CRÍTICA
por
David Garrido
Agotamiento y
desmesura
Uno de los problemas más fácilmen-te reconocibles del Hollywood
de hoy en día es su notoria falta de nuevas ideas con las que
regenerar un cine comercial que, en líneas generales, lleva en
caída libre demasiado tiempo, pese a que las suculentas
taquillas puedan indicar lo contrario. Con la ca-beza puesta en
los números, el pro-ductor Jerry
Bruckheimer (uno de los pocos existentes hoy en día
de los que se puede decir claramente que impone su sello a todas
y cada una de las películas que salen de su productora) juega la
baza de recuperar uno de los géneros más olvidados por el cine
en los últimos tiempos y al que los terribles fracasos
económicos de "Piratas" (Roman Polanski, 1986) y "La Is-la de
las Cabezas Cortadas" (Renny Harlin, 1995) parecían haber dado
carpetazo definitivo. Para ello, Bruckheimer pone al frente de
la misma a un correcto artesano carente de toda pretensión
auto-ral, pero razonablemente eficaz en su cometido como es
Gore Verbinski (cuyas tres
películas anteriores, la simpática "Un Raton-cito Duro de Roer",
la poco inspirada "The
Mexican" y la simple-mente correcta "The
Ring (La Señal)" son buena prueba de lo di-cho), que
con la consigna del espectáculo como bandera, trata de poner al
día las historias de bucaneros, tesoros escondidos,
maldi-ciones, abordajes en alta mar y duelos a espada que
poblaron nuestra niñez y a veces nos hicieron soñar con un mundo
mágico y atractivo. Y fracasa de pleno en el intento.
Porque la
aparatosa propuesta de "Piratas del Caribe" no va mu-cho más
allá de vampirizar el imaginario y los recursos propios de las
películas que muchos aún recordamos con cierto cariño, de tal
forma que lo que debía ser una recuperación de dicho género se
convierte en mera parasitación del mismo que no sólo no ofrece
na-da nuevo, sino que degrada, por su equivocado afán de
deslumbrar a cualquier precio, la valiosa herencia que aquellos
clásicos deja-ron, y no bastan algunas apreciables ideas de
puesta en escena o momentos aislados entretenidos para disimular
la falta de atrevi-miento, de enganche de una película a todas
luces desmesurada (comenzando por su metraje) y finalmente
aburrida, lo que resulta un pecado imperdonable en un producto
de estas características.
A mi entender, el problema prin-cipal de "Piratas del Caribe"
tiene que ver con los excesos de un Johnny
Depp al que nadie parece haber sido capaz de refrenar un
poco en el que sin duda es uno de los peores papeles de su
intere-sante carrera: su excéntrico Capitán Sparrow,
sobrecargado muestrario de la extravagancia que puede llegar a
alcanzar un actor cuando no se le po-ne coto a sus desmanes,
está siem-pre sobreactuado, pasado de rosca hasta tal punto que
tiene el dudoso mérito de superar en estas lides al
in-discutible rey de la mueca, el no menos insoportable Jim
Carrey de "Como
Dios". Depp arrastra con su histrionismo a una
película que gira en torno a su personaje de forma continua y
ese tono entre irónico y burlón deviene tal acumulación de
amaneramientos que hace bastante insufrible su presencia en
pantalla, pese a algunos buenos momentos de humor muy aislados
(su primera aparición encaramado en el mástil de su embarcación
o su abandono en compañía de la bella
Keira Knightley en la isla). A partir de este
monumental exceso, "Piratas del Caribe" no tiene mucha más
op-ción que continuar en el mismo tono recargado y excesivo, por
lo que todo el posible interés de una película de aventuras como
tal se diluye en un muy mal medido e indigesto cóctel de
géneros.
Porque
"Piratas del Caribe", y ese es el segundo error de la pelí-cula,
no confía en la capacidad de sugestión de una simple aventura
al viejo estilo y, aplicándose la tirita antes de la he-rida,
mezcla de forma bastante infantil este género con un insulso
coqueteo con el terror (no olvidemos que esto es una
producción Disney) que permite un amplio despliegue de efectos
digitales para recrear a la tripulación maldita convertida en
unos es-queletos nada atemorizantes aunque sean convincentes y,
lo que es aún peor, abusa de reiterativos golpes de dudoso humor
que no sólo no consiguen su objetivo de aliviar tanta
aparatosidad (un poco tomando como referencia, aunque de forma
mucho menos afortu-nada, a "La
Momia (The Mummy)" de Stephen Sommers), sino que
lastran el fluir de una historia que pide a gritos menos exceso
y más cuidado en su elaboración de su guión y personajes.
Así las cosas, con un Depp despen-dolado que roza el paroxismo,
un Geoffrey Rush cuyo
personaje de malvado está en continua tierra de nadie entre el
terror y el humor al que resulta imposible insuflar cierto
inte-rés por más que el australiano lo in-tenta en su
composición y unos be-llos floreros (el guapo y correcto
Or-lando Bloom y la bella y
limitadita Keira Knightley)
tan insípidos como funcionales, a uno no le queda más remedio
que tratar de agarrarse a las escenas de acción con el deseo de
que la función no se vaya del todo a pique. Y por desgracia esto
tampoco se consigue, pues no resulta ser el fuerte de Verbinski
narrar con las deseadas dosis de ritmo lo que estas secuencias
precisan y resulta penoso ver cómo una tras otra van pasando por
la pantalla sin pena ni gloria, de una forma tan desapasionada y
carente del más mínimo estilo o interés, lo mismo si se trata
del duelo a espada entre Depp y Bloom, como del ataque de los
pi-ratas a la isla o la inevitable escena de enfrentamiento a
cañonazo limpio entre dos navíos y su posterior abordaje,
resuelta con bas-tante poca gracia... y lo malo es que la obra
trata de convencer por acumulación y aplastamiento lo que no
consigue por me-dio de la sutileza o un guión más elaborado, con
lo que el inútil alargamiento de la película hasta unas
interminables dos horas y media se convierte en todo un desafío
a la pa-ciencia del espectador, que no ve el momento de que
finalice tanto desatino.
Quizás si
"Piratas del Caribe" no hubiese rebajado a tal punto su nivel de
exigencia, podría valerle alguna que otra muestra de la
ca-pacidad de Verbinski para sacar partido del material que
tiene entre manos, pero ni siquiera imágenes tan sugerentes como
ese in-quietante ataque desde el fondo del mar de los marinos
malditos que se aprovechan de su capacidad para acercarse a pie
al barco que pretenden abordar mientras los haces de luz de la
luna llena van revelando su verdadera naturaleza (otro buen
recurso desvir-tuado por lo mucho que de él se abusa en el
metraje a mayor gloria de los efectos visuales) sirven para
compensar tan aparatoso arte-facto que entiende mal el
significado de la palabra espectáculo, tan desvirtuado y
maltratado en los últimos tiempos.
Es una
lástima, pues no cabe duda que hubiera sido interesante asistir
a una recuperación de un género que conoció mejores días y del
que cuesta creer que esté completamente agotado, que es la
sensación que se desprende de esta fallida y hueca muestra de
mal entretenimiento que ni siquiera cuenta a su favor con el
mínimo exigible de hacerte pasar un buen rato.
Calificación:
    
Imágenes de "Piratas del Caribe: La
maldición de la Perla Negra" - Copyright © 2003 Walt Disney
Pictures, Touchstone Pictures y Jerry Bruckheimer Pictures.
Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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