CRÍTICA
por
David Garrido
La guerra de sexos según los Coen
No hay que ser un genio para darse cuenta que, muy
probablemente, "Crueldad Intolerable" será uno de los títulos
más rentables de los Coen de
cara a la taquilla. Tanto el eterno te-ma que trata la película,
que jamás perderá el interés por muchas produc-ciones que se
hagan, como la presen-cia de dos estrellas como
George Clooney y
Catherine Zeta-Jones, sumado al
hecho de que estamos an-te la que sin duda es la comedia más
accesible de este par de cineastas geniales, así parecen
indicarlo. Ante esta previsible borrachera de éxito comercial,
los hay que se están apresurando a borrar la etiqueta de
“independientes” con la que siempre se les ha identificado y los
más osados no dudan en pro-clamar a los cuatro vientos que los
Coen “se han vendido” a las exi-gencias de los grandes estudios
de Hollywood... Estos suelen ser los mismos que aún no han
entendido que los cineastas más inde-pendientes de la actualidad
son Steven Spielberg y George Lucas, simplemente porque tienen
tales recursos que pueden hacer cual-quier película que les venga
en gana, independientemente de su presupuesto. Y los Coen,
gracias a su bien ganado prestigio, están en la misma posición.
Hecha esta (in)necesaria
precisión, uno puede afrontar "Crueldad Intolerable" desde dos
puntos de vista complementarios pero no ne-cesariamente
coincidentes, a saber: se puede hablar de la película dentro del
panorama del cine actual o se puede hablar de ella den-tro del
papel que ocupa en la filmografía de los Coen. Ciñéndonos a la
primera cuestión decía Clooney recientemente que «la peor
pelí-cula de los Coen es mucho mejor que la mejor película de la
gran mayoría de directores del cine actual» y "Crueldad
Intolerable" co-rrobora esta gran frase desde el primer al
último fotograma. De for-ma más que convincente.
Ante todo, una comedia tiene la inexcusable obligación no sólo
de en-tretener al espectador, sino de hacer-le reír, y a ser
posible reírse con inte-ligencia de situaciones que le resulten
familiares o en la que pueda fácilmen-te identificarse con lo
que está viendo en pantalla. Pues bien, "Crueldad In-tolerable"
cumple esta máxima a la perfección: desde la desternillante
secuencia inicial con Geoffrey Rush
viviendo intensamente los cuernos más divertidos vistos en una
pantalla desde el comienzo de "Una Cana Al Aire" (Blake Edwards)
hasta el imprevisto y cruel gag que casi cierra la película cien
minutos después, uno tiene tiempo más que suficiente no ya de
reírse, sino carcajearse a mandíbula batiente y sin freno
con las peripecias de ese abogado matrimonialista, arrogante y
tan pagado de sí mis-mo que acepta casos aparentemente
imposibles de ganar con el único fin de encontrar nuevos retos y
esa exquisita y a ratos des-piadada caza millonarios que se
convierte en una formidable anta-gonista gracias a ese
sentimiento tan humano que es la venganza.
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La película
respira por los cuatro costados la herencia de la comedia
clásica de Hollywood |
Los Coen pisan terreno
resbaladi-zo por varios motivos. En primer lu-gar, como se ha
dicho hasta la sa-ciedad, la película respira por los cuatro
costados la herencia de la comedia clásica de Hollywood, y no
estamos hablando de obras meno-res: gente como Preston Sturges,
Ernst Lubitsch, Mitchell Leisen, Ge-orge Cukor y, por encima de
todo, Howard Hawks (la influencia más evidente que pesa sobre la
pelícu-la) construyeron en su momento una serie de obras
maestras del cine que sacaban su genio del inagotable caudal que
supone la ca-si siempre imposible y a veces milagrosa relación
entre hombres y mujeres. La época dorada de la llamada
screwball comedy es el género que los Coen toman por asalto
a golpe de instinto con una desventaja añadida: por primera vez
parten de un material que no es original suyo y que han de
atraer a su terreno. Para ello, nada mejor que aplicarse a lo
que mejor saben hacer: trabajar sobre el guión hasta conseguir,
por un lado, que el peso de la rica tradición no les aplaste, y,
por otro, que sea una obra reconocible como par-te de la
filmografía de los Coen. Casi nada.
