CRÍTICA
por
David Garrido
Parasitando los mitos literarios
En primer lugar, obligado aviso para navegantes: todo aquel que
esté fa-miliarizado con el comic original de
Alan Moore que dio origen a
esta película, que se vaya olvidando del mismo. Sólo hay una
cosa que sobre-viva en el paso de un formato a otro, y ésta no
es sino la brillante idea de partida de ambas historias: reunir
a un puñado de héroes literarios del úl-timo tercio del siglo
XIX dotados de extraordinarias habilidades y enfren-tarlos a una
poderosa amenaza que pretende conquistar el mundo. Pero incluso
en esta sola idea hay dos enfoques contrapuestos que afectan
claramente a los logros de una y otra obra. Allí donde la mirada
de Moore, aunque flexible con los personajes en función del
argumento que planteaba, resultó tan respetuosa como original,
la película de Stephen Norrington
retuerce tanto los mitos literarios sobre los que trabaja que
los infantiliza para que sean más accesibles al público que no
esté familiarizado con ellos y, en consecuencia, traiciona parte
de su propia naturaleza en beneficio de la discutible visión que
el Hollywood de hoy tiene del género de aventuras.
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Traiciona la
naturaleza de los personajes, los infantiliza para
ser más accesibles al público |
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Así, Allan
Quatermain no es más un idealista que defiende los intereses de
la Corona británica, sino que está imbuido de un cínico
escepticismo que sería más propio del personaje del Capitán Nemo
(que por cierto ¡sabe Kung-Fu, como Neo!); Mina Harker no sólo
es finalmente un vampiro, sino que no padece mu-chas de las
debilidades que habitualmente atribuimos a dichas criaturas –muy
al contrario, es el vampiro más poderoso visto en el cine en
mucho tiempo–; el Dr. Jekyll parece entenderse más o menos bien,
hasta llegar a la colaboración (!) con su monstruoso alter ego
Mr. Hyde, que resulta mucho más dócil de lo que cabría esperar,
por cierto; Dorian Gray no sólo es inmortal porque no
en-vejezca, como en el relato de Wilde, sino que nada parece
hacerle el más mínimo daño (cosa bien distinta); mientras que
Tom Saw-yer... bueno, un Tom Sawyer ya crecidito es un agente
especial de los USA y con eso queda dicho todo. Sólo el Hombre
Invisible, quizás paradójicamente porque no aparece su
encarnación literaria, sino un sucesor, mantiene un espíritu
burlón más o menos fiel al original.
Hecha esta larga introducción para evitar disgustos a los que
acudan al cine convencidos de que van a ver re-presentados más o
menos fielmente a sus héroes de infancia, hay que decir que "La
Liga de los Hombres Extraor-dinarios" es una película de
aven-turas razonablemente entretenida que se disfrutará mucho
más en la medida que se olviden rápida-mente todos sus puntos de
refe-rencia, ya sean el comic o la obra literaria, y uno
tome la decisión de dejarse llevar por el apabullante despliegue
de efectos visuales que, en combinación con una más que
espectacular di-rección artística, proporciona una ambientación
en la que se mez-clan sin perjuicios una visión más o menos
romántica de esa falsa época victoriana con la más desbordante
fantasía. Con un punto de partida tan estimulante como poner en
conjunto tal cantidad de personajes que por sí solos tienen el
suficiente atractivo como para protagonizar cualquier película
de aventuras, sería imperdonable que el resultado no fuera
mínimamente entretenido.
Stephen Norrington lo sabe, y desde la confortable seguridad que
da el sa-ber que tiene mucho camino ganado, no es partidario de
arriesgar nada más allá de lo necesario: el resultado es así una
película con una trama tan simple que resulta descorazonador
asistir a la forma en la que se desa-provecha tal potencial.
