CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Hazañas de mar y guerra
Tras asistir hace unos meses al penoso espectáculo de ver
cómo "Piratas
del Caribe"
vampirizaba alegremente la rica herencia del género de aventuras
navales para hacer una sonrojante bobada pla-gada de tópicos y
excesos y aun así convencer al público arrasan-do en las
taquillas de medio mundo, uno podría llegar fácilmente a la
conclusión de que sólo la nostalgia por las viejas historias de
ha-zañas navales podría justificar semejante despropósito. Y ese
pen-samiento rondaba mi mente ayer cuando me acerqué al cine a
ver la última película del australiano
Peter Weir que adapta a su ma-nera las conocidas
novelas del escritor inglés Patrick
O’Brian, que a lo largo de veinte entregas narró las
aventuras de un fiero capitán de barco inglés, Jack Aubrey, y su
inseparable compañero, el mé-dico y científico Maturin, a bordo
de la nave de guerra Surprise.
"Master and Commander" es
respe-tuosa con esa antigua tradición y el esquema argumental de
la pelí-cula remite a títulos clásicos que están en la mente
de todo espectador veterano e incluso a films que poco o nada
tienen que ver con el género na-val, pues el viejo juego del
ratón y el gato que desarrollan el buque francés Acheron y la
nave inglesa Surprise que tiene órdenes de apresarla o hun-dirla
puede hacer pensar en determi-nados momentos en obras como "El
Diablo Sobre Ruedas" de Ste-ven Spielberg sobre todo gracias a
que el juego que desarrolla la nave inglesa –muy inferior en
tamaño, velocidad y potencia de fue-go– para sobrevivir, escapar
y finalmente invertir los papeles gracias a multitud de
imaginativas estrategias y pericias navales nos sitúa en un
territorio bastante conocido.
El comienzo de la película en
este sentido es arrollador, excelen-te: un mar en calma, envuelto
en perturbadoras brumas y la sombra de una vela que aparece
fugazmente en el catalejo del joven oficial de guardia que toca
a rebato antecede a una demoledora y realista secuencia en la
que la Acheron coge por sorpresa a la Surprise y provoca grandes
destrozos en la embarcación que sobrevive a du-ras penas gracias
a una conjunción de suerte y habilidad de su ca-pitán. Puede que
la comparación sea algo exagerada, pero a su manera esta primera
secuencia funciona como la toma de Omaha Beach de "Salvar
al Soldado Ryan" en cuanto al realismo y a la
in-tensidad del breve combate, cuyas consecuencias se muestran en
toda su dura crudeza. Desde ese instante surge con fuerza el
re-trato de una obsesión, la del capitán encarnado con fuerza y
nota-ble convicción por un Russell Crowe
ajustado a lo que el persona-je demanda de él.
Como un Acab a la búsqueda de
su eterna ballena blanca, Jack Aubrey convierte en una cuestión
personal más allá del cumplimiento del deber el cazar a ese
buque francés que no sólo es más poderoso que la Surprise sino
que además tiene la molesta ten-dencia de aparecer por sorpresa
cuando menos se lo espera. El duelo de Aubrey con el capitán
francés por ver quién de los dos es más hábil ma-nejando los
recursos a su disposición funciona porque despliega una buena
cantidad de elementos argu-mentales partiendo de un esquema
sumamente simple y engancha al espectador en el duelo tan
aparentemente desigual. La inque-brantable fe de Aubrey en sí
mismo (y el correspondiente entusias-mo de una tripulación
entregada a su mando) se transmite al es-pectador con facilidad,
lo que permite que éste preste atención al otro entramado
argumental de la película.
Porque "Master and Commander"
es mucho más que una sim-ple película de aventuras. Weir
dedica gran parte de su es-fuerzo (y del metraje) en hacer una
cuidada recreación casi documental de lo que debía de ser la
vida a bordo de esas embarcaciones. Y ahí reside gran parte del
interés de esta película, que la hace mucho más cercana a
las numerosas versio-nes del famoso motín de la Bounty que a
aventuras tipo "Capitán Blood" o "El Hidalgo de los Mares".
