador de efectos con los animales, Boone Narr, señala que las imágenes creadas por ordenador no sólo hacen que las ratas parezcan más humanas sino que también inspiran más miedo. “Willard se diferencia de la primera película en la tecnología, que ha progresado enormemente. Ahora podemos hacer cosas con la cámara para aumentar el miedo que dan las ratas”.

  El productor y director de la segunda unidad, James Wong, añaden que tienen muchos más recursos para reflejar el ataque de las ratas, su forma de agruparse y la cantidad de ellas. “Es mucho más creíble y produce mucho más suspense que la película original”.

  Con un listón más alto en términos de acción y efectos visuales, el equipo se esforzó por intensificar todos los aspectos de las ratas. “No sólo vemos a las ratas corriendo de un lado a otro sino que las vemos destrozando ruedas y atacando los muebles”, explica Bill Carraro. “Cuando ruedas una película de suspense o de terror quieres explorar los miedos de las personas, las cosas que hacen que los espectadores se sientan incómodos y la verdad es que la mayoría de las personas tienen miedo de los roedores, especialmente de las ratas. Sólo el ruido que hacen y la imagen de cientos de ellas pululando por el suelo son suficientes para asustarnos a la mayoría”.

  Aunque en muchos sentidos las ratas son las protagonistas de la película, Laura Elena Harring señala que el guión de Glen Morgan es efectivo precisamente porque va más allá del miedo y crea una película sobre “el dolor, la humillación y la falta de compasión que a veces tenemos”. La falta de compasión a menudo mata.

  Glen Morgan y James Wong son colaboradores desde 1983, aunque de forma más notable en la serie Expediente X. Después de rodar la película Destino Final (coescrita por los dos pero con Wong como director y Morgan como productor) descubrieron que había una productora que buscaba hacer nuevas versiones de películas de terror de finales de los años sesenta y setenta. Sin embargo, nunca mencionaron Willard (La revolución de las ratas). Un día Glen Morgan pasaba en coche con su mujer por delante del edificio de New Line y esta película se le vino a la cabeza.

  Después de adquirir los derechos, Morgan se puso a desarrollar un proyecto que sería una versión contemporánea y llena de suspense de la película original. Para el productor ejecutivo Bill Carraro uno de los mayores retos que presentaba el proyecto de Morgan era mantenerse fiel al guión: “Lo que había visualizado acerca de las acciones de las ratas y los sentimientos de los personajes cuando interactuaban con ellas se salía de la página escrita. Pero muchos elementos del guión tenían que ver con el diseño del sonido y la interacción con las ratas y no son cosas fáciles de trasladar a la pantalla”.

  Después de probar con distintas combinaciones de ratas vivas, ratas generadas por ordenador y animatrónica, los cineastas finalmente decidieron mezclar las tres técnicas. “Ninguna de las tres formas por separado se podía aplicar a la totalidad de la película, así que optamos por entrelazar las tres técnicas para conseguir una presentación perfecta de las secuencias de las ratas”, afirma Morgan.

  Con este fin los productores empezaron a reunir el equipo, con Boone Narr como coordinador de efectos con los animales y Rick Lazzarini como responsable de animatrónica. Narr, que trabajó con ratas en Un ratoncito duro de roer y La milla verde, había jurado no volver a hacer más películas con ratas, pero la posibilidad de rodar Willard le hizo cambiar de parecer. “Es la película definitiva sobre ratas”, explica.

  Lazzarini, que había visto la película original, estuvo desde un principio interesado en incorporarse al proyecto aunque pronto descubrió que iba a ser más complicado de lo que había imaginado: “Nos han pedido crear animales realistas para muchas y muy diferentes películas y éste parecía un proyecto más pequeño de lo normal. Pero Glen Morgan me dijo, ‘No, te equivocas. Es una rata muy grande. Es una rata africana de Gambia’”.

  Mientras Narr y Lazzarini comenzaban a desarrollar sus trabajos respectivos, Morgan y los productores empezaron a trabajar en el reparto. Por supuesto, el primer papel que tenían que cubrir era el de Willard. Contactaron a Crispin Glover y mientras esperaban una decisión se pusieron a buscar actores para los otros papeles. Durante este tiempo un agente le dijo a un ejecutivo de New Line: “Si Crispin Glover interpreta a Willard querré ver la película 75 veces y aún así no estaré satisfecho”. Con este comentario se cimentó el acuerdo con Glover y el director reconoce que ahora entiende por qué el agente quería verle en ese papel: “Es un actor muy profesional y lo hizo suyo”.

