CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 3.5 / 10
Banda Sonora Original:
*****
Después de la tomadura de pelo que Don
Simpson y Jerry Bruckheimer
gestaron con "Dos Policías Rebel-des", un éxito sorpresa en su
día más debido a la modestia de su presu-puesto que a otra cosa,
llega ahora su segunda parte, un proyecto mil ve-ces anunciado
pero que, por una u otra razón, ha tardado casi ocho años en
hacerse realidad. Para aquellos que recuerden la primera entrega
de la película que dio a conocer a
Mi-chael Bay –muy devoto hay que ser del filme para
que esto sea así–, retendrán en su memoria el esquema argumental
de la cinta: un buen puñado de escenas de acción sazonadas por
un cúmulo de supuestos gags tan absurdos como prescindibles
(¿acaso al-guien pensaba que había una historia detrás de todo
ello?). En defi-nitiva, una nadería en la que lo único que se
salvaba eran algunos fragmentos de la banda sonora de Mark
Mancina.
Los
protagonistas de aquella cinta, Martin
Lawrence y Will Smith,
son ahora grandes estrellas de Hollywood que cobran suel-dos
astronómicos por sus trabajos. El presupuesto de esta
conti-nuación es, obviamente, muy superior al de su antecedente,
no ya porque haya más dinero para destruir cuantas más cosas
mejor, sino porque los elevados salarios de los actores
protagonistas y del propio realizador han propiciado que "Dos
Policías Rebeldes II" ha-ya costado la desmesurada cifra de
ciento treinta millones de dóla-res, a los que habría que sumar
otros cuarenta en publicidad.
Y el caso es que ya desde los pri-meros minutos de la
película uno intuye que poco ha cambiado con respecto a aquella
deplorable pri-mera entrega: el humor plúmbeo, tontorrón y
cansino de "Dos Policías Rebeldes" sigue siendo el verdadero
motor del guión, al que se le adereza de vez en cuando unas
cuantas esce-nas de acción que, sin embargo, no son tan
abundantes como muchos espectadores desearían. Los diálogos
resultan delirantes –atención a los encuentros de Marcus y Mike
con el capitán Howard–, siendo su humor tan banal y estúpido que
uno sólo puede lanzar bufidos de protesta cada vez que se repite
un gag de este tipo. Por desgracia, no se puede decir que no
sean precisamente copiosos, siendo algunos de ellos sumamente
gro-tescos y de mal gusto (los protagonistas metiéndose con un
mu-chacho que va a buscar a la hija de Marcus para salir con
ella o los acontecimientos que suceden en la funeraria, incluida
la escena en la que Marcus ingiere unas pastillas de éxtasis sin
percatarse de ello). En definitiva, típicos planteamientos de
comedieta americana que, sí, supongo que harán gracia a parte
del público estadouniden-se, pero que carecen de cualquier tipo
de inteligencia como para que agraden al espectador europeo.
En cuanto
a la acción, que como ya dije no es tan sustanciosa como a
muchos les hubiera gustado que fuera, se aleja completa-mente de
la estimable contención de Michael Bay en "Pearl
Har-bor", adentrándose incluso en terrenos más
propios de otras pelícu-las de reciente éxito (en la escena
inicial, hay una leve imitación a "Matrix"
cuando una bala que dispara Mike roza a Marcus y acaba
impactando en el cuello de uno de sus múltiples enemigos). En
ge-neral, uno acaba harto de la exageración con la que se
plan-tean las secuencias más moviditas del filme, con tiroteos y
explosiones por doquier que a ratos nos hacen creer que es-tamos
contemplando, desde un punto de vista formal, un vul-gar
producto de serie B. Michael Bay se dedica nuevamente a
marear al personal con sus ampulosos movimientos de cámara y sus
alborotados montajes, impidiendo que la narración visual pueda
discurrir con naturalidad y que uno se entere realmente de lo
que está sucediendo en la pantalla.
Una verdadera pena, sobre todo te-niendo en cuenta la breve
espectacu-laridad de algunos de sus pasajes, como la persecución
automovilística en la que decenas de coches son destrozados sin
piedad para regocijo del espectador. Lástima que este ver-dadero
plato fuerte de la función, que aparece una vez transcurrida
media hora de película, no sea dirigida con un estilo más
clásico, pues el barullo y el desconcierto nos impiden
disfru-tar realmente con la orgía de devastación con la que Bay
pretende avasallarnos. Tal es la rapidez con la que se sucede la
acción que uno apenas tiene tiempo para quedarse con la boca
abierta, algo que bien podría suceder en determinados pasajes
del relato, como cuando algunos de los coches que transporta el
camión de los vi-llanos caen dando tumbos en la carretera y los
protagonistas tratan de esquivarlos. Eso sí, todo ello no dura
más de siete minutos, de ahí que uno no entienda el porqué del
desmedido minutaje de la cinta –casi dos horas y media de
metraje–, que presenta múl-tiples momentos de exasperantes e
injustificados vacíos.
