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DOS POLICÍAS REBELDES II
(Bad boys II)


Dirección: Michael Bay.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 147 min.
Interpretación: Martin Lawrence (Marcus Burnett), Will Smith (Mike Lowrey), Jordi Mollà (Johnny Tapia), Gabrielle Union (Sydney Burnett), Peter Stormare (Alexei), Theresa Randle (Theresa Burnett), Joe Pantoliano (Capitán Howard), Michael Shannon (Floyd Poteet), Jon Seda (Roberto).
Guión: Ron Shelton y Jerry Stahl; basado en un argumento de Marianne Wibberley, Comac Wibberley y Ron Shelton; y en los personajes creados por George Gallo.
Producción: Don Simpson y Jerry Bruckheimer.
Música: Trevor Rabin.
Fotografía:
Amir Mokri.
Montaje: Roger Barton, Thomas A. Muldoon y Mark Goldblatt.
Diseño de producción: Dominic Watkins.
Dirección artística: J. Mark Harrington y Brad Ricker.
Vestuario: Carol Ramsey y Deborah Lynn Scott.
Estreno en USA:
18 Julio 2003.
Estreno en España: 3 Octubre 2003.

CÓMO SE HIZO "DOS POLICÍAS REBELDES II"
Notas de producción
© 2003 Columbia TriStar

2. La producción

  Los lugares donde se rodó en Florida incluyen el mundialmente conocido Viscaya Estate (Museo y jardines) la Escuela Carrolton del Sagrado Corazón en Coconut Grove, la mansión de Versace en Miami Beach, el parque Olea State al norte de Miami Beach, el centro comercial Biscayne Shopping Plaza, el McArthur Dairy, el Van Orsdel Funeral Home, los estudios Greenwich y gran variedad de calles, avenidas e intersecciones del centro de Miami.

  Los actores y el resto del equipo se desplazaron al norte de la bonita playa Del Ray para rodar la mansión de Tapia. Tras pasar cuatro meses en Florida, la compañía cinematográfica cubrió la fotografía principal con un viaje relámpago a San Juan, Puerto Rico para la semana final de producción. Una de las persecuciones en coche más complicadas de la película a través de las calles de un pequeño pueblo se rodaron en uno de ficción fabricado por un equipo de talentos del departamento de construcción. La compañía también utilizó el Escenario 27 de Sony para varias tomas así como las escenas rodadas en la Base de Marines de Gitmo, entre 700 acres de impresionantes vistas al Rancho Big Sky en Simi Valley, California.

  “Me acuerdo de un momento detrás de las cámaras”, recuerda Bay que también actuó como operador de cámara en la primera película, “en que Will estaba saltando sobre un coche. Yo dije, “el chico parece una estrella de cine” Otra de las secuencias que recuerdo con más cariño es la espiral que hicimos alrededor de Will y Martin mientras se levantaban, como los edificios que teníamos en el fondo. Todo el mundo pensó que estaba loco y no tuvimos tiempo de hacer la toma, pero yo seguí diciendo, 'Creedme, esta es la toma del tráiler'. Y así fue”.

  “Imaginé un montón de acción en mi cabeza cuando buscaba los lugares donde rodar”, dice Bay. Personalmente, lo que más me interesa es crear acción. Escribí mis propias escenas. Quería algo que nunca hubiera hecho antes y pensé cómo podía combinar las cosas para hacerlas más interesantes. Crear acción es como pintar. Busco los lugares que me inspiren ideas, tomo miles de fotos, y a partir de ahí comienza el proceso de concepción. Frecuentemente desarrollo una idea basada en lo que los propios lugares ofrecen”. En Dos Policías Rebeldes II, Bay se interesó por el puente Miami’s MacArthur Causeway, que junto con el Juila Tuttle Bridge y el Venetian Causeway, une la ciudad de Miami con la península conocida como ciudad de Miami Beach.