  Calificado por muchas personas como “el Willard perfecto”, Glover está de acuerdo con esta valoración: “Creo que encajaba muy bien en el papel. Se nota que Willard no se relaciona con la cultura que le rodea y que posee una cualidad extraña. Creo que eso es algo que puedo retratar bien”.

  Los coprotagonistas de Glover también lo reconocen. “Creo que sin Crispin Glover no hubiéramos encontrado al verdadero Willard, aunque hubiéramos buscado en todo el mundo”, afirma R. Lee Ermey. “Crispin encaja en el personaje de Willard como si calzara un par de viejos y cómodos zapatos. Es fantástico. Todos comprenderán la intensidad que es capaz de proyectar”. Por su parte, Laura Elena Harring declara que “Crispin interpreta a Willard como si realmente fuera él. Cuando sonríe es tan inocente y tan hermoso porque detrás está todo el dolor”.

  Para R. Lee Ermey el personaje del Sr. Martin era completamente distinto de cualquier otro que haya interpretado. Ya había colaborado con Glen Morgan en la serie televisiva Space: Above and Beyond y se sintió muy halagado por el hecho de que Morgan quisiera volver a trabajar con él.

  Con Glover y Ermey a bordo, Morgan emprendió la búsqueda de la protagonista femenina. El director de casting, John Papsidera, estaba decidido a conseguir a Laura Elena Harring, aunque a Morgan le parecía imposible que quisiera incorporarse a un proyecto de este tipo: “De verdad pensaba que no le interesaría. Además, es difícil juzgar a un actor en una película de David Lynch porque las interpretaciones y los personajes son únicos. Vi Mulholland Drive y el personaje de Laura es completamente distinto del de Willard. Pero hablé con ella por teléfono y comprendió perfectamente la película. Es una actriz maravillosa”.

  Harring recuerda bien aquella llamada. “Me gustó mucho mi primera conversación con Glen. Cuando leí el guión de Willard pensé, ‘es una mezcla de Los pájaros y Psicosis’, así que cuando Glen me comentó que quería rodarlo como Los pájaros y Psicosis supe que tenía que hacerlo”.

  Crispin Glover no tiene más que elogios para su coprotagonista, cuya interpretación le pareció muy real. “Lo más importante de Cathryn es la empatía que tiene con Willard,” comenta el actor. “Y Laura lo expresa muy fácilmente. Es una actriz estupenda y proyecta muy bien esa cualidad”.

  Jackie Burroughs completa el reparto en el papel de la Sra. Stiles, la madre de Willard. Glover señala que Burroughs tuvo que transformarse para el papel: “Interpreta a un personaje muy distinto de ella misma. Esa es una de las cosas que más me gusta de la interpretación. Hay momentos que funcionan muy bien y los puedes incorporar a la psicología de tu personaje y guardarlos en la memoria. Todos – Jackie, Lee y Laura – crearon unos retratos muy intensos”.

  Jackie Burroughs incluso quería interpretar a su personaje como cadáver en la escena del funeral pero Morgan rechazó su oferta. “Sabe muy bien lo que quiere”, explica la actriz. “No quería ver ningún error humano ni arriesgarse a que se le moviera un solo dedo”.

  R. Lee Ermey cree que es precisamente este perfeccionismo el que hará que Willard destaque de otras películas: “Una de las razones por las que va a ser una película estupenda es el propio Glen Morgan. He visto lo que hemos rodado y no deja piedra sin mover. Repetimos hasta que salió perfecto”.

  Morgan también hace referencias humorísticas a la película original y a su trabajo en Expediente X. Seguidores de la serie se divertirán viendo al gato Scully que encuentra la muerte durante una macabra interpretación de la canción de Michael Jackson titulada “Ben”. El retrato del padre de Willard es de Bruce Davidson, el actor que encarnó al primer Willard. Y después el director ha jugado dando a los animales nombres humanos y a los humanos nombres de animales como Martin (una especie de golondrina), Cat (gato), Leach (una adaptación de la palabra leech, sanguijuela), Foxx (zorro), Salmón, etc. Asimismo, Rick Lazzarini avisa a los espectadores que presten atención a lo que ha hecho el departamento de arte con las señales en las paredes.

  Esta era la parte divertida pero la otra cara del rodaje era tratar con las ratas. El productor ejecutivo Bill Carraro recuerda que había muchos admiradores de la película original y de películas de terror en general que eran incapaces de hacerse a la idea de pasar muchas semanas rodeados de ratas. Morgan también apunta que muchos posibles miembros del equipo ni siquiera querían hacer una entrevista a causa de las ratas.

