CÓMO SE HIZO "EMPEROR'S
CLUB"
Notas de producción
© 2002
Manga Films
El director Michael Hoffman
(Un Día Inolvidable, Restauración, Escándalo en el Plató)
declara que Emperor’s Club trata sobre “un maestro de valores
tradicionales que se aventura en un mundo mucho más laberíntico
y complejo de lo que él está preparado para resistir.” Se puede
llegar a la conclusión de que una de las razones por las que
Hoffman se sintió atraído por Emperor’s Club es su pasado como
alumno en prestigiosas escuelas y universidades como Oxford,
donde fue un devoto estudiante de los clásicos. Sin embargo, fue
la inusual naturaleza de esta pieza lo que realmente le atrajo
desde el principio.
Para Hoffman, la posibilidad
de hacer una película que “tiene la audacia de tirar de las
orejas a su propio género” era irresistible. Él mismo asegura,
“La mayoría de las películas ambientadas en instituciones de
enseñanza acaban con el profesor y el alumno salvándose
mutuamente. Aquí se desafía este convencionalismo. Y eso es lo
que la hace desconcertante”.
El productor Marc Abraham
(Family Man, A Por Todas, Spy Game) está totalmente de acuerdo.
“No es lo que te esperas”, afirma. “Da vueltas alrededor de una
idea fundamental: la idea de la gran importancia que tiene el
carácter para el destino de uno. Lo que hace a esta película tan
especial es que se mantiene firme en sus convicciones. No
muestra un retrato bello de la realidad, ni intenta eludir los
momentos fuertes, intensos y desnudamente honestos. Actualmente,
es difícil presentar una historia cuya trama no se resuelva
finalmente atándolo todo con bonito lazo rosa”.
Al productor Andrew Karsch
(El Príncipe de Las Mareas, La Princesa Caraboo, Seducir a
Raquel) le interesaron las provocativas preguntas que se
formulan a medida que avanza el relato corto de Ethan Canin,
‘The Palace Thief’, que sirvió como inspiración para la
película. “La historia pone en un lado de la balanza una buena
vida, y en el otro, una vida exitosa. Era el hecho de calificar
una vida, la de ese hombre, lo que encontré cautivador”.
Recuerda Karsch.
Hoffman añade a su vez:
“Todos y cada uno de nosotros, llegados a un punto, nos hemos
preguntado qué significa ‘llevar una vida de forma ética’. La
respuesta nunca es del todo clara”. Prosigue: “Una de las cosas
que más me atrajo de la historia es que mi éxito en la vida se
debe especialmente a la influencia que en mí ejercieron algunos
profesores. Mientras que mis padres se ocuparon en que yo
tuviera una buena educación, fueron los profesores quienes
influyeron de una manera más profunda en mi desarrollo
intelectual e, indirectamente y de manera tangencial,
colaboraron en que yo aprovechara las oportunidades que la vida
me fue brindando. (Antes de leer la historia) no era tan
consciente del impacto que mi comportamiento, bueno o malo,
podría haber tenido después sobre ellos. Mirando hacia atrás,
mis maestros han hecho tanto como mis padres a la hora de
formarme, por lo que veo en esta película una oportunidad para
rendirles homenaje”.
Abraham también quedó
cautivado por el trabajo de Canin. “La historia de Ethan indaga
en profundas experiencias que yo también he vivido”, asegura
Abraham. “El importantísimo papel que ciertos profesores han
representado en nuestras vidas, la influencia de un padre sobre
su hijo, preguntarnos nuestro propio papel y las consecuencias
de nuestros actos en el orden de las cosas, los retos a los que
se tiene que enfrentar uno a la hora de educar a los niños, y el
tratar de hacer lo correcto cuando esos niños ven a otros tomar
atajos en la vida, el camino fácil”. Prosigue: “Era -sobretodo y
muy especialmente- una historia sobre una postura vital ética,
sobre decisiones basadas en la buena fe, así como también en la
temeridad…en definitiva, sobre actuaciones que acabarán
marcando, de un modo u otro, el resto de nuestras vidas. Dios
sabe que todos hemos tenido que tomar decisiones que podrían
haber resultado de modos muy distintos según las circunstancias.