  El pasado verano la producción hizo tomas durante tres días de todos los carriles con dirección al este del MacArthur Causeway desde Byscayne Boulevard hasta Fountain Street (Islas Palm e Hibiscus) para poder rodar la escena. La producción envió señales variables para ayudar a dirigir a todos los conductores (turismos, furgonetas y camiones) a seguir al I-195. El tráfico real se redirigió al puente Venetian Causeway. Mientras estuvo cerrado, la compañía de producción pagó los peajes de todos los vehículos que pasaban por el puente. Las fuerzas de la ley de Miami, Miami Beach y Metro Dade, así como la Patrulla de Autopista de Florida ayudaron a controlar el tráfico mientras que la Patrulla de Marines controlaba las aguas. También se trabajó con el Departamento de Transporte de Florida para minimizar las molestias.

  “Traté de ponérselo lo más fácil posible a las dos ciudades”, dice Bay. “Siempre que no rodábamos dejábamos circular el tráfico. El Departamento de Transporte tenía un interesante plan de tráfico y nosotros alquilamos más de 90 oficiales de policía además de equipos anti-incendios y de rescate. Hicimos un esfuerzo enorme para asegurar la seguridad del público y para provocar los menores inconvenientes posibles. Desgraciadamente, llovía muchísimo mientras estabamos en el puente, lo que provocaba muchas más dificultades para rodar y, lo que es peor, numerosos atascos en muchas calles”.

  “Terminar la escena del puente fue un trabajo en equipo increíble”, dice Bruckheimer. “Teníamos muchísima confianza en que lo lograríamos; sin perder la noción de la realidad de la situación y la enormidad de la empresa, pedimos a nuestro Departamento de Escenarios que hicieran todo lo posible para hacer la mejor película que pudiéramos. Cuando todas las autoridades participaron en la clausura del puente – El Estado de Florida, Miami Beach, el de Miami, el Departamento de Transporte y otros muchos grupos – acordaron dejarnos cerrar la autopista intermitentemente durante cuatro días, lo que nos encantó porque sabíamos que no sólo añadiría un tremendo significado a la acción sino que mostraría a ambas ciudades al mundo entero. Cuando el público ve el puente MacArthur Causeway y conduce por él con los coches que ven en la película, no hay duda, están el Florida Sur”.

  Mientras rodábamos parte de la escena de la persecución del puente, el coordinador de doblaje de acción, Andy Gill, que pilotaba un Mustang clásico atrapado en la melé que se ve obligado a salirse de la carretera y estrellarse contra una farola para evitar una seria colisión con el coche de nuestro ‘héroe’, un Ferrari Maranello 575 gris. Andy informó posteriormente que algo había fallado, aunque consiguió salvar el día y el Ferrari con su acción. “Contábamos con perder varias cámaras”, anota Bay. “Pero nunca pensamos perder un Ferrari. Con lo peligrosas que eran las velocidades a las que de desplazaban, Andy nos salvó el día”.

  Conocido por sus intensas escenas de acción, Bay quería que los especialistas de Dos Policías Rebeldes II fuesen todavía más lejos que en la primera película. El concepto de los coches soltándose de un camión comenzó cuando Bay y su artista de guión, Robbie Consign pensaron múltiples ideas para la persecución e intentaron desarrollar un concepto que no habían concebido nunca antes. “Cogimos un camión que se llama doolie y construimos una plataforma triple para él”, afirma Bay. “Se revistió el camión con tres mástiles gigantes, como un triángulo, que rodeaban al conductor, y luego escondimos cinco cámaras en el parachoques delantero. Durante la persecución, cuando los coches empiezan a caer del mastodóntico camión que viaja a más de 110 km/h, el objetivo de los especialistas era estrellar esos coches. Al saltar literalmente del camión, los otros coches que iban detrás chocaban contra ellos o trataban de evitarlos mientras el ‘héroe’ maniobra a través del caos. Rodamos algunas tomas increíbles, pero sabíamos que íbamos a perder algunas cámaras”.

  Los cineastas, así como los coordinadores de especialistas, Andy Gill y Steve Picerni, hicieron infinidad de pruebas para garantizar la seguridad de los actores y del resto del equipo. Los Ferrari, pilotados por el renombrado Henry Kingi, se probaron en un aeropuerto para controlar perfectamente el gobierno, la maniobrabilidad y la velocidad del coche. También se probó el camión para determinar la velocidad a la que los coches caerían del remolque del camión, como reaccionarían al chocar con el suelo y como afectaría a la velocidad y dirección del propio camión, por no mencionar a los técnicos y especialistas atados al camión con arneses de seguridad.