  Una vez iniciado el rodaje la tensión se redujo. El coordinador de efectos con animales, Boone Narr recuerda que “durante los primeros días nadie quería acercarse ni a los adiestradores ni a las ratas. Después todos empezaron a acercarse, todos querían coger a las ratas y al final del rodaje todo el mundo quería llevarse una a casa”.

  Durante la preproducción Narr y su equipo emplearon su tiempo con los actores a fin de aclimatarlos a las ratas. A nadie le apetecía hacerlo y menos a los actores pero Narr comenta que era esencial que superasen sus miedos, especialmente Crispin Glover, cuyo personaje es amigo de las ratas: “Reconozco que es muy duro decirle a alguien, ‘mira, te voy a cubrir de ratas y vas a estar bien, no va a haber problemas’”.

  “Es una película sobre ratas así que tienes que enfrentarte a tus miedos”, afirma Laura Elena Harring. “Tienes que enfrentarte a las ideas preconcebidas que tienes acerca de ellas. A mí me gustan los retos y hacer cosas que me obliguen a enfrentarme a mis miedos. Así que eso es lo que hice”.

  A pesar de todos los preparativos, Bill Carraro recuerda riéndose que “hubo algunos momentos en el rodaje en que miembros clave del reparto no se mostraron tan valientes como lo habían sido durante las pruebas o en el periodo de ensayos”. Pero también hubo momentos de cariño. R. Lee Ermey recuerda especialmente a una rata hembra que tenía que correr hacia la comida junto con cientos de otras ratas: “Avanzaría unos tres metros y después se tumbaría buscando a alguien que le rasgara la barriga. Era mi favorita”.

  Trabajar con animales cambia completamente el planteamiento del rodaje. Para Bill Carraro es un reto porque hay que tomar medidas de seguridad, coordinarse con la Asociación Defensora de los Animales de Estados Unidos, vigilar la salud de los animales y hacer saber al equipo y al reparto las limitaciones que existen. Esto es muy importante por ejemplo al rodar escenas violentas. “Cuando ruedas una escena en la que se supone que el actor lucha con un animal tienes que tomar medidas para proteger al animal durante la toma”.

  Todos los decorados fueron diseñados para que tuvieran cabida para los amaestradores, los controladores de los muñecos de las ratas y los supervisores de los efectos digitales. “Y después teníamos que decidir cómo íbamos a rodarlo”, recuerda Carraro.

  Los instintos animales se convirtieron en una preocupación constante (particularmente con los gatos trabajando en la película) pero lo más inquietante fueron las ratas de Gambia que interpretan a Ben. El productor James Wong explica que son esencialmente animales salvajes: “No son la especie de rata que se vende en tiendas de mascotas y estábamos preocupados por si resultarían demasiado agresivas. De hecho, cuando llegaron eran extremadamente agresivas. Si acercabas la mano a la jaula te mordían. Pero después de un tiempo los amaestradores se dieron cuenta de que si las dejaban salir de la jaula se tranquilizaban. Simplemente estaban estableciendo su territorio. Así que si trabajas con una rata de Gambia lo que hay que hacer es dejarle salir del saco y no meter la mano”.

  La habilidad de los amaestradores y los detallados storyboards de Glen Morgan contribuyeron en gran medida a un rodaje fluido y sin problemas. Crispin Glover, el actor que pasó más tiempo con las ratas, agradeció el gran esfuerzo de sus compañeros: “Como todo aparecía dibujado en los storyboards, los amaestradores sabían exactamente lo que las ratas tenían que hacer en cada toma y las entrenaban para hacer esa acción específica. Todo salió muy bien y resultó muy fácil trabajar con ellas”.

  Glover va más allá diciendo que las ratas en realidad eran compañeras de reparto: “En una de las primeras escenas que rodé estaba con mi madre en la funeraria presentándola a Sócrates por primera vez desde que la había escondido. Era una escena bastante cargada de emoción y la rata me facilitó mucho las cosas haciendo exactamente lo que tenía que hacer en el momento apropiado”.

