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PIRATAS DEL CARIBE: LA MALDICIÓN DE LA PERLA NEGRA (Pirates of the Caribbean: The curse of the Black Pearl)


Dirección: Gore Verbinski.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 143 min.
Interpretación: Johnny Depp (Jack Sparrow), Geoffrey Rush (Barbossa), Orlando Bloom (Will Turner), Keira Knightley (Elizabeth Swann), Jack Davenport (Norrington), Jonathan Pryce (Weatherby Swann), Lee Arenberg (Pintel), Mackenzie Crook (Ragetti), Damian O'Hare (Gillette), Giles New (Murtogg), Zoe Saldana (Ana María).
Guión: Ted Elliott y Terry Rossio; basado en un argumento de Stuart Beattie, Ted Elliott y Terry Rossio.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: Klaus Badelt.
Fotografía:
Dariusz Wolski.
Montaje: Craig Wood, Stephen Rivkin y Arthur Schmidt.
Diseño de producción: Brian Morris.
Dirección artística: Richard Earl, Derek R. Hill y James E. Tocci.
Vestuario: Penny Rose.
Estreno en USA:
9 Julio 2003.
Estreno en España:
14 Agosto 2003.

 

CRÍTICA
por David Garrido

Agotamiento y desmesura

  Uno de los problemas más fácilmen-te reconocibles del Hollywood de hoy en día es su notoria falta de nuevas ideas con las que regenerar un cine comercial que, en líneas generales, lleva en caída libre demasiado tiempo, pese a que las suculentas taquillas puedan indicar lo contrario. Con la ca-beza puesta en los números, el pro-ductor Jerry Bruckheimer (uno de los pocos existentes hoy en día de los que se puede decir claramente que impone su sello a todas y cada una de las películas que salen de su productora) juega la baza de recuperar uno de los géneros más olvidados por el cine en los últimos tiempos y al que los terribles fracasos económicos de "Piratas" (Roman Polanski, 1986) y "La Is-la de las Cabezas Cortadas" (Renny Harlin, 1995) parecían haber dado carpetazo definitivo. Para ello, Bruckheimer pone al frente de la misma a un correcto artesano carente de toda pretensión auto-ral, pero razonablemente eficaz en su cometido como es Gore Verbinski (cuyas tres películas anteriores, la simpática "Un Raton-cito Duro de Roer", la poco inspirada "The Mexican" y la simple-mente correcta "The Ring (La Señal)" son buena prueba de lo di-cho), que con la consigna del espectáculo como bandera, trata de poner al día las historias de bucaneros, tesoros escondidos, maldi-ciones, abordajes en alta mar y duelos a espada que poblaron nuestra niñez y a veces nos hicieron soñar con un mundo mágico y atractivo. Y fracasa de pleno en el intento.

  Porque la aparatosa propuesta de "Piratas del Caribe" no va mu-cho más allá de vampirizar el imaginario y los recursos propios de las películas que muchos aún recordamos con cierto cariño, de tal forma que lo que debía ser una recuperación de dicho género se convierte en mera parasitación del mismo que no sólo no ofrece na-da nuevo, sino que degrada, por su equivocado afán de deslumbrar a cualquier precio, la valiosa herencia que aquellos clásicos deja-ron, y no bastan algunas apreciables ideas de puesta en escena o momentos aislados entretenidos para disimular la falta de atrevi-miento, de enganche de una película a todas luces desmesurada (comenzando por su metraje) y finalmente aburrida, lo que resulta un pecado imperdonable en un producto de estas características.

  A mi entender, el problema prin-cipal de "Piratas del Caribe" tiene que ver con los excesos de un Johnny Depp al que nadie parece haber sido capaz de refrenar un poco en el que sin duda es uno de los peores papeles de su intere-sante carrera: su excéntrico Capitán Sparrow, sobrecargado muestrario de la extravagancia que puede llegar a alcanzar un actor cuando no se le po-ne coto a sus desmanes, está siem-pre sobreactuado, pasado de rosca hasta tal punto que tiene el dudoso mérito de superar en estas lides al in-discutible rey de la mueca, el no menos insoportable Jim Carrey de "Como Dios". Depp arrastra con su histrionismo a una película que gira en torno a su personaje de forma continua y ese tono entre irónico y burlón deviene tal acumulación de amaneramientos que hace bastante insufrible su presencia en pantalla, pese a algunos buenos momentos de humor muy aislados (su primera aparición encaramado en el mástil de su embarcación o su abandono en compañía de la bella Keira Knightley en la isla). A partir de este monumental exceso, "Piratas del Caribe" no tiene mucha más op-ción que continuar en el mismo tono recargado y excesivo, por lo que todo el posible interés de una película de aventuras como tal se diluye en un muy mal medido e indigesto cóctel de géneros.