Se olvida con frecuencia que no hay género más serio que la
comedia, que precisa de una gran intuición para que las piezas
encajen, los diálogos cojan su ritmo y formen esa música tan
par-ticular. Pues bien, "Crueldad Intolera-ble" posee todas
estas virtudes y, lo que es aun más difícil, cumple con los dos
requisitos antes menciona-dos. Porque, en efecto, es más que
evidente que Clooney está aquí lo más cercano que ha estado
nunca de la famosa sombra de Cary Grant que le ha perseguido
toda su carrera, pero hay que reconocer que hace un trabajo
ma-gistral en una película que descansa casi exclusivamente en
sus hombros y en los de su compañera. Clooney aborda su
cínico abogado con una demostración absoluta de sus recursos
ex-presivos (es un papel que se juega con los ojos, con la
expresión corporal, con la mirada cómplice) que le lleva a
niveles nunca vistos anteriormente, arriesgando mucho a veces
(véase esa malsana ob-sesión con sus dientes) y eso sin perder
un ápice de ese encanto irresistible que le ha llevado a estar
donde está. Zeta-Jones no se queda atrás, su presencia es
magnética en cuanto aparece en la pantalla iluminando cualquier
escena, mantiene el tú a tú con Cloo-ney de forma admirable y se
permite el lujo de resultar a ratos inso-portablemente perversa
y a ratos hasta vulnerable. Enorme.
Es en esta jugosa pelea, este
combate a veces feroz y despiada-do donde sale a relucir eso tan
difícil de conseguir en la pantalla y tan imposible de definir
llamado química, que esta pareja posee a raudales, y ése, sin
duda, es el mayor logro de una hilarante histo-ria en la que es
mucho menos importante lo que está pasando que el cómo está
pasando, con la atención del espectador fija en el de-talle
malévolo, en la sonrisa cómplice, en la eterna guerra de
siem-pre. No obstante, Clooney y Zeta-Jones no saturan la
pantalla gra-cias a los impagables secundarios que pueblan la
cinta: resulta es-pecialmente divertido ver a
Billy Bob Thornton decir
estupideces sin parar tras su hierática composición para la
anterior película de los Coen, "El
Hombre Que Nunca Estuvo Allí";
Edward Herrmann produce risas
dondequiera que aparece; y hasta los papeles más propios de la
farsa, más desequilibrados, cumplen su cometido de aliviar el
peso de la pareja estelar en la película.
Cuestión bien distinta es diluci-dar el lugar que ocupa esta
esti-mable comedia dentro de la filmo-grafía de los Coen, y ahí
es donde hay que decir que puede que los más fanáticos de la
pareja se vean decepcionados: no hay tanto vitriolo en la
propuesta como cabría esperar-se y el tono de farsa de la obra
es tan patente que acaba con cualquier se-gunda lectura cargada
de mala leche que pudiera hacerse. No hay otra pre-tensión que
la de divertir y punto, lo que deja a "Crueldad Intolerable"
mu-cho más cerca de "Arizona Baby" o "El Gran Salto" que de la
impresionante "Fargo" o la socarrona "El Gran Lebowski",
películas mucho más personales e interesantes dentro de lo que
podrían considerarse propiamente comedias. Bien es cierto que
los Coen dejan su sello personal, en algunas ocasio-nes con más
fortuna que en otras (ese decrépito jefe), pero sería in-justo
juzgar "Crueldad Intolerable" sólo en función de los enormes
méritos acumulados por los Coen con el paso de los años. A pesar
de que pueda considerarse una película “menor” dentro de su
filmo-grafía, es quizás la comedia más divertida e inteligente
vista en es-te 2003, en la que las risas están más que
garantizadas. Ése y no otro era su objetivo esencial. Y lo
cumple más que sobradamente.
Calificación:
    
Imágenes de "Crueldad intolerable" - Copyright © 2003 Universal
Pictures, Imagine Entertainment y Alphaville Films. Distribuida
en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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