Por
supuesto, entre tanto desvarío los guionistas intentan
introdu-cir elementos "dramáticos" en la historia, pretendiendo
así otorgarle algo de seriedad al asunto –por ejemplo, el enfado
de Marcus al sa-ber que Mike está liado con su hermana–, pero no
dejan de ser ridí-culos empastes dentro de un conjunto que no
termina de funcionar. El único fragmento medianamente
convincente al respecto es aquel en el que uno de los personajes
principales se encuentra retenido por el perverso Johnny Tapia,
algo que afecta emocionalmente a los protagonistas. Ahora bien,
que nadie se espere por ello un drama a lo Douglas Sirk, porque
no deja de ser un rutinario tópico que se in-troduce para
equilibrar el exceso de elementos "cómicos" que des-tila el
filme.
Respecto al reparto, Will Smith combina mucho mejor la
interpre-tación física, cómica y dramática que su compañero
Martin Lawren-ce. Se nota que ha madurado co-mo actor a lo largo
de estos años y que su presencia no resulta tan insoportable
como sus primeras incursiones en la pantalla grande. Por su
parte, al protagonista de "Esta Abuela es un Peligro" se le ve
patéti-co en las secuencias en las que ha de descubrir sus
sentimientos, algo que no ha de extrañar a nadie, dadas sus
limitaciones en esto de la actuación. El español
Jordi Mollà está realmente
exagerado en su papel y recrea a un risible villano carente de
cualquier tipo de credibilidad. Mollà cae continuamente en la
extremosidad –ver la escena de los ratones o los pasajes en los
que aparece junto a su hija–, aunque en su descargo hay que
decir que no es que los guio-nistas se lo hayan puesto
precisamente fácil. Él sabrá por qué ha aceptado trabajar en un
producto semejante, que sin duda es mu-chísimo menos digno que
aparecer en una película de "La
Guerra de las Galaxias". No hay duda de que su cuenta
corriente ha en-gordado un poquito más, y si eso le va a
permitir producir sus pro-pios guiones y tener más tiempo para
sus verdaderas inquietudes, ¡bravo por él! Ahora bien, la
contradicción de dejarse ver en una ni-miedad como ésta y el no
aceptar un papel en "Star Wars. Episo-dio II. El Ataque de los
Clones" no se la quita nadie.
Para no desentonar con el resto de la cinta, la música de
Trevor Rabin es absolutamente
prescindi-ble, un cúmulo de ritmos electrónicos que nos
hacen añorar los vibrantes cortes de acción que Mark Mancina
compuso en su día para "Dos Policías Rebeldes". Este autor, al
que próxi-mamente escucharemos en "Herma-no Oso" y "La Mansión
Encantada", iba a trabajar nuevamente en esta se-cuela, pero a
las pocas semanas del estreno del filme se desentendió del mismo
argumentando diferen-cias creativas con los responsables del
proyecto. El resultado es una composición realizada de forma
apresurada y en la que, aparte de Rabin, existe música adicional
de Steve Jablonsky,
Paul Lin-ford y
Dr. Dre, quien además precisa
de Mike Elizondo para que
componga música adicional de su propia música adicional
(perdó-nenme la repetición de palabras y el trabalenguas, pero
el despro-pósito es tal y como se lo he comentado). Nuevamente
son los pa-sajes intimistas los únicos que se salvan del
conjunto –Mike ha-blando con Syd acerca de lo preocupado que
está su hermano por los riesgos que asume en sus misiones,
percibiéndose el afecto existente entre ambos personajes–, pero
no pueden hacernos olvi-dar que nos encontramos ante una obra a
la que ni siquiera merece otorgársele el calificativo de
composición musical.
Imágenes de "Dos policías rebeldes II" - Copyright © 2003
Columbia Pictures y Don Simpson/Jerry Bruckheimer Films.
Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Dos policías rebeldes II"
Añade "Dos policías rebeldes II" a tus películas favoritas
Opina sobre
"Dos policías rebeldes II" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"Dos policías rebeldes II" a un amigo
|