  Porque "Piratas del Caribe", y ese es el segundo error de la pelí-cula, no confía en la capacidad de sugestión de una simple aventura al viejo estilo y, aplicándose la tirita antes de la he-rida, mezcla de forma bastante infantil este género con un insulso coqueteo con el terror (no olvidemos que esto es una producción Disney) que permite un amplio despliegue de efectos digitales para recrear a la tripulación maldita convertida en unos es-queletos nada atemorizantes aunque sean convincentes y, lo que es aún peor, abusa de reiterativos golpes de dudoso humor que no sólo no consiguen su objetivo de aliviar tanta aparatosidad (un poco tomando como referencia, aunque de forma mucho menos afortu-nada, a "La Momia (The Mummy)" de Stephen Sommers), sino que lastran el fluir de una historia que pide a gritos menos exceso y más cuidado en su elaboración de su guión y personajes.

  Así las cosas, con un Depp despen-dolado que roza el paroxismo, un Geoffrey Rush cuyo personaje de malvado está en continua tierra de nadie entre el terror y el humor al que resulta imposible insuflar cierto inte-rés por más que el australiano lo in-tenta en su composición y unos be-llos floreros (el guapo y correcto Or-lando Bloom y la bella y limitadita Keira Knightley) tan insípidos como funcionales, a uno no le queda más remedio que tratar de agarrarse a las escenas de acción con el deseo de que la función no se vaya del todo a pique. Y por desgracia esto tampoco se consigue, pues no resulta ser el fuerte de Verbinski narrar con las deseadas dosis de ritmo lo que estas secuencias precisan y resulta penoso ver cómo una tras otra van pasando por la pantalla sin pena ni gloria, de una forma tan desapasionada y carente del más mínimo estilo o interés, lo mismo si se trata del duelo a espada entre Depp y Bloom, como del ataque de los pi-ratas a la isla o la inevitable escena de enfrentamiento a cañonazo limpio entre dos navíos y su posterior abordaje, resuelta con bas-tante poca gracia... y lo malo es que la obra trata de convencer por acumulación y aplastamiento lo que no consigue por me-dio de la sutileza o un guión más elaborado, con lo que el inútil alargamiento de la película hasta unas interminables dos horas y media se convierte en todo un desafío a la pa-ciencia del espectador, que no ve el momento de que finalice tanto desatino.

  Quizás si "Piratas del Caribe" no hubiese rebajado a tal punto su nivel de exigencia, podría valerle alguna que otra muestra de la ca-pacidad de Verbinski para sacar partido del material que tiene entre manos, pero ni siquiera imágenes tan sugerentes como ese in-quietante ataque desde el fondo del mar de los marinos malditos que se aprovechan de su capacidad para acercarse a pie al barco que pretenden abordar mientras los haces de luz de la luna llena van revelando su verdadera naturaleza (otro buen recurso desvir-tuado por lo mucho que de él se abusa en el metraje a mayor gloria de los efectos visuales) sirven para compensar tan aparatoso arte-facto que entiende mal el significado de la palabra espectáculo, tan desvirtuado y maltratado en los últimos tiempos.

  Es una lástima, pues no cabe duda que hubiera sido interesante asistir a una recuperación de un género que conoció mejores días y del que cuesta creer que esté completamente agotado, que es la sensación que se desprende de esta fallida y hueca muestra de mal entretenimiento que ni siquiera cuenta a su favor con el mínimo exigible de hacerte pasar un buen rato.

Calificación:  


Imágenes de "Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra" - Copyright © 2003 Walt Disney Pictures, Touchstone Pictures y Jerry Bruckheimer Pictures. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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