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EL JUEGO DE RIPLEY
(Ripley's game)


Dirección: Liliana Cavani.
Países:
USA, Reino Unido e Italia.
Año: 2002.
Duración: 110 min.
Interpretación: John Malkovich (Tom Ripley), Dougray Scott (Jonathan Trevanny), Ray Winstone (Reeves), Lena Headey (Sarah Trevanny), Chiara Caselli (Luisa Ripley), Sam Blitz (Matthew Trevanny), Evelina Meghnagi (María), Paolo Paoloni (Franco), Maurizio Luca (Ayudante de Franco), Yurij Rosstalnyi (Guleghin).
Guión: Charles McKeown y Liliana Cavani; basado en la novela 'Ripley's game' de Patricia Highsmith.
Producción: Ileen Maisel, Simon Bosanquet y Riccardo Tozzi.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía:
Alfio Contini.
Montaje: Jon Harris.
Diseño de producción: Francesco Frigeri.
Vestuario: Fotini Dimou.
Estreno en España: 19 Septiembre 2003.

 

CRÍTICA
por José Luis Santos

  Puede que haya salvación, que toda-vía quede esperanza, que la llama aún no se haya extinguido y percibamos un leve parpadeo al final del túnel que nos indique que subsiste la vida inteli-gente en el planeta cine. Después de un periodo estival sencillamente pau-pérrimo (hablar de productos medio-cres o incluso malos sería como cali-ficar Chernobyl de “pequeño contra-tiempo, vaya por Dios”), en el que las salas de cine bien podrían haberse convertido en el principal instrumento de tortura si la Santa Inquisición siguiera buscando brujas y traido-res (hoy en día sus funciones las desempeñan algunos políticos y periodistas con la misma ausencia de sentido pero muchos más beneficios personales), salvando contadísimas excepciones (lláme-se la interesante “28 días después”, la parte final de la lúdica “Ter-minator 3” –¿o era 2?–, algunos pasajes –apenas la décima parte de su excesivo metraje– de la cuasi-infantil “Piratas del Caribe”, y poco más…), la proximidad del otoño hace que con la hoja caiga parte del detritus de celuloide que plagaba nuestras pantallas (la guinda/traca final la aportó la inconcebiblemente infame “Escapan-do de la oscuridad”), permitiendo que asomen por ella películas que merezcan todas las letras de la palabra, entiéndase: con un guión escrito por una mente humana (no por una hedionda y casposa aplicación “Microsoft guiones a tutiplén 3.0”), un director interesado en contarnos algo y unas interpretaciones sólidas.

  Así, en apenas dos o tres semanas un servidor ha podido recupe-rar en cierta medida su dolorido paladar (que había encontrado su único refugio en el “gueto” de la filmoteca y el maestro Wilder) con filmes como la nostálgica “Enigma” (con su agradable aroma a cine de otros tiempos), la espléndida “El buen ladrón” (donde Neil Jordan se reivindica como un cineasta con personalidad, medido, chispe-ante y maduro a la vez) y esta “El juego de Ripley” que nos ocupa, con la que la atípica directora Liliana Cavani (“Portero de noche”, “La piel”) reaparece después de no rodar en cine desde 1993.

  Y para ello adapta ella misma junto a Charles McKeown una novela de Patricia Highsmith (a la que Graham Greene bautizara como “la poetisa del miedo” y el maestro Hitchcock glorifi-cara por la puerta grande del cine ya en 1951 al utilizar su primera novela para rodar “Extraños en un tren”). Se trata de la tercera novela en la que la autora enmarcó a un personaje espe-cialmente cinematográfico, Tom Ri-pley, que diera lugar a cintas como “A pleno sol” de René Clement, “El ami-go americano” de Wim Wenders o más recientemente “El talento de Mr. Ripley” de Anthony Minghella. Cavani nos presenta una realización con aroma europeo, mimada, sencilla y natural en los planos pero cuidadosa y detallista en la fotografía, la puesta en escena y el tratamiento de la luz, bañado todo ello con una buena banda sonora de un Ennio Morricone que casi nunca defrauda. Deja que la historia fluya y los personajes vayan implicando al espectador en ella con inteligencia y habilidad, mos-trándose especialmente efectiva en el pasaje que transcurre en el expreso de Dusseldorf, y sobre todo y ante todo aprovecha para que su nave viaje a favor del viento con una fuerza de la naturaleza tan espectacular como John Malkovich.

  Éste se muestra pletórico en su aportación al personaje que otrora asumieran actores como Alain Delon, Dennis Hopper o Matt Damon, logran-do una creación seductora y sugeren-te, una figura que incorpora algunos aspectos de su manipulador Valmont de “Las amistades peligrosas” y del asesino cultivado y sibarita Hannibal Lecter, pero lejos de ser un psicópata con desviaciones asesinas y antropó-fagas como el recreado por Anthony Hopkins, su Ripley es un racional y desarbolante pragmático, que nos muestra el encanto de la mani-pulación, si bien al final parece hacer intuir una pequeña fisura en su coraza abierta por el otro personaje principal, Jonathan Trevan-ny, encarnado por un Dougray Scott (al que vimos recientemente en “Enigma”) eficaz aunque algo perjudicado en mi opinión por un doblaje algo excesivo en lo teatral. Si Ripley aparece amoral, ele-gante y sibilino, Trevanny es su contrapunto expuesto al miedo, la culpa y la angustia en su actitud frente a la muerte, y es quizás en este aspecto en el que no puedo evitar sentir que el guión de Cava-ni y McKeown se queda un poco corto, pudiendo haber profundiza-do algo más en el fascinante viaje a los infiernos que el enmarcador enfermo experimenta, de forma que se pudiera haber redondeado y firmado así una gran película que en cualquier caso resulta un buen producto que sabe administrar su historia para lograr un ritmo aparentemente lento pero muy efectivo y adecuado en el fondo.

  Me quedo con la definición que la autora de la novela hace de su personaje estrella, Tom Ripley: «Lo considero un hombre tan civili-zado que mata cuando tiene necesariamente que hacerlo. Vive su vida a su manera, no es un criminal, es un arribista obligado a ma-tar». La verdad es que últimamente son cada vez más los estadis-tas que parecen querer encajarse en esa descripción, lo cual resul-ta tan retorcido que seguro que no se le ocurrió ni a la propia Patri-cia Highsmith. En fin, son ustedes libres de hacer comparaciones si lo desean…

Calificación:


Imágenes de "El juego de Ripley" - Copyright © 2002 Fine Line Features, Baby Films, Cattleya y Mr. Mudd. Distribuida en España por TriPictures. Fotos de Sergio Strizzi. Todos los derechos reservados.

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