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LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS
(The league of extraordinary gentlemen)


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Dirección: Stephen Norrington.
Países:
USA, Alemania, República Checa y Reino Unido.
Año: 2003.
Duración: 120 min.
Interpretación: Sean Connery (Allan Quatermain), Shane West (Tom Sawyer), Stuart Townsend (Dorian Gray), Peta Wilson (Mina Harker), Jason Flemyng (Dr. Jekyll / Mr. Hyde), Naseeruddin Shah (Capitán Nemo), Tony Curran (Rodney Skinner), Richard Roxburgh (Mycroft Holmes), Max Ryan (Dante), Tom Goodman-Hill (Sanderson Reed), David Hemmings (Nigel).
Guión: James Dale Robinson; basado en los cómics de Alan Moore y Kevin O'Neill.
Producción: Trevor Albert y Don Murphy.
Música: Trevor Jones.
Fotografía:
Dan Laustsen.
Montaje: Paul Rubell.
Diseño de producción: Carol Spier.
Dirección artística: Elinor Rose Galbraith, Jindrich Kocí, James McAteer y James F. Truesdale.
Vestuario: Jacqueline West.
Estreno en USA:
11 Julio 2003.
Estreno en España: 5 Septiembre 2003.

 

CRÍTICA
por David Garrido

Parasitando los mitos literarios

  En primer lugar, obligado aviso para navegantes: todo aquel que esté fa-miliarizado con el comic original de Alan Moore que dio origen a esta película, que se vaya olvidando del mismo. Sólo hay una cosa que sobre-viva en el paso de un formato a otro, y ésta no es sino la brillante idea de partida de ambas historias: reunir a un puñado de héroes literarios del úl-timo tercio del siglo XIX dotados de extraordinarias habilidades y enfren-tarlos a una poderosa amenaza que pretende conquistar el mundo. Pero incluso en esta sola idea hay dos enfoques contrapuestos que afectan claramente a los logros de una y otra obra. Allí donde la mirada de Moore, aunque flexible con los personajes en función del argumento que planteaba, resultó tan respetuosa como original, la película de Stephen Norrington retuerce tanto los mitos literarios sobre los que trabaja que los infantiliza para que sean más accesibles al público que no esté familiarizado con ellos y, en consecuencia, traiciona parte de su propia naturaleza en beneficio de la discutible visión que el Hollywood de hoy tiene del género de aventuras.

Traiciona la naturaleza de los personajes, los  infantiliza para ser más accesibles al público  

  Así, Allan Quatermain no es más un idealista que defiende los intereses de la Corona británica, sino que está imbuido de un cínico escepticismo que sería más propio del personaje del Capitán Nemo (que por cierto ¡sabe Kung-Fu, como Neo!); Mina Harker no sólo es finalmente un vampiro, sino que no padece mu-chas de las debilidades que habitualmente atribuimos a dichas criaturas –muy al contrario, es el vampiro más poderoso visto en el cine en mucho tiempo–; el Dr. Jekyll parece entenderse más o menos bien, hasta llegar a la colaboración (!) con su monstruoso alter ego Mr. Hyde, que resulta mucho más dócil de lo que cabría esperar, por cierto; Dorian Gray no sólo es inmortal porque no en-vejezca, como en el relato de Wilde, sino que nada parece hacerle el más mínimo daño (cosa bien distinta); mientras que Tom Saw-yer... bueno, un Tom Sawyer ya crecidito es un agente especial de los USA y con eso queda dicho todo. Sólo el Hombre Invisible, quizás paradójicamente porque no aparece su encarnación literaria, sino un sucesor, mantiene un espíritu burlón más o menos fiel al original.

  Hecha esta larga introducción para evitar disgustos a los que acudan al cine convencidos de que van a ver re-presentados más o menos fielmente a sus héroes de infancia, hay que decir que "La Liga de los Hombres Extraor-dinarios" es una película de aven-turas razonablemente entretenida que se disfrutará mucho más en la medida que se olviden rápida-mente todos sus puntos de refe-rencia, ya sean el comic o la obra literaria, y uno tome la decisión de dejarse llevar por el apabullante despliegue de efectos visuales que, en combinación con una más que espectacular di-rección artística, proporciona una ambientación en la que se mez-clan sin perjuicios una visión más o menos romántica de esa falsa época victoriana con la más desbordante fantasía. Con un punto de partida tan estimulante como poner en conjunto tal cantidad de personajes que por sí solos tienen el suficiente atractivo como para protagonizar cualquier película de aventuras, sería imperdonable que el resultado no fuera mínimamente entretenido.

