CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 4.5
/ 10
Banda Sonora Original:
*½
"El Devorador de Pecados" es, junto a "Amar
Peligrosamente", uno de los mayores fracasos de la
temporada. Presupuestada en unos cuarenta mi-llones de dólares,
la película ni tan si-quiera llegó a recaudar en el mercado
estadounidense una quinta parte de su coste, siendo masacrada
por la crítica y viéndose perjudicada por el negativo boca a
oreja de los especta-dores, algo que se puede comprobar
fácilmente al analizar los brutales descensos que sufrió en la
taquilla durante las semanas posterio-res a su estreno. Lo
curioso del caso es que su director es
Brian Helgeland,
un autor que, por cierto, ha realizado medianías del ca-libre de
"Payback"
o "Destino
de Caballero" y que, sin embargo, goza de una gran
reputación como guionista, siempre y cuando sean otros los que
lleven sus libretos a la pantalla grande (por ejemplo, Clint
Eastwood en "Mystic
River" y Curtis Hanson en "L.A. Confidential", filme
por el que recibió un Oscar®).
Ahora, Brian Helgeland se introduce en el cine de terror con una
película que más bien parece un conglomerado de "Stigmata"
(aunque ésta al menos era entretenida), "The
Body (El Cuerpo)", "Vampiros
de John Carpenter" –ambas comparten una mirada
críti-ca hacia la Iglesia– y, si me apuran, hasta podríamos
incluir en el grupo a "El
Fin de los Días", un ligero divertimento al servicio
de Ar-nold Schwarzenegger. Es por ello que los grandes
referentes del género, como "El
Exorcista" o "La Profecía", no merecen siquiera ser
mencionados en este comentario, pues los resultados de "El
Devorador de Pecados" distan mucho de aquellos que en su día
consiguieron William Friedkin y Richard Donner con sus
respecti-vos filmes.
Y es que la cinta de Helgeland es aburrida y
pretenciosa, y cierta-mente de alguien que se supone talentoso
se espera algo mejor que un breve cúmulo de sustos fá-ciles
–el perro atado que surge repen-tinamente de la oscuridad y
ladra con furia al protagonista– y una manida colección de
efectos especiales de segunda. El público, que en ningún momento
percibe miedo o desasosie-go mientras visiona la película, tan
só-lo encuentra una primera parte domi-nada por una lentísima
investigación en la que Alex, el rebelde sa-cerdote que lleva el
peso de la historia, intentará saber por qué mu-rió el padre
Dominic, a quien siempre consideró su mentor. El asunto mejora
un poco cuando por fin halla la respuesta a sus dis-quisiciones
y se encuentra con el Devorador de Cadáveres, aunque no faltan
las frases supuestamente trascendentes que provocan la
indiferencia del espectador por su ingenuidad («quiero alcanzar
la verdad», dice Alex; «lo terrible de buscar la verdad es que a
veces la encuentras», le replica su interlocutor).
Y si bien esta parte central de la trama contiene algunos
elemen-tos interesantes, no deja de ser un argumento estirado y
con algu-nos cabos sueltos que quedaría mucho mejor en una serie
televisi-va tipo "Expediente X" que en una película que ronda
los cien minu-tos de duración. Por lo demás,
resaltar la correcta interpreta-ción de
Heath Ledger, cuya voz grave y adecuada caracteri-zación
nos hacen olvidar su extremada juventud, que quizás pudiera ser
considerada como un impedimento para dotar a su personaje de
algo de credibilidad.
Finalmente,
David Torn
construye su partitura a través de un predecible y fastidioso
misti-cismo, volviéndose un tanto cansina la utilización de las
típicas vo-cecitas que, en teoría, deberían servir para darle
una ambientación adecuada a la narración, algo que, desde luego,
no se consigue.
Imágenes de "El devorador de pecados" - Copyright © 2003 20th Century Fox
y Baumgarten Merims Productions. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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