CRÍTICA
por
Leandro Marques
La utopía del rock
Es una película simple a primera vis-ta. Por momentos, hasta
casi tonta y previsible. Pero al mismo tiempo, a medida que va
sumergiendo al espec-tador en una trama que lo invita a ser
parte de la historia, logra generar un efecto mágico y
encantador. "Escuela de rock", la última película de
Ri-chard Linklater, uno de los
grandes directores norteamericanos de las últi-mas dos décadas,
el mismo de "An-tes del amanecer" y "Waking
life", es pura atmósfera, pura conexión, puro cine.
Porque es capaz de construirse como un mundo propio, de
introducir al espectador en esa dimensión y llevarlo desde ese
lugar a otro lado donde todo es posible.
Esta sociedad robótica y
rutinaria que caracteriza al mundo occi-dental contemporáneo
tiene como una de sus raíces fundamentales a la educación. Y la
escuela es la institución educativa por exce-lencia. Muchos
grandes pensadores definieron el rol de la escuela como el de
fabricante de seres preparados para repetir y mantener las
reglas de juego ya establecidas, a responder a los parámetros de
bien y de moral que circulan como si fueran parámetros
natura-les y no imposiciones sutiles. Por eso, cómo educar a los
chicos, qué enseñarles, cómo lograr que puedan convertirse en
seres autó-nomos, capaces de decidir por su propia cuenta, y de
poder funda-mentar sus elecciones en base a sus gustos y no a
sus convenien-cias, es una discusión y una pregunta que más de
un padre o futu-ro padre puede haberse realizado alguna vez.
Entonces, frente a una realidad que parece estar atada a un
modo de entender la educación, y a la constitución de un hombre
como consecuencia de ella, Linklater decide jugar y soñar con la
posibi-lidad de poner las cosas patas pa-ra arriba, en pos
de un mundo mejor, de un hombre más sano. Para llevar a cabo su
objetivo, diseña un personaje fabuloso, interpretado por el
carismáti-co Jack Black ("Alta
fidelidad", "A-mor
ciego"), un apasionado de la cul-tura del rock and
roll, un guitarrista utópico, algo venido a menos porque acaba
de ser expulsado de la banda que él mismo había formado, sin
trabajo, viviendo a expen-sas del amigo con el que vive, y
creyéndose un talento musical in-comprendido; todo un romántico
que, presionado por la novia de su compañero de casa, recibe un
baño de realidad y responsabilida-des y no tiene más remedio que
conseguir dinero para poder pagar su parte de la renta.
Aprovechándose de una llamada
telefónica que no era para él, se hace pasar por su amigo y se
convierte en el maestro sustituto de uno de los colegios
privados más estrictos del país. Perdido, desa-nimado, sin
banda, aburrido por sobre todo, sólo quería que el tiem-po al
frente de esos pequeños energúmenos pasara lo más rápido
posible. Todo para poder cobrar su dinero, pagar sus deudas y
vol-ver a formar un grupo de rock. Recreo todo el día, le
proponía a sus alumnos, que no sabían si preocuparse o ponerse
contentos, pesa-damente echado en su silla de maestro. Hasta que
al verlos en la clase de música, percibió en ellos algo más que
simples seres in-trascendentes. Y empezó a dar clases... de rock
and roll, con la idea de formar la banda que tanto anhelaba,
pero también, con el propósito de inculcar a sus pequeños
escuchas que existe algo más en la vida que notas, matemáticas y
disciplina.
Más allá de lo previsible de la histo-ria, y de un guión que
muchas veces parece acomodar forzadamente los sucesos de la
trama a los intereses esenciales de la película, "Escuela de
rock" genera una atmósfera hipnoti-zante en cada uno de sus
momentos. Es, además de una comedia entrete-nida, una llamada de
atención al sis-tema, a su capacidad para disimular talentos
innatos y convertirlos en per-fectos burócratas adaptados. Pero
so-bre todas las cosas, la película, a tra-vés de su
impecable banda de so-nido, y de la pasión que transmite el
personaje de Black a sus alumnos, y luego sus alumnos a él, es
un homenaje al rock and roll, a una manera de entender y vivir
la vida que hoy parece utópica. Por eso, llegado un momento,
una vez que el espectador está decididamente embarcado en la
propuesta y forma parte de ese mundo ajeno pero increíblemente
cercano al mismo tiempo, la cinta deja de ser previsible, deja
de parecer estar acomo-dada artificialmente, y se transforma en
un sueño realizable, de un mundo mejor, de un hombre que puede
ser diferente.
Calificación:
    
Imágenes de "Escuela de rock" - Copyright © 2003 Paramount
Pictures y Scott Rudin Productions. Distribuida en España por
UIP. Todos los derechos
reservados.
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