Son estas elecciones las que nos hacen diferentes de los demás y
forman nuestro carácter. Somos la suma de decisiones y acciones.
Está claro que esta película no desarrolla un concepto como el
de las típicas producciones cinematográficas de los grandes
estudios de hoy día”. En opinión de Canin: “Yo sólo pretendía
explicar una historia con un cierto suspense que se centrara,
finalmente, en el concepto de carácter. El carácter de Sedgewick
Bell sella su destino y el destino de Hundter marca su
carácter”.
Al guionista Neil Tolkin
(Sticks and Stones, Ritchie Rich, Papá Cadillac) le emocionaron
las diferentes subtramas derivadas de la relación padre-hijo.
Tolkin explica, “los pecados del padre cargan sobre las espaldas
de los hijos. Hundert, Bell y Blythe, todos tienen padres que
tuvieron éxito en la vida, una figura que domina la mesa a la
hora de la cena. Y más tarde, Bell y Blythe acaban teniendo a
sus propios hijos como rivales, y viceversa”. Karsch, productor,
observa: “Hundert, Sedgewick y Martin Blythe deben todos
enfrentarse a las expectativas de sus padres, que tienen por
ellos un cariño marginal. Su reacción ante esto determina
quiénes son. Finalmente, cada uno intenta romper ese patrón de
conducta con sus propios hijos, pero ello no es siempre posible.
Eso es lo duro de la paternidad. Para bien o para mal, uno está
formado a imagen y semejanza de sus padres”.
Fue Karsch quien ligó a Kevin
Kline, amigo suyo de toda la vida, al proyecto. Ganador de un
Oscar al Mejor Actor de Reparto por Un Pez Llamado Wanda, así
como de dos Premios Tony (The Pirates of Penzance, On The
Twentieth Century), Kline ya había colaborado con Karsch en La
Princesa Caraboo, y con el director Hoffman en El Sueño de Una
Noche de Verano y Escándalo en el Plató. El actor encontró esta
historia “un fascinante estudio sobre un hombre que vive en un
siglo equivocado, que posee un refinamiento y una sensibilidad
totalmente opuestos a la vulgaridad que domina el presente. Su
mundo, esta institución académica ubicada en un entorno rural,
imbuida de un poderoso sentido de la tradición y orgullo, y
regida por unas reglas estrictas, está algo así como suspendido
en el tiempo”, comenta Kline. “Hay algo quijotesco en su actitud
hacia la vida y en la devoción por su trabajo. Cada año, recibe
a 25 nuevos alumnos, y él siente que su deber es moldear el
carácter de estos niños. Esto le rejuvenece, renovando su pasión
con cada promoción anual”. “Entonces, un buen día, llega este
chico en el que él se vuelca, probablemente más de lo que
debería, porque percibe todo un potencial que está siendo
frustrado por la problemática relación que el muchacho tiene con
su padre, un conflicto que le trae al propio Hundert dolorosos
ecos del pasado”. “Hundert se topa con una serie de desilusiones
en su camino hacia una vida virtuosa –honor, verdad, vivir una
buena vida, conocerse a sí mismo-”, prosigue Kline. “Creo que
esta historia contiene una llamada a despertarse. Hundert tiene
una visión idealizada de lo que le rodea, pero de pronto, el
velo que se alza ante su rostro se levanta y tiene que
enfrentarse a los horrores de la vida real: la vulgaridad, la
mentira, la erosión de nuestra cultura por ideas y personas
superficiales y el fervor con que ciegamente las seguimos”.
Es precisamente la suma de
todos estos elementos lo que llevó a Kline a aceptar este
“caramelo” que era interpretar a Hundert, según comenta Canin.
“El tipo de cosas a las que Hundert da importancia son las
mismas que preocupan a Kline, y eso se nota al instante viendo
la película”, afirma el autor del relato en el que se inspira
Emperor’s Club. “Creo que esta película no podría haber sido
estrenada en un momento histórico más adecuado. La política ha
sido siempre una profesión despiadada y da la sensación que sólo
triunfan los políticos verdaderamente implacables. Pero se ha
dado a veces la rara excepción de algunos políticos que han
utilizado sus métodos implacables en servicio de una concepción
idealista del servicio público (me viene a la cabeza Bill
Clinton); con los delincuentes financieros y corporativos tienes
la misma dureza y metodología despiadada, pero no el posible
afán, aunque sea periférico u oportunista, de servicio público”.
