CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Canalcine.net, Barcelona
Malditos roedores
"Willard", nueva revisitación de la novela de Gilbert
Ralston "El diario de un hombre rata" después de que Da-niel Mann
ya la llevara al cine en 1971 junto al propio escritor ("La
revolución de las ratas"), parte con un problema de base casi me
atrevería a decir que insalvable y que sin duda lastrará el
impacto que se pretende ocasionar en el espectador. Aquellos a
los que les horroricen y/o repugnen sus máximos protagonistas,
esto es, los que pre-senten una marcada fobia por rato-nes, ratas
y demás roedores, se sen-tirán francamente afectados al
con-templar en la pantalla grande hordas de estos animales en
movi-miento, entrando en contacto con los humanos, cuando no
atacán-dolos directamente, destrozando objetos y colándose en
todos los rincones posibles de los habitáculos; sin embargo –y
aquí radica el principal obstáculo que les comentaba– me cuesta
bastante trabajo creer que este tipo de público, al que sí
impresionaría la película si llegaran a verla, vaya a pagar
gustosamente la entrada a la sala pa-ra asistir a una recreación
hiperbólica de su peor pesadilla y, con-secuentemente, para pasar
un mal rato evitable. Por el contrario, los que acudan al cine
sin ningún tipo de reparo zoológico inicial, ya sea porque la
visión de estas criaturitas les trae más bien sin cuidado o
hasta les resulta simpática, se van a encontrar con una película
que, puestos a citar dos extremos, tiene bastante más de comedia
familiar de la Disney (en la línea de "Un ratoncito duro de
roer" ["Mouse Hunt"] o incluso de las poco 'dañinas' "Gremlins"
y "El cuchitril de Joe", pero todavía lejos de la amable "Stuart
Little") que de escabrosa cinta de terror, por lo que la
experiencia, si bus-caban algo de caña para el cuerpo, les dejará
bastante fríos.
La historia que encierra este
largo-metraje es harto sencilla aunque cier-tamente prometedora –y
en promete-dora se queda–: Willard Stiles (Cris-pin
Glover), un
joven ya no tan joven, tímido, físicamente desarreglado y
so-cialmente marginado, vive en una anti-gua casa al cuidado de su
madre viu-da (Jackie
Burroughs), una
anciana enferma y postrada en la cama que le ocasiona no pocos
quebraderos de cabeza (relación materno-filial de dependencia,
muy recurrente en el género, que, con obvias variaciones,
recordará a la de "Psicosis" o "Braindead"). A su desdichada y
solitaria existencia se suman los varapalos y burlas que recibe
en el trabajo, principalmente por parte de su déspota jefe (R.
Lee Ermey). La
única que le trata con respeto es Cathryn (Laura
Elena Harring),
una compañera de la oficina con quien tiene un acercamiento
romántico. Un día, Willard descubre que la vieja vivienda está
infestada de ratas, sin embargo, se ve incapaz de poner fin a la
vida de estos animales, quienes se acaban convirtiendo en sus
únicos y fieles amigos. Al ver que éstos responden a sus
órdenes, y capitaneados por el ratoncito Sócra-tes, su nueva
mascota, Willard los empleará para vengarse de aquellos que le
han correspondido con crueldad. Pero esta situa-ción pronto
escapará a su control.
Si bien la película cuenta
con algu-nos ingredientes atractivos que inten-tan avenir la
comedia más negra y ca-ricaturesca con el horror de corte
clá-sico, dispone de un aceptable com-promiso de calidad tanto en
lo técnico como en lo artístico y su duración re-sulta llevadera,
como ya avanzaba, se pone de manifiesto en todo momento que
Glen Morgan
(director y autor del libreto) se ha contentado
con dilatar una anécdota argumental, que se podría haber
con-densado en media hora, a lo sumo tres cuartos, hasta
conver-tirla en una cinta de casi dos horas de metraje,
sin preocu-parse demasiado por si la mayoría de secuencias
aportaban algo verdaderamente relevante a la historia o
únicamente servían para llenar un espacio narrativo.
Probablemente, el guionista de produc-ciones como "El
único" (film de acción con Jet Li) o el thriller
juvenil "Destino Final" –ambas dirigidas por James Wong– habría
salido ganando si hubiese delegado las labores de escritura en
alguien más aventajado, pues, de hecho, por lo que respecta a su
trabajo tras las cámaras, se hace evidente que está atento a los
detalles y que sus trazas se aproximan a la deseada efectividad,
aunque fi-nalmente el resultado sea débil y un tanto insípido.
Ya que los bichos de tamaño
calibre todavía están muy desprestigiados como actores en
Hollywood –y aquí la mitad son productos digitales o mecá-nicos–,
me limitaré a valorar al reparto de humanos, operativo pero no
sobre-saliente, entre los que destacan tres nombres propios
familiares pero de desigual solera. Su estrella, Crispin Glover
(el joven padre de Michael J. Fox en "Regreso al futuro"), es
uno de tantos intérpretes supeditados a su apariencia física. Su
desem-peño como Willard Stiles es correcto, ya que se ajusta a lo
que se espera de su personaje, y no se le pueden poner más
reparos. La mexicana Laura Elena Harring, descubierta por el
gran público gra-cias a su morena exuberante de "Mulholland
Drive", se ve aquí en-cerrada en el típico-tópico
papel de chica guapa, dulce y compren-siva que acompaña al
antihéroe, algo que desde luego nunca sirve como trampolín para
un gran lucimiento dramático. El tercer rostro que llama la
atención es el del veterano R. Lee Ermey, a quien he-mos visto en
títulos como "La chaqueta metálica", "Arde Mississi-ppi", "Toy
soldiers" o "Seven". Repasando su filmografía completa, se
comprobará que en la mayoría de ocasiones ha ejercido como alto
mando militar o policial, tal vez condicionado por su férrea
pre-sencia, de manera que no les sorprenderá la rotundidad
marcial con que toma posesión del tiránico jefe de Willard. Y,
bueno, no podía pasarlo por alto: los ratones me cayeron en
gracia.
Debo advertirles que no
conozco la fuente original de este film –ni la versión literaria
ni la cinematográfica (para muchos, una película de culto)–, así
que lamentablemente no puedo entrar en considera-ciones
comparativas. Pero teniendo en cuenta lo que podría haber sido y
no fue, y dadas mis expectativas positivas depositadas en el
proyecto, esta "Willard" del 2003 desprende un
balance final tan tenue como tibio. Puede ser vista como una
rareza, por su inusual contenido, pero los buenos elementos con
que conta-ba quedan perdidos por la mediocridad del conjunto: no
a-briguen grandes esperanzas. Los enemigos de los roedores, claro
está, renuncien a ella.
Calificación:
6 / 10

Imágenes de "Willard" - Copyright © 2003 New Line Cinema y
Hard Eight Pictures. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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