CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Una de las
variantes más acertadas que ha descubierto el re-ciente cine
español ha sido la de, lejos de calcar los esquemas
ho-llywoodienses en busca de un éxito de taquilla, dejar bien
claro la marca nacional en argumentos tan aparentemente
americanizados como esta buddy movie o, dicho en
castellano, película de compa-ñeros o colegas que es “Dos tipos
duros”.
Efectivamente, esta historia de acción, humor, amor e intriga
encuentra su mayor virtud en lo poco que se toma en serio y,
si bien este humilde planteamiento reduce su capacidad de
tras-cendencia, supone un signo de madurez cinematográfica que
re-dondea hacia lo destacable un producto sencillo pero de
agradable entretenimiento. Así, esta propia conciencia de sus
limitaciones y de su corto alcance otorga a
Juan Martínez Moreno las
licencias necesarias para recurrir a situaciones inverosímiles o
directamente absurdas sin que se resienta en exceso el resultado
final.
El título indudablemente irónico de “Dos tipos duros” esconde en
su me-traje a entrañables asesinos a sueldo que realizan sus
golpes en furgonetas de marisquería, mafiosos de cortijo y
carnicería o prostitutas de buen cora-zón que componen un telar
de perso-najes de palpable y cariñoso sabor español auténtico.
Pese a todo, la pe-lícula se aleja de los estereotipos y burla
los sentimentalismos con un sentido del humor que abarca desde
la sutilidad inteligente hasta las dosis, tolerables aunque
chirriantes, de bobaliconería sin com-plejos. En esa línea entre
el ridículo y la genialidad se mueve la in-terpretación del
principal responsable del peso cómico,
Jordi Vil-ches, que acapara el protagonismo de la
película con un personaje que es un bombón. La irregularidad de
su trabajo nos hace amarlo u odiarlo según la secuencia, aunque
no hay que negarle momen-tos verdaderamente hilarantes. Y es que
la actuación de este joven valor sintetiza muy bien la
globalidad arrugada de esta película, en la que se descubre
talento, pero se advierte con muchas aristas, no habiendo pulido
las muchas impurezas sin las que se podría haber creado una muy
buena obra. Porque el guión de “Dos tipos duros” juega con
diversas cartas y las juega muy bien, en-lazando diversas
historias con precisión, construyendo perso-najes con gran
dimensión. Sin embargo, los diálogos, en ocasiones muy forzados,
así como la resolución, a veces directamente cha-pucera, de
algunas situaciones que hilan la verdadera y muy con-seguida
trama criminal de la película, mantienen inevitablemente
distante al espectador por sus avisos de cine escrito con burda
plu-ma.
Para su
debut en la gran pantalla, no obstante, Martínez Moreno ha
sabido atraer con su guión, lleno de giros y sorpresas que
ha-cen que el ritmo narrativo se mantenga en un casi permanente
es-tado de clímax, a un reparto de actores de primera fila.
Antonio Resines, tierno y cercano,
Elena Anaya, capaz de demostrar
que es una buena actriz hasta en los papeles más sencillos,
Rosa Ma-ría Sardá, versátil
como ella sola, Mariola Fuentes,
en una so-sias de la Gloria Grahame de “Los sobornados” y, ya en
colabo-raciones especiales, Fele
Martínez y Manuel Alexandre,
sacan brillo a esta película con interpretaciones ajustadas que,
enmarca-das en un conjunto de eficaz y fresco trabajo
cinematográfico, con-vierten a “Dos tipos duros” en un filme
nada desdeñable sin re-nunciar a una proyección indudablemente
comercial.
Calificación:
    
Imágenes
de "Dos tipos duros" - Copyright © 2003 Ensueño
Films, Zebra Producciones e Impala. Distribuida en España por
Buena Vista International. Fotos por Manuel Zambrana. Todos los derechos
reservados.
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