  Trabajar con las ratas también planteó varios problemas para los equipos de diseño y fotografía. Para Mark Freeborn - diseñador de producción – las ratas eran “la fuerza motriz en la construcción de los decorados”. Aunque inicialmente no tenían muy claro cómo acomodar a las ratas, Freeborn y su equipo decidieron simplemente adaptar el proceso de producción según las necesidades de los amaestradores. Y como Boone Narr entrena a los animales de acuerdo con el espacio disponible, esto resultó más fácil de lo que esperaban. “Sin embargo, tuvimos que asegurarnos de que no había huecos en la parte inferior de los decorados porque a los bichos les encantaba escaparse”, añade Freeborn. “Gran parte de la acción de la película tiene lugar en el suelo, así que tuvimos que asegurarnos de que todo pareciera real a ese nivel, con suelos de madera, rodapiés, molduras, etc.”.

  Mientras Freeborn se encargaba de los detalles físicos, el director de fotografía Rob McLachlan – que, al igual que Freeborn, había trabajado con Glen Morgan y James Wong en Millenium – tuvo que buscar la manera de filmar a las ratas y conseguir el ambiente que quería Morgan. Se sorprendió cuando descubrió que las ratas también pueden ser divas: “Sócrates era un poco difícil al principio. Insistió en que filmáramos sólo su perfil derecho. Y las ratas que encarnan a Ben se pusieron muy nerviosas la primera vez que rodamos. Los amaestradores hicieron un trabajo estupendo para tranquilizarlas pero aún así tuvimos problemas para que se quedaran quietas y así dar una imagen realmente amenazadora. Tuvimos que filmar a Ben a una velocidad de 96 fotogramas por segundo para ralentizar la acción y hacer sus movimientos más pesados, dando de ese modo la sensación de que era un personaje maligno”.

  El segundo problema era cómo iluminar a las ratas que, según McLachlan, con mucha luz “parecían demasiado simpáticas. Tenían los ojitos muy brillantes, una bonitas orejitas y cuando se limpian son simpatiquísimas. Cuando redujimos la luz se convirtieron en unas formas en el suelo con largas colas y de repente eran bichos que daban miedo. Era un equilibrio difícil de encontrar porque queríamos mostrar los detalles – que eran ratas de verdad – pero por otra parte no queríamos que parecieran mascotas”.

  McLachlan descubrió que disminuir la intensidad de la luz beneficiaba no sólo el efecto de las ratas sino también el conjunto de la película: “Cuando te encuentras con ratas en un ambiente urbano sueles verlas de reojo. Son sombras o formas y eso da mucho más miedo que verlas con mucha luz. Es la clásica situación en que te da más miedo lo que no ves en la pantalla que lo que ves claramente y permite dar rienda suelta a la imaginación”.

  “El problema con las ratas es que nunca sabes donde están”, comenta Laura Elena Harring. “Pueden estar en las paredes, justo al lado tuyo, y no tienes ni idea. En cuanto apagas las luces las ratas aparecen. Cuando las enciendes vuelven a desaparecer. Son supervivientes, guerreros. Tienen que ser muy listas”.

  La actriz tiene motivos para decirlo tras haber sobrevivido a un encuentro con una rata gigante. Cuando estuvo rodando en la India fue al cine un día. “Oí un crujido y luego otro y otro, como si alguien masticara plástico”, recuerda. “Me asusté un poco, así que puse los pies en el asiento de delante. Era un cine enorme y vacío. En el descanso salieron corriendo todas las ratas, una ratas gigantescas que pasaron delante de la pantalla. Fue espantoso y decidí marcharme. Sólo pensar que en cuanto bajasen las luces...”.

  McLachlan se esforzó por cumplir los deseos de Morgan y Wong de apartarse de las tradicionales películas de terror. “Querían que pareciera un drama doméstico donde todos los lugares, la iluminación y los demás elementos resultaran muy familiares”, comenta McLachlan. “Así que no tenemos rayos de luz de luna que entran por la ventana y que indican inmediatamente ‘película de terror’. Es un reto mayor asustar a la gente a plena luz del día y en situaciones familiares”.

  La película se desarrolla en un entorno urbano donde la principal fuente de luz por la noche son las farolas. McLachlan explica que las farolas tienen una luz de sodio, “de un desagradable color entre amarillo y naranja que no favorece nada. Es una luz muy macabra, siempre un poco subexpuesta, un poco lúgubre. Es el color de la noche en el mundo de Willard”.

  Además del cuidadoso uso de la luz, McLachlan intentó usar la cámara lo máximo posible para definir los personajes y las relaciones entre ellos en la historia. En este punto, el director de fotografía y Morgan tenían la misma visión. “Glen tenía algunas ideas muy específicas acerca del uso de la cámara”, cuenta McLachlan, “y la altura del objetivo con respecto a Willard en ciertos momentos en la historia. De una perspectiva imponente e intimidante pasamos a una posición de cámara más bajo cuando Willard empieza a sentirse más poderoso y seguro de sí mismo con las ratas asesinas apoyándole”.

