CRÍTICA
por
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6
Banda Sonora Original: *****
Por suerte,
las últimas películas de Robert
Redford como realizador han intentado
encontrar un equilibrio entre entretenimiento y
preciosismo narrativo y visual. Tanto Quiz Show como El Hombre
que Susurraba a los Caballos y La
Leyenda de Bagger Vance no caen en el tedio de El Río de
la Vida, aunque tampoco se puede decir que
consigan involucrar plenamente al espectador en
su visionado; es decir, aquél que espere
emociones fuertes mejor sería que buscara otro
tipo de producciones.
En La
Leyenda de Bagger Vance a Robert Redford lo
que de verdad le interesa es mostrarnos el
campeonato de golf celebrado en Savannah, de ahí
que su realización sea mucho más trabajada y
ambiciosa durante estos instantes (ver
al respecto la escena en la que Junuh, aconsejado
por Bagger Vance, se olvida de todo lo que le
rodea, concentrándose únicamente en la pelota,
el campo y la bandera). Es increíble que un
director tan pausado como él logre transmitir
las virtudes de un deporte que carece del
dinamismo suficiente como para, en teoría, gozar
de las simpatías del gran público, más
acostumbrado a la espectacularidad de otros
juegos de masas, como el rugby. Sin embargo,
Redford logra que sintamos las decepciones y los
triunfos de los personajes, condensadas todas
ellas en las esperanzas de un público que, en
realidad, utiliza el campeonato como símil de
sus vidas, atenazadas por la Gran Depresión que
asoló a Estados Unidos a comienzos del siglo XX.
Pero no hay
que olvidar que la decisión de otorgarle
al campeonato una importancia crucial en el
desarrollo del argumento genera también los
mayores fallos del filme: las tramas que
rodean al campeonato apenas interesan, no
contienen en sí mismas la fuerza necesaria como
para dotar a La Leyenda de Bagger Vance de la
unidad necesaria. Por ejemplo, la historia de
amor queda un tanto deslabazada, y tampoco viene
a cuento los reproches que el pequeño Hardy le
hace a su padre, abochornado porque éste tenga
que trabajar como barrendero para superar la
crisis (padre que, por cierto, parece ser era
gran amigo de Junuh; bien, pues no es que
conversen mucho entre ellos durante la película,
se ve que el director ha debido hacer grandes
cortes en la sala de montaje, porque si no el
guión es completamente insuficiente al
respecto). Y no digamos ya las nulas referencias
al hecho que ha ocasionado tan famoso torneo de
golf: Adele lo organiza para intentar saldar las
deudas de su padre, pero parece que este tema ya
no le interesa a lo largo de las dos horas de
película. Para terminar con los aspectos
negativos, sólo comentar un detalle: en las
breves escenas de la guerra, Redford imita sin
pudor a Steven Spielberg y su Salvar al
Soldado Ryan. Redford será todo lo clásico que
quiera, pero resulta que a la hora de la verdad
se pone a copiar la realización de una
producción bélica reciente.
Es
interesante comprobar cómo Redford contrata a
actores muy jóvenes para sus películas, cuando
en realidad su mirada cinematográfica se haya
perdida en el pasado, en los setenta, época en
la que la presencia de actores menos talluditos
no era tan exagerada como ahora. La
elección de los intérpretes ha sido la adecuada,
Matt Damon demuestra
que es un gran actor y Charlize
Theron, aunque agradable y voluntariosa,
sabe que su personaje no es el centro de la
historia. Sorprende ver cómo Redford ha
conseguido "domar" a Will Smith, que está
muy lejos de las exageradas interpretaciones que
llevó a cabo en los espectáculos tan diversos
por los que ha pululado.
La
compositora Rachel Portman, que cada
día nos asombra más con su talento, alcanza
con su música la vena sensible del espectador,
pues le ofrece un tema central emotivo y
prodigioso, que discurre por la cinta sin
profusión y acompañado por otras músicas igual
de bellas y, sobre todo, muy bien integradas en
la historia.
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