A Hoffman también le agrada
de la historia su rabiosa actualidad. Él mismo manifiesta: “Mira
los titulares de los periódicos. Esta historia está de moda
actualmente porque vivimos inmersos en los escándalos
financieros de los directores y altos ejecutivos de grandes
corporaciones como Enron y demás”. “Todo está relacionado con el
carácter de las personas. Puedes ver claramente cómo todos esos
timos en las grandes empresas, los engaños, el crimen de guante
blanco, la contabilidad creativa... cómo esos comportamientos
pueden llevar a todo un país a la ruina. Podemos constatar las
consecuencias que ha tenido el que estas personas hayan
racionalizado el hecho de que ‘el fin justifica los medios’”.
“Cuando Hundert toma por fin esa decisión radical y fundamental
que cambiará su vida, te identificas con él. Entiendes sus
razones”, prosigue. “Te ves involucrado. No es hasta el final
-cuando él debe enfrentarse cara a cara a las consecuencias de
esa determinación, al enorme impacto que significó para otro ser
humano y, más aún, para sí mismo- que te das cuenta de la
auténtica dimensión de esa decisión tomada hace tiempo... de lo
que ésta supone con el paso del tiempo”.
Tolkin añade: “La mayoría de
nosotros hemos conocido en algún momento de nuestras vidas a un
Sedgewick Bell, a una persona que haría cualquier cosa por
doblegar el sistema, por tomar el camino fácil, mientras
condujera al éxito. Lo alarmante de esta historia, aunque no
resulte tampoco una sorpresa, es que los Bell de este mundo
acaban derrotando al sistema, son elegidos para altos cargos y,
ocasionalmente, se convierten en grandes líderes. Bell acaba
triunfando, y no le importa mucho cómo lo ha conseguido, ni los
métodos que continuará utilizando para ganar en todas las lides
que se le presenten. Su falta de carácter es un elemento
destructivo para aquellos con los que se relaciona, incluido su
hijo, que acaba siendo menos importante para él que el hecho de
triunfar. Pienso que todo esto es muy significativo si tenemos
en cuenta los tiempos que está viviendo nuestro país”.
El equipo de dirección y
producción entendieron que al insuflar vida al personaje de
Sedgewick Bell en la película, éste tenía que ser lo más
multi-dimensional posible: carismático, gracioso, ocurrente y
simpático, y dar impresión, a su vez, de ser capaz de cualquier
cosa para alcanzar sus objetivos. Algunos de los momentos más
desenfadados de la película se crearon con dicho propósito.
Hoffman aclara: “Es importante que Sedgewick Bell tenga sentido
del humor, que sea de alguna manera gracioso y simpático. Esa es
una de las características que le hacen atractivo a los que le
rodean. Una vez ese carisma entra en juego, no son sólo sus
compañeros de clase quiénes caen seducidos por su personalidad,
también el espectador. Era fundamental el aliviar los momentos
serios y dramáticos con candor y humor para que Sedgewick
pudiera hechizarnos a todos”. Canin encontró que los momentos
desenfadados del guión aportaban calidad a la historia. “Eso fue
todo producto de la imaginación de Neil Tolkin, e hizo un gran
trabajo”. Pero encontrar un actor que interpretara el personaje
de Sedgewick Bell fue uno de los retos más difíciles de todo el
equipo, hace notar Karsch. Hoffman recuerda: “Vi a un par de
chicos (para el papel de Bell) y pensé ‘¡Oh, Dios mío, este
chaval tendrá que trabajar cara a cara con todo un Kevin Kline!’