Para empezar, Norrington filma las numerosas secuencias de
acción de una for-ma notablemente embarullada, si-guiendo una
detestable tradición del cine reciente que apuesta mu-cho más
por el ruido, la velocidad y el efectismo fácil que por una
claridad narrativa que, disponien-do de los recursos que ofrecen
los personajes que maneja, sería muy de agradecer. Abusa
sobremanera de los primeros planos o planos cercanos, lo que
unido a un montaje demasiado acelerado provoca incluso en el
espectador más acostumbrado una constante sensación de
confusión, incapaz muchas de las veces de seguir las evoluciones
de los personajes, con la sola excepción de la pe-lea de
Quatermain en Kenya, quizás porque sólo tiene un prota-gonista
en lugar de todo el grupo a la vez. Pero lo peor de la obra es
un defecto bastante común a las películas de superhéroes (y ésta
lo es, pese a su originalidad), y es que de nuevo sus artífices
creen que por la simple razón de que el espectador acepte las
ca-pacidades sobrehumanas de sus protagonistas, va a aceptar con
la misma facilidad las continuas violaciones no sólo de las más
ele-mentales reglas de la física, sino del más mínimo sentido
común. Algunos de los comportamientos y reacciones de los
personajes son tan incomprensibles como difícilmente
justificables, y eso afec-ta sobremanera al resultado final de
una película que va desba-rrando progresivamente desde su
interesante comienzo al desmadre final en el que los efectos
visuales se adueñan hasta tal punto de la función que todo lo
demás se hace sim-plemente irrelevante.
Es una lástima, la verdad, porque hay mucho de positivo también
en la película: se agradece el irónico y so-carrón sentido del
humor que preside la relación entre los distintos persona-jes,
con alguna que otra aportación interesante, como la relación
entre in-mortales Mina Harker/Dorian Gray; todo lo relacionado
con el fascinante Nautilus del Capitán Nemo, la verda-dera
estrella digital de la película, im-presionante en su diseño y
puesta en escena y en el que dan ganas de em-barcarse para
recorrer 20.000 o más leguas de viaje submarino; el saber hacer
de un Sean Connery que sigue
estando tan bien como acostumbra en un papel que le exige un
esfuerzo mayor del habitual y que resuelve con notable
convicción (sus temibles puñetazos, pese a todas las habilidades
de la Liga, son de lo que más impone) y, por encima de todo, la
voluntad no siempre bien conseguida, pero siempre de agradecer,
de una película que no pretende en ningún momento tomarse
de-masiado en serio a sí misma (es por esa razón que en
ocasiones los efectos visuales no se preocupen tanto de ser
especialmente creíbles: convencer no es su objetivo principal) y
que no huye de su condición de mero entretenimiento que juega
con una mínima com-plicidad del espectador que reconozca a los
héroes literarios.
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No pretente
tomarse demasiado en serio a sí misma, no huye de su
condición de mero entretenimiento |
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Es una
lástima que no acabe de entenderse bien en el cine de hoy en día
que para que ese objetivo se consiga plena-mente, el espectador
nunca debería preguntarse por qué diablos los personajes hacen
cosas tan estúpidas a veces o se vea saturado por un despliegue
de medios materiales que más que ayudar a que se cuente la
historia, fomentan la confusión y el hartazgo. Tendrá a buen
seguro (siempre que la taquilla lo corro-bore) una segunda
parte, pues se dejan de forma sumamente burda los suficientes
cabos sueltos como para que vuelva a la pantalla tal coalición
de personajes interesantes. Sería de agradecer que los futuros
responsables tomaran buena nota de los evidentes defectos de
esta película de aventuras. Siempre pueden preguntarle a Alan
Moore cómo debería hacerse. Otra cosa es que éste se digne
si-quiera a contestarles.
Calificación:
    
Imágenes de "La liga de los hombres extraordinarios" - Copyright ©
2003 20th Century Fox. Distribuida en España por Hispano
Foxfilm. Todos los derechos
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