CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Emocionante creación de un virus apocalíptico
Danny Boyle consigue a través de la cámara digital un ambiente
hi-perrealista y semidocumental que aporta a la cinta una
intranqui-lizante sensación de inmediatez
Unos activistas en contra de la vivi-sección y a favor de los
derechos ani-males irrumpen de forma fortuita en un laboratorio
científico con la inten-ción de liberar a unos monos que su-fren
un peligroso experimento. Con ello y sin quererlo, liberan un
virus de-vastador que se contagia a los huma-nos por la sangre.
28 días después un joven despierta del coma en un hospi-tal sin
saber qué ha pasado. Gran Bretaña está desierta. Mientras
cami-na por Piccadilly Circus y el puente de Westminster sin una
vida humana visible, se da cuenta de que el Apocalipsis ha
llegado a la isla. Así comienza "28 días después", uno de los
títulos más inte-resantes de este verano, dirigido por el
siempre polifacético
Danny Boyle.
Siguiendo los pasos de autores como George R. Stewart, J. G.
Ballard, Brian W. Aldiss, John Wyndham, Roger Zelazny y so-bre
todo acopiando la esencia del inevitable Richard Matheson y su
obra maestra "Soy leyenda", el director de "Trainspotting"
prolonga los propósitos artísticos y conceptuales de la germinal
"La noche de los muertos vivientes" de George A. Romero
dejándose llevar por una ineludible inquietud por la cinefilia y
cinefagia al evocar en sus planos la materia prima del ‘Giallo’
italiano y su malsana mezcla de ‘fumetti nero’, un granulado
espeso y un peculiar pictoricismo que envuelve la ennegrecida
atmósfera de esta novísima película de cul-to.
Lo que en principio parece una revi-sitación por todos y cada
uno de los tópicos del cine de ciencia ficción postapocalíptica,
se transforma en manos de Danny Boyle y su guionista
Alex Garland
en una interesante pro-puesta a medio camino entre el thriller y
el género de terror, pero también en una reflexión analítica
sobre la natura-leza humana, sobre la soledad, sobre la
situación política y militar, la popu-larización de un subgénero
y una vo-luntad que se encauza hacia las he-rencias literarias
de los vasos comunicantes entre la ficción ameri-cana y la
anglosajona. En este círculo de referencias llenas de un
alterado moralismo encubierto bajo el terror de la trama, lo más
in-teresante de esta película (mal llamada) innovadora es la
utilización de la cámara digital, sustraída directamente del
movimiento ‘Dog-ma’ y utilizada en favor de un montaje diligente
y con ritmo para ob-tener como resultado una sugestiva y astuta
sensación de inmedia-tez, de carácter documental, donde las
escenas de acción abarcan un tono ultrarrealista al más puro
estilo ‘Nu-Metal’ cinemático. De cadencia frenética y atmósfera
puramente expresionista, la textura densa e irrespirable ofrece
una particular visión de la irrealidad en los movimientos de los
infectados, de la rabiosa locura que se sus-trae en cada
encuadre, determinado en un plano digitalizado en el que un
campo representa una obra de Van Gogh. Como si Boyle reconociera
una deuda artística con el pintor al presentar su histo-ria en
una gama oscura y sombría, poniendo así en evidencia el in-tenso
deseo de expresar la miseria y los sufrimientos de la
humani-dad. Un signo de expresionismo con significado de
adulterado esta-do de tormento que no duda en utilizar colores
que se rompen, con convulsivas y perspectivas alucinatorias.
Con un argumento que rebasa los
tópicos del género (como ejemplo el hecho de evitar que el
contagio infec-cioso sea duradero, lo que elimina la posibilidad
de sospecha en los prota-gonistas) y los personajes bien
dibu-jados en una afrobritánica que escon-de bajo su fuerte
personalidad las du-das sentimentales más existenciales del
filme o el joven de buen corazón débil y asustadizo que se
revela como un auténtico animal vengativo, junto al padre y la
hija dispuestos a sobrevivir en un mundo incierto, el ci-neasta
británico se atreve a explicar el comportamiento
vampíri-co/infeccioso a través de disciplinas como la
psicología, la fisiolo-gía y fundamentalmente, la atormentada
vida en soledad de los pro-tagonistas que, alcanzando el
objetivo de salvación en manos del ejército, descubren la
verdadera bestia en el propio ser humano, en la demencia
desarrollada en aquellos seres adiestrados para matar. "28 días
después" es pues una película invulnerable, elegante en su
factura, perspicaz, capaz de conducir sus personajes hacia
si-tuaciones donde todo depende de su (nuestra) comprensión de
la naturaleza humana.
Con esta obra centrada en el com-portamiento de personas
cotidianas encuadradas en una situación límite e intimidados en
todo momento por una violencia que les es ajena, Boyle ha
querido distanciarse de la actitud en la que esa amenaza
maléfica convier-te al rol en egoísta y violento, pero
manteniendo en todo momento su ob-jetivo por demostrar que, en
último término, tiene que llegar la total des-humanización, el
lado más oscuro de la condición humana que acaba por evidenciar
lo que para muchos sociólogos y filósofos eru-ditos es un hecho
fehaciente: la sociedad descompuesta represen-ta al hombre
actual. Una película que, como bien se puede com-probar
echándole un vistazo a la cartelera, es una panacea contra el
aburrimiento y la ratificación del talento de Danny Boyle en el
alicaído panorama cinematográfico europeo.
Imágenes de "28 días después" - Copyright ©
2002 Fox Searchlight Pictures, DNA Films y Film Council. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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