Hasta cierto punto, la historia de la gozosa persecución y final
enfrentamiento de la Surprise con la Acheron no es sino una
excusa argumental que permite a Weir hacer un amplio retrato de
personajes y situaciones sin salir nunca del espacio cerrado que
es el barco, único punto de vista de la pe-lícula. Así,
acontecimientos que no son especialmente originales ni novedosos
(el conato de rebelión cortado en seco por Crowe, la
es-calofriante secuencia de doblar el Cabo de Hornos en medio de
una violentísima tormenta o las siempre difíciles relaciones
entre la ma-rinería y la oficialidad) tienen un aire renovado
gracias a la rica des-cripción de personajes que Weir hace y que
consigue que nos emocionemos con algunas de las terribles
decisiones, siempre en función del mal menor, que Aubrey tiene
que tomar siguiendo su obsesión.
Mención aparte merece la
peculiar relación que se establece entre Au-brey y el científico
Maturin, interpreta-do con comedimiento e inteligencia por un
Paul Bettany que da pruebas de
su versatilidad. Aunque el enfrenta-miento entre la vieja
concepción del mundo que representa Aubrey y la nueva manera de
pensar que sostiene Maturin no se aprovecha todo lo bien que se
podría, el trabajo de ambos actores consigue ese milagro tan
di-fícil de conseguir y describir que sole-mos llamar química, y
en los acercamientos entre dos personajes tan sumamente opuestos
en su visión de las cosas (principalmente gracias a la música
que ambos interpretan pero enriquecida por un montón de pequeños
detalles) se consigue que el espectador crea en la forja de esa
inquebrantable relación de amistad, lealtad y res-peto. Igual que
funciona bien, aunque en otro registro, esa especie de
apadrinamiento a dos bandas entre el soldado y el científico del
niño oficial que pretende beneficiarse de lo mejor de ambos
mun-dos.
No negaré que hay tiempos
muertos en el alargado metraje de "Master and Commander" que
pueden dar la sensación en ocasio-nes de que le falta algo de
ritmo (la insistencia de Weir con todo lo que supone la parada
en las Islas Galápagos, pese a su importan-cia argumental final,
resulta demasiado reiterativa) y no hubiese es-tado de más
mostrar algún signo de desgaste anímico, agotamien-to o cambio en
los magníficos rostros que pueblan la incansable tripulación de
la Surprise tras tan agotador viaje, pues a pesar de que es
evidente que nada puede romper la inquebrantable lealtad que
sienten los hombres de la Surprise por su capitán Aubrey, no es
de recibo que tan descomunal viaje no se cobre un cierto precio,
sobre todo si, como es el caso, la película aspira a ser un
retrato realista de las duras condiciones de vida de los
marineros en aque-lla época.
Pero por encima de esos
detalles de poca importancia, si se atiende al conjunto de la
obra, "Master and Commander" queda como una exce-lente
película de aventuras que contiene en su interior los
sufi-cientes elementos de interés para que se convierta en una
experien-cia más que gozosa, que demues-tra una vez más que la
comerciali-dad no está reñida con el buen ci-ne si se hace con
inteligencia. Tras la estela de esta seria y sin duda
conseguida película de hazañas de mar y guerra no sería de
extrañar alguna continuación en el futuro. Esperemos, eso sí,
que vuelva a contar con los mismos artífices, lo que sería una
incues-tionable garantía de calidad en estos tiempos en los que
ésta re-sulta tan escasa en Hollywood.
Calificación:
    
Imágenes
de "Master and commander: Al otro lado del mundo" - Copyright ©
2003 20th Century Fox , Miramax Films, Universal Pictures y
Samuel Goldwyn Films. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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