  Hubo que planear muy bien las distancias apropiadas en entre el camión, los vehículos que viajaban detrás y el camión de la cámara, que se había equipado con una plataforma con una cámara Panavision de más de 30 kilos, el director y ocho técnicos de cámara y de sonido. Los ingenieros del Estado de Florida y del Departamento de Transporte también insistieron en que se hicieran pruebas para garantizar que el propio puente no fuera dañado.

  Tanto Picerni como Gill habían trabajado en numerosos proyectos para Bay y Bruckheimer. Sabían que lo que tenían entre manos era una escena que se salía de moldes. A tal efecto, el equipo de especialistas trajo 25 o 30 conductores más para los cuatro días de rodaje. “Todo debía ser a lo grande”, dice Gill. “Todo lo que aparecía en el guión tenía que ser multiplicado por 10 para Michael. Tenía que ser una acrobacia tras otra. Pero Michael conoce su trabajo y eso facilitaba mucho las cosas. Conoce los ángulos correctos. Así que lo que hay que hacer es tenerlo todo preparado porque la mayor parte de las cosas están en su cabeza hasta el momento de rodar, así que todo el mundo está a la expectativa”. Picerni dice, “Michael visualiza las cosas, pero al contrario que muchos otros directores, sabe de acrobacias. Sabe lo que es un buscapiés y un piracell, así que cuando hablamos con él de los gags, comprende los aspectos técnicos del montaje. Tardaron cuatro días en rodar la escena del MacArthur Causeway pero lograron crear la ilusión que concibió en su mente”.

  Cuatro días parece mucho tiempo para rodar únicamente una página del guión. Pero la logística era exigente y precisa. “Teníamos que restaurar unos 60 coches después de cada toma”, denota Picerni. “Y el equipo tenía que limpiar todos los restos que podían quedar antes de que pudiéramos volver a rodar de nuevo. Se perdía mucho tiempo”. “Todas las tomas son grandes tomas”, añade Gill. “Con Michael hay que estar siempre preparado. Metimos 15 coches en el camión y muchísimas cámaras situadas en varios coches porque no sabíamos cuantas veces quería hacerlo”.

  Para capturar la acción, los cineastas utilizaron un kart equipado con una cámara de 35 mm, conduciendo a más de 100 km/h junto al camión para proporcionar espectaculares ángulos bajos. Pero para dar una intensidad en primera persona de la velocidad, Bay utilizó un vehículo preparado al que su equipo bautizó como “Bay Rammer”. Se le despojó de todo lo innecesario, dejando sólo las partes imprescindibles tanto en el exterior como en el interior. El departamento de especialistas fortificó el cuerpo del automóvil protegiéndolo para el piloto y, de igual manera, rodeando el exterior para proteger las tres cámaras. “Parecía un coche de ‘Mad Max’, ríe Picerni, que pilotaba el rammer. “Era como un tanque, totalmente blindado. Intentamos crear la ilusión de que el rammer era el Ferrari. Cuando vemos un coche que se abalanza sobre mí o me golpea, eso es lo que el Ferrari trata de evitar”. “Michael quiere que sea lento, incierto, con ángulos rápidos hasta el momento del impacto”, dice Gill, “así que el público experimenta el golpe en cada giro y en cada choque de coches, como si estuvieran realmente en el Ferrari con Martin y Will. Creo que con el rammer conseguimos eso”.

  Otra extravagancia para los departamentos de especialistas y de efectos especiales fue la demolición de la mansión con vistas al mar de Del Ray Beach. Propiedad de tres hombres de negocios de uno de los herederos de Coca-Cola, la casa aun sin terminar iba a ser demolida y reformada a su condición original como tres propiedades separadas. Para contrarrestar el gasto de la demolición, uno de los propietarios decidió anunciarse en el Hollywood Reporter buscando un productor interesado en utilizar la propiedad. Cuando Bay leyó el artículo, supo que había encontrado la mansión de Tapia.