  McLachlan y Morgan hicieron pruebas con Crispín Glover y descubrieron que los objetivos de gran angular funcionaban incluso mejor de lo que esperaban porque acentúan los rasgos del actor e incluyen más elementos del entorno. Así el entorno gana más importancia en el desarrollo del personaje. Al principio de la película filmaron a Willard utilizando objetivos normales, especialmente en escenas con Cathryn y su madre. McLachlan señala que con este tipo de objetivo Willard parece “muy normal, un buen tipo. Le tienes lástima”. Pero cuando Willard empieza a cambiar, la relación de la cámara con él también cambia. Cuando comienza a perder el control los ángulos se hacen cada vez más grandes y al final McLachlan utilizó el gran angular para filmar primeros planos, lo cual “empuja” a Willard hacia los espectadores.

  De acuerdo con la intención de Morgan de invocar el espíritu de Hitchcock, en la película se advierte la influencia del maestro del suspense. Se ve en el movimiento de la cámara que se traslada despacio, en tomas con grúas que se acercan lentamente a puertas cerradas y en movimientos de cámara que no siempre son fluidos sino que se detienen y vuelven a arrancar abruptamente durante una misma toma.

  El trabajo con la cámara de McLachlan fue apoyado por los diseños de los decorados de Mark Freeborn. El más importante era el de la casa de los Stiles, una casa que según Freeborn “se derrumba al mismo ritmo que se derrumba Willard, acercándose a la locura”. Decidieron utilizar el mínimo de luz artificial, creando el ambiente a través de la luz natural que entraba desde el exterior para así sugerir un ambiente de cueva o nido.

  El sótano era un elemento clave dada su importancia en el mensaje visual de la película. Allí la principal fuente de luz era una vieja cocina “octopus”, un objeto difícil de conseguir y que se convirtió en un elemento más importante de lo que en un principio habían pensado. “No queríamos tener nada de luz artificial en el sótano”, comenta Freeborn. “Queríamos crear un espacio que reflejara mis recuerdos y los de Glen del peor sótano del mundo”.

  En cuanto al resto de la casa, Morgan fue fiel a la película original porque quería que la esencia de aquélla fuese parte de la casa en esta nueva película. Pero crear una casa de Nueva York en Vancouver, donde se rodó el filme, es toda una aventura principalmente porque los métodos de construcción son completamente distintos. Según Freeborn, “Nueva York es una ciudad de ladrillo y piedra mientras que Vancouver es de madera”.

  Por suerte, el jefe de localizaciones - Danny Williams - no es un hombre que se limite a seguir el camino trillado y le interesa encontrar cosas nuevas en cada viaje. El equipo examinó todos los lugares habituales pero ninguno encajaba con la película. Por casualidad descubrieron una casa de ladrillo apartada de los demás edificios. Estaba en un alto y dominaba el barrio. El interior se parecía mucho a la imagen que tenían de la casa de los Stiles y, según Freeborn, “si hubiera sido un poco más grande y no hubiéramos tenido que contar con las ratas, podríamos haber rodado toda la película allí”.

  Le casa tenía su propia historia, que reflejaba la de la película. “Los propietarios la abandonaron a mediados de los años 70 dejando allí todos los muebles, y eso encajaba perfectamente con el filme porque el declive de la familia Stiles empieza en esa época”, explica McLachlan. “Para la habitación de la madre usamos muchos elementos de la casa porque creaban el ambiente que buscábamos. También aportó el olor a descomposición. Cuando Jackie Burroughs vio la habitación por primera vez se quedó alucinada”.

  Además de los temas de la muerte y la desintegración, la película está dominada por imágenes que sugieren el aislamiento de Willard. Freeborn señala que la película es muy lineal: “Hay muchas líneas verticales. Todos – Willard, Martin, las ratas – están atrapados. Todos las ventanas tienen barrotes. Toda la madera tiene la veta muy marcada. El ascensor en la oficina de Willard es del tipo abierto con una malla metálica, una culminación de la idea de estar atrapado en una jaula”.

1. La producción
2. Las ratas
3.
El reparto
4.
El equipo técnico


Imágenes y notas de cómo se hizo "Willard" - Copyright © 2003 New Line Cinema y Hard Eight Pictures. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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