CRÍTICA
por Pablo
del Moral
Cinencanto.com, México
Me va a dar
mucha pena escribir esta crítica. Parte es pena
ajena, por los realizadores de "Hey, Dónde
está mi auto" (título en México de
"Dude, where's my car?), pero en cantidad
mayor será pena propia, pues por mi reacción a
esta cinta tal vez se revelará más de lo que yo
quiero sobre mi personalidad.
Primero que
nada quiero especificar que "Hey, Dónde
está mi auto" es una patética
comedia, sin novedad alguna, hecha en el más
bajo nivel de mal sitcom televisivo. Lo
único que falta es la pista de risas grabadas y
las pausas comerciales. Pero para ser honesto, la
cinta logra cierto éxito como farsa, ya sea a
propósito o accidentalmente.
La historia
comienza con Jesse y Chester, dos jóvenes
patanes viviendo en la mayor escualidez,
despertando luego de una aparentemente tremenda
juerga, sin tener memoria alguna sobre lo que
ocurrió la noche pasada. Entonces, sus
respectivas novias (las gemelas, que tienen
costumbre de hablar sincronizadamente) les
reclaman telefónicamente por el lamentable
estado en el que dejaron su casa, así como la
falta de regalos por su cumpleaños o
aniversario. No recuerdo bien, porque para
entonces yo estaba ya considerando hacer lo que
nunca hago: salirme del cine. Así de mala estaba
la película... hasta ese momento. Bueno, el caso
es que Jesse y Chester recuerdan vagamente haber
comprado regalos para las muchachas y deducen que
los dejaron en el auto. Cuando salen a la calle
se dan cuenta de que el auto ha desaparecido.
Como el reconciliarse con sus novias les traerá
sin duda "placer erótico", se dan a la
tarea de investigar el paradero del coche, por lo
que tratan de seguir variadas pistas que, sin
darse cuenta, los mezclarán en una conspiración
interplanetaria que pondrá en peligro la
existencia del universo. En serio. No estoy
inventando esto.
Obviamente,
la excelsa ridiculez de este argumento debería
ser prueba suficiente de la mediocridad de esta
cinta. Sin embargo, por razones que no logro
comprender todavía, para cuando llega la
sublimemente absurda conclusión (hace unos
segundos escribí equivocadamente
"concusión", y pensándolo bien no
queda tan mal esa palabra) me encontré riendo
francamente junto con la escasa docena de
personas con las que compartía la sala
cinematográfica.
No es que
esté tan graciosa la cinta, ni es que mejore
conforme avanza la historia... creo que lo que
pasa es que la profunda estupidez funciona como
un agente hipnótico, que nos convierte poco a
poco en gente tan incompetente como los
protagonistas, de modo que para el final, cuando
los distintos perseguidores extraterrestres
revelan sus auténticas intenciones, ya no
importa mucho la credibilidad, la consistencia o
siquiera la coherencia. Sumidos en una
especie de estupor humorístico, cualquier
ridiculez será suficiente para hacernos reir.
Por otro
lado, todo eso puede ser mera racionalización
que mi cerebro trata de hacer para justificar que
reí a mi pesar ante esta idiota película. Sea
como sea, si obedeciera al sentido común
debería advertir a la gente contra ir a verla.
Pero como poco a poco he perdido toda intención
de ser objetivo, debo recomendarla con las
debidas precauciones. Esta película
recompensará con buenas risas a quien tenga el
valor de enfrentar de cara la mediocridad y
olvidar las preconcepciones sobre lo que debe ser
una exitosa comedia. Y, ciertamente, uno o dos
auxiliares psicotrópicos también podrían
ayudar. Recomendada a mi pesar y consciente de
las flamas que recibiré por correo.
Nota:
Cinencanto no promueve el uso de substancias
controladas para lograr que una película mala se
vuelva buena o para cualquier otro fin. El
leer esta nota libera a Cinencanto de cualquier
responsabilidad por daño físico o mental por
ver "Hey, Dónde está mi auto", así
como por angustia o daño al amor propio por
reírse aun a pesar de lo que el cerebro dicte.
Calificación:
7

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