Lo fascinante es cómo mis miedos desaparecieron tan pronto
apareció por la puerta Emile Hirsch. Aunque, comparado con
Kevin, tiene poca experiencia, su sofisticación e inteligencia,
así como su instinto natural, eran de tal intensidad que
inmediatamente supimos que ya teníamos a Sedgewick Bell”. Hirsch
cree que él tiene muy poco en común con su personaje. “Veamos...
sí, ambos pertenecemos a la raza humana”, bromea Hirsch, “pero
más allá, no creo que fuéramos muy buenos amigos. Pero entiendo
que las personas quieran relacionarse con él para no perder. A
nadie le gusta perder. Es tan sólo cómo algunas personas lo
llevan, esto de intentar ganar siempre. Sedgewick se comporta
como alguien que definitivamente no se puede permitir perder, y
no perderá. Para él es algo como ‘No quiero perder, por lo que
voy a estudiar y hacer lo que sea necesario para asegurar mi
victoria’. Es el ganar a toda costa”.
El ganador de un Oscar Kevin
Kline quedó muy impresionado por Hirsch y los otros
co-protagonistas adolescentes, entre los que se encuentran Jesse
Eisenberg, que interpreta a Fred Masoudi; Rishi Mehta, que da
vida a Deepak Mehta; y Paul Dano, que interpreta el personaje de
Martin Blythe cuando era joven. “Están increíbles”, afirma.
“¿Cómo lo hacen? La adolescencia es la parte más difícil y
compleja de la vida porque luchas por crear tu propia identidad.
Interpretar ayuda a hacerte una idea de quién eres en realidad.
Tienes que empezar desde ahí, y para ello tienes que tener una
cierta noción de quién eres. Esa especie de auto-posesión que
tienen estos chicos es realmente impresionante”.
Para apoyar el trabajo de
Kline y sus jóvenes co-protagonistas, el director y los
productores reunieron a un distinguido grupo de actores
veteranos, entre los que se incluyen: Edward Hermann (El
Abogado, A Cor Obert), en el papel del respetado pero almidonado
director de la academia Woodbridge; y Rob Morrow (Northern
Exposure) dando vida al pragmático y astuto Charles Ellerby.
Harris Yulin (Frasier, Training Day) hace el papel del
formidable y temible padre de Sedgewick.
Embeth Davitz (La Lista de
Schindler, El Hombre Bicentenario) es Elizabeth, la esposa de
uno de los colegas de Hundert, y alguien que comparte su pasión
por la literatura, la historia y los clásicos. Para aquellos
familiarizados con el relato ‘The Palace Thief’, este personaje
no aparecía en la historia original de Canin.
El guionista Tolkin explica
sus razones para este cambio: “Quise darle a Hundert una vida
más rica y completa. Enamorarse de una mujer casada hacía la
historia más interesante desde el punto de vista del guión. Era
un contrapunto a su personaje, algo con lo que tendría que
esforzarse en resolver, algo que le haría luchar consigo mismo,
aparte de todos los otros dilemas morales y éticos que pudiera
albergar”.
Para interpretar a los
alumnos de Hundert en la edad adulta, se seleccionó a Joel
Gretsch (Minority Report, La Leyenda de Bagger Vance) en el
papel de un Bell ya convertido en un hombre; a Patrick Dempsey
(Once and Again, Scream 3) haciendo de Masoudi; Steven Culp
(Star Trek: Nemesis, Trece Días) interpretando a Blythe; y Rahul
Khanna (Bollywood/ Hollywood, Earth) en el papel de Mehta.
La diseñadora de producción,
y ganadora de un Oscar en esta disciplina por su trabajo en
Amadeus, Patrizia Von Brandenstein, fue inspirada por la pasión
del cineasta. “Marc y Andy se esforzaron terriblemente por todos
nosotros. Nunca cejaron en su empeño de llevar a cabo este
proyecto. No encuentras a profesionales así. En cuanto a
Michael, es único. Su entusiasmo es la razón por la que gente
como Lajos Koltai (director de fotografía), un hombre dotado de
un talento inmenso, firmaran inmediatamente”.