  “Estaba trabajando en una película en Hawai cuando recibí una llamada de una ayudante de Bay, Carolyn, que me decía que me iba a mandar una fotos de una casa”, recuerda el supervisor de efectos especiales, John Frazier. “Pensé que Michael quería comprarse una casa en Florida, y le dije a Carolyn que pensaba que era un poco grande para él. Pero Carolyn dijo, ‘¡Oh, no quiere vivir en ella, quiere hacerla explotar!’” Ríe.

  Frazier, experto veterano en efectos especiales, admite que volar la mansión de Tapia no tenía que ser el trabajo más difícil, pero que seguro que iba a ser el más divertido. “Lo primero que has de saber de Michael es que la palabra ‘pequeño’ no está en su vocabulario”, explica Frazier. “Y como Will y Martin siempre querían hacer más y más, pudieron estar en situaciones que ni siquiera habrían soñado, lo que hacía que la jornada de trabajo fuera muy llevadera. Con ellos tres no tienes ni que leer el guión. Sólo tienes que enseñarles los juguetes”.

  Frazier también es una persona muy rigurosa con la seguridad. La mansión de 15.000 m2 se construyó de cemento. Antes de que la compañía se preparase para rodar, los propietarios desalojaron los objetos irremplazables y de valor del edificio. Desmantelaron y vendieron los moldes y las cornisas ornamentadas, así como los ventanales y otros adornos del interior.

  Meses de preparación por parte de la compañía de producción, la ciudad, el Estado, grupos de protección de la vida salvaje y la comisión local de cine garantizaron la seguridad en la secuencia para cualquier persona y animal. “Comenzamos la preparación muy pronto”, dice Frazier. “Teníamos que cortar y montar muchas cosas antes. Cambiamos las tejas de terracota del tejado que pesaban 15 kg cada una y las reemplazamos con placas de cartón que reducían muchísimo el peso. También colocamos cientos de cargas por el interior y por el exterior de la casa. Pero no colocamos la dinamita hasta que ya estaba todo dispuesto para rodar porque había mucha gente arriba y abajo que no podría ver donde habíamos colocado las cargas. El hecho de que esta casa estuviera en la playa jugaba a nuestro favor ya que dirigimos la explosión hacia el océano”. Durante la espectacular destrucción de la mansión de Tapia había 10 cámaras rodando, capturando todos los ángulos posibles de la demolición.

  Uno de los lugares más incómodos para los actores y el equipo fue el parque Olea State Park, donde la producción pasó 10 noches rodando a Marcus y a Mike despejando una convención del Ku Klux Klan. Incluso de noche, las temperaturas eran elevadísimas y la humedad las hacía aun más insoportables. La acción tenía lugar en un pantano, lo que permitió que la población de insectos local se diera un festín. Se colocaron muchas cámaras en barcos y en muelles flotantes para capturar la intensidad de la escena.

  La producción de cinco meses culminó con la mudanza de la Compañía desde Miami hasta San Juan, Puerto Rico para una de las secuencias más peligrosas de la película. El departamento artístico trajo a un equipo de pilotos para conducir por las estrechas y ventosas calles de un poblado enclavado en el terreno rocoso y árido de una colina. Los conductores de un Hummer y de otro camión llevaban micrófonos al estilo de la Fórmula NASCAR con los que eran dirigidos por las complicadas calles. La secuencia se complicó todavía más debido al tempestuoso clima, que paró la producción durante más de una día. “Básicamente los conductores estaban ciegos porque empezaron conduciendo por el medio de las chabolas”, explica Bay. “No podían ver así que tenían que confiar en el hombre que los dirigía. En una ocasión los guías los perdieron y en la confusión y por accidente los coches se cambiaron y recibieron instrucciones equivocadas pero cuando lo vimos todo en la cinta había quedado muy bien. En realidad rodamos esa escena en día y medio. Es un milagro cinematográfico”.

3. El reparto >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Dos policías rebeldes II" - Copyright © 2003 Columbia Pictures y Don Simpson/Jerry Bruckheimer Films. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos reservados.

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