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DÍAS DE FÚTBOL


Dirección y guión: David Serrano.
País:
España.
Año: 2003.
Duración: 118 min.
Interpretación: Ernesto Alterio (Antonio), Alberto San Juan (Jorge), Natalia Verbeke (Violeta), María Esteve (Carla), Pere Ponce (Carlos), Fernando Tejero (Serafín), Roberto Álamo (Ramón), Secun de la Rosa (Gonzalo), Luis Bermejo (Miguel), Nathalie Poza (Patricia), Lola Dueñas (Macarena), Pilar Castro (Bárbara), Eva Santolaria (Lorena), Pepo Oliva (Tomás).
Producción: Tomás Cimadevilla.
Música: Miguel Malla.
Fotografía:
Kiko de la Rica.
Montaje: Rori Sáinz de Rozas.
Dirección artística: Beatriz San Juan.
Vestuario: Mar Alonso.
Estreno en España: 19 Septiembre 2003.

 

CRÍTICA
por David Garrido

Retrato de una generación de incapaces

  A resultas del enorme éxito que co-sechó el año pasado una comedia musical simpática e inteligente en cu-yos protagonistas no costaba mucho trabajo reconocerse (sobre todo en los defectos más evidentes), "El Otro Lado de la Cama", David Serrano, guionista y verdadero artífice de aque-lla agradable sorpresa, ha conseguido el respaldo necesario para hacer su primera película como director, de la que por supuesto es también guionis-ta. Y a quien quiera buscar puntos de contacto entre ambas películas, coincidencia de repartos aparte, no le costará demasiado: "Días de Fútbol", retrato coral de una do-cena de treintañeros de ambos sexos atascados en su propia inca-pacidad no sólo de saber qué demonios quieren, sino de la forma de conseguirlo, vuelve a ofrecer, como ya hiciera aquélla, toda una radiografía de una generación que sortea como puede un día a día que no resulta especialmente duro por una situación económica an-gustiosa, como podría pensarse, sino por la progresiva toma de conciencia de que la permanente insatisfacción en la que viven no tiene mucha perspectiva de cambiar en el futuro.

  Y así, todo un catálogo de problemas apuntados con mayor o me-nor fortuna desfila por la pantalla: una mirada muy poco amable del director a unos personajes que sufren de unos terribles problemas de incomunicación con sus parejas e incluso consigo mismos; unos hombres que, víctimas de su sempiterno complejo de Peter Pan, son incapaces de encontrar una forma mejor de salir de sus frustraciones que apuntarse al torneo de fútbol del barrio con la idea de reencontrar un espíritu ganador que trasladar a sus vidas; y sus sufridas mujeres, que parecen mucho más capaces que ellos de saber lo que quieren y de llevar adelante sus propósitos... por muy estúpidos que resulten en ciertos casos, con lo que estamos en las mismas.

  Todo ello está servido con la enga-ñosa forma de una comedia rayana en la farsa; una visión algo exagerada sin duda (tal y como debe ser una farsa) pero que en el fondo oculta un retrato bastante certero y lleno de mala leche de una generación que ha hecho de la mediocridad y el conformismo su bandera. Ni uno sólo de los personajes que David Se-rrano ha creado, sin duda mirando a su alrededor entre sus propias amistades y sus experiencias, se salva de la quema de su mirada irónica: por muy buenas que resul-ten sus intenciones, o son unos cagones incapaces de tomar deci-siones (uno de los mayores males contemporáneos), o sufren de una ceguera considerable, lo que se traduce en la imposibilidad de saber lo que quiere el otro o, en el peor de los casos, una estupi-dez incomprensible que guía sus actos.

  Un recurso inteligente que utiliza Serrano es enmascarar este penoso cuadro clínico bajo la apariencia de un mensaje aparentemente positivo que tiene mucho que ver con esa vi-sión de la amistad masculina como algo inmutable que sopor-ta cualquier prueba y que permite a los personajes apoyarse los unos en los otros, cuando en realidad no es sino la excusa que les permite llevar a cabo los proyectos más inverosímiles con resulta-dos poco recomendables, una trampa continua en la que, felices en su ignorancia suicida, caen una y otra vez unos tipos absolutamen-te convencidos de saber qué es lo mejor para cada uno de sus ami-gos, pero incapaces de ver las causas de sus propias desgracias en el proceso. Tan triste como más habitual de lo que nos imagina-mos.