Para Cann, el escritor, el
que quisieran contar con su aportación durante el proceso de
producción fue una agradable sorpresa. “Habitualmente, los
escritores, los autores de la obra original en la que se basa
una película, no son bienvenidos en la producción de ésta. Aquí
fue diferente”, asegura. “Los productores, director y actores me
hicieron sentir muy cómodo en todo momento. Fue un gran placer
el ver mi historia plasmada en película, e incluso llegaron a
darme un pequeño papel. Resulté ser un actor nefasto”.
Aún más memorable para Canin,
cuyo padre, Stuart, es músico de estudio y director de orquesta
de la Ópera de Los Angeles, fue la experiencia vivida después de
que se completara el rodaje de la película: “Cuando mi padre y
yo fuimos a ver cómo el compositor James Newton Howard musicaba
el film, éste le invitó a tocar un solo de violín. Se escucha
cuando una garza se eleva sobre el lago en cuyas orillas se
levanta la escuela. Fue muy conmovedor el que mi padre también
participara en esta película. Adoro el momento en que aparece su
violín”.
La película se rodó en Nueva
York y Nueva Jersey y sus alrededores. La producción comenzó en
Abril de 2001 y finalizó 9 semanas después. El concurso ‘Mr.
Julio César’ fue filmado el primer día en un claustro adyacente
a St. John The Divine, la catedral más grande del mundo, sita en
la parte alta de Manhattan. Von Brandenstein transformó aquella
sala en el auditorio de la escuela St. Benedict. Fue decorada
con una colección de estatuas griegas, conseguidas tras
numerosas peticiones a algunos residentes del área de New Jersey
que las exhibían en sus domicilios.
De allí, la producción se
trasladó al Union Theological Seminary, ubicado cerca de la
Universidad de Columbia, al norte del estado de Nueva York. El
seminario, una escuela de teología sin adscripción religiosa,
está allí desde 1910. Su campus de estilo gótico, con un gran
patio rodeado de árboles, se convirtió en el aula de Hundert,
los aposentos privados y los dormitorios de St. Benedict. Tras
un mes de rodaje en la ciudad de Nueva York, la producción se
mudó hacia el norte, al precioso campus de piedra de la escuela
Emma Willard, en Troy, Estado de Nueva York. Fundada en 1814, es
uno de los colegios de señoritas más importantes de los Estados
Unidos. Su campus de 137 acres es famoso, no sólo por su belleza
arquitectónica, sino también por su sistema de túneles que
comunican los diferentes edificios. Los tres más antiguos de
entre éstos, todos de estilo gótico, fueron construidos entre
1908 y 1912.
La hacienda palaciega Oheka,
en Huntington, Nueva York, sirvió como escenario de la
representación de la retirada en el concurso ‘Mr. Julio César’,
organizado por Bell. Construido en 1921, fue una vez residencia
privada del financiero de la Costa Este, Otto Kahn. La mansión
es la segunda residencia privada más grande de los Estados
Unidos (siendo la primera el castillo Hearst, en San Simeón).
Otras escenas fueron rodadas en Nueva Jersey, concretamente en
un pintoresco vecindario Victoriano en Morristown, y en el
Ringwood State Park, lugar en el que -en la ficción- se halla la
academia para señoritas que hay a la otra orilla del lago.
Von Brandestein recuerda,
“Hay mucha arquitectura románica en Nueva York. No sólo estas
edificaciones eran similares, algunas de las molduras interiores
eran idénticas”, añade. “Eso era tan importante para nosotros
porque necesitábamos algo de una calidad intemporal, algo que
diera la sensación de haber estado allí desde los primeros
tiempos de los Estados Unidos de América. Con tan sólo mirarlo,
ya sabías que los padres de aquellos muchachos habían ido
también a aquel colegio, como antes lo habían hecho también sus
padres; que ese era un lugar que representaba una continuidad
educativa y espiritual en sus vidas. Y que continuaría sí. El
ambiente tiene que reflejar el carácter de Hundert. Ese era un
sitio en el que la historia antigua tomaba vida e inspiraba al
maestro, porque él era también uno de los materiales de los que
está fabricado aquel solemne lugar”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Emperor's club" - Copyright © 2002 Universal
Pictures, Beacon Pictures, Sidney Kimmel Entertainment,
Longfellow Pictures y Liveplanet. Fotos por Demmie Todd.
Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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