CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 4.75
/ 10
Banda Sonora Original:
*****
No se puede decir que
Harrison Ford
esté atravesando uno de los
me-jores momentos de su carrera. En los últimos cinco años tan
sólo "Lo
que la Verdad Esconde" lo aupó a lo más al-to de la
taquilla mundial, mérito que tal vez no le correspondiera
única-mente a él, puesto que a su lado te-nía a una actriz tan
estimada como Michelle Pfeiffer y a un director tan competente
como Robert Zemeckis. Es por ello que quizás necesite más que
nunca volver a ponerse en la piel de Indiana Jones, uno de los
aventureros más conocidos de la His-toria del Cine, de igual
forma que Schwarzenegger ha tenido que re-cuperar a Terminator
para volver a ganarse el favor del público (eso sí, esperemos
que al protagonista de "Único Testigo" no le dé por meterse
también en el farragoso terreno de la política y perdamos así el
carisma que casi siempre destila en la pantalla grande).
Otro al que aún le va muchísimo peor en esto de las finanzas de
Hollywood es al realizador
Ron Shelton,
que acumula fracaso tras fracaso desde hace una década y que,
sin embargo, aún le ofrecen trabajos en los libretos de
superproducciones del tipo "Dos
Policías Rebeldes II" o en películas de elevado
presupuesto como "Holly-wood: Departamento de Homicidios".
Shelton ha demostrado en numerosas ocasiones
que es un nefasto guionista, algo que se confirma en esta típica
comedia de acción de policías que, con su carácter contrapuesto,
se supone que han de di-vertir al personal.
Por desgracia, "Hollywood: Departa-mento de Homicidios" es una
cinta en la que el argumento es lo de menos, pues tanta es la
falta de estructura en su guión que en ocasiones uno se pregunta
si en verdad asistimos a una investigación policial en toda
regla o a un cúmulo de chistes fáciles y rutina-rios que apenas
consiguen sonsacar una sonrisa al espectador. La previsi-bilidad
de algunos de sus gags es tal que incluso provoca el sonrojo del
es-pectador, incapaz de creerse que al-guien haya podido
escribir algo tan manido como lo que luego se desarrolla en la
pantalla. Por poner-les un ejemplo, al comienzo del filme
observamos al protagonista, Joe Gavilan, exhibiendo distintas
caras de preocupación mientras analiza la forma en la que pudo
haberse producido el crimen que, en teoría, es pieza fundamental
de la trama. Su joven compañero imita sus gestos, sabedor de que
es bueno aprender de alguien tan ducho en estos temas.
Finalmente, Gavilan le dice al muchacho que coja una libreta
para que haga en ella una serie de anotacio-nes: sin inmutarse,
le pide que le traiga una hamburguesa de que-so, con cebolla
cruda, vinagre y ketchup. Como comprenderán, an-te tan
"desternillante" chiste uno no puede hacer otra cosa que
re-signarse y resoplar ante las banalidades que aún le quedan
por contemplar.
La historia, si es que la hay, intercala la
investigación de Gavilan y Calden acerca del asesinato de un
conocido grupo de raperos con los problemas personales de los
personajes principales, siendo ambos aspectos del filme planos y
aburri-dos. Gavilan se
pasa media película intentando vender una man-sión, pues también
se gana la vida como agente inmobiliario, mien-tras que Calden,
aparte de querer ser actor, es profesor de yoga, un buen sistema
para ligarse a sus alumnas. Por si no le bastara, el pobre anda
un tanto traumatizado por la extraña muerte de su padre, que
también era policía. En medio, Bennie Macko, un agen-te de
asuntos internos que intenta ponerle las cosas difíciles a
Ga-vilan, algo que en teoría debería servir para introducir
nuevas esce-nas cómicas que, finalmente, resultan toscas y
carentes de gracia (ver el interrogatorio en el que el
protagonista no para de recibir lla-madas relativas a sus
negocios mientras Calden enseña yoga a una de las integrantes
del equipo de Macko).
Si existiese un poco de acción entre tanta
nadería, bien, al me-nos el espectador podría mante-nerse
entretenido durante un buen rato, pero la cuestión es que ésta
sólo aparece en los veinticinco mi-nutos finales de la cinta,
transfor-mándose aquí completamente la pelí-cula y provocando,
por primera vez en todo su minutaje, el disfrute del pú-blico.
Las persecuciones automovilís-ticas están muy bien rodadas y en
esta ocasión se mezclan acertadamente con algún que otro pasaje
cómico (personalmente me resultó hilarante ver a un enojado
Harri-son Ford incapaz de encontrar un coche que le ayude a
seguir la pista del villano de turno y teniendo que coger una
bicicleta para continuar su persecución). Ahora bien, ¿es esto
suficiente como para pagar el precio de una entrada de cine?
Evidentemente, no.
La banda sonora de Alex
Wurman capta
con acierto el tono de comedia ligera de "Hollywood:
Departamento de Homicidios", repi-tiendo un adecuado tema
paródico cada vez que los protagonistas sueltan alguno de sus
anodinos diálogos a lo largo de toda la pelí-cula. Donde el
compositor en verdad más disfruta es en los minu-tos finales de
la misma, creando una música tan eficaz como vi-brante y sin
perder en ningún momento la comicidad general de la partitura.
Imágenes
de "Hollywood: Departamento de homicidios" - Copyright © 2003 Revolution Studios y Pitt/Shelton.
Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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