  David Serrano, como debe ser todo buen debutante que se precie, es am-bicioso en sus objetivos y eso es dig-no de aplaudir. Pero por mucho que haya aprendido del maestro Rafael Azcona (que él mismo apunta como inevitable referencia) no resulta nada fácil conseguir que en una comedia coral como ésta, poblada de persona-jes con el fin de crear un abanico lo más amplio posible, fragüe bien la mezcla entre el penoso retrato generacional que propone y la co-media desatada que conecte con el público y le haga dulce el amargo caramelo de su propuesta. Serrano es un hábil creador de diálogos, que fluyen con la naturalidad del que tiene buen oído y sabe cómo crear el ritmo preciso de una escena sin que los chis-tes se superpongan unos con otros. Así, hay secuencias dester-nillantes y muchos momentos que invitan a la carcajada lim-pia, con lo que la película se ve con facilidad, pero eso no impide que sufra de unos cambios de ritmo muy perceptibles que perjudican la estructura de la obra.

  La presentación a brochazos de tan-tos personajes produce otro desequili-brio importante: mientras Ernesto Al-terio se come la pantalla con una composición impresionante, muy ale-jada de sus registros habituales, que convence gracias a que su personaje, mucho mejor desarrollado y construi-do que el de sus compañeros de re-parto, se convierte en lo mejor de la función a todos los niveles, el otro po-lo sobre el que debería girar la pelícu-la, el indeciso y confuso personaje que interpreta Alberto San Juan, re-sulta demasiado inconsistente para llegar al mismo nivel de atrac-tivo. Y eso se extiende al resto de los integrantes del reparto, que oscilan entre el interés que suscitan algunos perdedores franca-mente entrañables como el pícaro leal al que da vida con gran so-lidez Fernando Tejero o el frustrado conductor de autobús al que interpreta Roberto Álamo (notable la secuencia que muestra la humillación diaria en su trabajo a causa de unos niños asesinables, que explica muchas cosas) y la indiferencia que provocan los típi-cos personajes de actor pagado de sí mismo y ligón que hace Pe-re Ponce o el calzonazos policía con ínfulas de cantautor de Luis Bermejo. Lo mismo ocurre en la parte femenina del reparto: no despierta el mismo interés la desesperada situación de una eficaz y divertida María Esteve, que no sabe qué hacer para salvar un matrimonio que su marido ni siquiera considera en crisis, que las dudas existenciales de una atribulada Natalia Verbeke o la inso-portable esposa dominante que es Nathalie Poza, de la que ape-nas se dan explicaciones sobre su forma de ser, con lo que su per-sonaje no traspasa nunca el tópico.

  Pese a esos defectos, insisto, pro-pios de una película coral que persi-gue tan ambiciosos objetivos, no se le puede negar a "Días de Fútbol" sus indudables virtudes: hay los suficien-tes momentos desternillantes para que compensen sobradamente el pre-cio de la entrada, algunos diálogos brillantes que hacen de su cercanía su mejor arma, sin artificios, y una gama de situaciones y personajes más o menos familiares en los que uno puede reconocerse o reconocer a los que le rodean sin mucho esfuerzo. Y puede seguir sin dificultad la línea de razonamiento de un director que no resuelve la película ofrecien-do una lectura de los personajes mucho más positiva de la que hay al principio, porque al fin y al cabo, viene a decir Serrano, no se puede esperar gran cosa de este grupo... que representa mucho más acertadamente de lo que nos gustaría a una generación de in-capaces, más allá del barrio en que vivan o de las posibilidades de que dispongan. Pero si por algo hay que acercarse a ver "Días de Fútbol" es por disfrutar del trabajo de un impactante Er-nesto Alterio que se ha cargado de un plumazo toda esa galería de personajes apocados y tímidos que ha interpretado en su carre-ra gracias a este macarra de buen corazón y mejores intenciones al que le cuesta mantener a raya sus frecuentes ataques de ira, algo que consigue gracias a las bondades de la terapia de grupo descubiertas en la cárcel; en definitiva, un personaje primorosa-mente construido.

Calificación:


Imágenes de "Días de fútbol" - Copyright © 2003 Telespan Producciones y Estudios Picasso. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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