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CADENA DE FAVORES (PAY IT FORWARD)
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Dirección: Mimi Leder.
País:
USA.
Año: 2000.
Duración: 122 min.
Interpretación: Kevin Spacey (Eugene Simonet), Helen Hunt (Arlene McKinney), Jaley Joel Osment (Trevor McKinney), Jay Mohr (Chris Chandler), James Caviezel (Jerry), Jon Bon Jovi (Ricky), Angie Dickinson (Grace), David Ramsey (Sidney), Gary Werntz (Thorsen).
Guión: Leslie Dixon; basado en la novela de Catherine Ryan Hyde.
Producción: Peter Abrams, Robert L. Levy y Steven Reuther.
Música: Thomas Newman.
Fotografía:
Oliver Stapleton.
Montaje: David Rosenbloom.
Diseño de producción: Leslie Dilley.
Dirección artística: Lawrence A. Hubbs.
Vestuario: Renee Ehrlich Kalfus.
Decorados: Peg Cummings.
Dirección de producción: Scott Elias y Mary McLaglen.

 

CRÍTICA
por Joaquín R. Fernández

Desgraciadamente, la realizadora Mimi Leder, que adquirió gran prestigio durante su trayectoria televisiva, ha visto cómo su paso al campo cinematográfico le ha supuesto un aluvión de críticas negativas, totalmente inmerecidas. Es cierto que se ha especializado en un cine espectacular y relativamente entretenido, pero también ha demostrado en sus películas que cree en los personajes con los que trabaja. De hecho, algunas de las historias narradas en Deep Impact lograban conmover al espectador (la historia de amor de los dos jóvenes protagonistas o la reconciliación entre padre e hija), logrando al menos que aquella gran producción de la DreamWorks no fuera un auténtico desastre (por culpa del guión, no de ella). Ahora, Mimi Leder parece dispuesta a dejar a un lado los argumentos trepidantes para centrarse en otros mucho más tranquilitos, y la primera muestra de ello es Cadena de Favores.

No entiendo por qué la recepción de la crítica ha sido tan fría con respecto a esta producción de la Warner. Cuando una historia consigue emocionarte y cuando los actores están creíbles y hacen que sus personajes cobren vida en la pantalla, es evidente que se consigue que la magia del cine nos impregne con esa sensación de satisfacción que uno encuentra si la película vista le ha llenado. Porque Cadena de Favores es eso: pequeños cachitos de vida, dramas diminutos y alegrías limitadas, todo ello dentro de un conjunto de buenas intenciones que, confundiéndolas con sensiblerías baratas, muchos rechazarán. Tengo que reconocer que yo me he dejado llevar por la bondad de los personajes, y que no me ha importado aceptar las trampas del guión si con ello he disfrutado del viaje (así lo acreditan escenas como aquélla en la que Arlene propina una bofetada a su hijo u otra en la que un drogadicto consigue que una mujer no se suicide).

Cierto es que la estructura de la historia no me acaba de convencer, puesto que lo que verdaderamente le importa al espectador es la vida de tres personajes -Eugene, Arlene y Trevor-, y no cómo un periodista se hace eco de la famosa cadena de favores que comenzó Trevor. Tampoco guardo grato recuerdo de los últimos diez minutos de película: no ya porque la manera en la que se produce determinada situación trágica resulta del todo absurda, sino porque parece que aquellos finales que antaño resultaban innovadores y arriesgados, resultan hoy en día innecesarios y únicamente efectistas. En este caso, cuando ya hemos visto el lado amargo de la vida, tampoco hubiera pasado nada por mantener el típico final feliz de Hollywood. En todo caso, créanme, no vayan a ver el filme o a dejar de verlo por cómo termina: lo verdaderamente gratificante se halla en el recorrido que uno realiza hasta llegar allí.

Si uno dijera que Cadena de Favores sería lo mismo sin los grandes intérpretes que trabajan en ella, incurriría en un grave error. No sabría alabar la actuación de uno por encima de la del otro, pues todos se necesitan, ya que interactúan continuamente en la pantalla. Kevin Spacey está magnífico, mostrándonos a un hombre aparentemente seguro que, en realidad, está envuelto por temores que le impiden alejarse de su vida rutinaria. Por su parte, Helen Hunt resuelve muy bien las escenas dramáticas en las que se involucrada, mientras que Haley Joel Osment no deja de maravillarnos con su interpretación, absolutamente prodigiosa para tratarse de un niño.

En cuanto a la partitura, no culpo a Thomas Newman de que imite descaradamente los esquemas empleados en American Beauty, seguramente es algo que le piden productores y realizadores y él, para ganarse el sueldo, simplemente obedece. Sin embargo, esto provoca que la banda sonora de Cadena de Favores, aunque efectiva en las secuencias cumbre, acabe desapareciendo en los recuerdos del oyente.


Imágenes de Cadena de favores - Copyright © 2000 Warner Bros, Bel Air Entertainment y Tapestry Films. Todos los derechos reservados.

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