  Stephen Norrington lo sabe, y desde la confortable seguridad que da el sa-ber que tiene mucho camino ganado, no es partidario de arriesgar nada más allá de lo necesario: el resultado es así una película con una trama tan simple que resulta descorazonador asistir a la forma en la que se desa-provecha tal potencial. Para empezar, Norrington filma las numerosas secuencias de acción de una for-ma notablemente embarullada, si-guiendo una detestable tradición del cine reciente que apuesta mu-cho más por el ruido, la velocidad y el efectismo fácil que por una claridad narrativa que, disponien-do de los recursos que ofrecen los personajes que maneja, sería muy de agradecer. Abusa sobremanera de los primeros planos o planos cercanos, lo que unido a un montaje demasiado acelerado provoca incluso en el espectador más acostumbrado una constante sensación de confusión, incapaz muchas de las veces de seguir las evoluciones de los personajes, con la sola excepción de la pe-lea de Quatermain en Kenya, quizás porque sólo tiene un prota-gonista en lugar de todo el grupo a la vez. Pero lo peor de la obra es un defecto bastante común a las películas de superhéroes (y ésta lo es, pese a su originalidad), y es que de nuevo sus artífices creen que por la simple razón de que el espectador acepte las ca-pacidades sobrehumanas de sus protagonistas, va a aceptar con la misma facilidad las continuas violaciones no sólo de las más ele-mentales reglas de la física, sino del más mínimo sentido común. Algunos de los comportamientos y reacciones de los personajes son tan incomprensibles como difícilmente justificables, y eso afec-ta sobremanera al resultado final de una película que va desba-rrando progresivamente desde su interesante comienzo al desmadre final en el que los efectos visuales se adueñan hasta tal punto de la función que todo lo demás se hace sim-plemente irrelevante.

  Es una lástima, la verdad, porque hay mucho de positivo también en la película: se agradece el irónico y so-carrón sentido del humor que preside la relación entre los distintos persona-jes, con alguna que otra aportación interesante, como la relación entre in-mortales Mina Harker/Dorian Gray; todo lo relacionado con el fascinante Nautilus del Capitán Nemo, la verda-dera estrella digital de la película, im-presionante en su diseño y puesta en escena y en el que dan ganas de em-barcarse para recorrer 20.000 o más leguas de viaje submarino; el saber hacer de un Sean Connery que sigue estando tan bien como acostumbra en un papel que le exige un esfuerzo mayor del habitual y que resuelve con notable convicción (sus temibles puñetazos, pese a todas las habilidades de la Liga, son de lo que más impone) y, por encima de todo, la voluntad no siempre bien conseguida, pero siempre de agradecer, de una película que no pretende en ningún momento tomarse de-masiado en serio a sí misma (es por esa razón que en ocasiones los efectos visuales no se preocupen tanto de ser especialmente creíbles: convencer no es su objetivo principal) y que no huye de su condición de mero entretenimiento que juega con una mínima com-plicidad del espectador que reconozca a los héroes literarios.

No pretente tomarse demasiado en serio a sí misma, no huye de su condición de mero entretenimiento  

  Es una lástima que no acabe de entenderse bien en el cine de hoy en día que para que ese objetivo se consiga plena-mente, el espectador nunca debería preguntarse por qué diablos los personajes hacen cosas tan estúpidas a veces o se vea saturado por un despliegue de medios materiales que más que ayudar a que se cuente la historia, fomentan la confusión y el hartazgo. Tendrá a buen seguro (siempre que la taquilla lo corro-bore) una segunda parte, pues se dejan de forma sumamente burda los suficientes cabos sueltos como para que vuelva a la pantalla tal coalición de personajes interesantes. Sería de agradecer que los futuros responsables tomaran buena nota de los evidentes defectos de esta película de aventuras. Siempre pueden preguntarle a Alan Moore cómo debería hacerse. Otra cosa es que éste se digne si-quiera a contestarles.

Calificación:


Imágenes de "La liga de los hombres extraordinarios" - Copyright © 2003 20th Century Fox. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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