CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
“En América” es la preciosa y per-fecta plasmación de un
visceral re-cuerdo, la expresión más palpable de una
autobiografía embadurnada por el cariño y la magia que nuestra
psico-logía añade a las experiencias vividas, y es en su
resultado, con sus errores (que bien podrían ser de un
enterne-cedor principiante, pero en realidad corresponden a un
veterano autocom-placiente) y sus genuinos aciertos, donde
Jim Sheridan ha creado su
película más desesperadamente personal y más humana-mente
entregada al sentimiento. Como un Frank Capra del nue-vo
siglo, el autor de “En el nombre del padre” recupera sus
viven-cias como emigrante en Nueva York para componer un poema
de autohomenaje del que sale victorioso por la visible falta de
racioci-nio que ha impreso en su celuloide. “En América” es el
cuento de Navidad que Jim Sheridan nos regala a nosotros como
espectado-res, y como niños llenos de fervor lo recibimos con
los ojos vivos de ilusión y con el corazón desarmado ante los
ataques frontales que el cine del director irlandés lanza. Es
decir, “En América” es y fun-ciona como emoción pura y nos
sumerge en la vida de la familia de John y Sarah, rota por la
muerte de su hijo, pero manteniéndose a flote por respeto a la
infancia de sus otras dos hijas.
Es en ese planteamiento que
bien podría haber dado lugar a un drama de realidad social o a
un melodrama de sobremesa donde la cinta se sumerge en los
terrenos de la magia, de los sueños y los deseos, donde surge en
un halo de misterio una atípica hada ma-drina bajo la imponente
presencia de Djimon Hounsou,
que mez-cla el instinto animal con el cariño más certero y
ofrece una inter-pretación espléndida. Su personaje, enmarcado
en la espiritualidad, y el de las dos niñas son los dos
bastiones que levantan toda la película y le dan su carácter
extraordinario, su poder casi religioso y su absoluta eficacia
para llegar al espectador. Porque desde la perspectiva de una
de las hijas, la película explora con una naturalidad casi
inédita el mundo infantil, sin idealizaciones ni victimismos,
hasta conseguir una autenticidad sobrecoge-dora.
A ello colabora sobremanera el mag-nífico trabajo de las dos
hermanas Emma y
Sarah Bolger, que
impre-sionan por su desparpajo y por la pro-fundización en sus
personajes hasta alcanzar una calidad muy superior a la de los
intérpretes adultos, uno me-nos convincentes pero aun así
nota-bles Samantha Morton y
Paddy Considine. Y es que son los momen-tos más
dramáticos protagonizados por ambos actores en los que la cinta
patina, en los que cae en la tipifica-ción y hasta en el exceso,
pero el contrapeso que hace ese desnudo integral de la
sensibilidad de Sheridan, traspasada en su totalidad a sus
fotogramas, es tan extraordinario que eleva la cinta hasta la
categoría de pieza de interés humano y por ello sólo admite el
adjetivo “irregular” como reproche. Pero Jim Sheridan, sin ánimo
de justificarse, reconoce no entretenerse en una planificación
estética, ni en adornos cinemato-gráficos ni plásticos que
conviertan “En América” en una gran pelí-cula. No busca dobles
significados y no se preocupa por la exis-tencia de un mensaje
enmarcado para no dar lugar a las dudas, porque “En América” no
es cine intelectual, es tan sólo la entrega absoluta de un autor
a su obra. Y así, Sheridan compone caótica-mente una película
deslumbrante y viva.
Calificación:
    
Imágenes de "En América" - Copyright © 2002 Fox Searchlight
Pictures, Hell's Kitchen, East of Harlem y Harlem Film
Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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