CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Dura radiografía de la condición humana
Con expectación se esperan
siempre las películas del danés Lars von Trier ("Rompiendo las
olas"), uno de los fundadores del movi-miento Dogma'95 y uno de
los pocos artistas-creadores que que-dan, capaz tanto de
arrastrar incondicionales de fans como de ge-nerar el
escepticismo y la sospecha de críticos y público. A nadie deja
indiferente, y cada nueva película supone un paso más en su
intención de romper con los moldes establecidos, de provocar y
es-polear al público, de rastrear nuevos caminos del lenguaje
cinema-tográfico.
Si en su anterior película
("Bailar en la oscuridad") buscó la colaboración de la cantante
Björk en lo que acabó siendo un rodaje difícil, en esta oca-sión
se ha rodeado nada menos que de Nicole Kidman, la actriz
estrella del momento, y de Lauren Bacall, una leyenda del cine.
Primera película de su nueva trilogía, en que busca ahondar en
el conocimiento de la na-turaleza humana, en la bondad y en la
maldad de las acciones del individuo, en el orgullo, la
cobardía, los celos, la lujuria y en el sentido de culpa que
pesa como una losa sobre la conciencia de sus protagonistas.
Grace es una bella e ingenua
joven que, perseguida por una patru-lla de gángsters, llega a
Dogville, un pueblo perdido en lo profundo de los Estados
Unidos. Allí, Tom, joven ilustrado y portavoz del pueblo, se
ofrece a esconderla a cambio de una contrapartida: ha-cer
pequeños servicios a cada uno de los vecinos, para así ganarse
su confianza. Con el tiempo, la búsqueda de la policía y las
exigen-cias de trabajo se endurecen, hasta convertirse en
esclava, ser hu-millada o violada por sus habitantes, excepción
hecha de Tom, que vive enamorado de ella. Sin embargo, Grace
sufre estoicamente to-das las adversidades porque Dogville le ha
enseñado mucho de la vida, y guarda una carta en la manga.
Lars von Trier no es alguien
complaciente con la industria. En es-ta ocasión, su puesta en
escena bebe del teatro de Bertold Brecht e introduce la figura
de un narrador omnisciente que va conducien-do el relato, a la
vez que distanciando al espectador de la historia para que pueda
reflexionar partiendo de lo que ve. Estructurada en un prólogo y
nueve capítulos, y con un solo escenario en que las casas se
reducen a una línea pintada en el suelo que delimita unas
paredes y unas puertas inexistentes, el director busca la
complici-dad del espectador, para que con su imaginación construya el
en-torno en que se mueven los actores.
Ante esta opción artística,
cada per-sonaje adquiere un carácter arquetípi-co, significando
unas ideas o más bien unas inclinaciones morales que les
definen. Toda la película se convierte, en el fondo, en un
cuento moral con sentido alegóri-co, que bucea en la condición
hu-mana y en su conciencia para acabar percibiendo la tenue y
frá-gil línea que separa la bondad y la maldad, el amor
desinteresado y la utilización de las personas para fi-nes
propios. Como es habitual en el director danés, sus
acercamientos al hombre gustan de llevar los sentimientos hasta
el extremo y lo irracional, con un amor –siem-pre de una mujer– impregnado de sentido del sacrificio hasta el ho-locausto o una
inocencia que raya en la estupidez, sentimientos to-dos que
atribuye a Grace en esta ocasión. Movimientos de péndulo desde
la compasión hasta la más terrible cólera, desde la toleran-cia y
la necesidad de "recibir" y acoger solidariamente hasta la
ex-plotación y degradación de la persona. Todas las posibilidades
de regeneración del alma humana, y también todas las debilidades
y maldades a que puede llegar. Y todo para hablar de manera
inme-diata –y no sin cierta ironía y humor– de ese gran país que
ya re-trató en su anterior película, y por la cual algún crítico
le objetó el hablar de los Estados Unidos sin haberlo pisado
nunca. Pero la vi-sión de Lars von Trier no se queda en el marco
geográfico ni en el temporal: ha hecho una película universal,
que funciona con ele-mentos abstractos e invisibles, pero reales
porque están ahí, en el interior de cada persona.
Estéticamente, estamos ante
todo un brillante trabajo de luz y sonido, de música y de
escenografía minimalista con un claro carácter teatral, pero que
no deja de lado unos recur-sos cinematográficos que utiliza con
maestría: abundantes pri-meros planos, uso de barridos y de la
cámara móvil, o travellings cenitales para hablar del alunizaje
con el que el espectador se aproxima al mundo de Dogville, que
no es otro que su propio mun-do interior.
Con esta película, Lars von
Trier logra una nueva obra maestra, aclamada en Cannes por la
crítica aunque no obtuviera galardón al-guno, y también en la
Seminci en la que sirvió para levantar el telón en su última
edición. Su extenso metraje –tres horas de duración– y su
sentido abstracto y simbólico no impiden disfrutar de esta nueva
radiografía del alma humana, yendo de la mano de una joven
princesa que un día descubrió la cruda realidad y la mezquindad
que puede alojarse en lo profundo del hombre.
Calificación:
    
Imágenes
de "Dogville" - Copyright © 2003 Zentropa Entertainments, Memfis
Film International, Trollhättan Film, Slot Machine, Liberator2
Productions, Isabella Films International, Something Else, Sigma
Films, Zoma, Pain Unlimited, Arte France Cinema y France 3
Cinema. Fotos por Rolf Konow. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos
reservados.
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