CRÍTICA
por
David Garrido
Jugueteando
con el espectador
¿Qué
espera un espectador que acude a ver una película como
"Identidad"? Suponiendo que ha entrado en la sala con un mínimo
de información sobre ella ( y no porque no queden entradas para
la otra película que quería ver en un principio) probablemente
estará al tanto de que, como se ha dicho hasta la saciedad,
estamos ante una mezcla de una novela de Agatha Christie ("Diez
Negritos") y una famosa película de Hitchcock ("Psicosis"). Y lo
cierto es que el planteamiento inicial de la película, que
arranca de forma brillante aprovechando de forma nada disimulada
los recursos narrativos de una película tan innovadora como "Memento"
para presentar a los distintos personajes y los débiles pero
firmes hilos que los atrapan en la enredada tela de araña en que
se convierte el Motel Bates en el que se alojan parecen
confirmar dichas previsiones: diez perso-najes que van siendo
asesinados uno a uno en una noche infernal de tormenta. Así que
el espectador sabe de antemano que "Identi-dad" es una de
esas películas que invita a jugar con ella des-de el principio
hasta el desenlace, por más que el especta-dor sea consciente de
que, si el film se lo propone, será im-posible anticiparse en
todo al resultado final de la historia.
James Mangold introduce con
ha-bilidad dos elementos que permiten al espectador optar por
dos maneras de disfrutar del juego de la película: por un lado,
construye unos inquietantes y muy jugosos títulos de crédito en
los que aparentemente se dan una serie de pistas que ponen
alerta al es-pectador, que aún no sabe qué hacer con las
primeras piezas del puzzle; por otra parte, al mismo tiempo que
ese grupo de personajes va llegando al motel y empiezan los
asesinatos, hay una historia en paralelo sobre una vista que
tiene lugar esa misma no-che en la que un juez ha de sopesar las
alegaciones de un conde-nado a muerte cuya sentencia se
ejecutará al día siguiente. Así las cosas, al espectador se le
abren dos líneas de investigación: una, más evidente, es la
vieja cuestión de quién de los diez personajes es el asesino del
motel; otra, más sutil, consiste en preguntarse constantemente
qué relación existe entre la vista judicial, la infor-mación de
los títulos de crédito y los acontecimientos cada vez más
extraños del motel, donde los giros de guión y las sorpresas se
van acumulando de forma progresiva.
A menudo
se ha afirmado en los últimos tiempos que en el cine ya está
todo inventado y que cada vez resulta más y más difícil
sorprender al espectador, y algo de razón hay en esa afirmación.
Pero también se puede optar por ver cómo se las ingenia un
reali-zador para, con un material que a priori da la impresión
de que no puede transitar por caminos más trillados, conseguir
mantener el interés del público durante hora y media. En ese
sentido, puede afirmarse que, con todos sus defectos (que los
tiene), "Identi-dad" es una película que cumple a la perfección
con el pri-mer objetivo que se propone: entretener con un
producto co-nocido, sin que resulte tediosamente familiar al
espectador. Para ello, Mangold cuenta con un par de ases en
la manga bien jugados. Uno, el casting, que aunque poblado de
rostros más o menos conocidos, no lo son tanto como para que uno
pueda adivi-nar con facilidad quién va a ser el siguiente en
caer o de qué forma y además poseen la suficiente ambigüedad
para desconfiar de to-dos ellos, pues todos parecen tener
motivos que podrían justificar su presumible condición de
asesinos. Dos, la construcción de esos personajes por parte de
Mangold es modélica, pues sin que el es-pectador disponga de una
información demasiado precisa de los mismos, sí están definidos
de forma suficiente para que uno trate de anticiparse a sus
movimientos (de forma harto infructuosa, pero irresistiblemente
divertida), con lo que entra de lleno en el juego que Mangold
propone.
El mayor acierto de Mangold es, una vez conseguida la total
atención del espectador, juguetear alegremente con las
expectativas del mismo de forma bastante perversa, ya que se
permite una y otra vez soltar pistas que, dependiendo de la
memoria ciné-fila y la capacidad de observación del mismo, hacen
que llegue a conclusio-nes perfectamente lógicas pero que
Mangold se complace en derrumbar de forma inmisericorde una y
otra vez. Este juego con cierto ribete sádico para aquellos a
quienes no nos gusta que las películas nos tomen el pelo por
mucho que seamos conscientes de que, insisto, si una película se
lo propone es algo imposible de evitar, está inteligentemente
adornado con algún que otro susto más propio de una peli de
terror de serie B, descacharrantes gotas de humor en forma de
acumula-ción de gags macabros (hay un momento en que "Identidad"
re-cuerda poderosamente la mala leche de "Very
Bad Things", aquella comedia negrísima de Peter Berg
con Cameron Diaz) y una progre-siva sensación de irrealidad que
despista al más voluntarioso.
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Es cuando el
espectador ya se ve envuelto en el caos que la película
muestra sus cartas ocultas |
Y cuando
el espectador se en-cuentra al borde mismo de creer-se en medio
de un episodio de "En Los Límites De La Realidad" por la
absoluta falta de lógica y el caos que se apoderan de la
pan-talla, Mangold muestra sus cartas y se saca de la manga una
solu-ción que, pese a su innegable condición de rebuscada y
bastan-te tramposa, permite al espectador atar los hilos de la
historia. Eso sí, el problema inevitable de "Identidad" (y en
esto a Mangold y su guionista Michael
Cooney no les habría ido nada mal haber apren-dido un
par de lecciones de M. Night Shyamalan, por ejemplo) es que esta
solución se muestra demasiado pronto. Eso provoca que todo el
efecto acumulado de la primera hora y cuarto de película, en la
que el espectador se ha afanado en atar cabos y anticiparse al
devenir de la historia en medio de mucha tensión y gran
entrete-nimiento, se diluya de forma irremediable en su tramo
final, en el que, al contrario de lo anterior, todo resulta no
sólo extremadamen-te previsible, sino reiterativo y poco
inteligente, lo que se traduce en un regusto amargo a la salida
del cine, donde se tiene la sensación de que han jugado
brillantemente con uno en gran parte del plante-amiento y
desarrollo de la película pero que la han resuelto de for-ma
chapucera y torpe. Una vez más.
Esto sucede por la inevitable y ho-rrenda costumbre de gran
parte del ci-ne actual de no confiar en la inteligen-cia del
espectador para rellenar por sí solito los posibles huecos de la
histo-ria: se insiste en mostrar lo que no sólo no resulta
preciso sino que perju-dica notablemente los logros de una
película que en honor a la verdad re-sulta algo original y muy,
muy entre-tenida. La realización de Mangold resulta impecable
y los actores, te-niendo presente que no necesitan mostrar más
allá de lo estricta-mente necesario para que la película
funcione, cumplen más que sobradamente con su cometido,
basculando entre lo eficaz y lo histriónico, algo que por cierto
también ocurre en una película que se mueve necesariamente entre
los recursos sutiles de guión y los burdos efectos visuales y de
sonido en su doble objetivo de crear una ambientación y captar
el interés del espectador. "Identi-dad", en definitiva, se
disfrutará en mayor o menor medida depen-diendo de la capacidad
de juego del espectador y de su aceptación de la premisa que
resuelve la trama. Pero no se puede negar que es un producto
francamente entretenido y, con sus defectos, bien realizado.
Calificación:
    
Imágenes
de "Identidad" - Copyright © 2003 Columbia Pictures
Corporation y Konrad Pictures. Distribuida en España por
Columbia TriStar Films. Fotos por Suzanne Tenner. Todos los derechos
reservados.
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